La Sevilla imposible

 

 

JOAQUIN ARBIDE.

PROPUESTA DE MALLA ARGUMENTAL PARA NOVELA.

POSIBLES TITULOS.

LA SEVILLA IMPOSIBLE.
LA NOVIA IMPOSIBLE.
EL CRISTAL ESMERILADO.

(VERSIÓN PRIMERA)

Sevilla. Años 50.
Una familia compuesta por tres miembros. La madre, el hijo mayor y la hija pequeña.
La madre, en el lecho de muerte, le pide a su hijo promesa y juramento de que cuidará, durante toda la vida, de su hermana menor y que nunca la abandonará.
El se lo promete.
La madre muere inmediatamente.
Sevilla, como España toda, es en estos años, pueblo de misas, velos, rosarios, novenas, represión y supersticiones heredadas...
Nuestro hombre, aparte de sus condicionantes, tiene una novia, a la que quiere y con la que desea casarse.
La novia dirige los coros y danzas de la S.F. en Sevilla.
El, le cuenta a la hermana sus intenciones de contraer matrimonio.
Esto supone una conmoción, un trauma, para aquella mujer que no ha superado la muerte de la madre.
La hermana, fuera de sí, le recuerda aquello que le prometió a su madre en el lecho de muerte. Y le amenaza a voz en grito con el suicidio, sino cumple lo prometido. La hermana, desequilibrada, podría cometer cualquier locura.
El hombre vive y duerme, día tras día, en su casa acompañando a la hermana. Es peligroso dejarla sola mucho tiempo.
El es administrativo en una empresa radiofónica de Sevilla.
Trabaja detrás de una estrecha ventanilla que se abre en un cristal esmerilado que le impide percibir con nitidez las imágenes del exterior.
Por esa ventanilla paga a artistas, cupleteras, locutores de fama, figuras del momento, a los que solo les ve la cara. Lo demás que alcanza a captar, son imágenes deformadas por el cristal esmerilado.
Su vida transcurre tras un cristal esmerilado.
Se debate entre la responsabilidad de lo jurado a su madre y su deseo de casarse.
Sigue manteniendo el noviazgo.
Seguirá condicionado por la hermana. En el fondo es un hombre honesto y consecuente y siente miedo por la hermana.
La novia le sigue esperando.
No se atreve a dar ni un paso más, porque la hermana se lo sigue impidiendo y le sigue amenazando.
La hermana tiene una fijación desde la muerte de la madre. La hermana no hace nada y vive una vida vacía. Rezos, velas, estampas, persianas a medio levantar, luto...
El va, todos las tardes, a casa de su novia a cenar.
Pero ella, dado que las circunstancias económicas no dan para más, acuerda con él compartir económicamente la cena. El acepta porque es una manera de colaborar, llevar una casa adelante y sentir la sensación de que es un poco suya.
El llega a pintarle la casa, corriendo con los gastos.
Ella, como es muy bajita, ayuda pintando los zócalos y las bajeras.
Ella sigue pensando que existe la Sección Femenina, aunque en algún momento, reconozca que fue Alfonso Guerra, con el primer gobierno de Felipe, quien le concedió un sueldecito para ir tirando...
Han pasado cincuenta años y todo sigue igual.
Cenan todas las noches juntos, pero nada más.
Después de cenar, él regresa a su casa para dormir y acompañar a la hermana, según promesa y juramento.
La novia, ya que no están casados, no acepta ningún tipo de relación carnal. Después e cenar, algunas noches ven una película en la tele. Lo peor es cuando suceden escenas de carácter erótico. La tensión es dura.
Siguen asistiendo, como novios, todos los años, en los palcos de la Semana Santa de la Plaza de San Francisco, al paso de las cofradías.
Hablan con los demás vecinos de los palcos. A veces llevan unos pastelitos que han comprado en Filella, para invitarlos.
Comentan los estrenos de cada hermandad.
Se ponen de pie cuando pasan las imágenes. Se santiguan, inclinan la cabeza...
Luego, siguen con las conversaciones banales de todos los años... Los caballeros de pie y las señoras, sentadas...