El crimen de la mezquita
PORTADA DEL NUEVO LIBRO DE JOAQUIN ARBIDE A LA VENTA DESDE EL MES DE DICIEMBRE DEL 2009.
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EL CRIMEN DE LA MEZQUITA
De JOAQUIN ARBIDE.
En el dormitorio del comisario de policía Pedro Sevilla todo es quietud y silencio. Respiraciones acompasadas. Está amaneciendo. Una luz blanda entra por las persianas. De golpe, el timbre del teléfono lo rompe todo.
-¿Quién es?
-Perico, soy Angel. ¿estabas durmiendo?
-Si.
-Lo siento. Prepárate. Porque para ser tu debut, demasiado.
-Larga ya.
-Un crimen.
-¡Coño! Espérate. Deja que me incorpore. Habla.
-Acaba de aparecer, en un restaurante de comida árabe, el cadáver de su propietario. Cuando un empleado ha abierto el local, hace un momento, se ha encontrado el cuerpo y nos ha llamado. Tienes que ir para allá inmediatamente. Ya están allí los patrulleros.
-¿Dónde ha sido?
-Restaurante Zerhum. En la Judería.
-Vale, salgo enseguida. Y tú, vete también rápido.
-Ya estoy saliendo. ¡Ah! Y presenta mis disculpas a Paloma.
-Oye, ¿esto puede ser algo gordo, no?
-Puede que si.
-¿El tío es moro?
-No lo se. Anda, no tardes. Cuando llegues te estaré esperando.
-Vamos allá.
-¿Quién era, gatito? -pregunta Paloma desde la cama-.
-Angel. Mi ángel de la guarda.
-¿Qué ha pasado?
-Un crimen, gatita.
-Joder, tú.
Paloma se incorpora como accionada por un resorte.
-Bueno, algún día tenía que ser.
-Si, pero no me hago a la idea.
El apartamento de Pedro está en Triana. Se accede a él por la calle Castilla y las ventanas y la terraza dan al paseo de la O, al río y a toda Sevilla que queda como telón de fondo. Cuando Pedro levanta la persiana puede ver a la derecha el Puente de Triana, a la izquierda el del Cachorro y enfrente el Paseo de Colón, la Plaza de Toros...
-Gatito, dame un beso.
-Me tengo que ir, palomita. Tengo mucha prisa.
-Ya sabes que un gato se puede comer a una palomita.
-Y una gata como tú arañar en un momento difícil...
Paloma está incorporada en la cama totalmente desnuda. Mientras recoge su melena rubia, deja ver sus pechos finos y erectos.
-¿Me dejas ducharme contigo?
-No me distraigas ahora. Tengo que ganar tiempo.
-Te recuerdo que me prometiste otro por la mañana. Me vas a dejar cojita...
-¿Y qué hago yo con un fiambre esperándome? Estoy nervioso.
- La verdad es que, ¿desde cuando no matan a alguien en Sevilla?
-Pues... Acuérdate de aquel celador de la Residencia y...
-Como se ponga esto de moda...
Pedro sale de la ducha secándose con una toalla enorme. Paloma se la arrebata y continúa el proceso de secado. La toalla recorre todos los rincones de su cuerpo.
-¡Date prisa!
-Espera, gatito, que te seque por aquí... ¿No te gusta?
-Si, pero ahora no. Anda tráeme unos calzoncillos, la camisa... ¡Corre!
-Tienes razón. Estoy demasiado frívola. Solo pretendía ayudarte y animarte.
-No te preocupes. Ya me animaré sobre la marcha.
Pedro consigue vestirse a toda prisa y sale del apartamento haciéndose el nudo de la corbata.
-Gatito, ya sabes que me debes uno.
-Cuando vuelva te echo dos...
-¡Miau! Que tengas mucha suerte. Te quiero. Eres el mejor. Llámame en cuanto puedas.
A las ocho de la mañana, la circulación es muy densa en la ciudad.
Cuando Pedro llega al barrio de la Judería, ya está acordonada la zona y varios patrulleros de la Nacional y de la Local lanzan sus destellos contra las fachadas de la estrecha calle. Su Angel de la guarda le está esperando.
-Hola, ven por aquí.
-Creo haber estado alguna vez en este restaurante.
-No es muy conocido, pero tiene ambiente...
En el centro del comedor, entre las mesas, el cadáver de un hombre alto, fuerte, de cabello rubio...
-¿Quién es?
-El dueño del restaurante.
-No es musulmán.
-No.
-¿Quién lo ha descubierto?
-Este señor.
-Encantado. ¿Su nombre?
-Ramón.
-¿Cuál es su trabajo aquí?
-Soy el encargado, el "maitre"... En fin, lo hago casi todo en la casa.
-Cuénteme lo que ha ocurrido desde que llegó aquí esta mañana.
-Yo he llegado a las siete y media, como siempre.
-¿Tan temprano empiezan?
-Si. Hay que limpiar, recibir el material y preparar la cocina...
-Son cerca de las nueve y todavía no ha llegado nadie a trabajar.
-Bueno, es que anoche terminamos un poco tarde y se estarán retrasando. Estarán muy cansados. En estos casos hay cierta flexibilidad.
-De la que usted no disfruta.
-No señor, yo no puedo permitirme ese lujo.
-Está bien, continúe.
-He abierto, como siempre, con mi llave y al principio no noté nada extraño. Al encender las luces pude ver que algunas mesas y sillas estaban desordenadas y que había cosas tiradas por el suelo, cubiertos, servilletas... Eso no es normal. Al cerrar por la noche todo queda en orden. Cuando fui a mirar, me encontré con el cadáver de Robert... ¡Impresionante! Nos despedimos anoche, normalmente, y... Comprenda mi estado de ánimo...
-¿Se llamaba Robert?
-Bueno, Roberto; pero todo el mundo le llamaba así. Era uno de los dueños, el jefe, el que estaba siempre aquí..
-¿Ha notado algo mas?
-Si. La caja. Abierta y sin dinero. El solía hacer las cuentas todas las noches y dejaba monedas y algunos billetes para el cambio y para pagar a los proveedores... En la oficina, la mesa estaba revuelta, algunos cajones abiertos y papeles por el suelo.
-Ahora lo veremos. Que nadie toque nada. ¿Quién cerró anoche?
-Yo, como siempre.
-Entonces, ¿fue usted el último en marcharse?
-Si.
-¿Quién más tiene llave de aquí?
-Solo hay tres llaves. Una la tenía Robert, otra la tiene Lola y otra yo.
-Ahora me hablará de esa tal Lola. Y Robert, ¿cuándo se marchó?
-Un poco antes que yo.
-¿Le dijo algo en especial?
-No. Hasta mañana, como siempre.
-¿Se marchó solo?
-Si.
-¿Sabe a donde fue?
-No.
-¿Suele ir a algún sitio después de cerrar, a algún bar de copas?
-El anda siempre con mucha gente, con muchos amigos, con muchos clientes. Hoy aquí, mañana allí. Va a bares de la calle Betis. Yo que sé.
-¿Robert llevaba el negocio solo?
-Negocio, negocio, lo que se dice negocio, si. El lo controlaba todo. Tiene un socio, pero ese funciona más a distancia, no le preocupa el día a día del restaurante.
-¿Quién es?
-Ahmed, un musulmán de Marruecos. Un señor. Creo que es arquitecto. Muy educado y muy correcto. Pero solo ejerce como socio de la empresa.
-¿No le ayudaba nadie más?
-Ya le he dicho. Lola.
-¿Y quien es Lola?
-Un poco como su mujer, su novia, su compañera. Le ayudaba en todo y es como relaciones públicas del local.
-¿Cuándo suele venir?
-Más tarde, al mediodía. Controlaba también cuando Robert no estaba. Le gusta mandar... Creo que así se desahoga un poco...
-¿Desahogarse de qué?
-Robert era demasiado dominante. La tenía oprimida. Solían discutir mucho. Es una mujer guapa, impresionante...
-¿Vivían juntos Robert y Lola?
-Ultimamente creo que no. Me parece que cada uno tenía su apartamento. Se iban juntos cuando querían, pero tenían sus libertades.
-¿Podría localizarla ahora?
-Si. Tengo ahí su teléfono.
-¿Le importaría llamarla?
-En absoluto.
Mientras Ramón hace la llamada telefónica, Pedro examina el cadáver.
-¿Te has dado cuenta? -le comenta a Angel-. Ha muerto de un disparo de bala en el pecho. Uno solo.
-Si, está claro.
-Y efectuado a poca distancia.
-Si.
-¿Te has dado cuenta de otra cosa?
-Seguro que si. La sangre...
-En efecto. Fíjate que empapa solo la camisa y el chaleco, pero no hay rastros en el suelo, ni en ningún sitio.
-Si. ¡Calla! Viene Ramón.
-Lo siento, pero el teléfono de Lola no contesta.
-¿Solo tiene un teléfono?
-Si.
-¿Dónde suele estar ella a estas horas normalmente?
-Supongo que en casa, durmiendo.
-¿Dónde vive?
-En... No se, por la Macarena, creo... Aunque puede haber dormido fuera. Muchas noches no se va sola... Suele irse con algunos amigos, con algún cliente...
-Comprendo. Temas de negocio o de...
-No se. Yo nunca me meto en sus vidas.
-Entonces, ¿no sabe su dirección exacta?
-No.
-¿La ha acompañado alguna vez?
-Si, alguna noche que estaba sola y sin coche la he llevado en la moto.
¿Sabría llegar a su casa?
-Creo que no. Siempre la he llevado de noche y ella me iba indicando. No recordaría.
-Y del socio de Robert, ¿sabe teléfono o dirección?
-Yo le conozco solo de verlo por aquí, de hablar alguna vez con él, pero es un ser muy distante. No se nada de él. Eso Lola. Eran muy amigos los tres.
-¿Hay forzada alguna cerradura, alguna puerta, alguna ventana?
-Creo que no, pero voy a revisar.
-Angel, ¿han avisado el juez?
-Si.
-Bien, esperaremos. Y con Ramón, tendremos que hablar largo y tendido. Hoy las puertas del establecimiento deberán estar bien cerradas. Y aquí quedará un retén y no entrará nadie después de que hayan levantado el cadáver. Y nada de hablar con los periodistas. Lo que haya que decir, lo diremos nosotros.
Regresa Ramón.
-¿Y qué?
-Parece como si hubieran intentado forzar la cerradura de la puerta de atrás.
-¿Está seguro de que no se quedó nadie dentro del local después de su marcha?
-Yo aseguraría que no.
-Angel, mira esa cerradura. Lo siento, pero va a quedar bajo vigilancia. Es usted la última persona que vio con vida a Robert. Por cierto, y Lola, ¿cuando se marchó?
-Anoche se marchó antes que nadie.
-¿Antes que quienes?
-Que los amigos de siempre. Los habituales de las cenas y las copas y los reservados...
-¿No se iba con Robert?
-Ya le he dicho, no siempre.
-Anoche, ¿iba sola o acompañada?
-Cuando ella salió yo estaba recogiendo y ordenando y no me fijé muy bien. Yo la había visto con un grupo de amigos en la barra, pero no se... Creo que se fue sola, pero no sería capaz de asegurarlo.
-¿Qué hay de esa cerradura, Angel?
-Es como si hubieran intentado forzarla, pero sin llegar a abrirla. Yo creo que aquí no ha entrado nadie esta noche.
-Forzando las cerraduras, querrás decir.
-Eso he dicho.
-Angel, quédate con todos los datos de Ramón y encárgate de él. ¡Ah! Ramón, ¿tendría inconveniente en acompañar a este señor e intentar llevarlo al domicilio de Lola?
-Ya le he dicho que no voy a ser capaz. Y yo es que tengo ahí mi moto.
-No se preocupe. El te llevará y te traerá luego hasta aquí en su coche. Y esta tarde, Angel, nos vemos los tres en comisaría, ¿de acuerdo?
-De acuerdo.
Pedro regresa a casa. Durante el camino, intenta poner las ideas en orden.
Esta mañana Ramón abre el local a las siete y media y se encuentra el cadáver de Robert. Todo parece apuntar a un robo por cómo se encuentra la caja, el mobiliario y el despacho. Pero puede ser que no. La puesta en escena es demasiado elemental, muy forzada. Por los restos de sangre, el crimen podría haberse cometido en otro lugar y después haber trasladado el cuerpo hasta el restaurante. Anoche se marcharon, primero Lola y después, Robert, solo. Ramón cerró el local. Puertas, ventanas y cerraduras están intactas por la mañana. Solo un intento, más bien apariencia, de fuerza en la puerta trasera, sin que llegaran a abrirla, parece ser. Dos cosas. O volvió Robert de madrugada con alguien, y entonces pasó algo, o lo trajeron ya muerto. Lola no aparece esta mañana. Ahora mismo Ramón es nuestra única fuente de datos. Hay que localizar a Lola y a ese socio que se llama Ahmed, sobre cuya pista nos podrá poner Lola. Creo, por otra parte, que las siete y media de la mañana es una hora muy temprana para abrir un restaurante de estas características...
Pedro llega a su apartamento. Paloma lo está esperando.
-Cuéntame, gatito. ¿Qué ha pasado? Estaba nerviosa. Ni me has llamado.
Pedro se lo cuenta todo a grandes rasgos, mientras toma algo de la nevera.
-Quiero comer algo ligerito y descansar un poco. Me tengo que marchar inmediatamente.
-¿Qué piensas?
-De momento que estoy ante un crimen. Ahora tengo un primer interrogatorio. Ya veremos. Algunos pequeños detalles ya empiezan a no encajar...
-¿Drogas?
-Es un lugar común, pero podría ser.
-La cosa mora anda de por medio. Eso puede ser peligroso, de entrada. ¿Y a quien vas a interrogar?
-Al encargado del restaurante, al que encontró el cadáver.
-Anda, ven. Siéntate aquí. ¿Qué te apetece?
-No se, un poco de queso, cualquier cosa.
-Tu estreno, ¿eh? En el fondo lo deseabas.
-Para eso he estudiado, ¿no?
-Pues ya ha llegado.
-Si. Somos como los médicos forenses. Nos damos de manos a boca con la muerte... Un hombre joven, fuerte, grande... Y ya...
-No te preocupes. Lo vas a sacar adelante, bien, y en los plazos precisos.
-Gracias, gatita. Pero es que estamos en la ruta de la droga. Lo que entra de Marruecos, pasa todo por aquí, kilómetro más o kilómetro menos. Y lo sabemos. Lo sabe todo el mundo. Por eso un día nos tenía que explotar la bomba en la nariz. Vete a dar un paseo por algunos barrios de Sevilla, por Dos Hermanas, por Coria del Río, por ejemplo. Vas oliendo por las esquinas...
Son Las tres de la tarde. En la comisaría, Pedro habla con Angel.
-¿Habéis ido a casa de Lola?
-Después de hacerme dar mil vueltas, por fin la localizó. Creo que estaba fingiendo. Decía incongruencias, contaba tonterías para volver siempre al mismo sitio. De repente, como si fuera un milagro del cielo, se encontró con la casa. No había nadie. No respondían ni al teléfono, ni al telefonillo.
-¿Y móvil?
-También probamos, pero no estaba operativo.
-Desaparecida. Si no aparece Lola, habrá que localizar al socio, a Ahmed. Con él aclararemos muchas cosas y nos pondrá sobre la pista de Lola. ¿No te parece extraño?
-¿El qué?
-Restaurante árabe. Dueño español, socio musulmán.
-Lo normal sería al revés.
-¿Qué es lo normal?
-También tienes razón.
-Ahora vamos a ver qué es lo normal. Empecemos por Ramón. Hazle pasar.
Ramón viene con la mirada perdida, nervioso, cansado.
-Buenas tardes. Siéntate. Ramón, vamos a ver. ¿Es normal que Lola esté desaparecida?
-Normal, no. Pero ya se lo he dicho, que sucede de vez en cuando. Se pierde...
-¿Con quien?
-Con alguna reunión que había ido a comer o a cenar al restaurante. O con algunos de los que van solo a la barra a tomar una copa. Tiene muchos amigos.
-¿Y cuanto tiempo suele estar perdida?
-Un día, a veces dos...
-¿Y que decía Robert en estos casos?
-Aprovechaba esas ausencias para hacer otras cosas...
-¿Qué cosas?
-Sus cosas. Ligues, rollos, otros negocios...
-Dime todo lo que sepas sobre Robert.
-Como ya le he dicho, era el dueño, el jefe del restaurante. Un hombre alto, rubio, pelirrojo, más bien. Ojos azules. Unos decían que era hijo de un alemán y una española... Nunca me enteré. Era un ser intuitivo y todo lo que sabía lo había aprendido detrás de la barra, hablando con todo el mundo. Sabía de todo y opinaba de todo. Aún cuando no supiese de lo que se estaba hablando, intervenía con aquella seguridad que le daba su físico, su voz, sus gestos, sus ademanes... Yo siempre preferí no meterme en nada. Ni en las conversaciones, ni en sus vidas. A veces compartía sus puntos de vista y otras no.
-¿Qué tipo de gente acudía al local?
-Gente bien, de dinero. Arquitectos, médicos, ejecutivos... Hay un comedor privado para reuniones de negocios y cosas de esas. Allí se metían y, a veces, el mismo Robert era el que servía. No dejaba entrar a ningún camarero. Luego está el comedor, donde va gente más normal, gente de Sevilla, turistas, y una pequeña barra, donde va la gente de las copas y los amigos de Lola...
-¿Quién más trabajaba en el negocio?
-Dos camareras y un cocinero moro.
-Ya hablaré con ellos. Tú me los podrás localizar.
-Si, claro.
-Dime más cosas de Lola.
-¡Que mujer! Un cuerpazo. Una mujer de gran belleza. A mi, que me gusta el cine, la compararía con la Rita Haywort de "Gilda" o con la Silvana Mangano de "Arroz Amargo".
-Nunca había hablado con un camarero que supiese tanto de cine clásico.
-Primero, no soy camarero. Se lo dije esta mañana. Soy encargado, "maitre". Y segundo, tengo el título de licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Sevilla. Lo que pasa es que no he tenido suerte para encontrar trabajo. Y no tengo ganas, ni dinero, para meterme en unas oposiciones. Además no me gusta la enseñanza.
-Comprendo. Sigue.
-Robert y Lola, en el restaurante, se esmeraban en demostrar que llevaban una vida muy normal de pareja, lo cual era mentira. Cada uno, fuera de allí, hacía lo que le daba la gana. Yo creo que Lola odiaba a Robert. Ella aguantaba todas sus broncas, pero se le notaba cómo lo iba guardando todo. Un día llegaron a pegarse en la cocina. Pero al final no podían pasar el uno sin el otro. Lola, como no le acompañe un poco la suerte, será la eterna cenicienta, pese a su belleza y su inteligencia natural y su cultura adquirida por su propio esfuerzo. Siempre que tiene un rato libre está con un periódico, con un libro entre las manos. Lee mucho. Algunos de sus amigos van a tomar una copa por intentar ligarla, pero otros hablan con ella de política, de cualquier cosa interesante y los carga a todos de preguntas... Tiene enfermedad por saber. Aunque quizás ahora, tras la muerte de Robert, le quede el camino más libre y pueda elegir... Ella sabía que con Robert nunca hubiera llegado a ninguna parte. Robert era ambicioso, perseguía sus objetivos que eran ganar dinero donde fuese y como fuese. Y para eso la utilizaba, la humillaba, la maltrataba...
-¿Se metía Robert en otros negocios aparte del restaurante?
-No lo se. Vivía bien. Últimamente viajaba mucho. Yo estaba prácticamente solo al frente del negocio.
-¿A dónde iba?
-No hablaba de esas cosas, pero algo se le escapaba. Una vez fue a Rota... Otra a Marruecos, a Ceuta y a Tetuán, creo.
-¿Con el socio?
-Creo que si, pero no estoy seguro. Y algunas veces iban los tres, que me dejaban solo al frente de todo. Comían o cenaban juntos y no paraban de hablar, y de discutir. Parece como si rivalizaran para demostrar cual de los tres sabía más de lo que fuese. Parecían niños. Hablaban de política, de cine, de terrorismo, de economía, de inmigración, de droga, del problema inmobiliario, de pintura... De lo que fuese... Y lo mejor era cuando en el local no había nadie. Para oírlos... Yo los miraba y los escuchaba desde lejos y me lo pasaba muy bien... Discutir para ellos era como un deporte...
-¿Quién hablaba más?
-Los tres. Lola parece que conducía los temas, escuchaba y preguntaba mucho. Robert era el intuitivo y el improvisador, hablaba con seguridad hasta de lo que no sabía y Ahmed era la mesura, el razonamiento y la cultura. Cultura innata y adquirida.
-Buena reunión, si señor...
Pedro, cuando regresa de su trabajo, tiene la costumbre de tomar una copa en un pequeño bar que hay en los bajos de su casa. Ahí suele hablar con los vecinos, con los amigos, lo que le sirve de relajo al final de la jornada.
-Oye, ¿tu tienes algo que ver con ese crimen que ha dicho la radio?
-No. Y si tuviera que ver no te iba a decir nada, como comprenderás.
-Elemental, querido "guatson"...
-Tu si que tienes "guatsa".
-Eso serán ajustes de cuentas por droga, digo yo.
-Puede ser.
-¿No crees que las cosas están bastante liadas?
-La verdad es que si.
-¿Te has enterado del último?
-¿Del último qué?
-Del último chiste, coño. Del último crimen ya te has enterado.
-Pues no. A ver, dime.
-El que entra en el bar y dice: Ponme un Ponche Caballero y que le vayan dando al camarero. Entonces, el camarero "mu cabreao" va y le dice: Pues te voy a poner un aguardiente y que le vayan dando al cliente. Y el mariquita que estaba al final de la barra, se pone a gritar: ¡Pues me pones un ciento tres y que nos vayan dando a los tres!
-Jo, macho. Los hay malos, pero como este...
-¿Has visto lo que dice en la camiseta de este?
-Como no se de la vuelta...
El vecino da la media vuelta y muestra un texto sobre su pecho: "Prefiero ser borracho conocido, que alcohólico anónimo."
Pedro apura se última cerveza. Cuando sube a casa, Paloma lo está esperando. Le abre la puerta muy contenta.
-¿Cómo ha ido la tarde, gatito?
-Enfollonado. Un lío.
-¿Estás cansado?
-Bastante.
-¿Quieres cenar algo?
-Algo fácil de comer.
Pedro se tumba en el sofá, se quita los zapatos, se desabrocha la camisa, se estira. Intenta relajarse...
-Toma, gatito. Te estaba calentando este caldo. Te entonará.
-Eso lo decía mi madre.
-Y mi abuela. ¿Quieres una tortillita francesa?
-También lo decía mi madre.
-Y la mía.
-Vale.
Mientras desde la cocina se deja oír el repiqueteo del chocar del tenedor contra el plato, Pedro pregunta levantando la voz.
-Gatita, ¿me has grabado los informativos?
-Si. No tienes más que darle al "play". Van uno detrás de otro. CRN Giralda, Localia, Sevilla TV, Canal Sur... La Uno se me ha escapado...
-¿Y Popular?
-No se ni donde se coge...
-Es igual. Tenemos que oír ahora los informativos de la radio.
-Tómate la tortilla, gatito, que se te va a enfriar. ¿Quieres cerveza?
-Un poco de tinto, natural.
-¿Vas a querer luego una copa?
-Como siempre...
-No te quejarás de tu jefa de prensa... Tomate la copa. Y ahora, apaga la tele y descansa.
En un movimiento, al sentarse, a Paloma se le abre la bata.
-Anda... Te has puesto el conjuntito que a mi me gusta... El blanquito de primera comunión...
-Hoy todo es para ti, para que descanses a gusto...
Paloma apaga la luz de la lámpara central y el salón queda en una suave penumbra. Al fondo, por el ventanal de la terraza, los guiños de las luces de Sevilla. Se sienta junto a Pedro en el sofá. La bata entreabierta. Le besa en una oreja y le muerde el lóbulo.
-Y ahora a cumplir. Recuerda que me debías uno. Miau...
-Estoy destrozado y con la cabeza en otra parte.
-No te preocupes. Aquí estoy yo para traerte la cabeza a su sitio.
Paloma le besa suavemente en los labios, le acaricia el pecho, le pellizca y le mordisquea los pezones.
-Lames como una gatita...
-Eso es lo que soy...
Le desabrocha los pantalones y pierde su mano entre la tela y la piel. -Me gusta sentir cómo tu sexo va tomando cuerpo poco a poco. Me
encanta disfrutar contigo.
Paloma, baja su boca por el pecho, besándole suavemente y
jugueteando con la lengua, hasta encontrarse con el beso definitivo.
-Ya eres mío. Ya no te me escapas -dice desde allí abajo, mientras, poco a poco, consigue culminar su obra-. Ya estás a cien por hora.
Se incorpora. Abre su bata. Se quita despacio, insinuante, el conjunto blanco de primera comunión, que le gusta a Pedro. Se arrodilla junto a él, y mientras con una mano acaricia su sexo ya erecto, le aproxima los pechos a su boca. Pedro besa y mordisquea los pezones con los ojos cerrados.
-Para ti gatito...
Paloma se gira, enfrentándose a él. De rodillas va descendiendo el cuerpo muy despacio para terminar uniéndose a Pedro en un movimiento certero, rápido y decisivo. Ambos exhalan un gemido. Ella monta sobre él, con ansias de dar más placer que recibirlo.
Cuando han llegado al final del trote salvaje, quedan tumbados y abrazados sobre el sofá. Después de un silencio y de haber recuperado el ritmo de la respiración...
-¿Qué crees que puede haber sido?
-Todavía es pronto. Pero se me antoja una historia interesante, apasionante... Estoy nervioso, pero contento...
-¿Te encuentras bien ahora?
-Si, muy bien.
-Pues, duerme...
Son las tres de la madrugada. Vuelve a sonar el teléfono.
-¿Si? -contesta Paloma entre sueños-.
-Perdona, soy Angel. ¿Me pones con Pedro?
-¿Qué pasa?
-Anda, ponme con él.
-Espera, te lo paso. Pedro... Pedro... Despierta, es para ti.
Pedro coge el auricular con dificultad.
-¿Quién eres?
-Soy Angel. Pedro, espabílate. Esto va más en serio todavía. La cosa se complica. Otro hombre asesinado.
-Imposible tío, imposible.
-Posible. Y, además, agárrate.
-¿Dónde quieres que me agarre ya?
-El cadáver ha aparecido en el solar de la mezquita de los Bermejales. Y además, parece que es un moro... A ver si tu me comprendes lo que yo te quiero decir...
-Más complicaciones. Te he entendido perfectamente. Joder, joder, joder...
-Y además me han hablado de que, junto al cadáver, hay un papel con algo escrito referente a las mezquitas. ¿Qué te parece?
-Primero un muerto en un restaurante moro. Ahora un moro en el solar de la mezquita... El socio del primer muerto era un moro... Esto puede ser algo más gordo de lo que pensábamos. Me "cagüen"... Salgo para allá ahora mismo.
-Estoy pensando lo mismo que tú. Vete directamente a los Bermejales. Yo ya voy de camino.
-Hasta luego. ¡Ah! Y, además, te digo una cosa. Esto ya es una provocación personal y como tal me la tomo.
-¡Cojonudo! Se nos va a venir encima España entera.
-Te juro que lo voy a descubrir todo, a descifrar todo, como si de una partida de ajedrez se tratase.
-Macho, me has emocionado. Pero ya vamos a tener aquí todas las cadenas de televisión y todos los periodistas del mundo dando el coñazo.
-Tu tranquilo. Hasta luego.
Paloma lo mira con ojos de incomprensión.
-¿Otro?
-Si. Otro.
-Pero, ¿qué pasa? ¿Sevilla se va a convertir en la ciudad de los crímenes?
-Por lo visto. ¿Qué te decía anoche?
-Ten cuidado, que tú no eres el agente 007.
-En cambio tu si me pareces Ursula Andres...
-Yo soy un poco más menudita. Pero, ¿qué piensas de todo esto?
-Estamos ante un follón muy gordo que ha venido a estallar, como también te dije, en nuestras narices...
-Tengo miedo. Dios mío, ¿qué está pasando?
La ciudad a estas horas está desierta. Cuando Pedro llega al solar de los Bermejales todos están allí.
-Buenos días, Angel. ¿No habrán tocado nada?
-Nada. Efectivamente se trata de un musulmán. Y mira la cartulina que asomaba del bolsillo de su chaqueta.
-"No queremo asquí mesquitas. no queremos más droga. ni mas terrorista. ni más muerto. ni más sufrir. sois todos unos ijos de puta. todos a buestra tierra..."
-Está cIaro. Buena letra, imitando trazos torpes, y fingida mala ortografía... Guarda este papel. Es una cartulina elegante...
-Como las que se usan para las cartas y las listas de tapas...
-O como las que usan los pintores o los arquitectos para bocetar proyectos...
-Hay que comparar con los que tenga Ramón en el restaurante... Y el tipo de rotulador... Va a ser él. Lleva todas las papeletas...
-Mira, en el bolsillo interior de la chaqueta estaba esta carterilla.
-Cuero repujado con arabescos. Artesanía marroquí.
-Y en el interior algunas tarjetas, direcciones y teléfonos. Muchas con caracteres árabes.
-Hay que traducirlas y localizar esos teléfonos. Inmediatamente, Angel. Hay que detener a Ramón y hay que localizar a esa Lola como sea. Primero los necesitamos para iniciar la investigación y, segundo, por si acaso la locura continúa, no vayan a caer ellos también. No sabemos quien o quienes pueden estar detrás de todo esto. Manda a alguien al restaurante y que nos traigan a Ramón. Si conseguimos también a Lola que no se vean, que no se encuentren. Cada uno en una habitación distinta y alejados. Trae una linterna.
Pedro pasa el haz de luz sobre el cadáver. Pelo moreno, piel morena, alto.
-¿Lleva documentación?
-No.
-Buena presencia, bien vestido, buen calzado...
-Pero fíjate. Todo es ropa de marca, pero no lleva ni corbata, ni ropa interior, ni calcetines...
-Claro. Este tampoco ha muerto aquí. Lo han traído ya muerto. Es la firma y la rúbrica. Se repiten.
-No hay signos de violencia, de haber peleado...
-Y fíjate en lo más curioso. Tiene un solo disparo en la cabeza, aquí arriba. O le han disparado desde una altura superior o él estaba inclinado al recibir el impacto... Y aquí tampoco hay sangre en el suelo.
-Rápido: Ramón y Lola. Estoy convencido de que aquí los cuatro tenían que ver. Y hay que darse prisa. Si esta cadena continúa, nos podemos quedar sin los dos y esto puede convertirse en un Puerto Urraco. Lárgate con alguien y no pierdas tiempo.
Ya es de día. Suena el teléfono en el despacho de Pedro.
-Pedro, soy Angel.
-Dime.
-Ya los tenemos a los dos.
-Bien. Enhorabuena. Estupendo. Te debo una cerveza.
-Y con tapa.
-Cuéntame.
-Estuvimos vigilando el restaurante hasta que advertimos que había luz dentro. Llamamos por teléfono. Tuvimos que repetir la llamada varias veces, hasta que por fin lo cogió. Era como si no quisiera hablar.
-Este tío está "pringao". Me llama la atención su frialdad, su manera de calcular la conversación. No olvides que es licenciado en arte...
-Si. Es un artista. Le obligamos a abrir.
-¿Qué hacía allí a esas horas? ¡Coño! ¿Tanto trabajo da un restaurante?
-Estaba haciendo cuentas y poniendo papeles en orden... Porque dice que tiene que usar las noches para este tipo de trabajo, porque durante el día no tiene tranquilidad. Y que ahora, después de lo de Robert, tiene que tener las cosas muy claras. Le dijimos que nos tenía que acompañar. No opuso resistencia alguna. Apagó, cerró todo y nos lo llevamos. Allí ha quedado un patrullero.
-¿Y Lola?
-La hemos detenido en el portal de su casa. Estaba como borracha, drogada, como loca, diciendo unas cosas muy raras... Llevaba en las manos un cuadro. Un retrato suyo al desnudo y una jaula con un pájaro. Como un periquito. Parece que lo quiere mucho. Le hablaba y el bicho la escuchaba atentamente. Que, qué queríamos, nos dijo. Yo solo argumenté que queríamos hacerle algunas preguntas. Que tenía que acompañarnos a comisaría y que allí se lo explicarían todo. En la puerta de la casa la estaba esperando un hombre con una maleta. Nos dijo que era su padre, que acababa de llegar de Barcelona y que por favor la dejáramos hablar un momento con él. Acepté y un agente los acompañó al piso. Hablaron unos veinte minutos y la hicimos bajar. Ya la llevan para allá. Está como enloquecida. No coordina demasiado. Me dijo que acababa de llegar de viaje. Que venía de haber estado dos días de fiesta en una finca. Cuando llegue, me llamas y saldrán con Ramón para allá.
-Escucha. Y cuando llegues tú aquí, enciérrate con Ramón y que te cuente más cosas sobre Robert y Lola. Comprobar si este es Ahmed, el socio, o no lo es. Si iban más moros por allí y quienes... Todo, ¿te enteras? ¡Todo! Y, muy importante. Dónde diablos ha estado y lo que hizo ayer noche y esta noche. Conforme vayas sabiendo cosas me las vas pasando por escrito, para contrastar con lo que diga Lola. Yo, mientras, iré hablando con ella. Y si hace falta llegaremos al careo. A ver si damos con más gente... Hay que investigar las tarjetas que encontramos en el bolsillo.
-De acuerdo. Y que tengamos un buen día.
-Es verdad. Ya es por la mañana. Buenos días, "good morning", como decían en "Cantando bajo la lluvia". Pero hoy no llueve... Y no vendría mal un buen chaparrón para refrescar el ambiente.
Lola llega tranquila a comisaría. Acaba de hablar con su padre. Verse rodeada de hombres que la atienden, aunque sean policías, es para ella, en estos momentos, algo que desea y necesita.
-Buenos días, Lola. Pase, por favor. Siéntese aquí. Póngase cómoda. ¿Quiere tomar algo?
-Un café... ¡No! Una tila... Bueno, una copa no me van a dar, supongo. Entonces... Un té.
-No sabemos... Vamos a intentarlo.
Pedro ha quedado impresionado con el cuerpo de Lola pese a su estado de ánimo. Tiene aspecto de no haber dormido en toda la noche. Está como perdida. Cansancio de droga o alcohol, o las dos cosas juntas. Lleva la blusa casi desabrochada y al sentarse ha dejado la falda desordenada, levantada, dejando ver sus muslos, como si ya nada le importara. No lleva sujetador. Pese a todo se advierten los rasgos y contornos de una mujer rotunda, de cuerpo escultural.
-¿Para qué me han traído aquí?
-Te lo contaré, pero antes tranquilízate. Descansa un poco. Estamos haciendo una investigación y queremos hacerte algunas preguntas.
Lola guarda silencio.
-Aquí tienes el té. Primero tómate esta taza.
Lola da signos de cansancio y de nerviosismo. Pedro hace que le traigan un calmante. Mientras tanto, la distrae hablándole de temas en apariencia intrascendentes. El sabe que medio mundo está ahora mismo atento a los crímenes de Sevilla y que él, en setenta y dos horas, tiene que dejar el caso resuelto.
-Cuando te tranquilices me gustaría que habláramos un poquito. ¿No te importa?
-No, no me importa. Pero, ¿porqué? ¿Qué pasa?
-Cuéntame una cosa. ¿Dónde estuviste ayer y antes de ayer?
-Fui a... Bueno, no fui. Me llevaron...
-¿Quiénes?
-Unos amigos.
-¿A dónde?
-Creo que a la finca de uno de ellos, por Carmona o por Utrera, no lo se muy bien. Era de noche. Una casa de campo enorme. Fumamos, bebimos. Luego llegó más gente, llegaron más mujeres. Ya empezaba a no gustarme. Terminamos todos desnudos por las alfombras. La música estaba muy fuerte y los perros ladraban fuera... Alguien apagó todas las lámparas. Eran unas arañas muy antiguas. Solo se veía la luz lechosa de la luna sobre la pared. La gente gritaba, cantaba. Me daban de beber en una botella. Me rociaron con champán los pechos, el vientre, las entrepiernas y alguien se lo bebió de mi cuerpo hasta dejármelo seco.
-¿Hasta cuando estuvisteis allí?
-Hasta este amanecer. Allí dormimos, paseamos a caballo, fuimos al pueblo a por comida. Creo que era el cumpleaños de alguien. Esta mañana me dejaron aquí... Pero, por favor, ¿qué ha pasado?
-Tranquila. No hay prisa.
-Yo si la tengo. Es que mi padre ha vuelto, ¿sabe? Porque mi padre estaba, desde que yo nací, en Barcelona. Acabo de hablar con él, ¿sabe usted? Acaba de llegar para reunirse conmigo. Lo he dejado solo en casa. Bueno, solo no. Con mi pajarito. Es muy cariñoso. Se llama "pío, pío". Siempre lo tengo suelto por la casa y viene conmigo a todas partes. Se me pone en el hombro, en la cabeza... Le hablo y me contesta a su manera, pero me habla. Si, sí, me habla... Yo le digo, por ejemplo, "quiyo" y él me lo repite perfectamente.
-Es un periquito.
-No señor. Es un inseparable. Un, ¿cómo se llaman? Un agaporny. Eso, un agaporny. Es muy bueno y siempre me está mirando cuando ya lo encierro en su jaula... Cuando acabemos, ¿podré volver a casa para atenderlos? Al pajarito y a mi padre. El pobre, llega a Sevilla después de tantos años huyendo de todo aquello, y lo dejo solo... ¿Vamos a tardar mucho?
-No se, depende un poco de ti.
La mirada de Lola queda fija en no se sabe que punto de la habitación. Está como ausente, como sonada...
-Primero, dime. ¿Trabajas en un restaurante de comida árabe que se llama Zerhum?
-Si.
-Y, naturalmente, llevas casi dos días sin aparecer por allí.
-Ya se lo he contado.
-Y durante todo ese tiempo, ni has oído radio, ni visto la tele, ni leído un periódico.
-Suelo hacer todas esas cosas diariamente, pero en esta ocasión era difícil por lo que ya he contado.
-Vamos a ver, Lola. Ahora te tienes que hacer fuerte. Te voy a decir el motivo por el cual te hemos hecho venir aquí. Estate tranquila. Relájate. Ahora escúchame muy tranquila. Se han cometido dos crímenes en Sevilla. Uno, anoche y otro antes de anoche. Tu no estabas aquí. Pero puedes ayudarnos. Por favor, debes estar muy tranquila, pero no tengo más remedio que contártelo.
-No se preocupe. Dígame lo que sea.
Pedro le cuenta a Lola los dos crímenes con toda clase de detalles. Nunca pudo imaginar que fuese a recibir aquella historia con tal frialdad y aquel distanciamiento. Tras un silencio muy largo, Lola suspira y dice en voz baja:
-Esto tenía que pasar. Era imposible.
Pedro deja a Lola en su reflexión. Está quieta. Pide agua. Bebe despacio. Le tiembla la mano. Llora. Se levanta de golpe, va hacia la pared y la golpea con los puños cerrados. Mira largamente por la ventana. Saca del bolso un paquete de "kleenex". Susurra cosas ininteligibles... Por fin va a la silla, se siente y mira fijamente a Pedro.
-Eran unos locos maravillosos -le dice-. Pero nunca debí dejarlos solos... Ahora todo está vacío...
Pide ir al cuarto de baño. Al poco, vuelve. Se ha arreglado la falda y la blusa. Se ha peinado. Se ha pintado algo. Sigue susurrando...
-Eran mis amigos... Eran mis amores... Lo eran todo para mi... La vida... El trabajo... La compañía... La rezón de ser... Mi futuro... ¿Y ahora?... Bueno... Mi padre... Mi pajarito...
Se queda de pie, estática. La mirada al techo. Pedro la observa sin saber cómo reaccionar. De repente, Lola vuelve de nuevo a su silla, se sienta con gesto resuelto, cruza las piernas, resbala sus manos sobre la blusa ciñéndola contra sus pechos. Luego las baja hasta la cintura remetiéndola bajo la falda. Mira a Pedro y le dice con tono decidido:
-Venga. Aquí estoy. Pregunte cuanto quiera.
-Vamos a ver. ¿Por qué no empiezas, tranquilamente, contándome cosas de cuando tú eras niña? Me has dicho que naciste en Barcelona. Cuéntame cosas de entonces. Como si me contaras un cuento...
-Eso me gusta mucho. Recordar mi niñez... ¿Puedo fumar?
-Si, claro.
-Gracias. No fue bonita. Y está tan lejos... Verá. Mi padre era sevillano, emigrado a Barcelona. ¿Tiene fuego?
-Si, toma.
-Gracias. Todo esto lo se porque a él le encantaba contarme sus cosas de juventud. Creo que lo de hablar lo he heredado de él.
-Bonita herencia.
-Se fue muy joven, desde Sevilla, en aquel tren que le llamaban "el catalán" y que tardaba un día entero en hacer el viaje. Cuando llegó a la estación todo era una aglomeración de gente. No sabía para donde tirar. Preguntaba, pero pocos le sabían decir algo. Encontrar a su hermano fue un problema. El hermano vivía con la madre. Y fue llegar mi padre y morir la pobre mujer. Llegó a reconocerlo antes de morir. La cogió las manos, se las apretó fuerte, hizo venir a su hermano y, con un hilo de voz, le pidió que le ayudase. Mi padre se sintió muy mal y en aquella casa no había ni hueco para dormir. Hasta que enterraron a la madre, durmió malamente en un sofá. Su hermano no le quiso ayudar. Pensó que iba a ser un peso y una boca más en la familia.
Recordaba siempre con pena la bronca que le montó su hermano después del entierro... Aquel mal nacido, aunque fuera de la misma madre, le dio la dirección de una sobrina, Montse, que tenía una pensión. Se marchó allí. Por el camino iba pensando que no quería ser enemigo de su propio hermano. Mi padre acababa de llegar a Barcelona y ya estaba deseando volver a su tierra. Mala llegada había tenido. Aquel día nevaba en Barcelona. Fue a la pensión que le había dicho su hermano. Se presentó a la sobrina y esta le dio cobijo. Seguía nevando. Durmió en una habitación fría que daba a un patio. A la mañana siguiente Montse habló con alguien y lo metieron en una cuadrilla para retirar nieve de las calles. Sería su primer dinero.
Resultó que la sobrina y su establecimiento, estaban relacionados con el mundo de la prostitución. Pero, por algún sitio había que empezar. Mi padre comía, cenaba y dormía allí y le pagaba a Montse como podía. En la pensión conoció a mucha gente. Aquello era como una colmena, no como la de Cela, pero... Mi padre era un hombre alto, atlético, fuerte... Un hombre atractivo. Lo quisieron meter en el boxeo, pero se cansó. Decía que aquello era como una mafia. Todo el día entrenando y sin ganar nada. Después se puso a hacer recados a cambio de propinas, mientras encontraba algo. Montse, cansada de no cobrar, o cobrar poco de él, empezó a ignorar las cuentas y le propuso cama a cambio de cuentas. Se lo lió.
-¿Se lo lió?
-Si, que empezaron a acostarse juntos. Si no me das dinero, dame gusto...
-Vale, continúa.
-Una noche, en la pensión, empezaron a oírse unos gritos. Todos salieron al pasillo. Un hombre y una mujer se estaban peleando. Algo decían del robo de una joya... Mi padre se metió a separarlos. En el forcejeo, y sin que él se diese cuenta, le metieron la joya en el bolsillo. El hombre huyó. Cuando vino la policía se la descubrieron a mi padre. Se lo llevaron detenido. Tuvo que intervenir Montse para que lo soltaran. Era una mujer con influencias. Era muy amiga de todos los policías por su negocio con las putas. Montse le había hecho muchos favores y mi padre le estaba agradecido. Le contó que iba a dejar el negocio de la pensión y que con sus ahorros, iba a alquilar un piso y se iban a vivir juntos. Le buscó trabajo en una fábrica. Y se casaron. Ya estaba embarazada de mi. Ella se fue convirtiendo, en la soledad de la casa y con el cambio de vida, en un ser dominante y desequilibrado. Una fiera enjaulada. A veces una hija de la gran puta, y perdone... Nunca estaba contenta con nada. Mi padre se iba a trabajar por las mañanas y volvía por las noches. A veces le gritaba porque todo el dinero que traía le parecía poco. Y yo sabía que mi padre trabajaba como un cabrón para llevarle dinero a aquella loca que, supongo, tendría sus ahorros. Bebía mucho. Un día llegó a pegarle. Si, mi madre a mi padre, a pegarle. Lo contrario de lo que pasa ahora. Mi padre era bueno y siempre quería poner paz. Sufría en silencio eso que ahora se llama maltrato doméstico. Si yo estoy convencida de que soy hija de mi padre, es por mi cuerpo, por mi estatura... Por otros motivos, podría dudarlo... A mi me tocaba hacerlo todo en la casa. Incluso, para sacar más dinero, que era su gran obsesión, llegó a obligarme, siendo aún muy joven, a estar con un amigo suyo en casa mientras ella salía a dar un paseo. Aquel hombre me achuchaba, me metía su lengua en mi boca, me chupaba los pezones, me desnudaba, me llenaba de babas por todos los rincones del cuerpo, se corría en mi vientre, entre mis pechos, en mi boca... Se lo dije a mi madre y me dio una paliza. Mi madre me amenazaba constantemente. Yo me callaba porque aquel era el único lugar donde podía comer y dormir.
-Perdón, se te ha apagado el cigarrillo. Toma fuego.
-Gracias.
Lola enciende el cigarro, se arregla el pelo, vuelve a resbalar sus manos por encima de los pechos, ciñe la cintura y plancha la falda sobre sus muslos... Se yergue desafiante ante Pedro y se queda mirándole.
-Continúa. Es una historia algo triste, pero demuestra tu carácter duro en plena niñez, y el de tu padre ya en la madurez...
-Es verdad. Porque aquello era horroroso. Un día, volviendo de hacer la compra, al entrar en casa me encontré a aquel hombre con mi madre. Ella estaba sentada sobre la mesa de la cocina y él tenía metida la cara entre sus muslos. Yo me quedé quieta. Se dieron cuenta y entonces los dos me sonrieron y me invitaron a pasar.
-Anda, ven. Vamos a divertirnos los tres -me dijo él-.
Yo me quedé quieta. Mi madre me gritó:
-¡Haz lo que te diga o te machaco! Aprende, por lo menos, a ser puta. Eso deja dinero. Y él te puede enseñar. Sabe mucho de esto.
-Ven, bonita, ven -me decía el baboso-. Verás. Mientras yo paso la lengua sobre tu madre, tu la pasas sobre mi... Anda, bonita, quítate el vestidito, que te vea tus tetitas...
Y volvió a correrse sobre mi. Y es que yo, con trece años, parecía una mujer. Le atraía a todos los hombres. Me decían cosas. No podía ir en el metro. Una vez me agarraron por la cintura y me llevaron así todo el camino, metiéndome la mano por todos lados. Un tío me apretaba por delante y otro por detrás. No chilles o te rajamos, me decían al oído.
Una tarde esperé a mi padre en la calle. Le conté las cosas que me obligaba a hacer mi madre. Me daba pena de él. Todo el día trabajando y ella puteando para no aburrirse. Me pidió silencio y un poco de tiempo. Durante algunos días estuvo regresando del trabajo más tarde de lo normal. Mi madre hacía como si se enfadase, pero le venía muy bien para golfear más con los vecinos borrachos del barrio.
-He estado haciendo horas extraordinarias en el trabajo-me dijo una noche mi padre, aprovechando que mi madre estaba en el cuarto de baño-. Lo que he ganado es para ti, para que te vayas a Sevilla. Toma este dinero y guárdalo, que no lo vea tu madre. Y te marchas en silencio, que ella no se entere. Aprovecha cuando haya salido a comprar o lo que sea, pero que no se entere, por Dios. Cuando llegues a Sevilla busca a un amigo que tiene un bar en la calle San Eloy. Ahora te doy la dirección. Dile que vas de mi parte. Te ayudarán, seguro. Huye de aquí y de tu madre. Yo veré hasta cuando aguanto. Igual un día nos vemos en Sevilla. De momento, sálvate tú.
-Gracias, papá -le dije llorando-.
Nos abrazamos.
-Seguro que un día nos volveremos a ver en Sevilla.
-Seguro, hija. Y volveremos a pasear entre naranjos y oleremos a azahar...
-Claro que si, papá.
Estuvimos mucho rato abrazados. Lloramos los dos. Al otro día, aproveché que mi madre había salido. Hice una maletita y me fui a la estación. Volvía a ser el "catalán", pero al revés. Llegué a Sevilla. Dormí en una pensión de la calle Gravina, el Hostal Romero. ¡Que buena gente! Por la mañana fui a desayunar al bar de la calle San Eloy que me había dicho mi padre. Detrás de la barra había un camarero alto, rubio... Me atendió muy amable. Se llamaba Roberto. Allí lo conocí...
Lola vuelve a emocionarse y rompe de nuevo a llorar.
-Me hablas de Robert.
-Si, hablo de Robert, pero entonces no se llamaba así.
-Comprendo que todos estos recuerdos son muy duros para ti, pero es importante que revivas aquellos momentos. Te servirá para sentirte mejor.
-Es verdad. Pero de repente es como si se me viniese todo el mundo encima.
-Estate tranquila. Te estoy escuchando. Lo cuentas todo muy bien. Sigue.
-Le pregunté a Roberto por el amigo de mi padre. Pero ya nadie estaba allí. Le conté mi historia. No, se. Me inspiró confianza. El había llegado a conocer al antiguo dueño del bar, el amigo de mi padre, pero había traspasado el negocio y se había marchado no sabía a donde.
-¿Cómo era entonces Roberto?
-El también estaba empezando. Fue muy cariñoso y atento. Gracias a él pude empezar mi vida en Sevilla. Me llevó a su casa. Me facilitó todo lo que necesitaba. Viví en su pisito varios días. Me respetó. El era de Sevilla, pero se había ido a vivir por su cuenta, aunque mantenía contacto con sus padres. Nunca había salido de aquí. Me contó sus planes y proyectos y me cautivó. Yo lo consideraba un hombre muy preparado. Leía periódicos, hablaba de todo. Me contagió ese deseo de conocer y saber cosas. Yo lo deseaba porque mi formación de niña había sido muy poca, nula. Una noche, me entregué a él, porque necesitaba cariño, contacto físico... Me sentía vacía, sola, lejos de mi tierra... Bueno, de aquella tierra, porque la mía debería haber sido esta. Y es esta.
-Volvamos a Roberto. ¿Me puedes contar más cosas de él?
-Con Roberto yo me sentía muy protegida. Poco a poco fue cambiando. Dejó aquel bar y vinieron las reuniones con gente que yo no conocía. Los planes, algunos viajes, las sociedades, los proyectos y los nuevos negocios, entre ellos el restaurante.
-¿Te contaba muchas cosas?
-Me contaba pocas cosas, pero me decía que siempre trabajaríamos juntos. Encontró el local para el restaurante y se asocio con alguien... Cada vez lo veía más seguro, más preparado, más formado. Era lo que yo necesitaba...
-¿Con quien se asoció?
-Con... Un tal Ahmed... ¿Ahmed? Si, claro. Con Ahmed... Si, se llamaba Ahmed...
Lola aguanta las lágrimas. Luego, crispa las manos sobre su falda. Las arrastra hacia arriba, arañando sus muslos, hasta dejarlos al descubierto.
Pedro observa a Lola casi en su plena belleza. Tiene que hacer un esfuerzo.
-Entonces Ahmed era el socio de Robert, ¿me lo confirmas?
-Si. Eran socios.
-Continúa, Lola. Y estate tranquila. Yo te voy a ayudar mucho. No estás sola, te lo prometo.
-Gracias. Todavía no se como se llama usted.
-Relájate.
Lola devuelve, suavemente, la falda a su sitio, aunque deja las piernas entreabiertas.
Me llamo Pedro. Puedes llamarme así y, además, puedes tutearme.
-Gracias, Pedro. Cuando Roberto pegó el salto a los negocios de más alto nivel, cambió radicalmente y empezaron a llamarlo Robert. Para mi ya era tarde. Esteba pegada a él. Hecha a él.
-¿Y tú que hacías?
-Yo siempre estuve ansiosa por saber, por estudiar, por conocer cosas. Estaba sedienta de cultura. Quería aprender de golpe lo que no me habían dado de niña. Robert me ayudaba. Y yo escuchaba a todo el mundo con los ojos y los oídos muy abiertos. Lo leía todo. Periódicos, revistas, libros... Tenía ansias de vivir, de hacerme mujer por dentro, porque por fuera lo era de sobra... Estaba cansada de que solo me consideraran como una mujer de adorno o para acostarse conmigo...
Angel interrumpe el diálogo al abrir la puerta. Se acerca a Pedro y le entrega un folio con notas.
Lo niega todo. Dice que no sabe nada. Que antes de anoche estuvo en su casa durmiendo. Que esta madrugada ha ido al restaurante a arreglar papeles. Está muy cansado. Se le nota algo nervioso. Pero es frío y muy calculador.
-Gracias, Angel. Continúa. Si descubres algo me lo dices inmediatamente. Bien, Lola. Estate muy tranquila. Ahora quiero saber si conocías bien a Ahmed.
La aparente fortaleza de Lola se derrumba por momentos. A Pedro cada vez le cuesta más trabajo recuperarla.
-No puedo, no puedo más. Lo siento.
-Cuéntame cosas bonitas de él, las que mas te gustaran. Algo sobre su personalidad, sus costumbres, su forma de ser...
Después de una pausa, parece como si los recuerdos le dieran fuerzas.
-¡Ahmed! ¡Un personaje! Lo conocí siendo un estudiante de arquitectura y de pintura. Un hombre de mucho dinero. Se asoció con Robert para abrir el restaurante. Atractivo, culto, de una educación refinada. Sabía de todo, hablaba de todo. Una persona preparada. Creo que me enamoré de él... Pero seguía atada a Robert.
-¿Cómo fue la vida de Ahmed en su juventud?
-La vida de Ahmed fue apasionante... Había nacido en Tetuán, en Marruecos. Su padre era un hombre rico dedicado a los negocios, unos negocios poco definidos que yo nunca conocí, pero negocios fuertes...
-Dime todo lo que sepas.
-Lo que él mismo me contó. Desde su niñez, fue un chiquillo introvertido y con un carácter algo especial, lo que ha supuesto su falta de entendimiento con su padre y con el resto de su gente. Con el paso del tiempo, Ahmed fue descubriendo su inclinación homosexual. Le gustaba estar en las reuniones de mujeres, le gustaba perfumarse. A solas se ponía vestidos de mujer... Un día decidió contárselo a su padre. Su primera reacción fue quitárselo de encima enviándolo a estudiar fuera. Le preguntó qué quería estudiar y donde le gustaría ir. Eligió Sevilla. Y dos carreras. La de bellas artes, para estudiar pintura, y la de arquitectura, para construir estructuras con las que él había soñado siempre. A su padre le pareció bien y decidió pagarle todo lo que necesitase y más. Así se quitaba un problema de encima y, quien sabe, si algún día le pudiera venir bien tener a su hijo en España. Lo de la homosexualidad era, a esas alturas, lo menos importante. Podía llegar a ser un buen artista, un buen pintor y un buen arquitecto. El padre, por encima de las circunstancias, confiaba en la inteligencia de su hijo y pensaba en la posibilidad de utilizarlo para sus negocios. Ya digo que el padre se lo pagaba todo muy bien, muy por encima de lo que cualquier estudiante pueda necesitar.
-¿Cómo era su vida?
-Se alojó en un buen apartamento y empezó a estudiar sus carreras. Tenía un deportivo y un yate... Ya digo que no era lo normal... Mientras tanto, fue haciendo amistades de juventud. En sus paseos por la ciudad, conoció a Robert y montaron el restaurante. Como él decía. un lugar acogedor, de cierta categoría. Allí nos fuimos conociendo poco a poco los tres.
-¿Fuisteis muy amigos?
-Si, mucho. Amigos de verdad. El director del negocio era Robert. Ahmed era consejero y socio capitalista. Yo fui la mujer, la novia, la amante, la amiga de Robert, a veces también de sus amigos, y la relaciones públicas del local. Yo que se. Algunas veces una piltrafa. En fin, todo.
-¿Cómo se fraguó aquella amistad?
-Entre los tres fue naciendo, poco a poco, una relación que se estrechó con el paso del tiempo y que llegó a alcanzar límites insospechados, muy difíciles de dibujar. Entonces empecé a ser amiga, novia y amante de los dos...
-¿Recuerdas algún momento bonito?
-Un amanecer, después de una noche de copas, Ahmed me contó, a solas, todo sobre su inclinación homosexual. Mantuvimos una conversación muy interesante. Entonces -me decía en voz muy bajita- cuando empezaba, no sabía si iba a ser capaz de reconocerlo públicamente. La homosexualidad no existe en mi país. Está penada con cárcel, de seis meses a tres años. Aquello es la ceguera, es la hipocresía... Sé de un escritor joven que hoy vive en París y que declaró su homosexualidad en el Instituto Francés de Mequinez, en el Marruecos del sur. Tuvo la suerte de salir del país sin que fuese agredido y se instaló en París. La verdad es que le han silenciado, sobre todo la prensa conservadora, aunque lo han invitado a programas literarios de la televisión pública. En sus novelas ha abordado el tema de la homosexualidad. Creo que ya se venden en Marruecos.
-¿Cómo llaman allí a los mariquitas?
-Existe una palabra para designar al homosexual, "zamel", un nombre peyorativo de la misma familia que "zamil", que significa colega, camarada, amigo. Entonces "zamel" es el que desarrolla un papel pasivo, porque al hombre activo no se le acepta como tal. Esto quiere decir que, sin reconocerlo abiertamente, se acepta al homosexual, pero sometido al silencio y a la marginación. Allí, si eres homosexual, más vale que te lo calles. Pero silenciarlo no significa no vivirlo. Es un lío. Algunos creen y lo dicen, que Marruecos es un paraíso homosexual, que todos lo son... Eso es una barbaridad y una opinión cómoda y tendenciosa.
-Eso es absurdo.
-Claro. Cuando era niño, me gustaba jugar con mis amigos y nos escapábamos a la azotea de la casa y nos poníamos a jugar con nuestros penes... Recuerdo que mi padre nos sorprendió una vez. No pasó nada. Nos dijo que nos marcháramos de allí y que yo bajara a casa a estudiar. No se si se enfadó o no... O él era también así, no tuvo capacidad de reacción y vio el reflejo de su juventud... No se.
-Eso eran juegos de niños.
-Claro. Más tarde hacíamos el amor en grupo, disfrutando los unos de los otros. Ibamos más allá del mero juego con los penes... Me gustaban mayores que yo. Tuve un amante de veinte años. Me gustaba que empezara él. Nunca me penetraba. Me besaba, me acariciaba, me lamía todo el cuerpo y terminaba sobre mi espalda... Después, yo. Era tan grande que me perdía en su cuerpo bello y bien hecho. Pero yo no podía seguir así... Quería más libertad y por eso le dije a mi padre que quería venirme a Sevilla.
-Eso tiene que ser muy duro.
-Lo es. He conocido a un joven argelino que ha llegado a Sevilla hace poco huyendo de su país. Había sido perseguido y juzgado por su condición homosexual. Podía haberle salido una condena de tres años de cárcel. Primero llegó a Ceuta. Allí le ayudaron colectivos de gays y lesbianas y después optó por venir a Sevilla. Me lo presentaron unos amigos comunes. Existen leyes que ayudan en estas situaciones. Se encuentra bien. Está tranquilo emocionalmente, no se siente perseguido y está buscando trabajo. Espera establecerse en Sevilla. De momento tiene autorizados cinco años de estancia, pero es un plazo ampliable. Creo que ahora es feliz.
-Perdona. Y aquí en Sevilla, ¿tienes pareja?
-Bueno... Casi... Creo que si, o al menos lo estoy intentando.
-¿Puedo saber quien es?
-Ya te lo diré cuando esté seguro. Eres muy curiosa.
-Sigue con tu historia.
-El "fquih", como si te dijera mi primer maestro, ya me atraía. Guapo, limpio, con su chilaba blanca, miraba profundamente... Ahí empecé ya a notar algo. El "fquih" ejercía una fuerza poderosa sobre niños y padres. Era costumbre que cuando un padre llevaba a su hijo a la "msid", escuela coránica en la que se entraba muy de niño, solían decir: "Tú lo matas y yo lo entierro." Hasta ese punto depositaban en él su confianza. Pero en ocasiones el "fquih" mantenía relaciones sexuales con los alumnos...
-Yo he oído decir que eso ha pasado también aquí en colegios religiosos...
-Y aunque lo saben, mandan allí a los niños para que aprendan la palabra de Dios. Algunos maestros tenían poderes para curar enfermedades o deshacer maleficios. Otros estaban locos y vivían fuera de la ley. Mucha hipocresía y abuso de poder... Desde muy pronto descubrí que mi homosexualidad no iba a ser fácil ni de vivir ni de expresar. Todo homosexual marroquí que no sabe vivir más que con la verdad es consciente de que llega un día en que es preciso librar un combate contra la mentira y la intolerancia. Pero esta guerra no está ganada nunca de antemano.
-¿Sentiste miedo en algún momento?
-Si. Cuando tuve trece años. Tuve un amigo que era afeminado y se le notaba por la calle, andando solamente. Le pegaron, le insultaron, le apedrearon y muchos abusaron de él... Al final terminó loco en un psiquiátrico... Comprendí que, para sobrevivir, tenía que guardar el secreto. Tenía miedo de mi entorno. Me encerré a estudiar. Pero no podía vivir. Me torturaba solo. Mientras, iba descubriendo la de homosexuales que me rodeaban. Profesores, tenderos, el que arreglaba el televisor... Me seguía dando miedo y vergüenza. La homosexualidad era una cosa seria y para toda la vida. Ya dejaba de ser juegos entre amigos para convertirse en mi naturaleza, en parte de mi identidad, de mi forma de ser. ¡Es que era yo! Yo era así, no podía decirlo y, además, no podía cambiar para satisfacer a mis padres, ni mucho menos a la sociedad. Y han habido ejemplos en Marruecos. El poeta Mohamed Ben Brahim. Sus poemas, en los que cantaba a los jóvenes, se estudiaban en clase. También Bagdad Abu Nuass, que ensalzó siempre en su obra el vino y los efebos. De vez en cuando me encerraba en los aseos del instituto y lloraba... Llevaba encima una fuerte carga y era difícil de soportar en silencio... Llegaba a pensar, ¿seré el único homosexual verdadero de todo Marruecos? Pensaba que me esperaba un futuro solitario... Pensaba que Dios me iba a castigar, que no me dejaría triunfar en la vida y que terminaría siendo un vagabundo y un despojo de esta hipócrita sociedad. Es que la religión te atenaza en vez de ayudarte... Yo quería, y quiero al Islam. Y entonces rezaba a Dios para que no me castigara, porque yo era buena persona, aunque homosexual. Yo no hacía nada malo, por eso me lo podría perdonar. Y Marruecos es un país sensual donde la gente sabe divertirse con nada. Y yo participaba. Me hubiera gustado entonces visitar Marrakech, la ciudad roja en la que, según decía la leyenda, se vivía la homosexualidad abiertamente, sin problemas. Me habría encantado ir allí para comprobarlo todo por mi mismo y así poder haber huido de Tetuán. Haber ido allí para conciliar, en un encuentro milagroso, el sexo y los sentimientos. Ir allí para poder volver a respirar con alivio en aquel Marruecos que algunos días me ahogaba. Durante toda mi adolescencia tuve idealizada aquella ciudad en la que la gente, por naturaleza, es alegre y poco moralista. Fui a Marrakech con veinte años y entonces yo ya no era tan niño... He leído cosas como "En busca del tiempo perdido", de Proust; "Efebos y cortesanos", de Al Jahiz... Y he visto películas como "Muerte en Venecia", de Visconti; "Querelle", de Fassbinder o "La ley del deseo", de Almodóvar.
-Sois hombres a la fuerza.
-En Marruecos tenemos que ser hombres... Y he conocido a compañeros que han formado familia, como la sociedad quiere, y luego han seguido manteniendo relaciones en secreto. Yo no he huido de Marruecos. Me he venido aquí para estar más libre, sin ataduras...
-Me ha encantado tu historia, la manera de contarlo todo -le dije-. Entonces alargué mi mano y la posé sobre la suya.
-¿Y no te podría gustar una persona como yo?
-No se...
-Mírame a los ojos, a la boca... Mira mi cuerpo. A todo el mundo le gustan mis pechos, mis piernas... ¿Y a ti?
Yo estaba dispuesta a todo por conseguirlo. Aquel hombre me gustaba, me atraía...
-Eres muy bonita y hermosa. Me gustaría pintarte... Como Julio Romero de Torres...
-¿Lo harás algún día? Me encantaría posar desnuda para ti.
-A mi también. Eres la belleza... ¿Quieres que vayamos un día a Córdoba, vemos el Museo de Romero de Torres y visitamos la Mezquita?
Le dije que si, loca de alegría. Y, además, porque acababa de descubrir que Ahmed era... Bueno, que le podrían gustar los hombres, pero que yo podía enamorarlo... Era un artista, un genio completo...
-Lola, ¿cómo era físicamente?
-A mi siempre me recordaba al protagonista de aquella película que se llamó "La pasión turca". Un hombre alto, moreno, de ojos negros, mirada profunda, pelo rizado, labios carnosos, dientes muy blancos asomando siempre en una sonrisa abierta, cuerpo atlético...
-Un hombre atractivo para las mujeres...
-Y para algunos hombres... Yo reconozco que, al principio, me acariciaba yo misma y me daba placer pensando en él.
-Lola: ¿Ahmed trabajaba?
-Creo que sin terminar la carrera ya trabajaba en una importante empresa constructora que estaba, creo, en la Nueva Torneo.
-¿Sabes lo que hacía allí?
-Nunca lo tuve muy claro. Supongo que trabajaría como arquitecto.
-¿Y no había terminado la carrera?
-No; pero trabajaba y ganaba mucho dinero. Después del apartamento, se compró un chalet de lujo en la cornisa del Aljarafe. Comía fuera de casa todos los días. Vestía de marca. Y fiestas, reuniones, viajes, copas... Empecé a advertir que, al cerrar el local, Robert se marchaba muchas noches con Ahmed.
-Vete a casa, acuéstate y no te preocupes -me decía fingiéndose cariñoso y dándome un fugaz beso en los labios-. Voy a charlar con Ahmed.
Yo los envidiaba porque me hubiera gustado ir con ellos, sobre todo por estar con Ahmed. Terminé descubriendo que estaba enamorado de Robert y que Robert aprovechaba esta situación para obtener algo de Ahmed. Así descubrí quien era su novio en Sevilla. Eso me puso en acción, a mil por hora... Una noche que Robert estaba ocupado con una reunión en el comedor privado aproveché para llamar a Ahmed por teléfono. Quedé en su chalet. Sin darnos cuenta estábamos montando una historia de triangulo.
-¿Y con Robert, cómo te iba?
-Robert mantenía conmigo una extraña relación. Nos queríamos. Me sentía dependiente de él. Me utilizaba para sus fines comerciales, como adorno en el restaurante, como atractivo para los clientes y para sus satisfacciones sexuales. Y yo lo aceptaba. En el momento más inesperado, con el salón lleno de gente, me llevaba al almacén y se la tenía que chupar, o se sentaba en una silla y yo me tenía que poner encima de él. Otras veces me hacía desnudarme ante él mientras se masturbaba... Esas aventuras gustan un día, cuando salen de improviso, incluso en un ascensor... Pero en horas de trabajo... Eso le daba a él mucho morbo. Después, como tardábamos mucho en volver al salón, yo tenía la sensación de que todos se habían dado cuenta. Me gustaba follar con él, te daba un placer infinito, nunca se cansaba, era un pedazo de hombre haciendo el amor. Me comía entera... Y luego me dejaba hacer lo que me diese la gana. Pero en casa, por la noche, se dormía. No le gustaba hacer el amor en la cama. Las noches en las que había alguna fiesta, no le importaba que yo desapareciera con quien me diera la gana... Pero yo empezaba a cansarme de aquella vida. Quería conocer nuevos horizontes, salir de aquel agujero que era el restaurante y de los turbios negocios de Robert. Cuando las cosas le iban mal, me gritaba ante los clientes, ante el personal, me humillaba. Todo lo hacía mal. Era como la cenicienta. Eso le producía placer, le desahogaba... Yo aguantaba porque sabía que aquella era una forma de echar fuera sus frustraciones. Y lo peor era que algunos clientes estaban al acecho y acudían a consolarme con la oculta intención de que, a cambio de su consuelo, me acostase con ellos. Eso era lo que de verdad querían todos los clientes del restaurante. Porque yo soy consciente de ser una mujer atractiva.
-¿Y cómo sabiéndolo, nunca fuiste capaz de buscarte una forma de vida distinta, otro trabajo?
-Estaba muy sometida a Robert. Le tenía miedo. El me había dado aquella oportunidad. Yo se que si me hubiese ido a trabajar a una agencia de viajes, o de relaciones públicas, o a vender coches, podría haber triunfado, haber vivido, pero él me hubiera perseguido hasta hacerme la vida imposible. Era muy posesivo. Por eso vi en Ahmed una posibilidad para huir, escapar de aquel agujero, abandonar a Robert, conocer otro tipo de vida... Ahmed era un hombre atractivo, con dinero, medios y posibilidades para habernos podido marchar a vivir a otro sitio... Pero Ahmed, también, se sentía cada vez más atraído o más dominado por Robert. No se, era como una atracción mutua. Les unían muchas cosas. El físico. Donde entraban los dos, la gente enmudecía. Uno rubio, el otro tan moreno, tan bellos, tan insultantes.
-¿Ahmed y Robert llegaron a mantener relaciones?
-Si. Igual que yo llegué a mantenerlas con Ahmed. Para mi, Ahmed era el contacto con la cultura, con un mundo de fuera, con las cosas que yo siempre había querido saber y conocer y nunca había podido ni saberlas, ni conocerlas.
-¿Fuisteis a aquel viaje a Córdoba?
-Si. Fue maravilloso.
-Lola, ¿cómo te encuentras ahora?
-Muy bien. Me agrada mucho recordar. Me tranquiliza. Estoy como sedada. Gracias.
-Pues vamos a descansar un poco, ¿Te parece?
-Como quieras.
-No te olvides. Seguiremos por el viaje a Córdoba. Pide algo de beber. Y fúmate un cigarrillo.
Pedro y Angel salen a charlar al pasillo.
-Aquí hay gato encerrado -arranca Pedro-.
-Pero un pedazo de gato. Negro, con los ojos verdes y las uñas afiladas.
-Estoy cansado. Creo que va a ser fácil, pero largo y quizás algo pesado.
-¿Por qué?
-A Lola le encanta hablar y, sobre todo, hablar de ella y de su vida. No hay más que irla conduciendo. Sola nos va a llevar hasta el verdadero desenlace de la historia.
-Ojalá me pasase a mi eso. Ramón es una concha cerrada.
-Estoy convencido, y me apuesto contigo todo lo que quieras, que ella me va a contar cómo fueron los crímenes y quien y donde se cometieron. Solo hay que tener mucha paciencia y llevarla con suavidad, sin que se de cuenta, sin que se despierte de su sueño. Si ella estaba enamorada de aquellos dos hombres, recordándolos nos va a llevar hasta el final, seguro.
-¿Tienes suelto para la máquina?
-Si, toma.
-¿Cómo lo quieres?
-Solo.
-¿Y qué era Ahmed? Un casi flamante arquitecto de la escuela de Reina Mercedes en Sevilla y estudiante de pintura en la Facultad de Bellas Artes...
-Y podemos ir más lejos. No dejo de conocer historias que te dejan perplejo. Yo tengo abierto un archivo de recortes que obtengo de periódicos y de internet y te encuentras con historias inconcebibles. Mira esta:
Mohamed Asha y su esposa Marua Daana, arrestados tras los atentados fallidos en el Reino Unido, se conocieron en el colegio Jubileo de Ammán, en Jordania, creado por la reina Noor, para que los estudiantes de talento de familias modestas tuviesen acceso a la educación. Marua, aunque pertenece a una familia pobre, gracias a sus buenas notas accedió a la misma clase que Mohamed. Los dos se hicieron amigos inseparables. El estudió medicina general y cirugía en Jordania. Ella ayudante de laboratorio. Contrajeron matrimonio en 2004 y al año siguiente fueron al Reino Unido. Siempre se distinguieron por su expediente excepcional, su conducta ejemplar y los excelentes resultados escolares. Mohamed recibió el diploma de fin de estudios de manos de la reina Noor.
-Bueno, hasta aquí una historia muy bonita de chavales estupendos. Un "love story" que pringa...
-Bien, pero de golpe, la historia da un vuelco. Los padres de ambos no dan crédito a lo que ocurre. La madre de Marua no deja de llamarla a su móvil y no contesta. El padre de Mohamed le ha comunicado que han sido arrestados. Ella está todo el día al pie de la televisión esperando noticias. Los padres han manifestado que ni Marua ni Mohamed, estaban interesados en el islamismo político. El no tiene antecedentes en Jordania y sin embargo las autoridades de este país lo han presentado como el posible cerebro de los atentados fallidos de Londres y Glasgow. Los padre siguen afirmando que sus hijos son incapaces de intervenir en actos semejantes...
-Una situación confusa.
-Pero que deja al descubierto una nueva faceta del terrorismo islamista.
-Yo me atrevo a pensar que la locura es de tal calibre, y que han sufrido tanto, que los pobres por un lado, de una forma más brutal y primaria -el cinturón con explosivos-, y los más pudientes, con estudios, por reflexión y ganas de acabar con un tipo de imperialismo, con golpes más sofisticados, todos han tomado por el mismo camino y que el fin justifica cualquier medio. No hay que olvidar a los jóvenes idealistas que quieren convertir el mundo en un lugar mejor. Y tienen razón.
-Yo entiendo que, en algún momento, alguien esté dispuesto a tirarse con un avión contra una torre o rodearse el cuerpo con un racimo de bombas. Hay que ponerse en sus pellejos. Lo que ellos piensan no lo pensamos ni tú, ni yo...
-Siempre han existido movimientos contra el capitalismo y el imperialismo. Recuerda, allá por los sesenta y setenta, las Brigadas Rojas en Italia o la famosa banda Bader-Meinhof en Alemania. Usaban la violencia. Ahora la siguen usando otros. Esto es tan antiguo como la misma humanidad. Ya se pelearían Adán y Eva.
-Los jóvenes radicales islamistas justifican la guerra santa, la violencia y la muerte, como forma de destruir un orden mundial que para ellos, y no lo pongo en duda, es inmoral y opresor. Pero lo de matar, sigo sin entenderlo del todo.
-Lo mismo te digo. Y los abogados, ingenieros, doctores y estudiantes universitarios que alguna vez lideraron la batalla por liberar sus países de los poderes coloniales, son los que están, otra vez, al frente del movimiento que asegura tener la solución para todos los males de sus sociedades y sus gentes.
-Pero la cosa va más allá. Incluso algunos islamistas son más ambiciosos, o más locos, y creen a pies juntillas que su utopía islámica, no solo es la respuesta para los problemas de sus sociedades, algunas muy lejos de los márgenes normales de convivencia, sino para el mundo entero y, sobre todo, para esto que ellos llaman Occidente decadente...
-¿Y tú no piensas igual?
-Si, pero intentaría arreglarlo de otra manera. Ni matando, ni matándome yo con un cinturón de granadas...
-Aquí lo que hay formado es un follón bastante gordo.
-Hoy estás brillante, compañero.
-Hay gente que quiere acabar con el juego de los Estados Unidos. Hay gente que quiere acabar con el terrorismo. Pero, ¿el terrorismo no lo
crea Estados Unidos? ¿Con qué habría que acabar primero?
-No. Habría que acabar con las dos cosas a la vez.
-Si es que no son las mismas cosas.
-Probablemente. A Estados Unidos le interesa que los de Oriente sean unos locos para atacarles. Si fueran buenos, se jodería el negocio. Menos mal que no lo son del todo. Terreno abonado. Y leña al mono y dinero a la "buchaca"...
-Pues no te digo que no.
-En el fondo esto es de risa. Tenemos unos terroristas en el norte que se quieren ir, separarse, y unos terroristas del sur que quieren venir y meterse por medio...
-Y ya, por mezclar las churras con las merinas, hay informes que indican que lo del cambio climático viene ligado a lo del terrorismo. Bueno, que junto al desequilibro entre Oriente y Occidente, tendrá que ver la elevación del nivel de los océanos, las grandes migraciones como consecuencia de las sequías por una parte y las inundaciones por otra, los incendios, epidemias, las malas cosechas, el hambre, las luchas entre pueblos...
-Lo que yo te diga. Terrorismo y cambio climático o las desgracias nunca vienen solas.
-Oye, ¿y que hay de esos contactos con los vecinos de Los Bermejales?
-Ya he estado allí. Un barrio en apariencia muy tranquilo y muy familiar. Estuve en un parque, en el Paseo de Europa, en el que una multitud de madres y abuelitos jugaban con los críos. Como la plaza de un pueblo.
-¿Y la gente de a pie que piensa del crimen?
-La gente, en general, no lo relaciona con lo de la mezquita. Piensan que es una historia de ajuste de cuentas por cosas de drogas. Los dos crímenes tan seguidos y con personajes y situaciones tan relacionadas, no da lugar a pensar algo más complicado. Mantuve una conversación con un hombre muy extraño en una cervecería que se llama "La Tiza", en la Avenida de Alemania, y que me contó una historia muy curiosa. Como se dio cuenta de que andaba preguntando cosas por allí, se me pegó y me contó una especie de novela.
-Dime.
-Empezó con que el mundo estaba desequilibrado. Que unos estaban demasiado seguros de que los otros no iban nunca a decidirse. Y que con comer, beber, tener coche y salir hacia delante, ya estaba la humanidad contenta. Pero que habían sido muchos siglos de ignorancia y marginación... Que la religión mata a los pueblos, los atonta y los adocena. Que los dos crímenes de Sevilla no eran sino un aviso de lo que se nos viene encima. Que si hay musulmanes salvajes, también hay occidentales salvajes. Y que él, cuando llegara el momento, también estaría dispuesto a matar. De repente empezó a describir la marcha de los tanques de Rommel sobre el desierto... Se transfiguró en el zorro del desierto. Cómo iban levantando arena a su paso. Cómo arañaban la superficie con sus orugas... Eran el dominio del mundo despreciando totalmente a las personas...
Entonces me pidió tabaco. Quería rubio. Yo no tenía y lo saqué de la máquina. Luego me rogó que le invitase a una cerveza.
-Te encontraste con el drogata del barrio. Y, además, desahogado.
-Si, pero hablaba, cosa que otros no eran capaces de hacer.
-Se te notaba que eras un madero.
-Me hice pasar por un periodista de esos de los colorines del fin de semana, de los suplementos.
-¿Periodista, tu?
-Pues si, quise serlo, que coño. ¿O es que no lo sabes? Además, hay muchos puntos de coincidencia entre el trabajo de un policía y el trabajo de un periodista... ¿Tú no has oído hablar del periodismo de investigación?
-Pues claro, imbécil.
-¿No te acuerdas del Watergate?
-Sigue con Los Bermejales.
-Los camareros empezaron a acercarse. El hombre cobraba protagonismo por momentos. Siguió con su mitin. Decía en voz alta:
-¡El negocio del mundo es la droga, la guerra y el terrorismo. Y los motivos para matar, las religiones y la posesión del petróleo. Tenga por seguro que los dos crímenes que han sucedido en Sevilla tienen que estar relacionados con cualquiera de estas cosas o con todas a la vez... Nadie mata por hacer o dejar de hacer una mezquita... Eso es una estupidez!
Alguien me hizo señas indicándome que aquel hombre estaba un poco loco, que no le hiciese demasiado caso. Gracias a la ayuda de aquel buen hombre, con otro cigarro y otra cerveza, conseguí zafarme del visionario.
-Que a lo mejor no lo es tanto. Vete a saber si tiene razón...
-Si, como los niños y los borrachos, que son los que dicen la verdad... Y ahí se me incorporó este nuevo contertulio. Correcto y sopesado.
-A la gente, en general, le da igual lo de la mezquita -me dijo-. Aquí se quiere, lo que se quiere en todas partes. Seguridad y servicios. Pero luego algunos se dedican a jugar a politicos. Y eso cansa y aburre. Porque aguantar a aprendices de políticos que, con un megáfono en la mano sacian sus delirios de grandeza, eso es demasiado.
En aquel momento acertó a pasar por la puerta de la cervecería un hombre paseando tranquilamente.
-Perdone -me dijo mi interlocutor-. Voy a llamar a ese amigo. Es marroquí y vive en el barrio.
Al momento regresó con él. Nos presentó. Un hombre joven que me sonrió y me estrechó la mano.
-Escribo e intento hacer un estudio sobre la mezquita y la vida de ustedes en Sevilla. Partiendo del suceso ocurrido recientemente.
-Encantado. Para mi será un placer ayudarle en lo que necesite.
-Estoy recabando opiniones de algunos vecinos.
-Verá. Conozco muy bien Sevilla. Yo nací aquí.
-Caramba. Un sevillano marroquí...
-Exacto. Mi padre vino de inmigrante a Sevilla hace unos cincuenta años. Yo nací en el Hospital de la Macarena. Así que soy musulmán y sevillano.
-¿Y cómo se lleva eso?
-No es fácil, no. Nacer aquí ha complicado un poco el poder practicar mi religión; pero echándole un poco de valor y, desde luego, si se es musulmán de verdad, se puede superar. Mi padre, desde que yo era muy niño, me hablaba en árabe y me contaba historias del Corán. Por tanto, nunca me he sentido diferente, ni un personaje con unas características especiales.
-¿Cuáles son las principales dificultades?
-Surgen de la convivencia. Si vas con amigos españoles terminas entrando en un bar y ahí ya te encuentras con una lista de platos que contienen cerdo o grasa de este animal. Y la cerveza, el vino, la manzanilla... Es difícil. Y si sales en Semana Santa te encuentras, aparte de admirar la belleza de las obras de arte, lo cual es innegable, con que nosotros no adoramos imágenes. Y además, entre la contemplación de una y otra imagen, hay que tomar una copa... Y si tomo coca-cola termino hinchado.
-Debe ser complicado, si.
-Y no es solo en los bares. Cuando vas a un supermercado tienes que leerte con atención los ingredientes de todos los productos, porque aquí, en esta tierra, el cerdo está por todas partes...
Rió abiertamente, para demostrar que no estaba en contra ni de nuestra vida, ni de nuestras costumbres.
-Se habla de mosaico de culturas, de tres culturas, de la tolerancia, de todo lo que quieras -continuó-, pero cuando le dices a alguien que eres musulmán, se sorprende o te mira de modo raro. Pero hay un sector de gente que se ríe del Ramadán o cuando, ante un plato de jamón, dices que no, gracias, te largan: ¡Anda lo que te pierdes por ser moro! Quizás sin maldad, pero te fastidia. Normalmente estas tonterías las dicen, eso, los más tontos.
-¿Ha pasado por algún mal momento?
-Yo, por suerte, no. Pero tengo una hermana más joven que estuvo llevando pañuelo entre los trece a los dieciocho años. Una vez, estando en un concierto y llevando el pañuelo, se rieron de ella, la insultaron y le dieron una paliza... Con perdón. Los periodistas de algunos medios de comunicación, se dedican a dar una imagen del mundo árabe que termina provocando rechazo en la mayoría de la gente... Yo comprendo que con el paso de los años las cosas se irán arreglando...
-O empeorando...
-No creo. Mejorarán. Es usted pesimista.
-No recuerdo quien, dijo que un pesimista es un optimista informado...
-Puede que tenga razón. Ahora lo desconocido da miedo, pero hay cosas que tienen que ir cambiando a mejor. Yo prefiero pensar así, porque cuando alguien convive con nosotros y termina conociéndonos, su opinión cambia radicalmente. Y es que mucha gente de Sevilla, y de fuera de Sevilla, no entiende que nosotros llevemos tan a rajatabla nuestra religión y que nos hayamos quedado anclados en el tiempo. Yo prefiero seguir a rajatabla una religión a estar toda una Semana Santa persiguiendo pasos y viendo cristos y vírgenes y después no llevar ninguna disciplina religiosa. Y así son muchísimos sevillanos. Yo los veo desde fuera y es así. ¿Qué religión es esa?
-¿Tú quieres tener una mezquita aquí?
-Si, claro que si. Aquí o donde sea, pero una mezquita de verdad. Sería importante para nosotros y para la historia de la ciudad. Los musulmanes que vivimos aquí ahora, la necesitamos. Lo que pasa es que uno de los principales problemas que sufrimos es el de la generalización. Todos somos moros, hayamos nacido donde hayamos nacido y, además, utilizando el término moro como despreciativo. Eso es muy triste. Aquí hay mucha incultura y, lo siento, pero en algunos casos muy malas ideas.
-Decir musulmanes, moros o mezquitas, ¿para algunos puede sonar a terrorismo encubierto?
-El terrorismo nos está perjudicando a las personas normales, educadas y trabajadoras. Ni todos los musulmanes somos terroristas, ni todos los vascos son etarras. Creo que, de alguna manera, la comunidad internacional debería ayudar para que no se extendiese más el fenómeno de la islamofobia, pero no solo aquí, sino en todo el mundo.
-Te noto contento.
-Si. Creo que estamos creando en la ciudad una generación que podríamos llamar de musulmanes modernos, distintos a los clichés de siempre y que intenta aproximar la sevillana y el islam.
-Difícil tarea, aunque, en principio, no debería serlo. ¿Y qué opina del reciente crimen?
-No me lo creo. El sevillano habla mucho, pero luego, nada. Se le va la fuerza por la boca y, después, una cervecita. Es muy complicado matar a un musulmán en ese solar. O traerlo hasta aquí. Además habría que conocer un poquito la historia de la víctima. Porque se construya o no una mezquita, no se mata. Se mata por otros motivos más concretos. Poder, dinero... Se trata de intoxicar a la opinión pública y volverla contra nosotros. Estas cosas nos perjudican. No me imagino a los vecinos del barrio que se oponen a la mezquita, matando a gente, ni a ningún sevillano, por supuesto. No somos tontos. Y, además, el crimen del día anterior en un restaurante árabe... Ya se descubrirá, no se preocupe.
-Has dicho que habría que conocer la historia de la víctima.
-Si, desde luego. Cuando se estudie se encontrarán móviles que llevarán a la policía y a la justicia a descubrir el porqué de los crímenes.
De pronto me dio la corazonada de que aquel hombre podría saber más cosas y cosas importantes.
-Vosotros sois cada vez más en Sevilla. Porque muchos matrimonios sevillanos se conforman con uno o dos hijos, pero vosotros os ponéis en los cuatro o cinco.
-Efectivamente. No hay más que echar la cuenta. Somos unos ocho mil en Sevilla, con esos hijos que has dicho... ¡Ah! Sin olvidar a los conversos, que son unos mil... Desde luego los hijos de los inmigrantes que llegaron aquí en los setenta se abrazan a la religión de sus padres y se integran con mucha facilidad a la vida social y laboral de Sevilla.
-Por tanto es necesaria una mezquita en condiciones.
-Vamos a andar alrededor de las cincuenta mil musulmanes. No podemos seguir con los sótanos y las naves adaptadas a mezquitas.
-Perdona. Te voy a hacer una pregunta. Si me la quieres contestar, me la contestas. Si no, pues no.
-Vale. Tú lo has dicho.
-¿En qué trabajas?
-No es que no quiera contestarte. Es que es muy difícil de explicar.
-¿Por qué?
-Porque se trata de una empresa muy complicada. Yo hago mi trabajo, me pagan y ya no se más.
-¿Eres técnico, administrativo...?
En aquel momento se le cambió la cara. Miró hacia la calle y se metió las manos en todos los bolsillos como buscando algo que no encontraba.
-¿Te ocurre algo?
-Me vais a disculpar. Pero se me ha olvidado que me están esperando y he dejado el móvil en casa. Lo siento. Estoy encantado de haberte conocido.
-Me gustaría volver a charlar contigo. ¿Me dejas una tarjeta?
-No tengo. Perdon. Ya voy tarde. Charlaremos otro día. Adiós y encantado.
Salió de prisa del local. El hombre que nos había presentado se quedó bastante cortado.
-¿Qué le puede haber ocurrido? -le pregunté-.
-No lo se. Siempre ha sido un hombre muy tranquilo, pero se ha puesto un poco nervioso. Yo nunca le había visto así.
-No se habrá molestado por algo.
-No creo. De todas maneras no tiene importancia.
-A mi también se me hace tarde. Me tengo que marchar. Me gustaría volver a hablar con él. ¿Sabe donde vive?
-No, pero aquí es fácil enterarse. Tome nota de mi móvil y me llama si necesita alguna cosa más.
-Gracias. Desde luego, se ha escapado como en las películas de espías...
-Algo parecido. Yo hablo mucho con él. Siempre me ha parecido una persona tranquila y equilibrada.
Nos despedimos.
-Angel. Tienes que seguirle la pista a ese hombre. Ha dicho una frase clave: "...habría que conocer un poquito la historia de la víctima." ¿Cómo era? ¿Tenía alguna característica especial?
-Regular de alto, moreno, pelo rizado, bigote... ¡Ah! Si. Hacía con frecuencia un gesto que llegaba a ponerte nervioso. Era como un tic. Se pasaba los dedos sobre el bigote, como aplastándoselo, mientras guiñaba insistentemente un ojo, el derecho.
-Y otra cosa. Me da igual lo que pienses. Pero vamos a dejar tranquilo a Ramón. No lo llames, no lo busques, no le preguntas más. Que se sienta libre. A ver qué hace, cómo y por donde se va a mover.
-¿Y el restaurante?
-Eso, si. Una vigilancia discreta.
Pedro, antes de subir a casa, entre en el bar de siempre. Su presencia, suscita polémicas y discusiones entre los vecinos.
-¡Niño! ¿Cómo anda el mundo?
-¿Qué pasa? ¿Es que viene uno a descansar a su casa, a ver a los amigos, tomar una cervecita y tenéis que darme la paliza todos los días?
-Pero si tú eres el que más sabes de todas estas cosas.
-Pues yo ya he cerrado el quiosco por hoy, ¿vale?
Desde la otra esquina de la barra, alguien asevera.
-Que no, que te lo digo yo. Que España es un país sin remedio. Hay mucho inculto. El español medio ignora su propia historia, pero no la pasada, esa que se lee en los libros, sino la que él mismo ha vivido. Se queman retratos del Rey. Y lo hacen unos niños que no saben, estoy seguro, la diferencia entre monarquía y república. Vete a una botellona un sábado por la noche y pregúntale a los chavales qué es la "res-pública".
-Te pueden decir que son los municipales que vienen a joderles la noche.
-Si los republicanos de ahora pueden hablar gracias a que el Rey les dejó el paso libre, como a los comunistas... Podían volver libremente...
-¿Os acordáis de Carrillo con la peluca?
Pedro apura su cerveza, se despide y sube a su apartamento. Sorprende a Paloma pasando el dedo por el lomo de los libros que tiene en la estantería del salón. Se para en uno. Lo extrae, se sienta en el sofá y mira a Pedro.
-¿Qué libro es ese?
-Es "El agente secreto", de Joseph Conrad.
Pasa algunas hojas hasta quedarse en una. Pedro, algo confuso, se sienta en una esquina del sofá.
-Escucha este párrafo: "Caminaba desviando sus ojos de la odiosa multitud de la humanidad. El no tenía futuro. El lo desdeñaba. El era una fuerza. Sus pensamientos acariciaban imágenes de ruina y destrucción. Caminaba enclenque, insignificante, harapiento, miserable... Y terrible en el simplismo de su idea que convocaba a la locura y la desesperación para que regeneraran el mundo. Nadie lo miraba. El pasaba inadvertido y mortífero, como una plaga, por la calle llena de gente."
-Un terrorista...
-En efecto. "Matan sin saber a quien matan. Están ciegos. Todos son sus enemigos. Son unos enfermos, unos locos. Matan por unas ideas, a veces creo que por resentimientos, por no creer en nada, porque en muchos casos son unas bestias con la cabeza deforme, unos enfermos... No suelen tener familia, ni hijos... Si un solo terrorista tuviese un hijo que le dijese al llegar a casa: Hola papá, ¿quieres jugar conmigo un ratito antes de dormirme? Anda, cuéntame un cuentecito... Si. Ese que tu sabes contar tan bien, el del patito feo... Si fuese así, ese hombre, no podría accionar una bomba a distancia, ni morir con ellas atadas a su cuerpo..."
Vivimos con el alma en vilo. Yo no se tú, pero yo me sobresalto cada vez que oigo el estampido de un petardo o de un cohete. Y luego es porque la peña bética de Triana celebra la victoria de su equipo. Supongo que no debe ser lo mismo escuchar un cohete en el Aljarafe que en Rentería o en San Sebastián... Por allí también la gente, aunque no hable, debe andar un tanto acojonada, a mi que no me vengan con historias.
-Los que más acostumbrados deben estar a las explosiones son los Valencianos... Allí con el entrenamiento que suponen las Fallas...
-Pero tampoco deben andar tranquilos, porque cuando llega el verano, son punto de mira... Yo me acuesto por las noches pensando si será hoy el último día... Y me cuesta trabajo ir a la Plaza del Duque y entrar en el Corte Inglés...
-Pero no te vas a quedar metida en casa...
-Digo yo que esto de tener a la gente con el miedo metido en el cuerpo le viene bien a muchos... Quizás incluso a los mismos políticos, porque así nos tienen como sedados, aplastados, adocenados...
-¿Qué te pasa hoy, gatita?
-Pues que de vez en cuando paso del ronroneo a sacar las uñas. El otro día me comentaba una compañera, que detrás del terrorismo y gracias al terrorismo, lo que juega es el dinero. Los impuestos revolucionarios por un lado. El negocio de los guardaespaldas por otro. Si no hubiese miedo y posibilidades de correr peligro, no habría guardaespaldas. Y eso supone un censo y ganancias para las empresas. ¿Y cuánto ejército, policía nacional y guardias civiles se mantienen por allí? ¿Cuánto en conservación de vehículos y materiales? Es gente bien pagada y es un dinero que entra en aquella tierra y allí se queda...
El miedo es un negocio, pero hay que tener tripas para dedicarse a él. Mira. Si yo tuviese una tienda para arreglar los cristales rotos de los coches, mandaría a unos cuantos locos por ahí de noche para romper cristales. Si monto una empresa de vigilantes, necesito que existan los chorizos. Y los que tienen una empresa de guardaespaldas, no quieren procesos de paz. Necesitan las amenazas de bombas...
-Y si no hubiera criminales yo estaría en el paro, ¿no es así?
-Nunca se me olvidará una cosa que leí en un reportaje de prensa sobre un terrorista que estaba en la cárcel. Ocurrió aquí, en España. Un preso muy silencioso, introvertido. Guardaba todos los huesos de aceituna y hacía cositas con ellos. Estos presos no suelen hablar con los funcionarios de las prisiones. En aquella ocasión habían llegado las Navidades y el preso se acercó a uno de los vigilantes y, rompiendo fórmulas, le preguntó si tenía hijas. Este le respondió, sorprendido, que si, que tenía una. Entonces, el terrorista, sacó del bolsillo una pulserita hecha con huesos de aceitunas y se la entregó. Toma, es para ella -le dijo con voz entrecortada-. El funcionario se quedó de piedra. Terminaba diciéndole al periodista que lo entrevistaba, que cómo tenía que ser de horrible la soledad en la que estaba viviendo aquel hombre, para llegar a hablar con él y, además, regalarle la pulserita... Un hombre enfermo de soledad...
Se hace un silencio muy prolongado que rompe Paloma.
-¿Cómo te va con esa mujer?
-Ya se lo he explicado a Angel. Creo que muy bien. Le gusta tanto hablar y escucharse que me va a llevar sin dificultades al punto que estamos buscando. Solo hay que alimentarle su ego y hacerla protagonista de todo... Menos mal que, por lo menos, habla bien. Tiene algo de actriz. Hay momentos en que no solo interpreta su papel, sino que interpreta el de los demás. Se emociona, llora, ríe... Transmite, te agarra...
-¿Sabes que me voy a poner celosa?
-La verdad es que sería fácil enamorarse de ella.
A la mañana siguiente, muy temprano.
-Bien, Lola. Podemos continuar. ¿Nos vamos a Córdoba? Estoy seguro que fue una aventura de novela.
-Mejor, de cine. Pero antes, permíteme, no puedo pasar por alto la primera vez que posé desnuda para él.
-Buen prólogo para el nuevo capítulo.
-Quedé con Ahmed en su chalet. Allí tenía una habitación dedicada a estudio de pintura, su gran pasión. Un ventanal enorme se asomaba desde la cornisa del Aljarafe sobre toda Sevilla. Se mostraba ante mi con suma delicadeza. Me hizo mucha gracia, porque cuando empecé a desnudarme, él abandonó la habitación. Ya, totalmente desnuda, esperé un poco de tiempo. Como no venía, lo llamé en voz muy bajita. Por fin entró. Le pregunté qué postura quería que adoptase.
-Túmbate sobre el sofá -me indicó-.
Me dirigía de lejos, sin acercarse y sin tocarme. No miraba mi
cuerpo, lo que me producía una sensación de inquietud y desilusión. Me puso boca arriba, los brazos detrás de la cabeza, la pierna derecha encogida y la izquierda relajada...
-¿Te acuerdas de la Maja desnuda de Goya? -me preguntó-.
Recordaba ese cuadro porque lo había visto en alguna enciclopedia. Me habían dicho que era la Duquesa de Alba y que Goya estaba enamorado de ella y que por eso la pintó. A la Duquesa también le debería caer bien el pintor, porque para ponerse desnuda delante de un hombre y en aquellos tiempos... Me sentía duquesa delante de mi pintor. Enamorada de él... El, debatiéndose en su interior. Me gustaba aquella situación. Estaba a gusto y me encantaba sentir cómo la mirada de Ahmed acariciaba mi piel, todo mi cuerpo, buscando la luz, el color, las sombras de mis pechos, de mis muslos... Porque para pintarme me tendría que mirar, digo yo, ¿no? La sesión duró casi una hora. Cuando terminamos yo estaba muy nerviosa.
¡Déjame ver lo que has hecho! -le dije-. Me cortó tajante.
-No. No puedes verlo. Ahora vístete. Por hoy ya vale.
-¿Porqué no puedo verlo? -insistí-.
-No. No vas a ver nada. Anda vístete.
Me acerqué y le pasé las manos por el cuello, él las cogió y las bajó suavemente.
-No tengas prisa. Las cosas no se deben forzar. Eres bella. Tu belleza me atrae, pero de momento todo es arte... Solo arte.
-¿No te gusto ni siquiera un poquito?
-Ya te lo he dicho. Eres arte. Eres una mujer bellísima. Si no me gustaras no te estaría pintando.
Mientras me vestía me hablaba desde el salón.
-¿Conoces Córdoba?
-De paso.
-Iremos para que la conozcas.
-Me encantará.
-Visitaremos el Museo de Julio Romero de Torres, La Mezquita, Medina Azahara y comeremos salmorejo.
A los pocos días estábamos saliendo de Sevilla hacia Córdoba en su deportivo descapotable. El viento nos revolvía el pelo. Ahmed, cada vez que cambiaba de marcha o me hablaba, resbalaba su mano sobre mi muslo. A mi me gustaba. Y él lo sabía. Era un primer paso. El milagro se podía producir.
-¿Estás bien? -me preguntaba-.
-Si, te quiero -le respondí en aquel momento-.
En un frenazo, a consecuencia de un cambio de rasante, resbaló la mano y me cogió el muslo con fuerza.
-¿Qué haces? -le pregunté con suavidad-.
-¿No te gusta?
-Claro que me gusta. Y mucho.
Puse mi mano sobre la suya, entreabrí mis piernas y la llevé poco a poco hasta mi sexo.
-¿Y a ti, te gusta?
-Todo en ti es belleza. Pura belleza.
Paramos a tomar algo en Ecija. Me enseñó la Plaza del Salón donde estaban haciendo unas excavaciones muy importantes. Y me habló de la cantidad de iglesias que había allí. Y que la llamaban, eso lo sabía yo, la sartén de Andalucía. Me llevó a un bar muy conocido con un nombre muy popular, Casa Pirula, que antes tenía más fama porque por allí pasaba la carretera, pero ahora, con la variante, la autopista nueva, ya paraba menos gente...
En la segunda parte del viaje me fue contando cosas sobre Córdoba. No conocía bien la ciudad y casi nada de sus monumentos. Me dijo que en los tiempos de esplendor de la ciudad, cuando Abderrahman I y los demás, allá por siglos ocho y nueve, aquella ciudad tuvo hasta tres mil quinientas mezquitas -¡qué barbaridad, pensé yo!- y que vivían doscientas cincuenta mil personas. -¡que barbaridad, volví a pensar!-. Era una ciudad de película, como Damasco. Allí se mezclaban gentes de todas clases. Señores, artesanos, mendigos, artistas, locos, filósofos, escritores... Bueno yo me imaginaba el mercado de Marrakech...
Me encantó todo lo que vi. La Mezquita, Medina Azahara. Y me hablaba de personajes históricos que yo había oído alguna vez. Averroes, Maimónides, un músico, Ziryab, el poeta Ibn Yaldúm, que tenía una amante que era un personaje de cuento, por lo extraña y enigmática que era y que se llamó Wallada...
Al llegar nos hospedamos en el hotel "Córdoba Center". Muy bonito. No estaba en el centro, pero desde allí se podía ir con facilidad a todas partes. Subimos a dejar las cosas en la habitación. Me volví a insinuar. Me abracé a el y lo besé en el cuello, le mordí suavemente la boca. El se estaba viendo en el espejo. Me apreté contra él y noté perfectamente su erección contra mi vientre... Lo estaba consiguiendo. Tenía que triunfar.
-Espera, no tan de prisa. Las cosas hay que disfrutarlas. Cuanto más tarden en llegar, mejor. Mas se desean... Vamos ahora a visitar el Museo.
Por el camino me siguió contando cosas. Yo me quedaba embelesada escuchándole. Cuando íbamos por una calle estrecha, peatonal, con naranjos, me cogió del brazo y me llevó con delicadeza. Después me indicó que aquel edificio que teníamos enfrente era un convento del siglo dieciséis y que allí había montado el escritor Antonio Gala la fundación que lleva su nombre. En ese siglo, me dijo, Córdoba era la ciudad más culta de Europa.
-Aquí convivían judíos, musulmanes y cristianos. Por eso se creó tanta cultura...
No paraba de hablarme de Abderrahman I, que fue el que hizo prácticamente Córdoba. La Mezquita le construyó sobre una iglesia visigoda...
-Claro, y luego volvimos nosotros -le dije- e hicimos nuestra catedral encima de la vuestra. Menos mal que aquí fueron inteligentes y dejaron algo.
-Una comunión artística entre dos religiones, porque en Sevilla solo dejasteis la Giralda...
-¿Y te parece poco? -le contesté, como si fuera la mismísima Carmen Sevilla en cualquiera de aquellas películas en colorines, de cuando yo era chica-.
Me habló de los mil aljibes que había en la ciudad y las almunias, que eran las casitas de campo. Qué gracioso. ¿Y yo, que conocía un pueblo en Zaragoza que se llamaba La Almunia de Doña Godina, porque allí vivían unos parientes lejanos de mi padre? ¡Ah, bueno! ¿Y la aventura de Abderrahman, que lo echaron de Damasco y vino aquí y tuvo la entereza y la moral, aparte de no se cuantas triquiñuelas más, de volver a hacer un Damasco en Al Andalus?
Por fin llegamos al Museo y lo visitamos con mucho detenimiento.
Me explicó que el pintor había pasado toda su vida en Córdoba, que había hecho algunos viajes para aprender, que era hijo del director del Museo de la ciudad y que se hizo muy famoso en América del Sur, donde era casi más conocido que en España. Que le encantaban las mujeres gitanas, con piel cobriza y que se hizo famoso por cómo interpretó a la mujer, vestida o desnuda. Me explicó muchas cosas sobre "El pecado", "La gracia", "La chiquita piconera", "Naranjitas y limones"... ¡Que hombre más delicado y más culto!
-Te voy a pintar como a esas mujeres... Con todo el realismo...
-Pero nadie verá el cuadro.
-¿Y si lo vieran?
-Yo no quiero...
-El arte es el arte.
-Píntame, pero que todo quede entre tu y yo... ¿Tu crees que Julio se acostaba con las mujeres que pintaba?
-Yo creo que si.
-¿Es normal que el pintor se acueste con las mujeres a las que pinta?
-Puede ser. También depende de cómo sea la mujer...
-Y de cómo sea el pintor.
-Nosotros en la Facultad nos acostumbramos a dibujar desnudos con modelos reales en la clase. Hombres y mujeres desnudos. Reconozco haberme excitado alguna vez en la clase de dibujo del natural...
-¿Con un hombre o con una mujer?
-A veces con un hombre, otras con una mujer... Mira. Este cuadro es muy famoso. Se titula "Fuensanta" y, no se si te acordarás, pero aparecía en los antiguos billetes de cien pesetas, los veinte duros de papel, que eran de color marrón y salieron a la calle en 1953. Como ves es otra de las morenas que tanto le gustaban al pintor.
-Yo entonces no había nacido, pero los recuerdo de haberlos visto de mayor. Era una imagen familiar, aunque de pequeños pocos billetes de aquellos pasaban por nuestras manos.
-Este cuadro lo pintó Julio en 1929, justo cinco meses antes de su muerte, cuando estaba trabajando en otros dos cuadros muy conocidos, "La chiquita piconera", que hemos visto y "Bodagas Cruz Conde".
Cuando terminó la visita cogimos un taxi y nos fuimos a la Mezquita. Cada rincón era una sorpresa. Me hacía ver y disfrutar de cada detalle.
-Aquí se conocieron Abderrahman y Azahara...
La catedral, los arcos de la antigua mezquita... Me gustaba aquella mezcla de estilos... El patio... Al salir me llevó por la calleja de las Flores, el Palacio Episcopal, la puerta del Puente, el puente romano, la torre de la Calahorra, el alcázar de los Reyes Cristianos. Luego dimos un paseo por la Judería, que dicen que es la más grande de España. Vimos una sinagoga del siglo catorce. Me seguía hablando de Córdoba en los siglos de brillantez. Me contó de los zocos, de los olores a especias, flores, frutas, miel, pero también cómo todo se mezclaba con el hedor de los residuos de los caballos y de la acumulación de basuras... Me dijo que algún día iríamos a Marruecos y me enseñaría cosas muy parecidas. Ahmed me estaba abriendo otro mundo. Supe que hubo tres abderrahmanes, un Alhaken y un Almanzor, que terminó estropeando la cosa un poco. Agotamos el día. No nos daba tiempo para más. Pero todavía me habló de la Córdoba romana...
-¡Hijo!, me lo llegas a decir y me traigo una libretita y un boli... Que después todas estas cosas se me olvidan.
-No lo creo. Tu tienes buena memoria.
Cenando le pregunté que dónde había aprendido todo aquello, me dijo que en Tetuán, de joven, y luego estudiando en Sevilla...
-¿Cómo sacas tiempo para poder leer, estudiar, trabajar, venir a Córdoba, cenar en nuestro restaurante, pintarme...?
-La verdad es que antes me cuidaba más. No se si es que ya sé demasiado....
-Nunca se acaba de aprender.
-Quizás ahora esté aprendiendo y practicando otras cosas...
-Como cuales...
-No quieras saber demasiado.
-Ni te mates por saber, por que el tiempo te lo dirá...
Era la hora de tomar algo antes de irnos al hotel. Yo no quería que se acabase la noche. Me llevó a un sitio que se llama "Casa Pepe" y tomé unas berenjenas con miel estupendas. Quería hacer lo que en alguna ocasión había oído decir que se llamaba un "vía crucis". Es decir, recorrer varios bares de tapas y copitas. Fuimos a la "Bodega Campos", a la "Taberna Salinas" y a la "San Miguel".
-Cuentan que aquí era donde venía Manolete a tomar sus copas... El lugar donde se escondía -me contó-.
Lo noté algo coqueto. Como si quisiese jugar con su personalidad femenina que fundía con mi cuerpo y mi persona. El querría haber sido una mujer como yo. Pero era un hombre hermoso. Quería fundirse con aquella mujer que tenía delante... Conmigo. No se porqué me imaginé que si llegábamos a hacer el amor, cuando él me penetrase, podría estar penetrándose a si mismo... A mi me daría igual. Me gustaba su feminidad mezclada con su cuerpo de hombre rotundo. Estaba convencida de que era una mezcla de ambas cosas.
Tenía miedo y curiosidad, al mismo tiempo. ¿Qué iba a pasar esa noche? Nuestra primera aventura fuera de Sevilla. Regresamos paseando, despacio. Córdoba olía profundamente a amor y a libertad. Yo estaba totalmente relajada. Daba gusto respirar. Ibamos abrazados, sin prisa, como dos chiquillos jugando a lo prohibido...
No me dejó ni respirar. En el ascensor del hotel me abrazó frenéticamente. Mientras me rodeaba con un brazo, con la otra mano, y en el tiempo de subir cuatro plantas, me acarició la cara, la boca, los pechos, los pezones, el vientre y metiéndome el brazo entre las piernas, me elevó y me besó asfixiándome con su lengua en mi garganta. ¿Era la mujer que quería fundirse con la otra mujer? ¿Era un hombre que se encontraba, por fin, consigo mismo?
Estuvimos toda la noche desnudos... No faltó rincón alguno de la habitación que no probásemos. La moqueta, la bañera, la banqueta, el espejo, la puerta del armario... Todo tenía para él un encanto nuevo y distinto...
Amaneció y seguíamos haciendo el amor de mil maneras. No se agotaba...
Lo llamaron por teléfono. Después de colgar, me contó, con tono de preocupación, que alguien muy importante de su empresa iba de viaje a Sevilla y él debía estar allí para recibirle, atenderle, trabajar con él y luego prepararle algo especial de comer en el restaurante.
Llamó a Robert para advertírselo.
-Escucha bien. Ese día estará el local cerrado al público. Dentro, solo estarás tu, Ramón, Lola, el cocinero y las dos camareras, desde luego con uniformes nuevos. Yo me hago cargo de los primeros gastos y la comida la diseñaré yo mismo en colaboración con el cocinero.
Me asusté. ¿Quién sería aquel personaje tan importante? ¿Porqué había que tratarlo así? Volvimos apresuradamente a Sevilla. Durante el viaje de regreso Ahmed era otro. Iba callado, la mirada fija en la carretera, como si yo no fuese con él.
-Lástima que el viaje a Córdoba terminase tan de golpe y de forma tan forzada -dijo Pedro-.
-Tienes razón. Una lástima. Yo estaba viviendo un sueño.
-Como el de Audrey Hepburn en "Vacaciones en Roma".
-Más bonito, porque no era un cuentecito de hadas. Era realidad.
-¿Qué pasó después? ¿Cómo se desarrollaron los acontecimientos?
-Se limpió el local en profundidad. Encargamos uniformes nuevos. Todos de acuerdo en que Yamila, la camarera musulmana, llevase el velo. Era un detalle de atención al visitante. Aquello fue muy complicado. Primero hablaron a solas Ahmed y Robert. Luego llamaron a Ramón. Después a mi. Me dieron una interminable serie de consejos. Y luego tuvimos una reunión todos, camareras, cocinero, Ramón... Y más consejos y precauciones. Luego Ahmed se quedó solo con el cocinero.
-¿Quienes imaginabas tú que podían ser aquellos señores?
Tenían que ser muy importante para Ahmed. Alguien con quien quería quedar bien y demostrarle que tenía buenos amigos en Sevilla y un buen rinconcito para reunirse y pasar desapercibido... Aquello se parecía cada vez más a una película de misterio y de suspense... No lo voy a negar, estaba nerviosa.
-Llegó el día. Cuéntame como ocurrió todo.
-Llegaron a la hora prevista. Primero entró Ahmed seguido de tres señores, correctamente vestidos. El primero debía ser el importante. Un poco retrasados los otros dos con carpetas y carteras. Fuimos presentados. Todo eran gestos y movimientos refinadísimos. Me besaron la mano. Después de los saludos, pasaron al comedor Ahmed y sus tres invitados. Allí solo se podía pasar, llamando a la puerta o si ellos tocaban el timbre. Más bien lo segundo. Y solo podían entrar Ramón y Vanesa. La otra camarera, Yamila, se había quedado en la cocina ayudando a Larbi. Quizás porque al ser paisana podiera enterarse de algo. No se... Robert y yo nos quedamos picando algo en la barra, mientras ayudábamos a que el servicio fuese todo lo esmerado que Ahmed deseaba Yo, con los nervios, no tenía ganas de nada. ¡Qué sensación mas extraña! Todo en silencio, todos de punta en blanco y el local vacío...
Una de las veces, Ramón se acercó para decirle a Robert que Ahmed lo llamaba. Entró al comedor. Al cabo de un rato me llamaron a mi. Cuando entré todos se pusieron de pie.
-Señora, por favor. Háganos el honor de compartir un rato de charla con nosotros -me dijo el hombre importante-.
-Gracias, muy amable -le contesté vocalizando al máximo-. ¿Verdad que cuando hablamos con un extranjero vocalizamos mucho y hablamos muy fuerte?
-Como si los extranjeros fuesen todos sordos.
Ahmed llamó a Ramón y le dijo que me sirviese lo que quisiera.
-Nos alegra poder conversar un rato con ustedes. ¿No les importa?
-No, nada, en absoluto. Al contrario, esto nos puede enriquecer y, además, es un honor.
Ahmed, con su maestría característica, rompió el silencio hablando de política. Daba la sensación de que continuaban con un tema que ya habían iniciado antes.
-¿Cómo eran físicamente los visitantes?
-Buena presencia. Morenos, altos... Bueno, uno era más bajito.
-¿Alguno tenía bigote?
-Dos tenían bigote.
-¿El bajito era uno de ellos?
-Si.
-¿Recuerdas si tenía algún tic nervioso, si repetía algún movimiento de manera reiterativa?
-Si, ahora lo recuerdo. No paraba. A cada momento se alisaba el bigote con los dedos y guiñaba el ojo. Al principio creí que se estaba metiendo conmigo, bueno, que me quería ligar... Pero como lo hacía mirando a cualquiera de la reunión, me quedé tranquila.
-Perdona un segundo, Lola. Vuelvo enseguida -Pedro sale al pasillo y llama a Angel-.
-Todo coincide. El moro con el que hablaste en los Bermejales estuvo en la reunión con Ahmed en el restaurante. Ahora sí que hay que ponerse sobre su pista. Probablemente trabaje en esa empresa.
-Está bien. Llamaré al vecino que me atendió en los Bermejales.
-En tus manos lo dejo.
Cuando Pedro abre la puerta sorprende a Lola pintándose los labios.
-Poniéndote guapa, ¿eh?
-Estoy muy pálida, ¿verdad?
-No, en absoluto. Yo te noto muy bien. Ahora estás más tranquila.
-Gracias. Me das mucha confianza. Me siento muy bien contigo. Y ahora, que me he quedado tan sola, me alegra tener alguien a quien contarle mis cosas...
-Y a mi me encanta escuchártelas, como sabes. Lo cuentas todo tan bien... Pasas con tanta facilidad de una película romántica a una de suspense...
-Es que mi vida ha sido una mezcla de las dos cosas.
-¿De qué se habló en aquella reunión?
-Ya te he dicho que Ahmed arrancó con la política.
-Estábamos hablando -dijo- de las elecciones en Marruecos. Tras el
descubrimiento de una supuesta célula de Al Qaeda, la monarquía alauí se juega su credibilidad democrática.
Empezaron a quitarse la palabra y a hablar unos por encima de los otros. Se formó un barullo tremendo.
Los temas pasaban ante mi con gran rapidez. Era como un vídeo puesto a más velocidad. Pensaba que nos estaban liando para luego terminar desembocando en otro tema.
-Esta noche estamos hablando un grupo de amigos... ¿Estamos de acuerdo?
-Totalmente -contestamos, incluido Ahmed-.
Había llegado el momento. El gran jefe dio unos golpecitos con los nudillos sobre la mesa. Nos callamos todos. Siguió haciendo bolitas con la miga del pan sobrante que había quedado sobre el mantel. Tras una pausa, hizo un quiebro en la conversación.
-¿Ustedes creen que sería interesante, para la población musulmana de Sevilla, la construcción de una mezquita?
Contestamos que si, naturalmente. Si había restaurantes, ¿porqué no iba a haber mezquitas?
-Ustedes saben que abundan los oratorios y escasean las mezquitas. Y que la mayoría del pueblo se reúne en bajos comerciales, garajes, incluso casas particulares, para rezar. La verdad es que cualquier sitio es válido para rezar. Pero una mezquita es algo más completo. Puede tener biblioteca, salas para reuniones... Es que, si se te ocurre en la catedral de Toledo o Córdoba, hacer algún movimiento que delate que estás rezando, ya tienes encima un guardia de seguridad que te invita a retirarte o abandonar la actitud.
-En Madrid está la mezquita de la M-30. Caben mil personas y todos los viernes se llena. Pero allí la gente no va solo a rezar. Hay una biblioteca, una sala de exposiciones, un restaurante árabe y un taller para mujeres. Está enfocado como un hogar para los musulmanes y, además, un centro abierto a la sociedad española, para que pueda acercarse por allí y conocernos mejor.
-En Barcelona se han revitalizado calles y barrios casi olvidados, gracias a los negocios árabes: carnicerías, locutorios, boutiques, peluquerías, restaurantes... Y en las mezquitas se enseña castellano y catalán a los recién llegados.
-¿Cómo se pagan los gastos de construcción de una mezquita? -se me ocurrió preguntar-.
-La de Madrid, que costó dos mil millones de las antiguas pesetas, la pagó íntegramente Arabia Saudí.
-Hay ciudades en las que los oratorios son pequeños y la gente se arrodilla en la acera. Pasan coches, camiones, niños, perros y hasta algún recalcitrante que se enfada porque las calles son para andar y no para rezar.
-No olvidemos que somos la segunda comunidad religiosa de España. Y hablamos de mezquitas, pero también tendríamos que hablar de cementerios...
-En Granada, cerca de la Alhambra, hay cerrado un cementerio moro. Está considerado alegal. Es de la época de la guardia mora de Franco.
-Y, curiosamente, cada vez son más los conversos españoles. Eso ocurre cuando descubren que el islam no es una religión, sino un sistema de vida. Es la forma natural de estar en sociedad, de trabajar, hacer negocios, educar a los hijos, amar...
-Y no hay que olvidar que existen musulmanes españoles, que son mezclados con los inmigrantes. Y son otra cosa. La verdad es que el movimiento islámico en España es algo muy serio, algo imparable... Y ahí el gobierno español tiene una cuenta pendiente... No podemos estar siendo subvencionados por Arabia Saudí...
-Hay chavales que han nacido en España. Que aguantan las bromas en el instituto sobre la poligamia, el "jalufo", la cerveza... Pero que ya han aprendido a pasar del tema. Rezan, guardan el Ramadán y luego salen con chicas, van a bailar a las discotecas, juegan al fútbol... Son musulmanes españoles.
-¿Y los conversos?
-La mayoría es gente muy preparada, con carreras. Algunos lucharon contra el franquismo, empezaron con lo del ateismo, se aburrieron de la religión oficial y buscaron otros horizontes. Y también mujeres. Entre ellas destacan las feministas.
-¿Y qué saben ustedes sobre la idea de erigir una mezquita en Sevilla?
-Hay mucho confusionismo. Empezaron con un contencioso administrativo, porque ese suelo estaba destinado a dotaciones de servicio para el barrio. Un juez ordenó que no se iniciaran las obras, a la espera de la resolución. Hay un sector de gente que no queda claro si está en contra de la comunidad islámica o en contra de las autoridades locales. Representantes de la comunidad islámica están tranquilos porque saben que las autoridades les conocen perfectamente y saben que ellos quieren solo trabajar por la paz. Además ya han pagado dinero, las tasas....
-¿Qué otras cosas se han dicho?
-Se han publicado algunas cosas en internet. Yo leí una página que se titulaba "La mezquita de los Bermejales y el integrismo de..."
-¿De...?
-De algunos políticos sevillanos.
-¿Y qué decían?
-Pues que algunos políticos habían irrumpido contra los promotores de la mezquita y contra todos los musulmanes en general. Parece ser que la cesión de suelo público para la construcción de la mezquita había desatado las iras en un sector de la sociedad sevillana, acusando a los musulmanes: de intolerancia y de fanatismo. En esa página se llegan a decir cosas como que un grupo de vecinos del barrio, controlados por un partido político, están siendo utilizados como arietes contra el Ayuntamiento y contra la comunidad musulmana... y que una mezquita favorecería el incremento de la criminalidad y la delincuencia con el consiguiente peligro para ellos y sus hijos...
-Pero, ¿cómo se pueden decir esas cosas?
-Cabría decir ahora que en esta tierra tenemos el mejor ejemplo del mundo de un islam de paz y tolerante, creador del mayor ejemplo de convivencia en la historia universal y que es Al-Andalus.
-Es que hay gente que está loca y consideran que, si no piensas como ellos, tienen que matarte.
-Se han llegado a violar algunos de los principios básicos de la yihad, usando, en alguna ocasión, como ocurrió en Pakistán, a mujeres como escudos humanos.
-Queremos pedirles perdón de antemano, -dijo el musulmán de ademanes educados y lenguaje mesurado- pero, si vamos a hablar sobre las religiones, vamos a enfrentarnos con un tema muy resbaladizo.
-¿Por qué? -me atreví a preguntar-.
-Sepa usted, señora, que no hace mucho tiempo el Papa ha publicado un documento en el que dice que la católica es la única verdadera iglesia. Y eso llama mucho la atención.
-Creo que quiso decir, la única verdadera de Cristo.
-De acuerdo, menos mal. Pero eso, leído de corrido, molesta a la gente. De momento molestó y levantó las críticas entre protestantes y ortodoxos. Y no está el mundo para enfados. Para mi es un retraso en las relaciones. Hablan como si se tratara de un monopolio, como si estuviésemos en el siglo once. Se puede volver a la misa en latín y de espaldas a los fieles, como si la renovación de la iglesia se hubiera parado. Dicen que este Papa era antes simpático y que, ahora, se ha hecho duro. Y eso puede parecer como si se cerraran caminos a otras religiones...
-Perdone. Yo no entiendo de religiones -me estaba haciendo fuerte y toda la reunión tenía puesta la atención en mi- ni de papas, ni de misas... Yo entiendo, y muy poquito, de posturas, de formas de ser en la vida. Lo que se, lo he aprendido sufriendo y ha sido la propia vida la que me lo ha enseñado.
-¿Qué quiere decir?
-Muy sencillo. Yo conozco a un cura joven en Sevilla que, por encima de misas y latines, se dedica a la gente. A los inmigrantes. Lleva la parroquia de un barrio y ha estudiado francés para entenderse con ellos. Es un tío fenómeno. Se parece a Antonio Banderas y es cura. Al principio no lo entiendes, porque es un hombre muy atractivo. Era profesor. Tuvo novia, dio clases por pueblos de la provincia y se hizo cura. Yo lo conocí poco antes de entrar en el Seminario. Yo estuve enamorada de él. Qué manera de pensar, qué manera de transmitir seguridad y alegría. No lo pude hacer mío. Cantaba, tocaba la guitarra, tenía melenas, pero siempre muy limpias. Bailaba sevillanas, jugaba a las cartas, al dominó. Un día me llevó a tomar tapas por Triana. Fuimos a "La Blanca Paloma" y luego a una reunión de escritores y artistas en el bar "El Ancla", allí donde la cava de los civiles. ¿Y sabe a lo que se dedica? A visitar presos en las cárceles y a ayudar a los inmigrantes maltratados, pero aquí y en Africa. Y en su casa parroquial de aquí, siempre ha acogido al que ha llamado a su puerta. Y ha tenido a musulmanes viviendo con él. Y se preocupa de los más jóvenes. Los reúne en salones donde hay futbolines, mesas de ping-pon y ¡a jugar! Pero no les pide que vayan a misa. No. El piensa que eso vendrá después, si viene, pero que lo primero es atender a la gente, por encima de si la misa se dice en latín, en castellano, de cara o de espaldas al pueblo... Para mi eso es la religión. Lo demás...
Se hizo un silencio en el comedor. Me sentí cortada. Los musulmanes visitantes, tenían la mirada fija en mi y me sonreían como si fueran el Trío Los Pancho... El más bajito reía, se alisaba el bigote y me volvía a guiñar el ojo... ¿Porqué guiñaba tanto el ojo? Saqué fuerzas y seguí, no tenía otra escapatoria.
-Un día, mi amigo el cura, recibió la visita de un señor que le dijo que le iban a conceder la medalla de la ciudad. El dijo que no, que menos medallas y más realidades. Que allí hacían falta muchas cosas y mucha ayuda. ¿Y saben ustedes lo que pasó? Pues que no se la dieron. Por ser serio y consecuente.
-Que bien cuenta usted las cosas, señora -me dijo el jefe del trío-. ¿Y que ocurrió con la medalla?
-Pues que se la dieron a un local donde se reúne la cultureta sevillana. Un lugar cuyo propietario nunca quiso saber nada de la cosa oficial, que siempre estuvo en contra de todo lo establecido, que siempre nadó contra corriente, que fue perseguido por mil cosas y por las mil luchó, pero que al final, aconsejado por no se quién, se distanció de criterios como el del cura y aceptó la medalla, posando además para la foto oficial. Mi amigo el cura, curiosamente, había frecuentado ese local, que por cierto no está muy lejos de aquí, siendo primero profesor, luego seminarista y, al final, cura. Señores: para mi, lo que hace mi amigo, eso es religión.
-¿Cómo te sentiste en aquel momento, Lola? -se interesa Pedro-.
-Disfruté muchísimo. Fue una reunión larga. Me tuve que imponer a mi misma. De algún modo me parecía que, detrás de todo aquel clima tan agradable, tenía que haber otra cosa, algo que desconocíamos. No se si por eso hablé tanto. ¿Me estarán engañando todos estos señores? Pero, en ese caso, también me estaría mintiendo Ahmed... No sabía qué pensar. Por otra parte, me gustaba todo aquello...
Angel abre la puerta.
-Pedro, ¿puedes venir un momento?
-Si. Perdona, Lola.
-Como hemos dejado de hablar con Ramón, ¿qué te parece si citemos al resto del personal que trabaja en el Zerhum?
-Son pocos, ¿no?
-Dos camareras y un cocinero. Una camarera es española, la otra marroquí. El cocinero es un morillo joven.
-De acuerdo. Me tienes al corriente. Todos pueden interesar. ¡Ah! Estoy seguro de una cosa. Al final, todo lo va a descubrir Lola. Pero tú sigue. Hasta luego.
Cuando Pedro regresa al despacho, Lola se está secando una lágrima.
-¡Lola! La vez anterior que te dejé sola un momento te encontré pintándote los labios y ahora estás llorando... ¿Cómo es eso?
-No te preocupes. Emociona recordar cosas pasadas.
-Así es. Continua cuando gustes. Me tienes intrigado y entusiasmado con todas tus historias. Es como una novela preciosa, con mucha intriga, emoción, suspense... ¿Serías capaz de escribir una novela?
-¡Que maravilla! Si. Mi vida es una novela. Me encanta recordar todas esas cosas. Es como sacar de mi cuerpo y de mi mente toda una pesadilla. Además, conforme hablo me voy sintiendo mejor, más libre, más ligera de peso... Cómo si tuviera la conciencia mejor... Cada vez soy más yo...
-Eso que estás diciendo es muy importante. Y ya verás como cuando termines te vas a encontrar perfectamente bien, contigo y con todos los que te rodean. ¿Tú no sabes esa frase que dice "la verdad os hará libres"?
-¡Que bonita! Debe ser verdad. Verás, yo sigo contándotelo todo y después escribimos la novela, ¿vale?
-Vale. Como tú quieras.
-Junto a esta historia de triángulo, los negocios entre Ahmed y Robert se iban estrechando. Yo me alegraba porque Robert era un hombre ansioso por saber, atesorar conocimientos y experiencias. Pero sobre todo quería ganar más dinero, ampliar el negocio, abrir una cadena de restaurantes, inaugurar en Córdoba y Granada... Estaba contento y eufórico, o al menos así lo veía yo. Eran dos emprendedores que me contagiaban. Al día siguiente de la visita de aquellos señores tan misteriosos, Ahmed llegó al restaurante y se encerró a hablar con Robert. Al poco salieron y me dijeron que me preparara, que nos marchábamos los tres a pasar un par de días a Rota. Acepté contentísima. Fuimos en el deportivo descapotable de Ahmed. Yo me senté detrás, como en las películas. Ellos charlaban delante, reían, incluso llegaron a cantar no se qué cosa... El viento revolvía nuestros cabellos. Pensé que me llevaban de tapadera, para disimular algo, pero no me importaba. Me sentía feliz con los dos y dando aquel paseo. Fuimos por la autopista, pasamos por la nueva circunvalación de Jerez y en Rota fuimos a hospedarnos al Hotel Duque de Nájera. Pidieron dos habitaciones dobles y allí dejamos nuestro breve equipaje.
-¿Quién era el Duque de Nájera? -pregunté en voz alta en la recepción del hotel-.
El recepcionista señalo un cuadro enorme que había junto a la puerta de entrada.
-Es aquel, señora.
Salí corriendo hacia el cuadro. Ahmed, me siguió y me dijo:
-El Duque de Nájera fue Gobernador Militar de Cádiz en 1908.
El espacio que ocupa este hotel fue, posteriormente, batería de cañones para controlar el paso de barcos hacia la bahía de Cádiz y hacia el Estrecho, conservando el nombre del Duque. Cuentan que esta batería actuó en 1936, cuando un submarino ruso intentó penetrar en la bahía. Y ahora es hotel.
-¿Y tu porqué lo sabes? -le pregunté-.
-Pura magia... O lo habré leído en algún sitio, digo yo...
Debajo del cuadro había una plaquita en la que decía que el cuadro había sido donado por el Ayuntamiento de la Villa de Rota al Hotel.
Donde nos encontrábamos, se abría una balconada sobre la piscina. Dos enormes terrazas daban al mar. Nos asomamos.
-Eso que ves a la izquierda es la Base.
Preguntamos por un bar de tapas en el pueblo y nos recomendaron uno que estaba cerca y pertenecía al hotel. El bar "La Concha". Allí, tomamos unas cervezas con tortillitas de camarones. Nos sentamos en una plaza preciosa, frente a la Iglesia de la O. A la izquierda el castillo de Luna, donde durmieron en una ocasión los Reyes Católicos...
-Cuando venían echando a los moros de por aquí -dijo Robert en plan de broma-.
Ahmed, sonrió. Luego callejeamos un poco y entramos en otro pequeño bar, "El Torito", muy bien decorado, utilizando las paredes antiguas y el artesonado de un viejo caserón. Allí probamos las albóndigas, la tortilla al "moho" y una cosa típica que llaman "arranque roteño", de la familia del salmorejo que probé en Córdoba con Ahmed. Prácticamente habíamos cenado tapeando. Para tomar una copa nos recomendaron unos locales que había en el puerto. Ahmed mostró mucho interés en ir al puerto. Estábamos muy cerca, solo un par de calles... Nos habían hablado del "Portobello" y del "Dalai". Estaban juntos. Nos fuimos a una terraza. Delante, el puerto y al fondo, el mar. Estábamos relajados.
El faro de Cádiz lanzaba dos destellos seguidos, luego hacía una pausa y otros dos destellos... El de Rota era más seguido. Ráfagas cortas una detrás de otra...
Cuando llevábamos algunas copas y estábamos solos ante el mar enorme, Robert rompió el silencio, pero hablando muy bajo.
-Creo que ha llegado la hora de hablar claro.
-Como tu quieras -respondió Ahmed con voz suave-. Nunca te he dicho que no. Yo también tengo curiosidad por saber más cosas de ti.
Ahmed hablaba con mucha tranquilidad. Entonces Robert se dirigió a mi. Empezó a acariciar mis labios con sus dedos y me dijo:
-Eres una privilegiada. En esta noche mágica te vas a enterar de muchas cosas. Pero te enteres de lo que te enteres, tú serás siempre una tumba... ¿Vale?
Separó mis labios con su dedo índice, lo introdujo en mi boca, yo se lo chupé suavemente y luego le di un mordisquillo, mientras miraba de reojo a Ahmed.
-¿Quién empieza? -dije yo-.
-Decídelo tu -me susurró Robert al oído-.
-Dadme una moneda. ¿Tú que pides?
-Yo, cara -dijo Robert-.
Tiré la moneda al aire. Salió cara. Ahmed sonrió.
-Te toca empezar, Robert.
-Vale. Pero, que pongan otras copas.
Llamamos al camarero y pedimos que nos llenaran. Mientras, Robert empezó su historia.
-Si, de acuerdo. Siempre pensé que el restaurante, aparte de ser un buen negocio en si mismo, podría servir para disimular otros. Yo quiero meterme en la droga. Quiero ganar...
En ese momento llegó el camarero. Se hizo el silencio. Tras poner las copas, Robert sacó fuerzas y habló:
-Yo empecé, como sabe Lola, de camarero en un bar de la calle San Eloy. Soy una persona que por mi físico no paso inadvertida. Vinieron a hablar conmigo... Empezamos a trabajar a baja escala... Dejé el bar. Y luego tuve que pensar en montar el restaurante. No se puede andar con menudencias. Estoy cansado del menudeo. Eso trae más peligro que dinero. Entonces apareciste tú. Lola me ha acompañado en todo este proceso, quizás sin saberlo. Me ha ido muy bien. Te puedo contar cosas... Y digo más. Me gusta ganar dinero, me gustan las aventuras peligrosas, me gusta rozar lo ilegal. Para mi es un placer, mucho más que hacer el amor con Lola...
Robert se inclinó sobre la mesa y, aunque estábamos solos en aquella terraza, bajó la voz.
-Y voy a colaborar con ETA.
Se hizo un silencio. Solo se escuchaban las olas romper contra la orilla.
-Bien, no tiene importancia. ¿Y que estás haciendo? -preguntó Ahmed-.
-Tengo que buscar un piso y un garaje, infraestructuras necesarias para montar un comando en Sevilla.
-¿Pero tú estás con ETA?
-Yo no. A mi me importan tres cojones los vascos, la ETA y la independencia o lo que sea, de toda esa gente... A mi me han prometido un dinero por un trabajo, me pagan, y a tomar...
-Bien, eso es una cosa... Otra sería...
-No, nada más. Yo estoy dispuesto a trabajar en lo que sea con tal de ganar pasta. En lo de la droga me gustaría meterme a fondo, pero bien, con profesionales. Quiero dejar a esos chulillos que al final son confidentes de la policía y a la menor te la juegan... Yo de momento no tengo más que decir. Así que ahora te toca a ti, Ahmed. Y que Lola lo sepa todo. Porque ella nos quiere a los dos y nos ayudará siempre a los dos... ¿Verdad, cariño?
Mientras decía eso, me metió su mano entre los muslos hasta alcanzar mis bragas y tirar del elástico... Di un respingo, Ahmed se dio cuenta y aprovechó para decirme en voz baja.
-Tú eres la belleza... Ya te lo he dicho. Y esta noche, bajo la luna, a orillas del Atlántico, te conviertes en un horizonte enorme, sin límites. Belleza, noche, luna, mar... ¿Qué más...? Bien, por lo visto me toca. Os propongo irnos a un lugar más tranquilo. Vamos a volver a la terraza del hotel, a la playa.
En efecto. Nos fuimos a la terraza del hotel. Seguimos con las copas.
-Yo soy tu socio en el restaurante. Estamos unidos por intereses. Nos debemos lealtad. Voy directamente al grano. Mi padre, en Marruecos, es traficante de armas, de droga y pertenece a las mafias de las pateras.
-De todo... Un hombre completo... -le dijo Robert mientras saltaban chispas de sus ojos-.
-Trabajo gracias a él. Desde antes de terminar la carrera ya me había buscado trabajo en una empresa de Sevilla. Y mientras estudiaba nunca me faltó de nada. Al contrario, siempre me sobró.
-Dime, de verdad. ¿De qué es la empresa?
-De construcción. Dedicada a construir edificios muy especiales, chalets, urbanizaciones, complejos comerciales...
-La empresa será de tu padre...
-Y de vete a saber quien.
-Dime más de la empresa.
-Creo que puede ser una tapadera para el blanqueo de dinero procedente de los otros negocios que te he dicho antes... Ese es uno de los motivos por los que estoy aquí.
-¿Nada más?
-No se. Puede que tapadera para movimientos terroristas... Y empresa que podría construir la mezquita de Sevilla con dinero venido de fuera o con dinero de nuestra propia empresa. O de quién sabe donde. Se habló de que yo podría ser el arquitecto. Eso a veces me agrada y a veces no...
-¿Y por qué estamos aquí hoy?
-Mañana por la mañana tengo que entrevistarme con un hombre, un contacto, en el puerto. Esta es una buena zona de costa. La Base ayuda en vez de molestar. Nadie piensa que por aquí se hagan cosas raras... Y también tengo que visitar un complejo comercial y de viviendas que estamos haciendo al otro lado del pueblo... Me acompañarás a los dos sitios. Y tu, Lola, mañana tendrás libre toda la mañana. Puedes pasear por el pueblo. Es muy bonito. Te pediré un plano en recepción. Toma nota. El paseo marítimo, la calle Charco, la plaza de las Canteras, el "Bodegón el Gato", la calle María Auxiliadora...
-Me lo cuentan y no me lo creo -dijo Robert-.
-Somos un poco como almas gemelas...
-A esto se le llama olfato...
Ahmed alargó su mano sobre la mesa hasta coger la de Robert.
-Nos parecemos en todo...
-Hacemos lo mismo o queremos hacer lo mismo...
-Y sin habernos puesto de acuerdo...
-Parece como una novela mala.
-O muy buena... Quizás un día escriban sobre nosotros...
-Como de Bony and Clyde...
-De Al Capone...
-De Luqui Luciano...
-De tanta gente genial como hubo en el mundo...
-Solo nos diferenciamos en que tú tienes más dinero que yo -dijo Robert-. Yo no tengo un deportivo, un apartamento, un yate en el Puerto... Ni un padre que me proteja y me aúpe...
-Es igual. Tenemos la inteligencia y el "savoir faire"...
-Yo me lo he tenido que hacer todo a golpes. Hasta terminar teniendo una pistola.
-Y yo...
-A ti te la habrán conseguido... ¿También tienes pistola?
-Si. Y ahora deberíamos ayudarnos...
-Estoy de acuerdo.
-Hay que pensarlo todo con la cabeza bien fría, no como estamos ahora.
Robert se incorporó en el sillón, se apoyó en la mesa, y aproximó su cara hacia la de Ahmed. Se fundieron en un profundo beso en los labios. Mi cuerpo se estremeció. Conocía tan bien aquellas dos bocas... De repente hubiera querido estar desnuda con los dos sobre la arena de la playa y bañada por las olas...
-De acuerdo, pero yo lo que tengo encima es la localización de un piso y un garaje para alquilarlos...
-Hay que hacerlo con cuidado...
-¿Tu me podrías ayudar?
-Si vamos a medias en el negocio, vale.
Había corrido el alcohol en la terraza del hotel. Los tres, conscientes aun, hablábamos cada vez más bajito.
-¡Otra copa, por favor!
Había llegado la madrugada. Robert acertó a decir:
-Lola. Tenemos dos habitaciones dobles y somos tres.
Rió como un gamberro de botellona.
-Silencio, es muy tarde, la gente está durmiendo.
-¡Ah! Perdón. Decía que tú, a qué habitación te quieres venir a dormir. ¿A la de Ahmed o a la mía? ¿O un ratito en cada una?
Ahmed le llamó la atención a Robert. Estaban bastante borrachos.
-Bien -intervine-. Iros a dormir cada uno a una habitación o los dos a la misma, a lo mejor lo estáis deseando. Yo decidiré más tarde, cuando me emborrache de mar y de luna... ¿No os habéis fijado en la noche tan preciosa que hace? ¿Ni tú, Ahmed, artista y pintor? ¿No te gustaría pintar esta noche? ¿Y yo, desnuda en la orilla, bañada por las olas a la luz de la luna? Al principio no me entendió. Había olvidado Córdoba, Romero de Torres, la Mezquita, nuestra noche de pintura al desnudo, nuestro primer momento de amor... ¡Mierda! -pensé-.
Pidieron una última copa en la barra, con lo cual cabrearon a los camareros. Yo me quedé en la tumbona, relajándome...
-Traedme una copa -les grité-.
¡Qué luna, que noche y que imbéciles eran los dos! Cuando me trajeron la copa, me quité la blusa y salí corriendo hacia la orilla.
-¡Venid conmigo! -les grité-. Vamos a brindar por nuestro futuro en el mar.
Me imaginaba cómo me estaban viendo a contraluz, recortada sobre la luz de la luna, que rielaba sobre el agua tranquila. A duras penas salieron corriendo tras de mi. Cuando llegué a la orilla, me deshice de la falda y me metí en el agua. Estaba cálida. Desde dentro vi cómo dejaban las copas sobre la arena y se desnudaban. Se metieron en el agua pletóricos de belleza... Me acordaba de Ava Gardner en "La Noche de la Iguana", bañándose semidesnuda con aquellos dos enormes negros...
Nos abrazamos, nos besamos... De pronto, los tres fuimos una piña. Mientras Robert me quitaba las bragas, Ahmed me desabrochaba el sujetador. Me acariciaron, me sobaron... Y yo a ellos... Los puse erectos. ¡Mi gran ilusión! Tenía los dos sexos entre mis manos. Ellos se besaban... Luego me besaba uno, mientras el otro me mordía los pezones y me pasaba la mano entre los muslos... Sentí placer mil veces... Se acariciaron mientras me apretaban... Creo que se corrieron. En el agua era difícil saberlo... Pero allí estaba la luna... No se cómo nos fuimos... Ellos desaparecieron. Yo me quedé tumbada en la arena.
Cuando me iba a superar el sueño, avanzada la madrugada, decidí subir a la habitación. No sabía en cual entrar. Ahmed, roncaba... Robert, parecía una rana boca abajo sobre la cama. Olía a alcohol fermentado. Puede que hubiese vomitado. Aquello era nauseabundo. Se había roto el encanto. Volví a bajar las escaleras y me volví a tumbar, boca arriba, bajo la luna y frente al mar. La brisa de la noche, me acariciaba la piel...
Así me despertaron las camareras del hotel.
Nos duchamos y desayunamos, como si no hubiera pasado nada. Eramos gente nueva. Me dejaron dando un paseo por la playa de la Costilla y ellos se fueron al puerto deportivo. Yo me metí por el pueblo. Me recorrí la calle Charco, mirando escaparates. Le compré un monedero a Robert y una cartera a Ahmed, de piel de Ubrique, en una tienda chiquitita. Un poco más allá me compré un niqui ceñido, como los que llevaban las actrices italianas en los años cincuenta, cuando "La ladrona, su padre y el taxista"... Me lo probé y con los pechos que yo tengo, estaba segura de que iba a dar el escándalo. Me lo dejé puesto. Me encantaba que todo el mundo me mirara... Seguí por la calle María Auxiliadora. Entré a comprar la prensa en una librería que se llama "Atenea". Me distraje mirando libros. Pregunté si tenían algo sobre la droga o sobre el islam, algún estudio o alguna novela de aventuras... Primero me miraron con cierto recelo. Lo comprendí.
-Perdonar. Me encantan las aventuras para leer en la playa.
Me atendieron con toda simpatía. Me presenté.
-Me llamo Lola. Estoy de paso. Me hospedo en el Hotel Duque de Nájera.
-Yo soy Angel, encantado, y este en Germán...
Me ofrecieron mil cosas... Miraron en el ordenador. Eran dos personas verdaderamente simpáticas y amables. Inmediatamente tenía sobre el mostrador "Las drogas" de Angel Font; "El Islam" de Hans Kung y "La reina del sur" de Pérez Reverte. Habían acertado. Droga, islam y aventuras...
-Sois estupendos, muchas gracias.
Se atropellaban por darme explicaciones sobre los libros. Yo los escuchaba agradecida.
-Además, me acabo de acordar de esta revista que tengo aquí. Mira la portada.
-"Entender el islam. El islam en el mundo." ¡Ah! Me parece muy interesante. De acuerdo. Me lo llevo todo.
-¿Los envuelvo?
-No, una bolsita. Los voy a empezar a leer enseguida, en cuanto llegue al hotel.
Me dieron una bolsa de plástico con las letras en verde y unos separadores para cada libro. Miré uno con detenimiento. Angel me explicó.
-Es un dibujo de la diosa Palas Atenea en actitud pensativa. Es la diosa de la sabiduría en la mitología griega.
-Muy bonito.
-Y esto es un dibujo de la torre de la Merced, de aquí de Rota,
encerrada en un círculo con una leyenda: "Ser cultos, para ser
libres"...
Me quedé un momento pensativa. Eso es por lo que yo había luchado siempre... De repente advertí cómo Angel me miraba sonriente. Quizás le extrañase que una mujer con mi apariencia fuese un ser capaz de reflexionar y de comprar tres libros tan dispares a la vez...
-Se lo que está pensando. Debo parecer un ser anacrónico, raro... Con esta apariencia de turista playera y...
-No, en absoluto. Y aquí tiene nuestra dirección y nuestro teléfono por si necesita algo más de nosotros.
Pagué con mi tarjeta.
-Y le voy a hacer una rebajita.
-Gracias, Angel. Gracias, Germán.
Nos despedimos. Crucé la calle y paré a tomarme un café en un pequeño bar que había frente a la librería, llamado "La Colmena". Me sirvieron dos camareros también muy amables, Ramón y Miguel, que me dijeron que estaba invitada por Angel, el de la librería.
-¿Y cómo lo saben ustedes?
-Nosotros somos magos -me dijeron con ese arte tan gaditano-.
Volví la cabeza y Angel estaba en la puerta de la librería sonriendo... Le hice un gesto de agradecimiento. Abrí la bolsa y empecé a mirar los libros, con la misma ansiedad que un chiquillo abre un paquete el día de reyes. Así estuve un rato hasta que descubrí que enfrente había una peluquería de señoras. "Stilo joven", decía el cartel. Me toqué instintivamente la cabeza. No tenía el pelo del todo bien.
-¿Está abierta? -pregunté-.
-Claro que si. Puede usted pasar, la atenderán. O mejor yo la acompaño y le presento a las chicas, son muy simpáticas.
El camarero cruzó la calle conmigo y me presentó como una amiga de toda la vida. Allí también estuve muy a gusto. Había unas señoras del pueblo y otra que por la conversación tenía que ser de fuera. Me miraban, por los espejos, con recelo... ¿Quién sería yo? ¿Sería para ellas alguna periquita recién llegada? ¿Alguna amiguita de algún americano de la base? Me sentí a gusto. ¡Que piensen lo que quieran! A lo mejor me tienen envidia. Me pusieron el pelo precioso, como yo quería. Eran unas chicas simpáticas y que conectaron bien conmigo. Y no fue caro. Me miré en el espejo. El peinado, el niqui... Creo que estaba irresistible. Al salir, en "La Colmena", estaban Angel y Germán, con un grupo de amigos tomando unas cervezas. Me invitaron.
-Disculparme, tengo que estar pronto en el hotel. Me esperan.
-Una cervecita nada más, me dijo Angel.
Me la tomé. Era un rincón entrañable. Todos los que pasaban por la calle saludaban. Todos se saludaban entre si. No como en la ciudad. Y todos me miraban. Me presentaron a Juan Pedro, un gran conversador que me ofreció una banqueta.
-Dicen que aquí no tragáis mucho a los sevillanos -me atreví a preguntar-.
-Eso es una tontería -me dijeron a coro-. Aquí hay gente inteligente y tontorrones, como en todas partes. Los inteligentes sabemos distinguir.
-¿Hay muchos americanos aquí todavía?
-Hombre, pues si. Los hay por todo el mundo, ¿no los va a haber aquí?
-Pero ya no hay aquellas broncas por las calles.
-Ni hay policía militar. Ahora la cosa está más civilizada...
Empezaron a mirarme con recelo, con cierta sorna, con mucha curiosidad. Tuve que intervenir.
-Perdonar. Yo me marcho mañana de Rota. Nunca había estado aquí. Pero me habían contado cosas... Creo que mis preguntas pueden estar llamando al engaño...
-No, por favor -me dijo Angel desde detrás de sus gafas oscuras, fumando su cigarro negro, con su camisa azul a cuadros, el bolígrafo "Pilot" asomando en el bolsillo, sus pantalones vaquero, y su bolsito colgado en bandolera.
-Perdonar. Me tengo que ir. Gracias por todas vuestras atenciones. Sois gente comunicativa. Algún día, espero, volveré por aquí y vendré a veros.
Nos besamos todos. Me emocioné al despedirme de gente tan normal. Después me fui despacio para el hotel. Al llegar, me senté en una tumbona y miré las primeras páginas de los periódicos. Luego, me decidí por la revista y el artículo sobre el islam. Hacía un tiempo soleado, muy agradable y había poca gente en la playa.
.Era un texto duro. Empezaba a costarme trabajo. Ahí estaba cuando llegaron Robert y Ahmed. Lo primero que hicieron fue meterse con el niqui y alabarme el peinado. Aguanté las bromas. Me alegró que se hubiesen dado cuenta de lo del pelo. Luego les entregué sus regalos. Me dieron un beso cada uno.
-¿Y tu qué te has comprado, además del niqui?
-Estos libros.
-Muy interesantes -dijo Ahmed, echándoles un ojo-. Te quieres ir preparando, ¿no?
-Curiosidad...
Bajamos a la playa y nos sentamos en el chiringuito del hotel. Pedimos unas cervezas, unas tapas y nos tumbamos al sol.
-¿Qué habéis hecho? -les pregunté-.
-Buscando a gente con barcos. Hablando con unos amigos de Tánger.
-Trabajando, cariño, trabajando.
-Y viendo las obras.
-Ahí nos vamos a comprar un apartamento. Me ha gustado Rota -me dijo Robert-.
-Y a mi. He conocido a una gente muy simpática.
Tras un silencio largo.
-Ahmed, ¿tú que haces exactamente en tu empresa? -le preguntó Robert-.
- No se, muchas cosas. Diseño proyectos que me encargan. No paramos. Entre ellos figura, como te he dicho, la posible construcción de una mezquita.
-¿Y esa mezquita, sabes quien la financiaría? ¿Quién podría estar detrás?
-¿Porqué?
-Se ha hablado hasta de Al Qaeda. La prensa ha citado al sultán Qasimi de Sharjah, uno de los siete Emiratos Arabes Unidos, persona de ideas religiosas algo radicales. Y acuérdate lo que hablamos hace unos días en la comida con tus colegas...
-Hombre, yo ahora mismo no sabría contestarte. No tengo datos.
-Te pongo otros ejemplos. Los miembros de la familia real saudita, fudamentalistas religiosos, han financiado los templos de Marbella y Fuengirola, y han puesto los veintidós millones de euros que ha costado la gran mezquita de Málaga, la mayor de España, con capacidad para mil personas. ¿De acuerdo?
-Sigue. Sabes más que yo.
-Leo y tengo memoria. En Granada no hubo posibilidad, pero había dispuesto dinero libio y de los emiratos... Detrás, siempre radicales. ¿Vale?
-Bueno... Si...
-Perdón. Hago un inciso. ¿Os gustaron las tortillitas de camarones? ¿Pido una ración?
-Vale.
-Interesante reunión en Rota. ¿Cómo fue el regreso?
-En el viaje de vuelta pasamos por dos cárceles, las dos del Puerto de Santa María. Enormes, una enfrente de la otra. La carretera por medio. La de la derecha, de ladrillo visto, era la más antigua. La de la izquierda la más moderna, inaugurada hace muy poco tiempo. Enormes edificios con colores grises, azules y rojos. Podría parecer un hospital. Cualquier cosa menos recordar a aquel famoso penal del Puerto, que se cantaba en la copla. "Mejor quisiera estar muerto, que preso pá toa la via, en este Penal del Puerto, Puerto de Santa María..." Se lo oía cantar de pequeña a mi padre. Las pocas veces que mi padre tuvo ganas de cantar... Al pasar por allí, Ahmed le tiró de la lengua a Robert.
-Aquí tiene que estar más de un amigo tuyo, ¿no?
-En efecto. Esta es la Prisión Puerto Tres. Y aquí están llegando nombres destacados, gentes famosas por sus acciones.
-¿Por qué lo sabes?
-Conozco a funcionarios que están destinados aquí.
-No te faltan relaciones.
-Me preparo para tener amigos en estos sitios, por si acaso...
-No es mala idea. Así disimulas mejor y juegas con las dos barajas.
-Aquí está, por ejemplo Henri Parot. Tres mil años. Un artista. Veintidós atentados, treinta y ocho muertos y doscientos heridos.
-No es mala marca. Ese es al que cogieron viniendo hacia Sevilla con una carga de explosivos, ¿no?
-Si.
-Este edificio no va a durar en pie tres mil años...
-Entre las tres prisiones del Puerto, hay treinta y cinco presos. En esta solo hay once, pero seleccionados. Aquí vive "Kubati", el que mató a Yoyes, aquella chavala que se arrepintió. Además es el jefe de los etarras encarcelados. Aquí está también "Paquito", que participó en lo de Carrero Blanco, dirigió la banda entre el 85 y el 92 y ahora ha sido expulsado por pedir el fin de la lucha armada.
-A veces se detectan rasgos de lucidez.
-¿Te acuerdas del atentado de Hipercor en Barcelona, en el que murieron veintiuna personas?
-Perfectamente.
-Pues aquí está Santi Potros, el cerebro de aquello. ¡Ah! Y uno que terminó de hacerse famoso no hace mucho cuando, desde la pecera, apuntó con la mano al juez prometiéndole que le iba a meter siete tiros. Bilbao. Los mismos etarras dicen que está loco y no le hacen demasiado caso. Piensan que si no hubiese estado en ETA hubiera terminado matando igualmente. Grita mucho y luego hace las cosas muy a su aire.
-Buena reunioncita. ¿Y cómo viven?
-Todo lo bien que se puede vivir en una cárcel. Lo que los salva es que manejan dinero, como los narcotraficantes. Compran mucho en el economato, visten ropa de marca, hacen gimnasia, comen bien y mandan que les compren cosas fuera de la cárcel. También acuden a talleres... En fin, una vida casi normal.
-¿Y la convivencia con los demás?
-Bien. No hay problemas con los presos comunes. Las relaciones son normales. Ellos no se consideran presos de primer grado, se consideran presos políticos y eso es lo que les mantiene vivo su orgullo de luchadores... Hay una cosa muy curiosa. Como su correspondencia está controlada, envían mensajes a través de la correspondencia de los presos comunes. Por eso les conviene llevarse bien con ellos. Los que estudian pueden tener un ordenador en su celda. Tienen televisión, servicio con ducha, una mesa para trabajar, leer o escribir y un armario. Dice mi amigo que los más viejos, los históricos, son educados en el trato, se habla con ellos normalmente.
Mientras hablaban, el coche seguía devorando carretera. Nada más rebasar la zona donde se encuentran las dos prisiones, y tras una recta muy larga, advertí una venta, "El Cepo" se llama, en cuya explanada de aparcamientos ondeaba una enorme bandera española en un mástil altísimo.
-¡Fijaros en eso! -se me ocurrió decir-.
-Si. Lleva ahí mucho tiempo y nunca la quitan.
-¿Qué hace una bandera española en una venta de carretera?
-No lo se, pero me lo imagino.
-¿Qué te imaginas?
-Aquí deben parar muchos familiares que vienen a visitar a los presos. Puede que sea una manera de darles la bienvenida y recordarles que están en Cádiz. No lo se, ya digo que es una suposición.
-Pero, ¿cómo un hombre que ha participado en la muerte de veintitantas personas, se pueda portar ahora educadamente en la cárcel?
-No se, es que en el fondo son tíos con sus contradicciones. ¿Tú te quieres creer que hay etarras históricos que son del Barça? ¿Y que cuando pierde no se les puede ni hablar?
-Deberían ser de la Real o del Atlétic, ¿no?
-Eso sería lo normal, pero no.
-¿No los habrá del Real Madrid, supongo?
-No tengo referencias, pero vete a saber. Lo que ahora está creando más problemas, echándole más "palicos" a la candela, es la llegada de los jóvenes, los de la "kale borroka". En la cárcel, estos no tienen nada que ver. No hablan con los históricos y se pasan el día de porros con los presos comunes. Son niñatos, con su lenguaje de la calle. Les falta la reflexión sobre el qué y el por qué de lo que están haciendo.
-Hay una cosa que si me llama la atención. ¿Cómo sienten los etarras presos, las cosas que pasan fuera? Un atentado, una tregua, una manifestación...
-Son seres disciplinados, pero creo que disciplinados a la fuerza.
-¿Cómo es eso?
-Me explico. No suelen decir en voz alta lo que piensan. Ellos reciben dinero y apoyo desde fuera, pero a cambio deben permanecer callados. Dice mi amigo que, cuando pasa algo gordo, se les nota en las caras, en sus actitudes. El final de la tregua y lo de Barajas les afectó. Cuando lo del 11-M, muchos se mantuvieron en silencio, otros decidieron no salir al patio. En algunas cárceles la dirección decidió que no saliesen y ellos mismos agradecieron el gesto. Parece ser que la dirección de la banda es dura y estricta con los presos. Temen que haya voces discordantes. Para eso ejercen una fuerza dictatorial de la que ya están cansados muchos presos. Algunos de ellos no están de acuerdo con que se siga usando la violencia.
-Los que soportan la cárcel día a día, deben debilitarse. Es normal. Puede ser que alguno de estos hombres, después de haber matado, hayan meditado en la soledad de su celda, lo bueno que sería volver al mundo y rehacer sus vidas. Debe ser para volverse loco. Viven sobre ascuas.
-Los familiares son, muchas veces, portadores de consignas, pero cada vez están más cansados de venir hasta sitios tan lejanos como este... Todo esto debe afectar a sus estados de ánimo. Hay mucha confusión. Para unos, que la banda los tiene abandonados. Para otros, familiares incluidos, que se les trata mal en las cárceles, que no se respetan los derechos humanos. Dicen que pasan todo el día metidos en la celda y que no salen nada más que dos horas. Eso, denuncian, debe causar lesiones psíquicas e incluso físicas...
-Te oigo hablar y das la sensación de que tú si sabes lo que estás haciendo o vas a hacer. ¿Lo sabes o solo quieres el dinero a ciegas?
-Yo solo busco el dinero.
-Pero a ciegas...
-Pero entiendo y siento el problema.
Llegamos a Jerez. Cuando pasamos por aquí en dirección a Rota, tomamos por la circunvalación, pero ahora, al regreso, Ahmed se empeñó en cruzar por el centro. Al atardecer, hay que reconocer que la ciudad se pone bellísima. A la salida paramos en la "Venta Esteban". Descansamos un poco. Al reanudar el viaje, Ahmed hizo una reflexión.
-A mi, ni me gustaría matar, ni participar en el juego de una muerte. Tu no eres vasco, te importa poco aquella tierra, no conoces ni su historia, ni conoces a aquella gente. No eres un ideólogo. ¿Por qué te metes?
-Ya te lo he dicho. La aventura y el dinero.
-Llamas aventura a participar en una muerte... Dinero vamos a tener. No te metas en más líos. Puedes estropear lo que vamos a llevar hacia delante...
-Todo puede ir adelante, no te preocupes.
-Me preocupo, claro que me preocupo. ¿Por qué hay que acumular riesgos?
Cuando llegamos a Sevilla era muy tarde y estábamos algo cansados. Decidimos ir un momento al Zerhum y cenar allí alguna cosa. Entramos por la puerta de atrás y encendimos las luces imprescindibles. Buscamos por la cocina y nos calentamos algo. En ese momento sonó el teléfono. Descolgué. Pregunté quién era y nadie me contestó. A los pocos segundos colgaron. Esto empezó a pasar, desde aquel día, con bastante frecuencia. Cuando regresé a la mesa, Ahmed volvía sobre el tema.
-Vamos a ver, Robert. ¿Qué quiere exactamente ETA de ti?
-Muy sencillo. Me piden un piso para dos tíos jóvenes que van a venir a Sevilla como si fueran estudiantes. Que esté en un barrio popular. Que lo busque, lo alquile y ya está. En eso me podrías ayudar tu, ¿no?
-¿Y el garaje?
-Eso es otra cosa. Puede estar en otro sitio, en otro barrio.
-¿Te piden algo más?
-De momento no, pero no está del todo claro. Podría ser.
-¿Me lo vas a contar? Cuando se empieza una cadena nunca acabas. Esto no es lo mío, pero veré si puedo hacer algo. Quizás te ponga en contacto con el propietario de algún piso. Vas de mi parte y cierras el trato. Luego dices que vivirán allí un sobrino tuyo con un compañero, que vienen a estudiar a Sevilla... No se meterá en nada, te lo aseguro. Quizás la misma persona te localice el garaje. A lo mejor no hacen falta ni papeles.
-De acuerdo, gracias.
-¿Qué más cosas hay? Porque hay más cosas, estoy seguro.
-Está bien. Te voy a contar el resto. A partir de ahora, tú ya no tienes nada que ver, ni que hacer. Verás. Se han enterado, no se como, de que aquí viene con frecuencia a comer un periodista muy conocido que tiene ahora un programa en la tele. Me han pedido que les pase todos los datos que pueda obtener de sus movimientos. Días y horas a las que viene. Cuando entra y cuando se va. Sobre todo, si viene de noche, a qué hora se marcha. Donde aparca. Por qué calles entra o sale... Primero vendrían los dos estudiantes y se instalarían en el piso. Después comenzarían los contactos. Me han propuesto el siguiente plan. Cuando "x" esté cenando aquí, les aviso. Mientras, lo distraigo charlando y así doy tiempo a que ellos lleguen al lugar ya determinado. Para mayor seguridad yo acompaño esa noche a "x" hasta el coche y así lo llevo por el camino convenido para que ellos puedan actuar.
-Es un buen jaleo, ¿no?
-Y las demás cosas en las que andamos metidos, que son ¿los juegos reunidos Geiper?
-¿Conoces bien a la víctima?
-Es cliente de aquí, de siempre. Lo conozco desde el bar de San Eloy. Muchas noches nos hemos quedado aquí hasta muy tarde, ya cerrado el restaurante, tomando unas copas y luego lo he acompañado hasta el coche e incluso hemos seguido la juerga hasta el amanecer o hemos terminado en su apartamento en el barrio de Santa Cruz...
-¿Y eres capaz de ayudar a que maten a un cliente, a un amigo?
-Bueno, venga... Entonces, qué. ¿Me vas a dar la dirección de ese amigo para el piso?
-Tiene que ser duro eso de matar a una persona que conoces y con la que has tomado copas y que, además, viene a esta casa a dejarte un dinero con el que tu comes...
-¿Tu me vas a hablar de esas lindezas a estas alturas?
-Lo de matar siempre es duro. Y al final te va a salpicar.
-¿Y a cuanta gente matas con la droga que vendes? ¿Y a cuanta gente matan con las armas que vende tu padre? ¿Y cuantos mueren ahogados en esas pateras? ¿Cuántos niños se han ahogado? ¿Cuántas mujeres embarazadas o con bebés en brazos? Anda, déjalo. Ya hemos entrado. Ya estamos metidos. Ya no podemos dar marcha atrás...
-Esto es una huida hacia delante...
-Puede ser... Pero, ¿me vas a ayudar?
-Si. A ver si puedo mañana. Entonces, ¿los dos que se van a hospedar en el piso van a ser los ejecutores?
-Si. Y convendría hacerlo todo ahora, para coincidir con el comienzo del curso y de la temporada. Es un momento de confusión.
-Asunto difícil. Déjame pensar.
-Al contrario. Muy fácil. Mientras él cena yo salgo un momento para ver donde ha aparcado. Me trazo el recorrido. Entonces los llamo y le doy las claves. Ellos ya se habrán aprendido el barrio de memoria. Con un solo timbrazo al móvil bastará para yo saber que ya están ahí. Saldremos juntos.
-¿Y si te dice que vais a seguir la juerga?
-Le digo que esa noche no puedo porque tengo que hacer cuentas. Siempre pasaré como un amigo con el que cenaba y que tenía la costumbre de acompañarlo por las noches hasta su coche. Así lo diría yo, lo diría Lola y lo diría Ramón... Sería la verdad, no podía haber otra...
-Te darán la lata...
-Todos los trabajos tienen un precio y un riesgo. Y yo tengo la ventaja de que aquí manejo comida y copas. Y eso, ¿a quien no le gusta?
-Somos unos pedazos de cabrones...
-De los mejores...
En ese momento se pudo oír la llave en la puerta trasera. Ahmed quedó en silencio. Robert no se alteró lo más mínimo y yo grité sobresaltada.
-¡¿Quién es?!
-Buenas noches, no asustaros. Soy Ramón...
¿Por qué llegaba Ramón precisamente en aquel momento? ¿Quién le había dicho que estábamos allí? Acabábamos de regresar del viaje. ¿Porqué se empeñaba en ponernos más cosas de comer y de beber? ¿Porqué Robert lo invitó a sentarse en nuestra mesa, por muy solos que estuviésemos, y haciéndole partícipe en la conversación? Naturalmente el tema cambió de raíz. Terminamos hablando de arte... Ahmed llevaba la conversación, seguido de cerca por Ramón. Robert opinaba de vez en cuando y yo me limitaba a escuchar y procurar aprender algo de lo que allí se está diciendo. La cosa derivó sobre el barroco sevillano. Los retablos, la decoración, el amor por las cosas llenas de formas, el "horror vacui". El horror al vacío... La enfermedad de este pueblo... Un pueblo que no soporta el vacío, que muchas veces está vacío y, lo que es peor, no sabe como, ni con qué, llenar esos vacíos...
Cuando decidimos marcharnos, me pareció que Ramón era ya uno más de la reunión... Sentí como un escalofrío... Se quedó el último.
-Marcharos tranquilos. Todo ha ido bien en vuestra ausencia. Yo apago y cierro. Que descanséis. Hasta mañana.
Angel ha hecho venir a Larbi, el cocinero del restaurante, y a las dos camareras. Larbi es un joven moro de Ceuta. Pedro, siguiendo la misma táctica que con Lola, le incita a hablar preguntándole por cosas de su vida.
-¿Porqué decidiste venir a España?
-Verá. Yo vivía de joven en un núcleo chabolista de Ceuta. Veía con cierta envidia a otros amigos de mi edad que se habían venido a trabajar a España, incluso a Francia, y que volvían de vacaciones con dinero y, algunos, con coche. Presumían mucho. Incluso se compraban casas con sus ahorros. Yo quería hacer lo mismo. Había estudiado algo y me gustaba el arte de la cocina. Lo había pensado mil veces. Tenía que salir de allí. Pero, ¿cómo hacerlo? Me contaban cosas. Yo no me atrevía, pero tenía que hacerlo. Era peligroso. Me decían que salía bien la mayoría de las veces. Me daba miedo. Se trataba de ir a la zona del puerto y meterte debajo de un camión que iba a embarcar rumbo a España. Lo intenté, estaba nervioso, llegué a meterme debajo y agarrarme a unos hierros... Pero la policía me descubrió y me mandó a casa. Mis padres, cuando llegué con la policía, me dieron una paliza con una vara de caña en la planta de los pies... Me encerraron. Pasado un tiempo, volví a salir y fui a ver a un amigo. El era más valiente que yo y también estaba dispuesto a huir. Estuvimos varios días yendo al puerto para ver los camiones, las horas de embarque, y estudiar cual podía ser el mejor momento... Sabíamos que nos la jugábamos, que nadie nos iba a ayudar y que nos podían coger y hacernos volver a casa... A pesar de todo eso, nos decidimos.
-¿Qué pensabas hacer cuando llegases a España?
-Yo entonces, ya sabía, por mi madre y por amigos que tenían bares, algo de cocina, que era lo que más me gustaba. Pensaba en venir aquí y hacer comida nuestra en algún restaurante.
-Por tanto esperabas vivir de tus conocimientos, ¿no?
-Claro. Un día nos decidimos. Cogimos los pocos ahorros que teníamos y nos guardamos en los bolsillos algunas cosas para comer. Fuimos al puerto y nos metimos en los bajos de un enorme camión. Arrancó y notamos cómo, unas horas después, entrábamos en el barco. Aguantamos la respiración. Hablábamos los dos por señas. A veces nos reíamos. Aquello era una aventura. Por fin, llegamos a tierra. Desembarcamos. Estábamos en España. Aquello debía ser Algeciras.
Ahora, en la primera parada que hiciera el camión, teníamos que bajarnos con cuidado y huir. Así lo hicimos. Ya pie en tierra, fui a cruzar la carretera y un coche estuvo a punto de atropellarme. Salté a la cuneta. Me hice mucho daño. Cuando me levanté ya no vi a mi amigo. Miré para todas partes. No podía llamarlo, levantaría sospechas... No volví a verlo nunca jamás... ¿Dónde estará? ¿Qué habrá sido de él? En aquel momento estaba a las afueras de un pueblo. Al fondo se veían luces. Se me habían acabado las provisiones y empecé a buscar en los contenedores... Así fui comiendo. Llegué de noche a una gasolinera, me fui a la parte de atrás y me metí debajo de un coche. Allí se estaba calentito. Siempre había visto a los gatos dormir sobre el capó de los coches al calor de los motores recién apagados. Casi no pude dormir, pero pude oír sonidos de trenes cerca. Allí tenía que haber una estación. Fui de madrugada al servicio. Bebí mucha agua. ¿Dónde estaría mi amigo? No dejaba de pensar en él. Creo que dormí algo.
Al amanecer empecé a andar buscando la estación. Tenía que encontrar un tren y esconderme en él. Descubrí uno que iba a Sevilla. Me colé. Pero me descubrieron antes de llegar a Sevilla. En Santa Justa me detuvo la Policía. Por lo menos me dieron de comer. Estaba muy mal. Después de algún tiempo me llevaron a un centro de acogida que estaba en Heliópolis. Aquello lo cerraron y entonces me llevaron a Castilleja de la Cuesta. Allí viví con compañeros marroquíes. Empecé a regularizar mi ritmo de vida, perfeccioné mi español y siempre dije que quería ser cocinero y enseñar en España lo que yo sabía de Marruecos. Venía a trabajar para luego mandar dinero a mi familia. Estaba a punto de cumplir los dieciocho años. En ese momento iba a quedar libre y tenía que encontrar trabajo. Primero conseguí meterme en un piso en Pino Montano, con otros inmigrantes. Tenía que guardar unas normas de convivencia. No estaba tan cómodo como en el centro de acogida, pero no tenía que pagar ni luz, ni agua y, además, recibía una pequeña cantidad de dinero que tenía que administrar. Nada inútil. Solo lo necesario.
-¿Tú guardas el Ramadán?
-Si, siempre. Así lo aprendí de pequeño de mis padres. Lo guardé en los centros donde estuve y luego en el piso... Siempre hemos celebrado una fiesta al final, como hemos podido. Recuerdo que en Castilleja se hacía una fiesta estupenda y venía hasta el alcalde. Luego, los niños del centro, desfilábamos en la cabalgata de los Reyes Magos. Nosotros éramos felices y los niños que nos miraban en la calle, más... Eso me ayudó a aprender que todos somos iguales y que tenemos que convivir.
-¿Es difícil lo del ayuno?
-Bueno, si. A veces llegaba el mediodía y tenías mareos, pero nos cuidaban los monitores... A mi me daba pena, porque me acordaba de mi tierra, de mi niñez, de mi familia, del final de la fiesta, todos reunidos, dándonos regalos, como aquí en Navidad o Reyes. Y mi madre me vestía todo lo mejor que podía porque venían los familiares a comer...
Larbi se echa a llorar...
-Bueno, venga, tranquilo. Anda, sigue con tus andanzas. ¿Quieres algo, quieres fumar?
-No, gracias.
-¿Qué pasó después?
Larbi se rehace.
-Me puse a buscar trabajo y supe que estaban montando un restaurante que se iba a especializar en comida mora. Me presenté. Hablé con Robert y con Lola. Me contrataron. Les hice algunas comidas y les gustaron. Me pagaban poco, ellos lo sabían, pero yo tenía que aguantar. Luego descubrí que un socio era marroquí. Un día lo vi y hablamos un poco. Cuando cumplí los seis meses de trabajo tuve derecho a quince días de vacaciones. No las he disfrutado, porque estoy esperando a tener más dinero ahorrado para volver a Marruecos y poder llevarle regalos a mi familia.
-¿Y ahora, ha cambiado algo tu trabajo?
-No, nada. Me enteré que habían matado a mi jefe.
-¿Cómo te enteraste?
-Me lo dijo Ramón al día siguiente.
-¿Qué más te dijo?
-Que no temiera por mi trabajo. Que siguiera viniendo todos los días, como siempre, que me seguiría pagando, porque él se iba a encargar de todo con Lola. Como si no hubiese pasado nada. Eso me lo repitió muchas veces. Como si no hubiese pasado nada. Y que no hablara nada de lo que allí había ocurrido. La verdad es que yo no sabía nada. Y sigo sin saberlo. Alguien me preguntó por la calle qué había pasado en mi sitio de trabajo. Yo no decía nada, porque no sabía nada. Y era la verdad.
-¿Tu conocías bien a Ahmed, el socio de Robert?
-Yo no conocía a casi nadie. Me pasaba el día entero metido en la cocina. Ya se lo he dicho. Una vez entró en la cocina y me lo presentaron. Un señor muy bien vestido. Me habló en nuestra lengua. Estaba conociendo el negocio. Iba con Robert y Ramón.
-¿Cómo te enteraste de su muerte?
-También me lo dijo Ramón. Me llamó al móvil para que no fuese por allí hasta que volviera a llamarme. Y repitió lo mismo de la otra vez. Que estuviera tranquilo, que iba a seguir trabajando, que él se iba a encargar de todo... Y que no comentara nada con nadie.
-¿Cómo son los platos que preparas allí en el restaurante?
-Yo se hacer varios. Yamila me ha ayudado mucho. Lo que mejor hago es la "pastela".
-¿Qué es eso?
-Es un envuelto de hojaldre y por dentro va relleno de ave. En Marruecos se hace con paloma. Aquí lo hacemos con pollo y se le agrega huevo, pasas y almendras.
-Tiene que estar rico.
-A ver si un día se lo puedo hacer.
-Gracias. ¿Y qué más?
-Pues, el "tagine". Se hace de dos maneras. De cordero o de pollo. El de cordero va con almendras y pasas y el de pollo con ciruela. Los dos van con el "cus-cus" y con una salsita muy rica.
-¿En vuestros restaurantes, hay bebidas alcohólicas?
-Si. En Marruecos se hace muy buen vino.
-Pero si allí no se bebe.
-Bueno... Allí lo beberá quien quiera. Aquí lo beben los clientes. Se llama "Guerrouane", es tinto, un "vin du maroc" que se cría en el sur, en la zona de Mequinez.
-Estás informado, ¿eh?
-Me gusta saber cosas. Y es un buen tinto.
-Oye. En cierta ocasión fui a un restaurante de comida árabe, fuera de Sevilla, y a la hora de traerme la cuenta me trajeron la nota sobre una mano de Fátima. ¿Qué es eso de la mano de Fátima para vosotros?
-Yo creo que Fátima era una hija del profeta Mahoma. Si. Esa mano, también se ha utilizado como colgante de pulseras, collares, pendientes, se vende como recuerdo a los turistas y es un adorno muy bonito. Un símbolo muy respetado.
-Es verdad. Todos vendemos nuestros símbolos religiosos. Bien, Larbi. Gracias por todo lo que me has contado.
Tras el diálogo con Larbi, Pedro interrogó a las dos camareras. La cosa fue rápida y las dejó marchar.
Terminado todo, Pedro y Angel salieron juntos andando despacio.
-¿Cómo te ha ido con las niñas?
-Muy sencillo. En dos palabras lo han dicho todo. Lo que yo no sabía es que una de las dos era de Tetuán.
-Una mora y otra española.
-En efecto. Y la española de Sevilla y, más concretamente, de Torreblanca. Se llama Vanesa.
-Normal, no podía ser de otra manera.
-Y la tetuaní, Yamila.
-Precioso.
-Y con dos historias muy distintas dentro del Zerhum. Se mueven por el local como pez en el agua. Sorprenden conversaciones en el reservado, en los servicios, en la cocina, en el despacho, en la barra. Saben de todos y cada uno de ellos. Una de las claves radica en el trato que reciben de Ramón. Vanesa, siempre ha sido amable y condescendiente con él. Le concede permisos, dinero, regalos y promesas profesionales a cambio de cama, mucha cama, o por lo menos, algún que otro servicio en el despacho.
-Poco a poco se nos va dibujando el tal Ramón.
-En efecto. La otra, Yamila, se ha negado sistemáticamente a todo y está perseguida. La tiene asediada y agobiada en el trabajo. Ella tiene miedo. Está buscando algo para irse a otro sitio. Deduzco que a fin de cuentas, Ramón es el que lo maneja todo y el que manda en la empresita...
-Empresita por la que, de alguna manera, empieza a pasar mucho dinero.
-Efectivamente. Y ellas tienen que ver, oír y callar. Muchas veces, cuando se iban juntas después de cerrar, Vanesa intentaba convencer a Yamila para que accediese a las solicitudes de Ramón, pero era imposible.
-No seas tonta, acuéstate con él y te subirá el sueldo. Me ha pasado a mi y me cuenta que la empresa va a ir a más, porque Robert va a ampliar la cadena y que nos podemos ir de jefas a Córdoba o Granada.
-Lástima de chiquillas... Víctimas, inmigrantes. Una de Marruecos y la otra de Torreblanca.
-Pero Yamila me ha impresionado por sus declaraciones y por sus actitudes. Ha venido con su velo, su "hiyab", sobre la cabeza. Se enteró que pedían camareras por Larbi. Se conocían de verse en sus reuniones de juventud. Se veían en su barrio con otros amigos, moros y sevillanos... Es una chica muy sensata.
-Al estar aquí sola te pasan muchas cosas, y eso que tengo amigos y amigas -me ha contado-. Nos reunimos. No me gusta la botellona, me aburre. Y me invitan mucho a ir. Te pasan cosas buenas y cosas malas. Estar sola me daba miedo al principio y empecé a hacerme preguntas. Y encontré muchas respuestas en la religión. Eso es lo importante y eso es lo que ha llenado mis primeros tiempos de soledad en Sevilla, aunque he tenido buenos amigos como Larbi. La vida hay que tomársela como un paso, una parada. Empecé a leer todos los días trozos del Corán para combatir mi soledad. Y poco a poco sentí la necesidad de ponerme el "hiyab". Fue una decisión muy personal. Es igual que si otra chica decide ponerse un collar o unos pendientes. Para mi es más importante, pero para los demás no debe tener ningún valor. Cada uno viste como quiere. Pero aquí lo notas, por la calle, en el autobús, en un supermercado. Te miran fijamente, unos con curiosidad, los menos, y otros con odio, incomprensión o asco... Seguimos siendo algo extraño en esta sociedad occidental. Recuerdo cosas horribles. No hace falta que te griten. A veces con solo una mirada es suficiente. Te montas en el autobús y el que va a tu lado se cambia de sitio. Otra vez me llamaron ¡mora de mierda! Yo no contesto. Me aguanto, me callo y procuro entenderlo. No pueden, no saben hacer otra cosa. Lo siento por ellos. Yo me hago fuerte pensando que Dios está conmigo. Siempre rezo, cuido la vestimenta y guardo el Ramadán. Esto último es más difícil trabajando en un restaurante. Es una fuerte contradicción para mi, un sufrimiento mayor...
-Y en el Zerhum, ¿cómo se resuelve todo esto?
-Al principio fue muy duro. Cuando llegué el primer día con el "hiyab" puesto, Ramón me obligó a quitármelo. ¡Quítate ese trapo de la cabeza!, me gritó. Discutí con él. Utilicé mil argumentos. Que aquello no era un velo, que era como un "foulard", pero cogido de otra manera. Que una camarera con "hiyab" en un restaurante moro era lo más lógico y lo más acertado. Pues no se enteraba. Era un problema de cerrazón y de querer someterme. Mi amigo Larbi me ayudó mucho, porque ya conocía a Ramón. Me animó, hasta que un día me sugirió que hablase con el socio de Robert, Ahmed, que probablemente me entendería. Así lo hice y le pareció estupendo que llevase el velo. No se que pasó, pero al día siguiente, al llegar, me lo dejé puesto y Ramón no me dijo nada. Pero desde aquel momento todo cambió. Todo lo hacía mal, me regañaba, me gritaba por cualquier cosa. Me quiso tocar el cuerpo. Sentí como náuseas... Tardaba en pagarme, me daba dinero de menos... Sufrí mucho. Una noche, que había muy pocos clientes, nos pusimos a charlar. Yo le dije que obligar a una mujer joven a quitarse el velo era como ir en contra de su fe, de su creencia, que eso era como si a una monja le quitaran sus hábitos... No me comprendía del todo o no quería entenderme. Si lees bien el Corán, el Profeta te hace sentirte como una princesa, porque te mima. Te reconoce el derecho a trabajar, a disfrutar de tus bienes sin que tu cónyuge te reclame un solo céntimo y tus padres tienen la obligación de procurarte la educación como a un hijo...
-Aunque luego ocurre de todo...
-Efectivamente, pero eso pasa en todas partes del mundo. Yo comprendo que hay un sector de mujeres, niñas y jóvenes, que se ponen el velo como reafirmación de su personalidad, como queriendo decir que yo soy así, pienso así y voy a seguir siendo así pese a lo que piense una gran masa de occidentales.
-¿Te fue fácil acoplarte a esta vida y a estas costumbres?
-Si. Soy curiosa y lo observo todo. Desayuno tostadas con aceite y tomate. Me encanta el carácter de los sevillanos. Tengo discos de Alejandro Sanz. Me encanta el "Corazón partío". Y Carlos Cano, Serrat, Sabina... Y un día me enamoraré de un hombre y me casaré...
-¿Musulmán o sevillano?
-Sobre el amor nunca se puede saber nada...
-¿Cómo te llevas con Larbi?
Yamila agacha la cabeza, mira hacia el suelo, se ruboriza y guarda silencio.
-Perdona si la pregunta te ha molestado.
-No, en absoluto. Es que Larbi es mi amigo en Sevilla. Somos de allí y nos ayudamos a vivir aquí. Salgo con él. Mucho de lo que he contado antes lo hemos vivido juntos. Es muy tranquilo. Cuando nos dicen algo, él me sujeta del brazo. Yo querría morder a alguien. El es consciente de que si nos exaltamos, podemos salir perdiendo. Me ayuda, me arropa, me orienta. Es un tío estupendo. Nos tenemos que ayudar. Estamos lejos de nuestras casas, de nuestras familias. Esto es muy duro. De nosotros hablan los periódicos de vez en cuando. Somos bichos de zoológico. Nos miran. ¡Pobrecitos! -dicen-. Y para lavar sus conciencias, agregan: "pero tienen trabajo y aquí se les trata bien. ¿Qué más quieren?" Vale. Pero cuando llega la noche, en la soledad de tu casita compartida, y te vas a dormir, sencillamente, te acuerdas de tu madre, de tu hermana, del olor a comida de tu casa... Y lloras a solas... Todas las noches... ¿Por qué no puedo estar yo con mi familia? Si yo pido y necesito muy poco... Me refugio en Larbi. De momento es mi amor. Creo que él no lo sabe, pero lo necesito a cada minuto del día. Es como mi defensa. Es que no somos bichos raros y distintos. Es que somos como todo el resto de la gente... La verdad es que, ahora mismo, Larbi es mi amor.
-Bien, Yamila. Tranquilízate. ¿Quieres algo?
-No, gracias.
-Y en el trabajo, ¿Vanesa está por encima de ti?
-Eso se cree ella. Me manda, me mira con desprecio. Es la influencia de Ramón. Yo sigo adelante muy calladita. Al final el público es conmigo con quien quiere hablar. Claro, con una musulmana, no con una enteradilla de Torreblanca... Al final soy la cenicienta protagonista del local.
-Una mujer con las ideas muy claras.
-Efectivamente. Pero, mi querido Angel. Detrás de tantas historias, la verdad es que ninguna de las dos tenía ni idea de lo que estaba ocurriendo de verdad. Coincidieron en que se notaba un cierto nerviosismo y un cierto hermetismo en los últimos días. Que todo eran silencios, llamadas, hablar bajo. Hasta Ramón las estaba dejando tranquilas y trabajar a su aire...
-Eso les tuvo que parecer un poco raro a Larbi, a Vanesa y a Yamila.
-Lola: ¿después de aquel maravilloso viaje a Rota, no volvisteis a hacer ningún otro?
-Claro que si.
-¿A dónde?
-El más precioso de todos. Robert convenció a Ahmed para ir a Marruecos en su yate, haciendo un viaje, mezcla de placer, mezcla de trabajo. Eso es lo que yo creí entender, aunque nunca estuve segura. Quizás fuese Ahmed quien convenció a Robert. No se. El caso es que me llevaron, supongo que de tapadera, porque tanto a la ida como a la vuelta, en los puertos y durante el viaje, dimos la imagen, a la vista de todo el mundo, de ser un trío. Lo hacían muy bien. Robert iba en medio y entrelazaba sus brazos conmigo y con Ahmed. Robert era el macho. Pero, llegado el caso, los dos me abrazaban, los dos me besaban, pero siempre caminábamos enlazados por la cintura... Eso, si. Cuando pisamos tierra marroquí, Ahmed nos pidió un poco de prudencia y frenamos nuestros impulsos. Yo era feliz, muy feliz. Pero intuía que por debajo de todo aquello estaba empezando a pasar algo... Por una parte quería salir de aquella situación. Pero, por otra, cada vez me atraía más el vértigo de la aventura y la huida hacia lo desconocido. Me sentía muy segura con ellos...
-¿De dónde salisteis?
-Yo creí que íbamos a salir del Puerto de Santa María. Pero, no. Nos llevó a Algeciras. Allí guardó el coche y allí le esperaba su barco. Yo alucinaba. Esas cosas no pasan nada más que en las películas. Era un día precioso de sol. Empezamos a cruzar el estrecho. Ahmed no paraba de contarnos cosas. El mar estaba como un plato.
-Cuando lleguemos no os extrañéis de una cosa. Nos seguirá a todas partes un guardaespaldas. No sería bueno que nos separáramos mientras yo no os lo diga.
-¿Y quien te pone ese hombre?
-Mi padre sabe que llego hoy a Ceuta. A ti, Lola, los días que Robert y yo tengamos que ir juntos a temas de trabajo, te acompañará una pareja amiga mía con la que harás turismo. Gente muy preparada. Te encantarán. También llevaréis guardaespaldas. Y tú, Robert, irás a todas partes conmigo.
-Perdonarme un segundo -corté la conversación-. Voy a bajar a cambiarme...
-¿A cambiarte?
-Si, quiero aprovechar este sol y coger un poco de bronceado. Ya vuelvo.
-De acuerdo, cariño.
Robert y Ahmed siguieron charlando apoyados sobre la borda. Yo los escuchaba desde el camarote mientras me desnudaba y me ponía el bañador.
-Hace muchísimos años, Europa y Africa estaban unidas y esta lengua de mar no existía. Le llamaban Abrida, es decir, lugar de paso. Esa tierra que tienes ahí delante es de extraordinaria importancia para los intereses españoles y, sobre todo, para los andaluces. Muchas empresas han invertido fuerte en Marruecos. Construcción, turismo, industria agroalimentaria... Se exporta y se importa a altos niveles... Que esto se desestabilice puede ser peligroso.
Observa. Enfrente, tenemos Ceuta. Es en apariencia, una ciudad tranquila. Pero, al igual que Tetuán, es también una ciudad difícil. Puede ser un polvorín. Hay barrios, como el del Príncipe, donde hay tensión, marginalidad, paro, fracaso escolar y delincuencia... De ahí pueden surgir hombres jóvenes para la lucha radical. Conviven españoles cristianos, con marroquíes. Hay una iglesia, un cura y un cristo que sale en procesión todas las semanas santas. Este barrio está pegado a la frontera con Marruecos, a la frontera del Tarajal. Date cuenta que en este pequeño territorio, que es Ceuta, que antes llamaban Plaza de Soberanía, cuando Marruecos era zona de protectorado, se tocan Europa y Africa y se mezclan culturas, religiones, intereses económicos, ideológicos...
-Tres religiones monoteístas. Solo una adora a santos en los templos. Las otras se basan en el deseo de sus fieles de pensar y orar. No esperan milagros de ninguna virgen ni de ningún santo...
-No vamos a visitar este barrio, pero es bueno que sepáis que existe y cómo es. Antes era un barrio muy pobre. Hoy se levantan más de cuatro mil viviendas, todas gracias a los beneficios del narcotráfico. Como cada uno ha construido donde ha querido, el barrio tiene la estructura de una medina de cualquier ciudad marroquí. Y, pese a la marginalidad y a todos los problemas, no faltan buenos coches y antenas parabólicas. Las costumbres son las mismas. Las mujeres por su lado, los hombres por el suyo.
-Pues yo estoy con vosotros dos -dije subiendo las escalerillas con mi biquini diminuto, justo-. ¿Quién me quiere poner la cremita?
Se hizo un silencio. Ahmed, con elegancia, miró hacia otro lado. Robert, me pidió el tarro y se lo ofreció a Ahmed. Estuvo un momento con el brazo extendido.
-Venga, no desperdicies esta invitación. Se un caballero con nuestra dama.
Me tumbé, boca abajo, en una toalla, sobre la cubierta del barco. Ahmed tomó el tarro y, con cierta torpeza, derramó aquella leche sobre sus dedos y me embadurnó, primero los hombros, luego la espalda y por fin las piernas. Estaba algo cortado.
-¿Después de lo de Córdoba y lo de Rota?
-Pues, si. Porque, en el fondo, era un hombre tímido para algunas cosas. Y, además, estaba Robert delante. Cuando me había embadurnado la espalda, le dije que esperara un segundo, porque me iba a poner boca arriba. Cuando me había dado la vuelta le pedí que siguiera poniéndome la cremita. En ese momento estaba tumbada sobre la cubierta. Mi cuerpo prácticamente desnudo, provocando a los dos. Pude ver cómo Ahmed le pasaba ahora el tarro a Robert. Lo cogió con una sonrisa y empezó a esparcir la crema protectora hasta el último rincón de mi cuerpo. Se empeñó, sobre todo, en las ingles... en las entrepiernas...
-Por aquí la piel es más delicada y te puedes quemar...
Yo sentía un placer difícil de describir. Tumbada al sol, recibiendo las caricias de mis dos hombres y navegando sobre un mar desconocido...
-Perdonar. Podéis seguir hablando. Yo os escucho -acerté a decir, cuando casi notaba la proximidad de un orgasmo-.
-En este barrio, -siguió Ahmed- los jóvenes desocupados y algunos menos jóvenes, toman el sol apoyados en las paredes. A ese noble deporte le llaman "coger pared". El barrio está en mal estado y en él viven, todavía, descendientes de aquellos otros moros que hicieron la guerra con Franco y que, incluso, militan en el PP. Hay mucho negocio oculto, sumergido. Se pasan todos los días muchas cosas por la frontera... Hay jóvenes que están en paro, algunos casados y con hijos. Roban para subsistir. No es que sean ladrones. Es que, cobran el paro, el dinero no les llega y tienen que robar para llegar a fin de mes. Son musulmanes-españoles que vivieron muchos años del tráfico de drogas vulgar que acabó hace tiempo. Gastaron un dinero a manos llenas y ahora ya no pueden cruzar el estrecho en una barca para ganar mil ochocientos euros. Muchos encontraban salida en el ejército. Ahora eso anda peor, porque se limita la entrada por miedo al islamismo radical.
Aproveché el momento y me quité la parte de arriba del biquini. Quería que mis pechos se pusiesen también morenos... Se dieron cuenta... Empecé a ponerme la crema, lenta y suavemente... Se quedaron en silencio mirándome. En aquel momento hubiera querido sentirlos a los dos... En aquel momento estaba ansiosa... Mi mano era la de ellos. ¡Y cómo olía el mar!
-Entre los adolescentes -continuó Ahmed, distrayendo la atención- hay poca cultura, falta de formación, de educación, de inquietudes... No está mal visto que roben a un infiel, a un cristiano. Que apedreen a los policías españoles cuando intervienen. Saben manejar armas. Saben que están viviendo en un lugar que está al margen de todo. Que no encuentran su sitio...
-Carne de cultivo...
-Como quieras llamarlo.
Yo seguía acariciándome los pechos.
-¡Ah! Otra cosa. Haceros a la idea de que vamos a entrar en otro mundo. Miréis para donde miréis, todo será nuevo para vosotros. Hasta el más mínimo detalle. Cuando atraquemos en el puerto de Ceuta, os señalaré, por ejemplo, los perros adiestrados por la policía. Es un trabajo interesantísimo y muy inteligente. Hay dos clases de perros: los que detectan explosivos y los que detectan droga. Los primeros son muy serios. Notan algo y se quedan quietos mirando el lugar. Los de la droga son más nerviosos, escarban como locos hasta descubrir lo que han detectado.
-Debe ser muy complicado educar a estos animales.
-Si, lo es. Al perro le enseñan a buscar su juguete favorito. Se confunde con la droga, porque cuando lo han preparado, en su juguete han incorporado el olor y el sabor de aquella droga que deben descubrir, o el olor de un explosivo. Por eso buscan, en su juego, su premio, su juguete. El perro es cazador. Busca la droga, pero, en el fondo, lo que está buscando es su juguete.
-Bonita historia.
-Cuando descubre algo en un maletero de un coche, salta, rasca, brinca y busca su juguete. El policía, su guía, su maestro, ya sabe que allí hay algo e inmediatamente le entrega a su perro el juguete, su trofeo. El animal salta de alegría y corre con lo que sea entre los dientes. ¡Ha ganado! Y se descubre el alijo...
-¿Y de esa manera el perro no se puede volver drogadicto?
-No. El perro no siente adicción. Si así fuese, se sentiría enfermo y dejaría de jugar, porque para el perro, la búsqueda de la droga o del explosivo es un juego... Por eso, cuando ya son un poco mayores se les retira del trabajo. Ya no juegan tanto y ya no sirven...
-Yo pienso una cosa. En verano, ¿cuántos coches cruzan el estrecho para acá y luego para allá? ¿Cuántas cosas y cuantas gentes pueden entrar y salir de Marruecos, de Africa entera?
-Cantidades ingentes. No se puede controlar todo.
-Y Andalucía es la puerta de entrada y salida.
-Aquí existe una cosa que se llama "Alerta II"... Mafias, narcotraficantes, terroristas, están aquí, a tu lado y tu ni te das cuenta...
-¿Y nosotros, qué somos?
-Tres viajeros locos, enamorados de la vida y de nosotros mismos...
-No es mala idea.
Mientras les escuchaba hablar, el yate iba poniendo proa al puerto de Ceuta. Era una panorámica preciosa. Yo estaba, entre asustada por las conversaciones, y loca por conocer el mundo en el que me iba a adentrar. Bajé a vestirme. Luego le pregunté a Ahmed:
-¿Aquí hay miedo?
-Si. Hay algo de eso. Las fuerzas de seguridad españolas y los expertos en terrorismo, están alerta, recelosos por las últimas amenazas contra España.
-Y contra Ceuta y Melilla.
-Pues aquí, y lo vais a ver, la gente vive tranquila, ajena a todas esas noticias. Incluso llegan a decir que esta es una de las ciudades más seguras de Europa... Llevan muchos años conviviendo tres culturas y no se detecta nada.
-Si, pero eso es lo que piensan los que viven aquí. De ese modo se tranquilizan, pero ¿y si lo que sea viene de fuera?
-Eso es como si mañana viniese un terremoto o un maremoto. Quien lo puede saber. Se ha hablado de lo sucedido en Casablanca o en Argel, se asume. Son cosas que pasan y se sigue viviendo con normalidad... Esto es complicado. Aquí hay que controlar varias fronteras. Por tierra y por mar. Antes se pasaba la droga en pateras... Ahora todo ha cambiado. Ya es otro tipo de negocio. Por estas fronteras circulan diariamente, unas treinta mil personas a pie y unos cuatro mil coches.
-Pero aquí la gente tiene que estar más acojonada. A mi que no me digan. Es como un pueblo pequeñito, como un territorio mal protegido.
-Si, pero un atentado aquí, no tendría mucho valor. Habría que hacerlo en un lugar en el que tuviera más repercusión...
-¿Más que aquí, y encima reivindicando tierras?
-Mira. Yo no se. Puede que Ceuta y Melilla sean puntos vulnerables por lo fáciles... Están como solitos ante el peligro...
Llegamos al puerto de Ceuta. Todo pasó con una facilidad pasmosa. Nos esperaban tres hombres. Uno se hizo cargo del barco, otro le trajo un coche y el otro nos siguió a todas partes. El puerto era un enjambre de gente. Inmediatamente salimos hacia Tetuán. Al paso, vimos algunos barrios plagados de grúas y edificios en construcción.
-¿Y esto?
-Yo creo que es el blanqueo del dinero de la droga que viene de allá dentro, de allá abajo. Entra por todas partes y está creando un paraíso artificial. Es como riqueza sin fundamento. Esto se puede desmoronar en cualquier momento. Pero, bueno. Ahora vamos a pasar por la frontera de El Tarajal. Eso significa que vamos a entrar en Marruecos. Lo hemos comentado y ahora lo estáis viendo. Esto es un hervidero de gente.
-¿Por qué tanta gente?
-A las cuatro y media de la mañana ya hay, del lado marroquí, unas siete mil personas. Esperan a que se abra el puesto de control y entrar en Ceuta. Van a hacer sus pequeños negocios. A las siete y media de la mañana agentes de la policía y Guardia Civil españolas, empiezan a ver documentos. Se controla mucho la droga. Para los que van a pie, hay varios controles. Uno para hombres, otro para mujeres y otro para los que tienen visado. La mayoría son de Tetuán. Tienen permiso especial para entrar y salir de Ceuta. Pasan por un túnel. Si levantan sospechas hay detectores de metales y rayos X. Luego, los que quieren pasar en ferry a la Península tienen que formalizar más papeleo y pasar nuevos controles en el puerto.
-La cosa es complicada, ¿no?
-Si. Aquí vienen policías franceses, alemanes, holandeses. Están siempre intercambiando experiencias. A la gente de a pie le requisan navajas, espadas, bates de madera y hasta picos de pez de espada.
-¿No hay otro paso fronterizo?
-Si. El de Benzú. Por allí pasan unas doscientas personas al día. Son los habitantes de Belyones, un pequeño pueblo marroquí. Dos guardias civiles tienen la lista de los dos mil quinientos habitantes del pueblo y pasan los que van al médico o a estudiar a Ceuta, como es el caso de algunos imanes.
-¿Y esas mujeres, qué llevan en esos bultos tan pesados?
-Estas mujeres vienen todos los días de Marruecos, van a un polígono industrial donde compran de todo y luego lo llevan para venderlo. Zumos, antenas parabólicas, ropa, juguetes...
-Pero son mujeres viejas, encorvadas que no pueden con ese peso.
-Así han ido siempre las mujeres en Marruecos. Antes, con enormes cargas de leña y el hombre, detrás, montado en un burrillo...
-Los bultos que llevan sobre sus espaldas van cubiertos con plásticos, como las bacas de los coches que cruzan el estrecho en verano...
-Algunas hacen más de un viaje al día.
-De lejos parecen un reguero de hormigas.
-Cumplen casi la misma función. A veces, a la hora del cierre de la frontera se forman unastrifulcas. Los que se quedan en la cola empujan, gritan. La policía intenta poner orden por la fuerza y hay golpes, carreras, llantos de las mujeres...
-Las pobres... Lo que sufren...
-Hay mercancías que llegan cómodamente al puerto, pasan la frontera y se venden en Marruecos sin estos jaleos... Y sin pagar impuestos.
El hombre que nos seguía en otro coche, había presentado toda nuestra documentación. Hizo una señal a Ahmed y seguimos la marcha.
-Bien. Superada la frontera, ya vamos camino de Tetuán. Son unos cuarenta kilómetros. ¡Ah! Y allí tenemos uno de los centros más importantes de captación y reclutamiento de jóvenes para la Yihad.
-¿Marruecos es el proveedor del terrorismo mundial?
-Uno de los focos más importantes.
-Aquí se les lava el cerebro para convertirlos en hombres-bomba. Aquí evoluciona el integrismo islámico.
-Después del 11-M, en Leganés murió un tetuaní.
-En el barrio de Jamma Mezuac viven sesenta mil inmigrantes venidos del Rif a la ciudad.
-¿Es grande Tetuán?
-Tiene unos setecientos mil habitantes.
-Es fácil ver a jóvenes analfabetos en un cafetín viendo fútbol español. Se aburren. Por eso cuando ven la posibilidad del contrabando de mercancías, como el hachís de Ketama para Ceuta y España, se lanzan como locos.
-Aquí no habrá problemas con las mezquitas, como allí.
-No te creas. Aquí hay treinta y cinco mil mezquitas, aunque no están controladas ni la mitad. Un sector amplio del pueblo apoya los movimientos islamistas. Se venden libros y cintas a diez dirham, es decir, un euro, con títulos como "El sufrimiento en la tumba" o "La otra vida en el más allá."
-Esta gente le tiene miedo a Alá y al día del juicio final.
-Y odian a los americanos, su poder, a todos los que tengan que ver con ellos y, también, a los israelitas. Creo recordar que desde el año 2003 se han juzgado a tres mil integristas y creo que puede haber preparados novecientos terroristas suicidas. Tetuán es una base de contratación. Así piensan en EEUU, porque de aquí van muchos a Iraq. También hay quienes opinan que aquí no hay integristas y que el integrismo lo practican los americanos por su apoyo a Israel y Occidente.
-A mi me preocupa -intervine- lo de la emigración en pateras. Os lo repetiré miles de veces. ¿Por qué llegan todos los días casi cien personas a las costas andaluzas y tantas son de aquí? ¿Por qué no se arreglan los países para que sus gentes vivan en sus tierras y no se tengan que marchar a otras? Creo que eso debería ser muy fácil... Mientras haya gente a la que no le importe matar con tal de ganar dinero...
Noté un silencio y un mirar hacia otra parte. Pero yo decidí seguir.
-Los niños. Si, los niños. También llegan en pateras desde Marruecos. La mayoría, he leído, proceden de familias que no tienen capacidad para asumir su regreso... Claro. Si los han mandado hacia allá para que puedan comer, ¿cómo van a tener medios para volverlos a traer? Pues ahí siguen los políticos dándole vueltas a la historia. Hay más de mil niños marroquíes acogidos en España y en los centros ya no caben más.
-Muchos van -medió Ahmed- porque ya tienen familia en España.
-Serán los menos. El problema es que se reúnen y hablan y los niños están ahí... Abandonados.
-Tranquilízate, Lola. Por ese camino no vamos a ninguna parte. Tú estás aquí bien, viviendo, disfrutando... ¿Qué más quieres?
-De vez en cuando lees cosas como que condenan a tres años de prisión al patrón de una patera por pasar desde Marruecos a veintiún inmigrantes irregulares. Era un chaval de diecinueve años, nacido en Tetuán y que cuando lo sorprendió la Guardia Civil, tiraba al mar, en Vélez-Málaga, un paquete con ochocientos gramos de polen de hachís.
-Déjala que hable, Robert. Eso la tranquiliza. Y tiene derecho. Es bueno que piense así. Tu también tienes tus ideas muy claras y a veces las dices. Y yo también las digo.
-También me jode que se pasen el tiempo recordando quién mató a quién en 1936. Aquello pasó, como pasó la Reconquista. ¿O es que los moros no mataron cristianos y los cristianos no mataron moros? Acordaros cómo le llamaban a Santiago... Ya pasó y pasó. A mi lo que me da miedo es que me maten metida en un tren con una bomba que un cabrón ha dejado cobardemente en una mochila, o que un descerebrado me pegue una patada en la boca en un metro... Ahí, ahí es donde tenemos que ir a parar... La historia es para estudiarla, pero también para aprender de ella. ¿Cómo se dice? Para que las cosas no vuelvan a ocurrir...
-Me tienes loco. Nunca pensé que una tía tan buena y tan maravillosa, pudiese pensar tanto.
-Eres un machista, cabrón.
-¡Por favor! Os pido, muy seriamente, una cosa a los dos. Esto se ha acabado, ha sido un acaloramiento. A mi me gusta que Lola piense y que, además, piense así...
-¿Estás seguro?
-Si, Robert, lo estoy. Y una advertencia muy seria. Vamos a mi pueblo. Ni una discusión, ni una pelea. Somos tres amigos maravillosos e inseparables. Cualquier mal paso nos podría costar caro. Vamos de turismo, pero vamos a trabajar. Haced lo que os diga. Habrá guardaespaldas a distancia, como ahora mismo.
-Entendido, estate tranquilo.
Desde el asiento de atrás me incorporé y los besé a los dos en el cuello...
Llegamos a Tetuán. Una ciudad preciosa, blanca, recostada sobre una montaña. El aire olía distinto. Nos hospedamos en un hotel céntrico con una vista preciosa hacia el valle y las montañas. Se llamaba Hotel Panorama. Me dijeron que el monte que teníamos delante era el Gorgues. Un lugar maravilloso.
-¿Conocisteis al padre de Ahmed?
-No. Nunca lo vimos. Ahmed no hizo ni la más mínima referencia a él ni a la posibilidad de verlo.
-¿Entonces qué hicisteis durante todo el tiempo?
-Como en Rota. Ellos iban a sus negocios, pero en cambio, ahora, nunca me dejaron sola. Me presentó a unos amigos, a una pareja encantadora, Alí y Sohera, que me acompañaban, me enseñaban la ciudad y charlábamos mucho.
-¿Llevabais guardaespaldas?
-Si. Siempre. Y una vez tuvo que intervenir. Empecé a notar cómo un moro nos perseguía. Luego me dijeron que estaba loco...
-Bueno, no te precipites. Vamos por orden. Llegáis a Tetuán y ¿qué hacéis?
-Era la hora de comer. Dejamos las cosas en el hotel y nos fuimos a un restaurante que se llama "Palace Bouhlal", especializado en comida marroquí. Estaba en el centro de la medina, cerca de la gran mezquita. Ahmed nos explicó que Tetuán es famosa por sus platos y sus dulces. Son riquísimos. "Bastella", "baclawa", "mhancha", "mlawza"... Unas cosas estupendas hechas con almendras y miel. Nos habló de la gastronomía tetuaní, que era una mezcla de platos de origen andaluz y otomano, mezclados con algunas tradiciones locales. Y que últimamente los restaurantes habían proliferado por la ciudad y que muchas casas tradicionales de la antigua medina habían sido rehabilitadas para convertirlas en restaurantes típicos.
Ibamos hacia el restaurante cuando advertí que un hombre, con chilaba, nos seguía andando a nuestra altura, y que me miraba insistentemente. No quise decir nada porque me sentía lo suficientemente protegida. Pero aquel hombre me inquietaba. Tampoco quería molestar a Ahmed. Estaba tan solícito y amable conmigo... El hombre desapareció, pero me dejó tremendamente inquieta.
Comiendo, y al comentar el titular de un periódico, surgió el tema del salafismo. Tenía curiosidad por saber más sobre aquello.
-Hay cerca de ochocientos presos salafistas -arrancó Ahmed-. Muchos opinan que el salafismo no es terrorismo, que es el islam puro, paz y armonía y que, cualquier otra cosa, son actos criminales. La mayoría de los salafistas son pacíficos, pero el pensamiento salafista puede desembocar en la adhesión a la guerra santa violenta como deber religioso. La mayoría de los yihadistas de Marruecos son salafistas. Apoyan un régimen islámico y están en contra de todo lo que no sea islámico. Aquí se le tiene cierto miedo. No hay que olvidar que existe una cosa que se llama Al Qaeda en el Magreb Islámico... Nadie ignora que, después de lo de Iraq, EEUU quiera apoderarse de todos los recursos de otros países. Alguien, desde luego, prepara a estos jóvenes para autoinmolarse. Los que no consiguen ir a Iraq, se preparan para trabajar contra los infieles...
-Contra Europa, por ejemplo...
-Al Qaeda compra niños a familias necesitadas para educarlos. Les pagan bien. Una familia vende a un niño y tiene para comer un tiempo. Han llegado a utilizar niños enfermos, discapacitados, a los que, en algún caso, les han prometido que si explotaban con una bomba, irían al paraíso...
-En el fondo, tiene narices la cosa...
-Es una guerra...
-En Brasil los niños llevan pistolas, matan y luego le cuentan a los periodistas el placer que eso les produce.
-Y también matan a los niños como a chinches, porque sobran y son un problema.
-Menos niños, menos problemas.
-Tengo entendido que un hombre había llegado a vender a su hijo discapacitado por diez mil dólares a Al Qaeda. El mismo niño llegó a decir que estaba haciendo el bien ayudando a luchar contra los que habían combatido Iraq y que le habían dicho que si hacía bien su trabajo, Dios lo iba a proteger y que se convertiría en un niño sano y que pronto podría reunirse con su madre en el cielo.
-Puede que esta breve historia se refiera al mismo niño. Un instructor llegó a decir que con él estaba el niño mejor y más cuidado, porque su padre le pegaba mucho y que ellos le iban a dar lecciones sobre el islam y que pronto sería un buen guerrero para que un día pudiera cometer un ataque suicida con bomba en nombre de Dios...
-Parece como si, poco a poco, el terrorismo empezara a ser cosa de niños. Buscan a jóvenes, ¿por qué? ¿Porque los mayores no quieren morir o barruntan que eso del paraíso puede ser algo dudoso o que la defensa de los ideales se puede conseguir por otro camino?
-Los pilotos de las torres el 11-S, no eran precisamente niños.
-Pues en España, cuando detienen a terroristas de ETA, cada vez son más jóvenes.
-Puede que sean los nietos de los que sufrieron de verdad.
-Pero los envenenan como a estos de Ceuta y de Tetuán.
-Una cosa que a mi me preocupa es tenerlos tan cerca.
-Hoy día no hay distancias ni para el terrorismo, ni para la guerra.
-Siempre será más fácil llegar desde aquí hasta Al Andalus, que desde oriente.
-Somos como un bocadillo, tenemos terroristas por el norte y por el sur.
-Y a veces en casa, comprando medicinas en Triana...
-Volviendo a lo de la juventud, recuerdo lo que en cierta ocasión dijo un imán de Madrid. Se refirió, poco más o menos, a que los jóvenes inmigrantes son una bomba lista para explotar en cualquier sitio. Están preparados para aceptar cualquier idea. Son terreno fértil para sembrar cualquier tipo de extremismo.
-Claro. Han venido aquí acuciados por el hambre y ahora están dispuestos a hacer lo que sea. Traen la cabeza vacía.
-Son como ciegos que escuchan a un tuerto.
-Hay cosas que pasan desapercibidas, porque aparecen en una noticia breve, en cualquier periódico, perdida en la esquina de la sección de internacional. Pero aquella no se me olvida. El suicida del sangriento atentado en Argel, contra la base de los guardacostas de Dellys, era un estudiante, un chaval de quince años. Y eso lo comunicó con todo orgullo Al Qaeda a través del diario argelino Al Watan.
-Pobre crío. Estaba empezando a vivir, a saber, a estudiar...
-¿Qué sentirá ahora el hombre que le organizó su muerte? ¿Tendrá pesadillas, o su locura le impide tener sentimientos?
-Si tuviera sentimientos no habría llevado al muchacho hasta la muerte.
-El periódico, para más horror, publicaba una foto del adolescente, sonriendo, orgulloso con su uniforme militar y su arma reglamentaria.
-¿Qué le contarían al pobre crío?
-Fueron cincuenta y dos muertos y más de ciento cincuenta heridos. ¡Ah! Más el chaval.
-¿Y vamos a hablar de ideologías y de religiones?
-Pues yo, perdonar que os diga -volví a intervenir-. Nuestro cocinero, Larbi, es joven, tiene las ideas muy claras y no me lo imagino poniéndose un cinturón de bombas alrededor de su cintura. Nuestra camarera Yamila, muy buena amiga de Larbi, es una chica preparada. Eso me tranquiliza. Quiero decir, que hay gente que sabe.
-Hay de todo, efectivamente. Y ahí hemos tenido suerte. Una gran suerte.
El hombre que nos había seguido por la calle apareció de nuevo en el restaurante. Fue una aparición fugaz. Noté cómo la cortina de una puerta que había al fondo del salón se movía suavemente. Me quedé mirando con curiosidad y miedo. Empezaba a ver peligro por todas partes. Y no me equivoqué. Apareció el rostro de aquel hombre. Se quedó con la mirada fija en mi, hizo un gesto amenazante con la mano y desapareció.
-¿Qué gesto te hizo?
-Me señaló con el dedo y luego se llevó la mano al cuello. Yo lo entendí. Te voy a cortar el cuello, me quiso decir. No dije nada. Me quedé callada. Ahmed, sentado de espaldas a la puerta, me preguntó.
-¿Te ocurre algo, Lola?
-No, nada. ¿Porqué me lo preguntas?
-He advertido una mirada extraña.
-Creo que estoy un poco cansada, pero nada más. No te preocupes, gracias. Es la primera vez que piso otro continente y que me relaciono con otras gentes, con otras costumbres...
-Te comprendo.
-Es que, cualquier cosa me sorprende. Oye, ¿tú crees que podría ocurrir eso de la re-reconquista?
-¿Y eso que es?
-Una tontería que se me ha ocurrido. Pues que vosotros, invadieseis Andalucía y la conquistarais otra vez...
-Yo pienso que eso ya se está haciendo. Lo que ocurre es que se trata de una invasión pacífica. Todos los días entran un puñadito. Casi cien. "Suai, suai...", despacito, no hay prisa.
-De puñadito nada. Cuenta las pateras y los que vienen en cada patera... Mira cómo se pone el puerto de Algeciras en Agosto.
-Por eso luego necesitáis mezquitas.
-Y quizás lleguen otra vez hasta Covadonga y hasta Poitiers.
-Muchos llegan con sus coches a reventar de maletas, mujeres y niños y vienen de mucho más lejos que Poitiers.
-Como dice un amigo mío que es muy cachondo, son los que pueden entrar de lado y cuando están dentro, ponerse de frente...
-En Oviedo hay un hotel que se llama Reconquista.
-Ese podría ser el cuartel general del norte para Bin Laden.
-El, y no otro, fue quien en un video de Al Qaeda, en el que reivindicaba lo de las torres gemelas, mencionó a Al Andalus y los analistas y traductores de la CIA, siempre tan inteligentes, tardaron un montón de tiempo en saber lo que era eso de Al Andalus.
-Si por allí no tienen ni idea de nosotros. Yo tengo un amigo que fue a Nueva York y cuando dijo que era de Sevilla, el listillo de turno le espetó: ¡olé, viva Méjico! Y se quedó descansando...
-A veces cabe pensar que hay motivos más que sobrados para que vuelvan... La Alambra, la Mezquita de Córdoba, la Giralda, el recuerdo de Averroes...
-El pobre Boabdil, con lo que lloró cuando lo de la llave...
-Eso no fue lo malo, sino el broncazo que le echó su madre cuando volvió a casa ya cesado de su cargo y con el finiquito...
-Que, a fin de cuentas, su madre lo que hizo fue llamarle maricón con una frase muy rimbombante.
-Porque ella intuía que luego la iban a estudiar todos los niños en el colegio...
-Ahora, la verdad es que no se está tranquilo en ninguna parte, porque cualquier sitio es bueno para atentar.
-Alguien dijo que puede estar pasando lo que ocurrió en Alemania entre los años 1933 y 39, y que cuando el mundo se dio cuenta ya era tarde, porque estaban armados hasta los dientes. Como podría pasar ahora con Irán...
-Pues no te extrañe. ¿Os ha agradado la comida?
-Mucho. Aquí se come más que en Sevilla.
-Ya tomaremos nota de algunos platos para hacerlos allí.
-Yo me he fijado en cantidad de detalles. El servicio, la decoración...
Pedro Sevilla, escucha a Lola con atención y, de vez en cuando, toma notas o pregunta.
-Dime, Lola. ¿Volviste a ver al moro que os seguía?
-Si. Cuando salimos del restaurante, estaba apoyado en la fachada de enfrente. La mirada fija. Parecía una estatua. Empecé a preocuparme en serio. Aquello me recordaba a "El hombre que sabía demasiado" de Hitchcok. Yo iba segura con tres hombres a mi alrededor, pero era a mi a quien miraba. ¿Porqué nadie se daba cuenta, nada más que yo?
-¿Y el guardaespaldas?
-Tampoco, o pasaba del tema. Y aquello me preocupaba todavía más.
-¿Qué más cosas hicisteis?
-A la mañana siguiente, Ahmed se tenía que ir con Robert a hacer algunas gestiones. Por eso me presentó, mientras desayunábamos en el hotel, a sus amigos de Tetuán, Alí y Sohera, que me acompañarían para enseñarme la ciudad, tanto la típicamente mora, la medina, como la europea a la que llaman el ensanche. Eran muy simpáticos y amables.
-¿Llevabais guardaespaldas?
-Naturalmente.
-¿Te decía Ahmed o Robert a dónde iban ellos?
-No. Eso no lo supe nunca.
-Bien. Continúa.
-Paseamos tranquilamente y me enseñaron muchos lugares. Hablamos, sobre todo hablamos mucho. Era gente muy preparada. Yo iba preguntando conforme se me ocurrían las cosas y ellos me contestaban casi a dúo. Me llevaron a una preciosa puerta de las murallas. Me dijeron que se llamaba "Bab al-Okla", que traducido significa la Puerta de la Reina, porque por allí entraron las tropas del general Prim.
-Y ahora -me dijo Alí-, vamos a ver el Museo Etnográfico. Está allí enfrente. Como ves está edificado sobre una fortaleza que data del siglo XIX. Se inauguró en 1948.
Que visita tan interesante. Era como conocer por dentro a la gente del lugar. Vestidos, objetos de uso diario, de decoración, religiosos, calzado, artesanía. Allí te dabas cuenta de las costumbres, los usos y de la forma de vivir de aquella gente. Me encantó tanta belleza y tanto misterio.
Cuando salimos, al ver un quiosco de prensa, se me ocurrió preguntarles de golpe.
-¿Aquí hay poca libertad de expresión?
-En cierto modo, si.
-¿Y vuestro Rey?
-El Rey está en un momento difícil. Empezó como el Rey de los pobres y habría que preguntar hoy a la gente de a pie. Tienen miedo al majzén.
-¿Qué es eso?
-Los que mandan, el inmovilismo.
-¿Y el islamismo?
-Si, pero dentro del sistema. Lo peor es que hay corrupción en las élites. Y no hay intención de cambiar. Si el panorama no cambia y persisten las desigualdades sociales, la salida a todo esto podría ser peor que la de Argelia. Marruecos es un mosaico religioso, cultural, social y la gente lo que quiere es que se gestionen bien esas diferencias. La juventud necesita futuro. El cincuenta por ciento del país es analfabeto. Las pateras no cesan. La cosa es un poco complicada.
-El setenta por ciento de los que llegan a España, son marroquíes.
-El Rey quiere hacer un Marruecos del siglo XXI que compagine el islam con la modernidad.
-¿Eso es fácil?
-La gente de la calle con negocios y con nivel, opinan que se vive una etapa de efervescencia y que hay que esperar los resultados... Otra cosa es lo que piensa la gente del campo, los analfabetos y los que desean emigrar. Cuando hay elecciones, no se utilizan siglas, sino dibujos, por lo del analfabetismo.
-Me gustaría conocer el sur.
-Aquello es otra cosa. Casablanca tiene tres millones y medio de habitantes y es la capital comercial y financiera. Rabat es la política.
-Me gustaría conocer Casablanca. Nunca llegué a verla del todo en la película de Humpry Bogart...
-Y de Ingrid Bergman... Tócala otra vez Sam...
-¿Y cómo era la frase final? ¿"...creo que este es el principio de una gran amistad", o "...de una hermosa amistad"?
-Creo que "...de una hermosa..." Pero a todos nos pasa lo mismo...
-En los años del protectorado, hasta finales de los cincuenta, los franceses hicieron más cosas en el sur que los españoles por aquí, por el norte.
-¿Y los políticos?
-No hay políticos destacados.
-Como en España.
-Oposición de izquierdas, tampoco. Este desierto político contribuye a allanar el camino a los islamistas. Y ojo, que los islamistas tampoco tienen un programa político. Solo tienen el Corán; pero cuando salen a la calle, movilizan a cientos de miles de personas... La gente llegaría a votar a los islamistas, no por ir con ellos, sino por ir contra el majzén.
-Vuestra Monarquía es distinta a la nuestra.
-Nuestra Monarquía actúa por reflejo, no por proyecto y por eso es conservadora.
-En España empiezan a quemar fotos del Rey.
-No preocuparos. Son niñatos, ¿pijos, decís vosotros? Eso se pasa como las paperas y el acné juvenil... Aquí, para algunos, estamos en plena evolución social. Hay menos religión o existe una presencia política de la religión.
De repente, el moro de las amenazas, volvió a aparecer ante mi. Venía andando en dirección contraria. Se cruzó conmigo, me empujó y me dio un codazo muy fuerte. Inmediatamente desapareció entre la muchedumbre de aquel zoco.
-¿Qué te ha ocurrido? -me preguntó Alí-.
-No, nada. Un hombre me ha empujado.
-No te preocupes, eso es muy normal aquí.
No le dieron importancia al hecho. Allí las calles son estrechas, hay mucha gente y son normales los empujones. Pero yo ya estaba empezando a cansarme de aquel hombre. Menos mal que mi acompañante era una chica encantadora. Vestía casi igual que yo, era de mi estatura. La gente nos miraba... Pero, en aquella ocasión, creo que ni el guardaespaldas se inmutó.
Seguimos dando un paseo maravilloso. De repente, me invitaron a sentarme en un banco. Cuando estuve sentada, me dijeron que en aquel mismo lugar estuvo sentado Pedro Antonio de Alarcón mientras escribía su diario sobre la guerra de Africa, en la que intervino en 1860. Me impresionó.
Luego me llevaron a Guersa Quebira, un pequeño zoco donde se vendía de todo. Vi un castillete que era de 1492 y que construyó Sidi Alí Mendri a su regreso a Tetuán tras la caída de Granada. Este hombre fue el que reconstruyó la ciudad. Me llamaron la atención todos los artesanos. Los que repujaban el cuero, los que hacían joyas o pintaban el barro... Lo quería comprar todo. Luego pasamos por una puerta que se llamaba Bab Ruah o la puerta del viento... Que bonito, ¿no? Y el Palacio Real, la antigua Plaza de España, el barrio de la Judería... Todo como sacado de una película. Qué colores y que olores por todas partes... Y la belleza del parque de Mulay Rachid. Y el encanto de la arquitectura en las casas de la zona europea. Nos cruzamos con un grupo de mujeres. Una iba vestida como nosotras, y el resto con el "jaique" y la cara tapada, dejando ver solo los ojos.
-¿Y las mujeres? -pregunté- ¿Cómo se desenvuelven aquí?
-Las mujeres -me contestó Sohera-, están empujando mucho, comprometidas contra la discriminación de género en todos los ámbitos: el acoso sexual, los abusos, la analfabetización o la marginación de las mujeres rurales. Incluso las mujeres islamistas son mujeres modernas en comparación con la mujer tradicional. Estudian, trabajan, conducen, investigan en las universidades... La verdad es que después de la llegada al trono de Mohamed VI, la cuestión de la mujer no ha cambiado mucho, por no decir nada. Ahora mismo la mujer o se queda en la tradición o da un gran paso adelante. Por una parte, en la clase media y en los altos niveles nace una sociedad muy compleja, muy variada y rica, una sociedad civil sólida, pero con eso no basta... Para algunos la evolución que experimenta Marruecos se ve desde fuera, desde Europa, encarnada en el islamismo y eso es algo que se debería desterrar. Es un malentendido. Existen negocios florecientes, como el de las joyas y el diseño. Se asiste a muestras en París y la gente no cree que en Marruecos se hagan piezas de esa categoría y, sobre todo, tan modernas. Si, porque aquí se alterna, con absoluta normalidad, la tradición y la modernidad. Hay espacios de arte moderno que coexisten con los mercados de especias en las medinas...
-¿Y vuestras autoridades qué dicen a todo esto?
-El país venía mal desde la independencia de 1956. Mohamed V, Hasan II y el actual... Su padre tampoco ayudó demasiado a que las cosas fuesen mejor... Y ahora tampoco se le pueden pedir milagros. Ya te he dicho que quiere hacer un país moderno, pero pesan muchas cosas... Hay confusión. El rey tolera trajes, vestidos modernos en paralelo a las vestimentas tradicionales. El aparece con chilaba en actos oficiales, y siempre cita el Corán... Compatibiliza las dos cosas. El país le viene así. Cuando la gente visita Marruecos y ve bloques de pisos, coches, semáforos, se desilusiona. Vienen buscando palmeras, desiertos, exotismo de propaganda de agencias de viajes... Lo mismo pasa con el islamismo, que esperan verlo todo lleno de barbudos con chilabas enormes... Marruecos es muy complejo.
-He oído decir que para algunos la dinastía monárquica de Marruecos toca a su fin.
-Se han escrito muchas cosas últimamente. Gilles Perrault va contra Hasan II en su libro "Nuestro amigo el rey." Le da un palo fuerte. Luego, Jean-Pierre Tuquoi, del diario "Le Monde", escribió "El último rey. El crepúsculo de una dinastía." El autor se refiere a Mohamed VI. Este libro parece ser que no se vende en Marruecos.
-Las monarquías reciben palitos, de vez en cuando, en todas partes. Vamos a ver. Creo haber entendido que un sector de mujeres quiere levantar vuelos.
-Si, claro. Existe la mujer insumisa, pero se habla poco de ella porque no es espectacular en su manera de actuar.
-Pero, por desgracia, por ahí se sigue viendo la imagen de la mujer pasiva y sumisa.
-Y existe, pero no es la del futuro. El otro día me contaba una amiga que había visto a un hombre tendiendo ropa en la azotea de su casa. Fíjate. La azotea invadida por el hombre. Indudablemente está pasando algo. Porque la azotea era el único lugar de libertad para la mujer. Su contacto con el exterior, fuera de las cerradas paredes del hogar. Casas sin ventanas... La única ocasión que tenían algunas mujeres para chismorrear con las vecinas era subir a tender la ropa.
-¿Y las parejas jóvenes, como lo llevan?
-Se va imponiendo el cambio radical en las relaciones. Se da la relación prematrimonial. Lo malo es que los periodistas, las televisiones y el cine, cuando vienen por aquí, buscan lo exótico, la pobreza, lo sucio... Eso es verdad, pero airearlo nos perjudica y ayuda a que los europeos y los accidentales se sientan superiores. A cualquier imbécil le agrada que alguien viva peor que él.
-¿Y en la política?
-Hay mujeres en las listas electorales. Y al principio había cuatro diputadas en el Parlamento. Ahora hay treinta y cinco. Hay ministras, consejeras del rey, directoras de empresa, jueces, alcaldesas, abogadas... Y buenas amas de casa.
-Eso no se sabe bien por ahí fuera.
-No. Y yo digo que la mujer juega un papel importante en el futuro de este país. En las universidades hay tantas alumnas como alumnos. La verdad es que luego ocurren otras cosas. Verás. Algunos padres tienen hijos que son unos holgazanes y entonces quitan de estudiar a las hijas para ponerlas a trabajar...
-Esto es un jaleo.
-Claro. Fíjate. Existen muchas asociaciones feministas que trabajan y luchan, pero no dejamos de ser un país donde se dan, a la vez, el arado de palo y el cibercafé. Tú acabas de ver por la calle andar mezcladas mujeres de minifalda con otras de chilaba y pañuelo.
-Yo he visto a una que iba con un pañuelo en el pelo, una blusa de pantera ajustada al talle, pantalones vaqueros y botas con tacones de aguja.
-Si. Así es la realidad. Una mezcolanza de cosas y estilos, un no acabar de asimilar algo en concreto. Al final la mujer quiere encontrar una forma de cubrir la cabeza, pero con coquetería. ¡Ah! Y no todas las que usan el pañuelo son integristas. Muchas lo llevan, pero solo las islamistas lo llevan amplio y anudado debajo de la barbilla. El pañuelo no es una muestra de cerrazón o de mentalidad atrasada, sino de afirmación de la identidad de un pueblo, quizás como forma de plantarse ante las influencias de la cultura occidental. Una amiga mía dice que pesa más el rechazo de Bush que el abrazo de Ben Laden. Hay muchas chicas jóvenes que se ponen el pañuelo para salir de casa y lo llevan hasta que llegan a la discoteca. También se los ponen para ir a una fiesta que se celebra en casa de una amiga cuyos padres están de viaje.
-Y allí pasará lo que ocurría en España en los años setenta. Música y el despertar del sexo. ¿Represión sexual?
-Si. Pero los jóvenes burlan los controles. Es ley de vida. Te cuento una anécdota muy curiosa. Como las parejas adolescentes no pueden declararse su amor dando un paseo, se van a un cibercafé, se sienta cada uno en una esquina y se cuentan las cosas a través de la red...
-Por fin voy a reconocer que este invento puede servir para algo... Pero en el fondo es frustrante...
-Si. No es bueno. En paralelo, los embarazos en adolescentes están a la orden del día. Y en las grandes ciudades se practican los abortos ilegales. Aquí las feministas ya han conseguido que se les de un libro de familia a las madres solteras.
-Tengo que decirte que aquí me miran mucho por la calle. Unos con gesto de desprecio y otros con expresión de excesivo deseo.
-Si. Machismo. Cualquier chica que se atreva a salir sola se puede ver expuesta a cualquier tipo de acoso o insulto. Si una chica o un grupo de chicas anda por la calle más tarde de las diez de la noche, pueden ser consideradas prostitutas. Algunos las insultan o las invitan a subir a su coche. También es frecuente que grupos de chicas jóvenes organicen en sus casas sus fiestas sin hombres...
-¿Y lo del matrimonio?
-La poligamia ya es casi imposible. Las familias con más de una esposa casi no se ven. La mujer elige a su marido y a la inversa. Y si hay alguna imposición luchan hasta conseguir lo que quieren. Desaparece el repudio y los matrimonios impuestos. Hasta los dieciocho años no se puede casar una mujer. Se puede solicitar el divorcio sin tantos problemas como antes. Si era por maltrato había que llevar doce testigos... Los más conservadores piensan que estamos al borde de la locura, del Apocalipsis. Su presión es grande. La verdad es que el Rey está ahí en medio haciendo todo lo que puede, eso es verdad...
-Queda mucho por hacer.
-Hay apertura a otras culturas, eso es importante. Y te digo una cosa. El islam no está reñido con la modernidad. Eso es un error.
-Pesa mucho la tradición y la modernidad va llegando. Es tiempo de entrecruzamientos...
-En el cine son habituales escenas de mujeres bebiendo alcohol o fumando, cosas contrarias a la tradición. La gente se lía. Recuerdo cuando se suprimió una escena de cama en la película "Un minuto al sol".
-¿La censura es fuerte?
-Solo hay tres tabúes. La figura del Rey, la religión y los desnudos.
-Pero quedan tantas mujeres cargando bultos en la aduana y tantas mujeres en el campo labrando la tierra...
-Desde luego. Ahora te estoy hablando de la mujer en la ciudad. Viste a la europea, conduce coches modernos y habla por un móvil. Tú vas a una gran superficie comercial y podrás comprobar cómo la mayoría de la publicidad va dirigida a la mujer. Eso es por algo. Por algo como que la mujer ocupa un treinta y cinco por ciento de los puestos de trabajo. Trabajan, ganan, comprar, disfrutan y eligen a su hombre...
-¿Y el hombre?
-Pues hay de todo. El que estudia, el que trabaja y el que viene del campo a la ciudad a ganar algo o a buscar la posibilidad de ir a Europa a ganarse la vida. Los hay que vegetan... Ven pasar el sol todos los días y ya está. En el campo la mujer se casa porque el hombre, después de haber buscado fortuna fuera, viene a por ella a llevársela. La mujer de la ciudad tiene trabajo, vive y toma decisiones. Se casa cuando está muy segura de lo que quiere...
-Son dos mundos.
-Te lo dije antes. El arado de palo y los cibercafés...
-Ahora mismo os encontráis en una encrucijada difícil.
-Y luego, la otra cara de la moneda. Yo entiendo bien porqué los occidentales nos temen. Todo tiene que ver con el terrorismo mundial y cómo se interpretan las cosas muy a la ligera. Pero no debéis olvidar una cosa. En el extremismo islámico no se incluye al musulmán normal. Desde el once de septiembre se nos criminaliza a todos, se nos vigila. Si viajamos se nos agobia en los aeropuertos, se buscan nuestros apellidos en listas... Cuando aquel día encendí el televisor y vi a los aviones chocar contra las torres gemelas, recé durante algunos minutos para que no fueran musulmanes... Somos seres injustamente criminalizados. Nos miran como asesinos, todos sospechan de nosotros. Yo lo comparo con la época americana del general McCarthy. Uno era culpable por simple asociación...Y no me refiero solo a los occidentales. Nos juzgamos entre los mismos musulmanes. Aquí es fácil oír, "ella no lleva velo, pues no es musulmana". O, por otra parte, "él lleva barba, por tanto es un buen musulmán". De repente resulta que los símbolos son los determinantes. Creo que unos musulmanes tienen que ser más tolerantes con el resto. No pueden seguir tan encerrados en sus círculos...
-¿Y tú que haces?
-No se, a veces me desespero, porque yo siempre he querido luchar contra los estereotipos. Se piensa que una mujer bajo un "chador" pierde todo su poder y queda completamente anulada. No es así. Una mujer, detrás de un velo, puede sentir, desear... Una mujer debajo de un velo no es asexual. Ella sigue teniendo el poder de seducir, ella sigue pudiendo mirar el cuerpo de un hombre sin que él se de cuenta...
-¡Ahora recuerdo! ¡Que horror! ¡Otra vez!
-¿Qué recuerdas, Lola? -le pregunta Pedro sorprendido-.
-¡Qué horror! ¡Otra vez! Creo que fue en aquel momento cuando sucedió...
-¿Sucedió qué, Lola? ¡Habla!
-Casi no me dio tiempo a darme cuenta de nada. Un hombre salió de un portal, corrió hacia nosotras, empezó a gritar cosas en voz alta, totalmente enloquecido, me empujó con fuerzas y no caí al suelo gracias a que Sohera y Alí me sujetaron. ¡Era un loco!
-¿Era el hombre de siempre o era otro?
-No pude darme cuenta. Mi amiga miró hacia atrás e inmediatamente un hombre enorme, fuerte, supongo que el guardaespaldas, se avalanzó sobre aquel loco. Se formó un revuelo enorme y, al poco, nos encontramos las dos solas en mitad de la calle. Fueron unos segundos eternos.
-No te preocupes, es normal. No pasa nada. ¿Te ha ocurrido algo?
-Me duele un poco este brazo...
-¿A ver? No parece que sea nada.
-Pero, ¿quién era?
-Nadie. Hay muchos así.
-Creo que son demasiados. Tengo miedo.
-Tranquila.
-¿Pero, qué hacían los guardaespeldas? -volvió Pedro sobre la situación-.
-Esta vez sí intervino. Era un hombre enorme. Volvió enseguida.
-Por favor, seguirme. Salgamos de aquí -nos dijo-.
-Mis amigos se agarraron a mi, y aceleramos la marcha. El guardaespaldas hablaba por su móvil. Llegamos al hotel sin darme cuenta. Al momento llegaron corriendo Ahmed y Robert muy preocupados. Les contaron lo que había sucedido.
-No importa. Es un loco. Es que Lola se ha asustado -dijo Alí-.
Ahmed nos invitó a tomar algo.
-Sentaros, por favor. Y tu, Lola, tranquilízate.
-Si, ya estoy tranquila. Pero tenía ganas de decir una cosa que tenía callada.
-Habla.
-Ese hombre que se me ha abalanzado esta tarde creo que es el mismo que he visto muchas veces más. Que siempre me ha mirado de lejos, fijamente. Aparece por las esquinas, en las tiendas, en el restaurante... No se me puede borrar su mirada... Creo que me persigue. No se si por mi figura, por mi forma de vestir o por que tenga que ver contigo, Ahmed.
-Bueno, ahora tranquilízate. No creo que te persiga. Y, además, ya sabes que nunca estás sola. Te acompañan buenos amigos y nunca falta un guardaespaldas.
-Esa mirada me da miedo. Cuando estábamos comiendo ayer en el restaurante, apareció detrás de una cortina, me señaló con el dedo y luego se lo llevó al cuello haciendo un gesto como de cortármelo. Y lo he visto siguiéndonos en varios lugares. Y siempre mirándome...
-No tiene importancia. Todo se aclarará. Debemos descansar. Todos estamos cansados.
Sohera y Alí se despidieron de nosotros. Les agradecí el paseo y la conversación.
-Nos veremos mañana.
-Con mucho gusto. Encantados. Y puedes estar tranquila. No pasará nada. Aquí hay muchos hombres como ese. Ahora descansa. Hasta mañana.
Nos quedamos solos los tres.
-Bien. ¿Dónde vamos a comer? -dijo Ahmed intentando animarme-.
-Preferiría comer algo más normal y más ligerito.
-Bien, entonces vamos al "Meridiana". Es un restaurante de comida internacional. Está saliendo de Tetuán camino de Ceuta.
-Vale, como tu digas.
-¿Qué tal el paseo de hoy?
-Maravilloso. Hemos visto la Escuela de Artes y Oficios. Allí, niños muy pequeños aprenden la artesanía típica, para que no se pierda la tradición artística. Tienen un museo muy interesante montado con las obras de los alumnos, con ejemplos de todos los tipos de artesanía marroquí. Esos chiquillos tienen un futuro asegurado. ¡Qué contraste con otros jóvenes!
-Tú lo has dicho. Un país de contrastes.
-Y qué jardines. Qué finura en la decoración, qué filigranas... Es como una novela de ensueño...
-Me alegro que te haya gustado. Tenía especial empeño en que vieras todas esas cosas. Así se lo hice notar a mis amigos.
-Son encantadores. ¿Y a vosotros, cómo os ha ido?
-Bien. Veníamos intentando poner las ideas en orden.
-Por mi podéis seguir tranquilamente con el tema. Me conformo con saber que estáis bien.
-Mañana vais a ir a Río Martín. Es como un pueblecito de veraneo. Es la playa de Tetuán. Y verás el mar Mediterráneo. Llevaros el bañador. Si el día está como hoy os podréis bañar. Yo se lo comentaré a mis amigos. Bien, Robert. Vamos a ver si nos ordenamos un poco.
-Te había preguntado que por dónde íbamos a meter mano.
-El hachís está muy visto, pero no hay que dejarlo, sigue dando mucho dinero. Pero hay que ir a lo práctico, avanzar...
Estaba claro que la comida iba de negocios y que pasarían olímpicamente de mi. Lo asumí, e intenté olvidar mis miedos mientras los escuchaba, aunque seguía sin poder borrar la imagen de aquel hombre...
-Ya. La coca.
-Pero sin dejar el hachís de Ketama.
-Tú sabes que España ha llegado a colocarse a la cabeza de la clasificación mundial de cocainómanos.
-Si, lo se.
-Somos líderes.
-Hay que ir al negocio fuerte y seguro. Ya no vale andar jugando.
-¡La tasa de consumo más alta del mundo! Se dice pronto. Más que en Estados Unidos, Canadá y toda Europa junta. Un tres por ciento de la población. Y los consumidores oscilan entre los quince y los sesenta y pico de años... Hay mercado, ¿no?
-Claro que si. Pero no hay que olvidar a las mafias que van delante de nosotros, que ya llevan tiempo operando.
-Y la vigilancia policial.
-O los chivatazos, si ven que empezamos a pegar fuerte.
-Se puede caer en desgracia por cualquier cosa.
-De la gloria al infierno.
-Ahora están llegando a incautar casi la mitad de lo que entra.
Vino el camarero. Pedí una sopa y algo de pescado a la plancha. La comida tetuaní iba a acabar conmigo.
-¿Cuál va a ser nuestro mercado?
-Empezaremos por Sevilla. Luego la provincia. Más tarde España, hasta desembocar en Europa.
-Más de treinta mil sevillanos son adictos a la cocaína.
-Tengo datos. En esta libreta lo apunto todo. En los años ochenta consumía gente de cuarenta años para arriba. En la actualidad la edad está en los veinticuatro años. Antes era una sustancia elitista y muy cara. Hoy se ha abaratado y por eso llega a las capas bajas y medias de la población. El consumidor no es un marginado social. La mitad de los jóvenes, viven con sus padres. En general tienen un alto poder adquisitivo y su entorno les apoya. Cada vez son más jóvenes. Algunos proceden de familias destrozadas o tienen problemas de fracaso escolar o falta de trabajo. En cambio otros tienen éxito social y trabajo estable. También hay menores de edad.
-Terminan con problemas legales.
-Y vienen los trastornos psiquiátricos de carácter psicótico, como la esquizofrenia.
-Los escolares de Sevilla fuman hachís. Primero es el alcohol, luego el tabaco y, por fin, el cánnabis.
-Donde pegan fuerte es en las puertas de colegios o institutos. Detienen a miles y se intervienen cantidades muy considerables.
-Más de dos mil detenidos en un año. Y hablan de trescientos kilos de hachís, treinta y ocho de cocaína, ciento cuarenta y cinco de marihuana, cuatro de heroína...
-Hay que ponerse al día con la nomenclatura.
-Eso es muy fácil. El "rebujao" es heroína mezclada con cocaína base. Eso ha descendido.
-¿Tú no has notado que, a veces, en el restaurante, hay cola para ir a los servicios y que muchos hombres entran en el de señoras?
-Las autoridades nos piden a los hosteleros que vigilemos a los clientes, sobre todo en los servicios... No pensarán que vamos a entrar detrás de los clientes a ver qué hacen... ¡Ah! Y también nos recomiendan que no nos droguemos nosotros...
-Gracias por el consejo. No te jode...
-Hachís y coca seguirán siendo negocio.
-Lo mismo que droga y terrorismo.
-Los talibanes se financian gracias a los campos de amapola. Los campesinos raspan las cápsulas de las flores de las que obtienen un jugo blanco que se convierte en heroína. Con el dinero de la droga pagan a los combatientes y a los terroristas suicidas...
-Lo mejor de estos terroristas es que, una vez realizado su trabajo ya no exigen ni retiros, ni pagas, ni jubilaciones...
-¡Ojo! El mayor productor de cannabis del mundo es Marruecos. De aquí sale todo lo que entra en España y en Europa, clientes que sostienen esta industria marroquí.
-¿Y como funciona eso?
-Aproximadamente un millón de agricultores del Rif, de la zona de Beni-Arous, cerca de Tetuán, algo así como los dos tercios de la población del norte de Marruecos, tiene como principal fuente de ingresos el cultivo del cánnabis, lo que amenaza la deforestación de la zona y puede destruir la evolución de esas tierras. No se cultiva otra. Esto no augura un buen futuro. Hay mucho secano y esto no es bueno para un país que es eminentemente seco. Y lo mismo que en España se queman árboles o se talaban para hacer casas, aquí se talan para tener más campo para la producción de cánnabis.
-¡Qué lástima!
-La verdad es que, al final, quienes menos reciben son los campesinos. Estos viven de lo que sería una agricultura de subsistencia.
-Yo conocí aquí en Tetuán a un joven, muy buena persona, que cuando terminó sus estudios, se casó con su novia Fátima. El empezó a buscar trabajo y un día llegó a pedírselo a mi padre. Le contó que Fátima había heredado unas tierras en el Rif y a mi padre se le abrieron los ojos. Les dijo que no lo dudaran y que se marcharan para allá y que él les iba a decir lo que debían cultivar, cómo había que cultivarlo y que, incluso, les daría una ayuda económica, en concepto de adelanto, para que empezaran el trabajo y que él se comprometía a comprarles las cosechas... Al principio lo pasaron mal, pero salieron adelante. Están contentos porque, por aquellas tierras, es una deshonra vender las posesiones a un extraño. Y allí están sembrando cánnabis. Viven en una pequeña aldea y solo abandonan la zona cuando llega el invierno, que se van a un pueblo más grande donde tienen una casita. Aquello es duro, malos caminos de acceso, sin electricidad, la leña llega poco y es cara...Pero viven. Cuando vinieron a ver a mi padre no tenían que comer... Han pasado malos momentos, porque en 2003 el Gobierno de Marruecos quiso poner fin a estos negocios firmando un acuerdo con las Naciones Unidas. Quería acabar con esta producción ilícita y con el crimen organizado. Se habló mucho, pero allí siguen trabajando... A fin de cuentas, ellos siembran, cuidan el cultivo y cuando recolectan, ponen las plantas a secar en tejados. Luego deshojan las ramas acumulando cogollos y hojas que se introducen en unos recipientes que se envuelven en plásticos. Entonces se varea su contenido hasta conseguir el polvillo del que saldrá el hachís, que se guarda en unos hatillos. Se mueven, según cifras oficiales, diez mil millones de euros al año. Casi todo este dinero queda en manos de unos pocos...
-De los traficantes.
-Si, de los traficantes. Son ciento treinta y cuatro mil hectáreas de terreno y salen más de cuarenta y siete mil toneladas de cannabis o tres millones de kilos de resina de hachís.
-A veces aquí se tiene que pasar mal.
-En alguna ocasión han detenido a capos de estas mafias y el ritmo de producción y venta se ha trastocado, perjudicando a los campesinos y a las redes de distribución que venden a Europa. Estos capos se dedican al tráfico de droga, tenencia ilícita de armas, emigración clandestina y siempre están mezclados con homicidios... Son gente a las que no las conoce nadie, de los que nada sabemos, pero están ahí y gracias a ellos la droga sale. Los últimos que cayeron, fueron un ex jefe de la policía y un magistrado, gente de aquí. Los tribunales andan imponiendo, o trescientos millones de euros de multa o veinte años de cárcel.
El personaje más curioso era un marroquí nacionalizado español que siempre andaba con escoltas por Tetuán, Ceuta y la Costa del Sol. Se hacía llamar Mohamed VII y era la personificación del sistema que había convertido en millonaria la corriente de tráfico entre Marruecos y España. Lo que ganaba en Marruecos lo invertía o lo lavaba en España. Llegó a tener 38 apartamentos en Marbella, otros tantos en San Pedro de Alcántara, coches, barcos y un restaurante en Puerto Banús. Fue un personaje muy curioso.
-Se parece a ti en muchas cosas.
-En las externas...
-¿Y en las internas?
En aquel momento Ahmed se quedó en silencio. Primero, miró fijamente a Robert. Luego sonrió y, tras suspirar profundamente, continuó la conversación.
-El tema del precio y las ventas también son complicados. Normalmente el agricultor vende su producción en bruto. Otros empiezan vendiendo una parte y guardan otra para esperar un precio mejor. También hay que tener en cuenta la calidad de la planta. No todas son iguales, las tierras se diferencian. Curiosamente el regadío produce más cantidad, pero de menor calidad. Creo que hace falta cien kilos de cannabis para obtener unos seis o siete kilos de hachís. El kilo de cannabis en bruto anda sobre los tres euros y ochenta el kilo de hachís. Cuando llega la época de la recolección van temporeros al Rif... Cerca de cien mil personas, a cinco euros por día de trabajo.
-El gobierno marroquí sabe, naturalmente, de estas plantaciones y las tolera...
-Perseguirlas, suspenderlas o eliminarlas, podría crear una crisis entre la población del norte, de incalculables consecuencias... Miran para otro lado y un sector de la población vive o malvive. Pero están ahí, callados...
-Y de vez en cuando cae un capo...
-Como de vez en cuando se apresa un alijo en cualquier sitio...
-Perdonarme un momento. Voy a llamar por teléfono -dijo Robert-.
-¿A quien vas a llamar? -se me ocurrió preguntarle-.
-A... Ramón, para ver cómo va el restaurante.
-Salúdalo de nuestra parte -le dijo Ahmed-.
Me llamaba la atención que, durante el viaje, y de vez en cuando, Robert se hubiese separado para hablar por teléfono. En anteriores viajes nunca lo había hecho. Confiaba tanto en Ramón que se desentendía del todo. Cuando regresó, continuaron con el mismo tema.
-Vale que sepamos todo sobre el producto que vamos a trabajar. Pero también tenemos que estudiar cosas como el transporte y el saber burlar la vigilancia...
-Puede pasar cualquier cosa en cualquier momento. Tú no te has dado cuenta, pero he notado detalles extraños entre la gente con la que hemos hablado. Había tensión. No es como antes. Esta es una gente difícil y hay que ir con mucho cuidado. Te puede traicionar tu mejor amigo, con el que estás negociando. Aquí nadie es amigo de nadie, ni nadie es socio de nadie. No tienes más que abrir un periódico. Todos los días aparece algo.
-En Coria del Río conocí a unos tíos a los que le descubrieron tres toneladas de hachís en una nave de un polígono. ¿Y sabes cómo había venido ese alijo? Habían utilizado un barco de rescate y consiguieron meter en los camarotes cuatro mil trescientos kilos. Venían de Marruecos. Era una tapadera buena. El barco se dedicaba a labores de salvamento marítimo. Buen camuflaje. No era de titularidad pública y estaba cedida a una asociación que se dedicaba a estas cosas. El primero en caer fue el dueño del barco. La droga iba a Ibiza. Luego cayeron no se cuantos.
-Mira lo que dice aquí: Cae una red que traficaba con cocaína entre Sevilla y Canarias. El cabecilla de la banda fue detenido en Carrión de los Céspedes, donde ocultaba la droga en el interior de varios automóviles y era llevado a Canarias en barco. El coche iba en un barco de la Transmediterránea. Cuarenta y tres paquetes. Veinte kilos de cocaína. Un millón de euros en el mercado.
-Además, el cabecilla, pretendió atropellar con su vehículo al agente que iba a detenerle.
-Llevaban un año siguiéndolos.
-Eso es lo malo. Que te tiras un año trabajando, la cosa te va bien, te confías, y te crees que la finca es tuya. Y al año te encuentras con un tío poniéndote el pie en el cuello.
-Al de Canarias le trincaron en una mochila tres millones y medio de euros.
-Caen como chinches.
-Como chinches, no. Caen unos si y otros no. Me da la sensación que, a veces, miran para otro lado y dejan pasar el camión con el doble fondo.
-En Córdoba acaba de caer una banda de colombianos. Han detenido al líder y al químico. Ya van nueve detenidos. Llevaban seis meses detrás de ellos. Les trincaron ocho kilos de cocaína...
-Medio millón de euros.
-Y tenían seis pedazos de coches. Y también un paquete con sesenta mil euros
-¿Qué hace un químico?
-Es el que corta la sustancia y mezcla la coca con otras para obtener mayor cantidad. Ya lo tenemos previsto. Trabajará aquí. Así nos llegará lista para la venta.
-Hablábamos de que estaba todo inventado. Pues lo más fino que se ha visto es la historia de los narcotapiceros.
-Ah, si. Los colombianos que entraban por Valencia. Traían muebles en un barco, lo cual es muy normal. Pero cometieron el fallo de comprar cantidad de materiales químicos.
-¿Para qué?
-La droga venía impregnada en los tapizados de los muebles... ¿Fino, no? Y sacaban de cada tresillo quince quilitos diarios.
-Joder, tu.
-¿Hay arte o no hay arte? Pues hay más lindezas. Cocaína ya elaborada presentada en forma de ladrillos o la droga triturada y mezclada con caramelo. A lo tonto a lo tonto se hacían sus buenos cinco kilos diarios. Lo último en "delicatessen" es la coca impregnada en un lote de trajes de novia...
-Menos mal que los trincaron pronto, por que si no, imagínate la noche de bodas...
-Y en Portugal venía la droga en cajas de pescado congelado...
-Donde hay mucho movimiento es en Dos Hermanas. Un lugar de recepción y distribución. Abundan los clanes gitanos, con enlaces o familiares en puntos conflictivos de Sevilla como las Tres Mil, el Vacie y Torreblanca... Muchas veces los recelos entre bandas tiene que ver con el tipo de droga que venden. Heroína, cocaína o hachís, o todo mezclado para hacer los rebujitos.
-Como en la Feria...
-Tenemos que inventar el sistema para no mezclarnos con nadie. Hay que usar caminos nuevos y lugares distintos para las transacciones.
-Ya está todo inventado y todo muy trillado. Otra vía quemada es la entrada por barco desde Marruecos a través del Guadalquivir y dejar el cargamento en la zona de Trebujena y Lebrija. Lo último ha sido un yate de recreo con sesenta fardos de polen de hachís...
-Y aviones que aterrizan en fincas... Y dobles fondos, y ruedas de repuesto y cajas de frutas... Todo está inventado, todo... Pero tú no te inquietes. Nos tenemos que organizar bien. Toma nota y entérate. Yo me encargaré de que el material venga de Marruecos a Sevilla y allí te encargarás tú de que continúe su marcha. ¿De acuerdo?
-De acuerdo.
-Yo te descubrí un día y vamos a trabajar juntos, pero a trabajar bien.
Somos socios en el restaurante y en este nuevo negocio. Escúchame. El material irá en barcos desde aquí hasta Rota. En el puerto, o donde se decida, se harán cargo de él y lo llevarán a una de nuestras obras. Luego irá por carretera hasta Sevilla, también directamente a otra de nuestras obras. Pero cuando lleguen allí, alguien de confianza, que tú habrás elegido, precederá al vehículo en una moto. Estos vehículos serán furgonetas con nombres de empresas auxiliares de la construcción. Escayolistas, marmolistas, lo que sea. En este momento empezará tu trabajo. Eres responsable de la recepción, distribución y apertura de nuevas rutas. Tienes que formar un buen equipo con gente de confianza. Y todos nuevos. Que nadie esté fichado, ni tenga antecedentes.
-¿No pides mucho?
-No, no pido mucho. Y esto tiene que ser ya, porque hay que empezar lo antes posible. Necesitarás varios distribuidores y vendedores para Sevilla y la provincia. No podemos caer en la trampa de subcontratar a gente. En menos de un año habríamos caído todos. Para eso, también, hay que traer el material de forma muy espaciada. Tendrás que dividir la provincia en zonas o comarcas, con un responsable en cada una. Lo mejor es que no se conozcan entre ellos. Es más seguro. Que conecten, entreguen el material y fuera. Las negociaciones las harás tú o alguien que sea de tu mayor confianza.
-Lo tengo.
En ese momento me quedé mirando fijamente a Robert. El volvió la cabeza.
-Nada de amigos, ni parientes. ¿Entendido?
-Entendido.
Robert había llegado casi a darme la espalda.
-Bien. Confío. Los correos que llevarán el material hasta Rota ya están y también los que lo llevarán hasta Sevilla. Se están preparando maletas con doble fondo, cajas con losetas, tejas, sacos de cemento... El primer objetivo a alcanzar es llevar unos treinta kilos de cocaína al mes. Ya ha pasado el tiempo de los culeros y las vagineras.
-¿Y eso que es? -pregunté-.
-Gentes que se prestaban, por algún dinero, por supuesto, a pasar droga escondida.
-Escondida ¿dónde?
-Pues está claro. Los culeros se metían la carga envuelta en plástico en el culo. Las vegineras, lo mismo, pero por su sitio... Hubo un tiempo en que en la aduana examinaban a la gente por rayos X para encontrarles la droga, pero una sentencia del Supremo dictaminó que esa técnica podía tener efectos secundarios en la salud y entonces había que reconocerlos en los juzgados. Una amiga, que era médico forense, me contó que una vez que estaba de guardia en la frontera, llegó un autobús sospechoso lleno de gente y se tuvieron que pasar todo el día haciendo reconocimientos rectales y vaginales. Gastaron no se cuantos botes de vaselina...
-Otro tema que no hay que perder de vista, es el que se refiere a los cultivadores de marihuana del entorno. Es una competencia menor, pero pueden molestar. En Dos Hermanas descubrieron una plantación de mil metros cuadrados, con plantas de más de tres metros de altura. Una vez recogidas y pesadas, resultó que eran mil cuatrocientos kilos. Es decir, unos tres millones de euros calentitos... También los hay en otros puntos de la provincia y de la sierra de Huelva...
-Eso no me preocupa, aunque no hay que perderlos de vista. ¡Ah! Y nada de coches robados, ni alquilados. Los coches los pondré yo.
-Las cosas ya pasan como en las películas. No hace mucho tiempo presencié en Triana una persecución, de verdad, de película. Fue un control de la policía cerca del Hotel Triana, en la esquina de Pagés del Corro con San Vicente de Paúl y Clara de Jesús Montero.. No es normal que un coche que viene por Pagés del Corro dé media vuelta y salga rápidamente en sentido contrario... Pues ahí tienes a la policía por todo Pagés del Corro, saltándose San Jacinto, un milagro, para torcer luego por Evangelista y hacer el giro prohibido por Febo e ir en contramano hasta Ardilla, donde se metieron en un parking privado, es decir la boca del lobo. Total, ciento y pico de kilos de hachís. En el coche iban dos marroquíes... Documentados y sin antecedentes...
-Efectivamente, está todo inventado...
-¿No se te apetece fumarte un porro?
-¡Porro! Una palabra que ha envejecido en no mucho tiempo. ¡Porro! Al principio decían que no era malo, que era saludable y que equivalía a tomarse una cerveza.
-Otro término, canuto.
-¿Te acuerdas? Cómo han cambiado las costumbres. Antes, en una reunión, alguien liaba un canuto y luego se lo pasaban unos a otros... Hoy no. Hoy mucha gente fuma en solitario. Y en las fiestas, cada uno enciende su porro y se lo fuma. Pasó una época, pasó un rito y ya, con un mayor nivel adquisitivo, no está bien visto chupar todos del mismo porro...
-Y es una pena, porque antes fumar un porro era como bailar una sardana. Todos a lo mismo. Ahora, el signo de los tiempos, cada uno a lo suyo.
-Pero de este modo también se vende más...
-Y ahora los petardos son más fuertes, son mejores.
-Si, porque abunda el cultivo particular, y esas plantas no están adulteradas. La producción industrial, para obtener un mayor volumen, trituran toda la planta, con el tallo incluido. Por eso los porros, llamémoslos familiares, afectan más y te pueden hacer polvo el cerebro, el sistema respiratorio y el cardiovascular, además de la adición psicológica...
-O sea, que te pueden dejar hechos una mierda.
-Si. Pero no conviene hablar de estas cosas.
-Ahora mismo mil ciento cincuenta kilos de hachís son un millón quinientos mil euros.
-Los que más fuman porros son los franceses y luego nosotros.
-Dos mil setecientos años antes de Cristo ya se usaba el cannabis. Ahora, cualquiera tiene plantas en sus macetas, en su jardín, en su huerto, en su corral y empiezan a hacerle la competencia a los verdaderos traficantes.
-Al final terrorismo y droga matan, ¿no?
-Somos malos, ¿verdad?
-Consuélate pensando que los hay peores...
-¿Tú a que piensas sacarle más pasta, al terrorismo, a las armas o a la droga? -le preguntó Robert a Ahmed-.
Recuerdo que en aquel momento Ahmed me cogió la mano y la apretó.
-¿Quieres tomar algo? Estás un poco nerviosa -me dijo con gran suavidad, acariciándome y mirándome fijamente a los ojos-.
-No. No quiero nada. Gracias.
Y le sonreí.
-No perdamos los nervios. Yo también me siento confundido. A veces no se donde me estoy metiendo.
Entonces me acordé de un recorte de prensa que llevaba en mi bolso. Lo saqué y me puse a leerlo.
"El terrorismo islamista, por su capacidad de provocar daños humanos y materiales en masa, su organización dispersa y no centralizada, su oscura financiación y el carácter suicida de sus militantes, constituye el más grave desafío al que tienen que enfrentarse el mundo occidental y las naciones árabes desde el punto de vista de la seguridad..."
-¿Y donde dejáis la amenaza atómica? Queda lejos, pero no lo está tanto. Alguien ha dicho que no descarta un ataque atómico, porque cualquier Estado se puede volver loco en cualquier momento.
-¿Piensas en Irán? ¿En Israel? ¿En los Estados Unidos?
-Si. Pienso en Irán y en su presidente. Y pienso en presidentes como el de Venezuela, que quiere enriquecer uranio y se reúne con el de Irán... Todos dicen que es con fines pacíficos, pero ¿quien me lo asegura a mi? Mirad. El mundo está pendiente de un hilo. Mas de medio mundo sufre y trabaja para que vivan unos pocos. Existen historias que no caben en nuestras cabezas y que a mi me hacen pensar mucho. No se cuando, leí un reportaje sobre Birmania.
-Si, lo sabemos. Ahora Birmania es un nido de corrupción. El ejército sustenta el poder con el apoyo de algunos empresarios relacionados con el negocio del narcotráfico y el comercio del armamento, a los que les facilitan toda clase de lujos en un país que vive en la pobreza más absoluta. Es tal el dinero que genera la droga que han llegado a construir una nueva ciudad, capital del país y lugar donde se reúne la junta militar que domina y reprime bestialmente a un pueblo famélico. La capital fue construida por empresas que a la sombra de esa junta militar prosperan gracias al narcotráfico y la compra de armas para el ejército birmano. Por allí funciona una empresa que todos los cuerpos policiales del mundo consideran como la más importante en el narcotráfico en el sureste de Asia. Pues esta empresa fue la que recibió la mayor parte de los contratos de construcción. Para entenderlo mejor. Uno de los dirigentes de este clan, fue detenido y condenado a muerte por tráfico de heroína. Años después fue puesto en libertad. Ahora es uno de los mayores inversores de Birmania. Allí no se puede hacer nada si no estás en contacto con la cúpula de los que mandan. Allí lo normal es jugar al golf en las instalaciones de un club militar. Se da el caso de que uno de los capos del tráfico pactó con el gobierno la entrega de su cuartel general y de su ejército particular, formado por treinta mil guerrilleros. Imaginaros cómo vivirá este hombre allí. El hijo de este hombre dirige sus empresas, quien tiene prohibida su entrada en los Estados Unidos por sospechoso.
-¿Sospechoso?
-Y hay empresas relacionadas con el sector de la hostelería que se dedican a la exportación de jade y piedras preciosas. Por debajo, además, se dedican a la compra de armas para la junta militar. Y hablamos de aviones de combate y de helicópteros. Los laboratorios clandestinos están en las enormes junglas del país. El precio de la heroína es diez veces superior al de hace diez años. Que. ¿Son completitos o no?
-En el fondo todo gira en torno a lo mismo.
-Si, pero esto no es Birmania.
-Pero advierto algunos puntos de contacto, Ahmed.
-Si. No se si eso es bueno o no lo es. A veces tengo mis dudas.
En aquel momento vi asomar por una puerta al moro que me perseguía. Miró hacia nuestra mesa. Yo estaba nerviosa y ya no pude más. Grité.
-¡Está allí! ¡En aquella puerta! ¡Detrás de la cortina! ¡Que lo detengan, por favor! No lo soporto más...
-¿Qué te pasa? ¿De quién hablas? ¡Dime! -me hablaron los dos a la vez-.
-El hombre que me persigue.
En un segundo Ahmed, Robert y el guardaespaldas, salieron cada uno por una puerta. La gente se levantó de sus mesas desconcertadas. Se armó un tremendo jaleo en el restaurante. Un camarero vino hacia mi para prestarme auxilio.
-¿Puedo ayudarla en algo, señora?
-No, gracias.
Inmediatamente vinieron el "maitre" y una camarera.
-¿Quiere tomar algo? ¿Necesita algo?
Todo el mundo me miraba.
-¿Agua de azahar?
-No, gracias. No quiero nada.
Pasé un mal rato. Al poco regresaron.
-No te preocupes. Lo han detenido. Mañana me enteraré bien de quien es y qué es lo que busca. No creo que sea un loco callejero. Los locos callejeros no entran en los restaurantes tan fácilmente.
-Pues es la segunda vez que entra en un restaurante. Más los ataques callejeros...
-Estate tranquila. Ya no nos perseguirá más.
-¿Tu crees que tiene algo que ver con...? -preguntó Robert-.
-Podría ser. No es a Lola a quien buscan. Es una manera de despistar. Ella viene con nosotros y la consideran más vulnerable. En fin, no se que pensar. Aquí está empezando a pasar algo...
-¿Algo?
-Si, pero no hay porqué preocuparse. Mañana iréis a Río Martín. Ordenaré que llevéis dos guardaespaldas.
-Yo lo estoy pasando muy bien, pero tengo miedo. Esta mañana he leído en el periódico que un joven suicida ha perdido los dos brazos al hacer explotar una bombona de butano junto a un autobús de turistas.
-Si. Ha ocurrido en Mequinez.
-¡Que horror! Podía habernos ocurrido a nosotros. Y lo que más espanto me produce es que ese chiquillo no haya muerto. Ahora vivirá manco toda su vida y vete a saber con qué fantasmas rondándole constantemente en su cabeza...
-Olvídalo. Mañana vas a pasar un día extraordinario. Vas a una zona tranquila y bellísima.
Y así fue. Yo iba en un coche con mi pareja de amigos, Alí y Sohera. Detrás venía otro coche con dos hombres. Río Martín es un lugar precioso. Casas muy blancas y chalets de recreo para las vacaciones. Me contaron que aquel pueblecito, ya en la Edad Media, había sido refugio de piratas que capturaban cristianos y luego pedían fuertes rescates por ellos. Mientras tanto los utilizaban como remeros. Que algunos siglos después, Felipe II logró acabar con ellos. Me enseñaron un castillo, que se llamaba del Borch, algo así como Torre Fuerte, y que lo construyeron los moros que venían de España después de la reconquista. Que luego fue tomado por las tropas del general O´Donnell y de allí llegaron a Tetuán.
-Indudablemente tienes muy buena memoria.
-Cuando algo me interesa me lo grabo a fuego. Mientras escucho no pienso en otra cosa. Eso me ayuda muchísimo.
Fuimos paseando por la playa. Estaba solitaria y era un día de sol. En el coche ya habíamos comentado lo de bañarnos.
-¿Dónde podríamos cambiarnos? Porque a mi se me apetece un baño.
-Y a nosotros también. Vamos aquí a la casita de un amigo.
Cuando llegamos a la orilla me preguntaron si me había bañado alguna vez en el Mediterráneo. Les dije que no y entonces me advirtieron que las playas mediterráneas tienen, al entrar en el agua, un escalón muy pronunciado, al contrario que las atlánticas, que vas entrando con suavidad y sin darte cuenta... En efecto. Allí estaba el escalón.
Cuando salimos del agua nos tumbamos a tomar el sol y secarnos. Tras algunas bromas me metí de lleno en los temas que más me llamaban la atención.
-La amenaza de los aliados de Ben Laden, esa en la que se refieren a la liberación de la tierra del islam, desde Jerusalén hasta Al-Andalus, es lo suficientemente loca como para poner nerviosos a los andaluces.
-Hay más que Al-Andalus, lo que pasa es que aquí se siente la amenaza más cercana. Los terroristas tienen que buscar argumentos para asustar, lograr fuerza y, también, dinero. No hay que olvidar que la invasión musulmana llegó hasta Francia. Después de Andalucía, Toledo, León, Zaragoza y Rocesvalles, Tolosa... Y nombres como Tariq, Muza, Abd-al Haziz...
-Pero yo digo que, cuando ahora se habla de Al-Andalus, se están refiriendo a toda la tierra perdida en la península.
-Lo que se llamó Hispania...
-O quizás estén pensando en Europa...
-Existe un precepto en la ley islámica que obliga a recuperar los territorios que un día fueron musulmanes. Al-Andalus fue como una historia mágica hasta hace dos siglos. Mucha literatura. Allí los intelectuales buscaron y encontraron cosas como la Mezquita de Córdoba o la Alambra de Granada o los ojos negros de las andaluzas. Los árabes inventaron el álgebra, fueron astrónomos, científicos y todo su saber entró al continente a través de Al-Andalus.
-Cuantos saudíes, por ejemplo, se construyen palacios en Andalucía.
-Estudiosos españoles y marroquíes coinciden que la reivindicación de esas tierras es algo que no tiene sentido ni histórico ni político.
-¿Qué pretende Ben Laden y Al Qaeda cuando dice esas cosas? Si es que las dicen...
-Ben Laden pertenece a una familia adinerada, con muchos millones y buena educación...
-Ahora se le llama educación a cualquier cosa...
-El sabe que es una fórmula para crear una situación violenta y busca poder político. Es un ansioso en ese sentido. Lo que os ocurre a vosotros es que todo esto os infunde miedo y las autoridades organizan las alarmas, con lo que le dan un margen de razón a los terroristas...
-Porque ya han ocurrido cosas y pueden ocurrir más.
-Las cosas ahora en Andalucía, en España, son muy distintas. Hay españoles conversos e incluso el imán de una mezquita granadina es escocés... Lo del islam empieza a ser algo más ideológico que religioso. Es como remar contracorriente. Por eso se da una creciente preocupación no solo en España, sino en el resto de Europa. Porque esta influencia de la islamización se teme en muchos lugares. En Andalucía nos teméis a nosotros, pero en Alemania temen a los turcos, en Francia a los argelinos y en Inglaterra a los paquistaníes. De lo que podemos estar bien seguros es de que no hay que tenerle miedo a los musulmanes que viven en Europa. Estos quieren vivir tranquilos, trabajar y, en la mayoría de los casos, cumplir son sus preceptos religiosos. Si algún día llega a haber problemas vendrán de fuera e irán dirigidos a esa comunidad.
-Son doce millones los que ya viven en la Unión Europea y entre ellos existen asociaciones de corte radical.
-Si, pero la mayoría opta por la convivencia y por el diálogo. Habrás oído hablar del secretario general de la junta islámica en España, que trabaja desde un pueblo de Córdoba. Es un converso. Esta junta defiende una visión integradora y democrática del islam y defiende el diálogo interreligioso. Esta gente piensa que las reivindicaciones sobre Al-Andalus son un ataque hacia los musulmanes que residen en España... España ha hablado de diálogo entre los dos mundos, el occidental y el árabe y musulmán. Hablar para sustituir amenazas y violencia, una vía pacífica para limar asperezas, pero es una idea que no todos comparten, desgraciadamente.
-Y en Andalucía andamos por los doscientos cincuenta mil y unas ochenta comunidades.
-Y un portal de internet llega a tener trece millones de visitas al mes.
-Pero mientras tanto, la máquina continúa y, con la religión como excusa, occidente sigue en el punto de mira.
-Indudablemente estáis preocupados.
-En cierto modo, si. Aunque, por otra parte, a veces, llegamos a entender el porqué de las cosas. Pero te toca las narices que vayas a coger un tren para ir a trabajar y que te maten con una bomba. No deja de ser una mala jugada, lo mires por donde lo mires...
Cada vez que yo hablaba así, provocaba la sonrisa correcta y educada de mis amigos tetuaníes. Pero yo lo sentía mucho. Tenía que decirlo, porque si no, explotaba. Además me sentía muy a gusto tumbada en la playa, secándome al sol, sin las presencias agobiantes de Ahmed y Robert y hablando a mis anchas. Decidí continuar.
-Habéis hablado de diálogo, de convivencia, de respeto, de que no hay malas intenciones,... Pero tengo entendido que en Arabia Saudí, las mujeres ni siquiera tienen derecho a conducir, no se permite la libertad de expresión o practicar otras religiones. Y he leído que un grupo de intelectuales y gente preparada han pedido a la casa real una monarquía constituyente que sustituya a la absoluta. Algunos han terminado en la cárcel.
-Yo puedo decirte que hoy, aquí y en España, los musulmanes se están concienciando en los valores de la democracia. Es más, están con los españoles. Si reivindican algo, es el espíritu de Al-Andalus, pero no la tierra. Y no digamos los conversos, que están en la suya, ¿cómo la van a reivindicar? Es absurdo. Recuerdo que cuando lo de Atocha, un gran grupo de musulmanes, condenó públicamente los atentados, porque eso les perjudica a ellos y ya surge el odio y el miedo.
En un momento de pausa en la conversación me señalaron hacia el norte y me dijeron que aquella montaña de color oscuro que se adentraba en el mar se llamaba Cabo Negro, que era un sitio muy bonito.
-¿Se te apetecería comer pescado como se prepara aquí?
-Si, me encantaría.
-Pues vamos. Cabo Negro está a unos cinco kilómetros y allí hay un restaurante que se llama O Hala. El pescado lo preparan de diferentes maneras, "tagines", asados... Te gustará.
Una carretera preciosa con el mar a nuestra derecha. Llegamos a un lugar en el que, como me había dicho mi amiga Sóhera, no daba la sensación de estar en Marruecos. Aquello era un mundo como el de las películas. El local era precioso, el ambiente encantador, pero yo tenía ganas de marcha. Y me lancé a la piscina sin saber si tenía agua.
-Me vais a perdonar. Se que puedo pecar de pesada, pero me martillea un problema.
-Tu dirás. Prefiero tus temas de conversación a otros que tenemos que soportar a falsos amigos. Ahmed nos habló muy bien de ti. Te tiene en una alta estima. Nos pidió que te cuidáramos y que te hiciéramos feliz durante tu estancia aquí.
-Gracias. Yo también tengo un gran afecto por Ahmed. Es un gran artista. Un hombre muy contradictorio, pero tremendamente atractivo.
-Hablas como si estuvieses enamorada de él.
-Quizás lo esté...
¿Y Robert?
-Es una historia muy complicada. Complicada de vivir, de sentir... Imagínate de contarla...
-Pero, ¿dónde está tu corazón?
-Como la canción. Tengo el corazón "partío".
-¿Y cómo puedes querer a dos hombres a la vez y no estar loca?
-Es que probablemente lo esté. Loca. Loca por conseguir un amor que me llene de una vez. Es una historia que para entenderla habría que echar la mirada muy atrás. A mi niñez, mi llegada a Sevilla...
-Vamos a dejarlo. Te comprendemos. Muchas veces las mujeres, y a mi también me ha pasado, hemos estado enamoradas de dos hombres a la vez.
-Y no te quiero decir nosotros, los hombres -intervino Alí-. De dos y de tres... Creo que Dios nos fabricó con ese defecto o con esa virtud...
-Pero, por favor. Vamos a dejarlo. Nosotros también queremos mucho a Ahmed, por él, por como es... Un ser tan contradictorio en todo... Con un tremendo problema...
-Perdonar. Respecto a ese problema, quiero confesaros un secreto. Creo que os vais a alegrar o por lo menos a sorprender.
-Dinos.
-Ahmed está enamorado de mi.
-Yo, por intuición femenina, lo había imaginado. Por cómo habla de ti, por cómo te mira. Robert parece más distante.
- Y, además, hemos tenido relaciones. La primera vez fue en Córdoba. Empezó a pintarme un desnudo y me llevó a ver el Museo de Romero de Torres.
-Bonita excusa.
-Si. Y bonita noche. Córdoba y él, un poeta, un artista, y un hombre en la cama... No lo puedo olvidar.
-Me alegro, de verdad.
-Querría terminar mi vida con él.
-Te envidio.
-¿Tu también estás enamorada de él?
-No, aunque podría estarlo. Pero yo tengo a Alí. Vivo bien con él.
-Es que siempre parece que deseas más aquello que no tienes...
-Puede ser.
Se hizo un silencio. Nos habían traído el pescado.
-Está riquísimo.
-Tú querías hablar de algo, ¿no?
-Si, es verdad. Nos hemos perdido.
-Pues vuelve.
-Si. Quería volver sobre algo de lo que ya hemos hablado. Pero me quedan muchas curiosidades.
-¿A que te refieres?
-Vuelvo a la mujer.
-Estupendo. ¿Y por donde quieres ir ahora?
-Tengo varias cosas en la lista. Me gustaría comentar con vosotros lo del maltrato. Lo de pegar a las mujeres.
-Difícil asunto.
-Si, pero está ahí. ¿Y aquí?. Clérigos saudíes, el rector de una universidad, líderes religiosos, andan dando lecciones por televisión sobre cómo el marido tiene que pegarle a la mujer para castigarla y sin que se note el golpe...Se han dicho cosas como que el marido debe golpear suavemente a la mujer, procurando no desfigurar su cara y que debe pegarle donde no deje marcas.
-Quienes dicen esas cosas se refieren a las esposas rebeldes... Eso lo contempla el islam.
-Ay que gracia. No se puede ser rebelde... ¿O qué se entiende por rebelde?
Sóhera y Alí me escuchaban y sonreían.
-Cierta autoridad suní ha dicho que más que pegarlas hay que empujarlas o pincharlas. No reíros. Que lo he leído. Que lo dicen por las televisiones árabes.
-Si. Ya lo sabemos, pero...
-Y que según el Corán, pegar a la esposa forma parte del programa para reformar a la mujer. Veréis. Primero se le amonesta. Si la cosa no marcha, se pasa a dormir en camas separadas y si esto tampoco funciona, se pasa a los golpes.
-Lola, no te lo tomas tan a pecho, y perdona... -me dijo Alí esbozando un piropo disfrazado-.
-No, si yo estoy tranquila. Lo que pasa es que me llama la atención estas cosas. ¿Cómo no va a haber terrorismo si la mujer puede tener al terrorista en su misma cama? Os acordareis que en 2004 el imán de Fuengirola fue condenado a más de un año de prisión por publicar un libro en el que se decían cosas así.
-Perdona y te recuerdo. Este problema no es exclusivo del mundo árabe. En todos los países hay violencia contra las mujeres. En tu país, en tu ciudad, en Sevilla, los novios pegan a las novias y los maridos a las mujeres. Y, a veces, las matan a botellazos, a navajazos o a tiros. Yo también leo la prensa. La violencia doméstica. La violencia de género...
-Si. Ocurre. Pero nadie lanza arengas por las televisiones diciendo que así es como se educa o como se debe tratar a la mujer. Pasa porque la gente se droga y pierde el control. ¡La droga! ¡Puta droga!
-Tranquilízate con el tema de la droga, Lola.
-Ya lo se. Y eso me desespera. Pero estoy segura de que un día esto cambiará del todo.
-No conviene hablar de eso ahora, ¿comprendes?
-Comprendo.
-Mira. Hay mucha confusión. Me consta que hay países árabes que organizan conferencias y seminarios para educar a hombres y mujeres en el respeto mutuo y, sobre todo, en el respeto hacia la mujer.
Alí, tranquilo y observador, decidió intervenir.
-Comparto contigo, Lola, muchas cosas. Se ha dicho que el marido no debe comportarse como si estuviera en un club de kárate o de boxeo con su esposa y que hay que tener cuidado de no romper sus huesos, ni que sangre... Y también alguien ha llegado a decir que si, para algunos pegar es poco civilizado, que sepamos que el Corán dice que las palizas son indispensables.
-Yo no he leído el Corán. ¿Y las mujeres no protestan?
-Igual que en España, que en Sevilla. Se callan, les da vergüenza. Es difícil que una mujer árabe vaya a una comisaría, llena de hombres, a mostrar sus heridas y sus moretones que, además, suelen estar en zonas íntimas.
Quise romper la tensión de la charla y gasté una broma.
-Alí. ¿Tu dónde le pegas a Sóhera?
-Yo le pego en un lugar íntimo, donde a ella le gusta y, además, le doy mucho placer. Y la huella queda en su corazón, invisible a los demás.
Rompimos los tres a reír. Nos abrazamos.
-¿Tomamos el postre?
-Un té y dulces.
-Creo que voy a engordar.
-Un día es un día.
-De todas maneras, hay cosas que me dejan helada. Hay un asunto que ha saltado a la actualidad por una foto.
-Si. Ghulam, la niña afgana.
-Será afgana, pero me resisto a pensar que esto siga ocurriendo. Tiene once años y el marido cuarenta. Es forzar a una niña, a la que no le ha dado tiempo ni de jugar, a que soporte a un hombre que vete a saber cómo la va a tratar, ni qué horizontes de vida le puede proporcionar.
-El padre de Ghulam recibió, a cambio, dinero y ganado. Parece ser que llegó a decir que no le gustaba que su hija se casara tan pronto, pero que eran muy pobres y que necesitaba dinero para mantener al resto de sus hijos.
-También los hay que venden a sus hijas para pagar la droga o liquidar alguna cuenta pendiente a causa del juego.
-Pero yo pienso en Ghulam. ¿Qué estará haciendo ahora mismo, con sus once años, sin experiencia, sin conocimientos, casada con ese hombre de cuarenta años? Será como una esclavita, ¿no? ¡Que vida!
-Creo que son muchas las adolescentes afganas que se suicidan para escapar de este tipo de matrimonio.
-Se queman con el queroseno de sus cocinas.
-Lo peor es que a veces no mueren y quedan deformes para toda su vida.
-Lo que no sabemos es qué podrá ser peor. Vivir con el cuerpo deformado para siempre o soportar para siempre el maltrato constante de un hombre salvaje.
-Las hay que se queman después de casadas y después de haber tenido hijos. No pueden soportarlo. Y todo esto ocurre, la mayoría de las veces, antes de haber llegado a la mayoría de edad...
-Es dramático. Se me quitan las ganas de comer... ¡Que asco! Y esto, ¿cómo se podría solucionar? ¿No hay manera de luchar?
-Y no solo ocurre en Afganistán como en este caso.
-Ya lo supongo.
-Esto se ha sabido por la afortunada foto de una reportera norteamericana, Stephanie Sinclair.
-Foto maravillosa. ¿La habéis mirado despacio?
-Si. La cara del hombre lo está diciendo todo.
-La cría tiene expresión de desorientación mal disimulada...
-No. De terror.
Se hizo un silencio y tomamos un sorbo de té. Todavía quemaba.
-Prueba estas pastas. Están muy buenas.
-¿Y las himenoplastias? -volví con un nuevo tema-.
Se me quedaron mirando. Creo que los había cogido en fuera de juego.
-Intuyo de lo que hablas, por lo de himen. Pero no se...
-Es una pequeña operación, gracias a la cual las mujeres pueden recuperar la virginidad.
-Si, bueno. Es verdad.
-En España se viene haciendo desde hace algunos años, no muchos. Quienes más la solicitan son las mujeres de raza gitana y las musulmanas.
-Todo por el miedo al repudio.
-Todas van en secreto. La operación no es nada complicada, un ratito y fuera. Seiscientos euros. Lo que quieren es evitar un mal trago a la familia. Perder la virginidad antes del matrimonio sigue siendo un problema para mucha gente.
-Aquí, todavía es una obligación ir pura al matrimonio.
-Después, claro, está la picaresca. La mujer que ha terminado una relación sentimental y cuando va a iniciar otra, quiere aparecer nuevecita... O, como leí en un reportaje de prensa. Las prostitutas de alto nivel que se operan mil veces para dar el oportuno pego ante sus clientes más cualificados...
Terminamos riendo y bromeando. Ya era la hora de regresar a Tetuán.
-Bien, Lola -intervino Pedro en un intento de centrar la historia-. ¿Que pasó con aquel moro que te perseguía?
-Nada más montarnos en el coche para iniciar el viaje de regreso, de Tetuán a Ceuta, y cuando llevábamos pocos kilómetros de carretera, Ahmed no pudo soportar más y nos lo contó.
-Ya que nos vamos os lo voy a decir. Lola: el moro que te perseguía, no era un loco. Era el enviado de una mafia rival a la de mi padre, que nos estaba vigilando y perturbando nuestros días de estancia en Tetuán. Podíamos haber estado más tiempo, pero he preferido adelantar el regreso. Ya os dije que estaba notando cosas raras en mis contactos. Pues ahí lo tenéis. Y no sería nada de extraño que un día, este hombre u otro parecido, vestido a la europea, apareciese por Sevilla. Nos estamos metiendo en un buen jaleo.
-¿Qué piensas hacer? ¿Esto va a cambiar nuestros planes? -preguntó Robert haciendo gala de su egoísmo-.
-De momento voy a seguir adelante con nuestros planes. Pero con mucho cuidado. Mucho más del que habíamos pensado. Cabe la posibilidad de que me estuvieran vigilando a mi, pero cargaron las tintas sobre ti, Lola, para hacer ver que era una cuestión de denuncia.
-¿Denuncia?
-Si. Que un hombre como yo, venía con una mujer como tú a Tetuán...
-Pero también venía Robert.
-Repito que podría ser un truco para incordiar, para despistar. Una guerra de nervios. Tenemos que poner atención en el restaurante. Podemos estar en el punto de mira de esta gente. Estoy seguro de que nos tienen localizados, que nos están siguiendo, que saben de nuestro negocio en Sevilla... Pero, en fin. Vamos a dejar las cosas como están.
Hubo un silencio que duró bastantes kilómetros.
-¡Ah! Mirad. Esto es Restinga -dijo Ahmed, queriendo alegrar el viaje-. Una zona de gran atractivo turístico. Ahora recuerdo una historia que ocurrió aquí.
-¿Os la cuento?
-Claro. Como tú quieras.
-Este lugar, hace muchos años, no era nada. Ahora se ha convertido en un paraíso terrenal para algunos de aquí y para muchos que vienen de fuera. La historia que os quiero contar, creo que tuvo algo que ver con mi padre. No lo tengo muy claro.
-¿Y cómo era esa historia?
-Se instaló en esta playa mediterránea un acaudalado francés, Louis, hombre solitario y dedicado a negocios variopintos desde toda su vida. Contrató a una camarera de Tetuán, Fátima, mujer atractiva y servicial. Ella, enseguida le vio la punta al tema y sedujo al millonario francés, lo cual debió ser muy fácil dadas sus facultades, sus características y la soledad del galo. La cosa fue tan bien que Louis llegó a contraer matrimonio con ella. A partir de ahí, vinieron las complicaciones. Empezó llamando la atención que en la cuenta del hermano de Fátima, se ingresaran sumas muy altas de dinero. Poco después, el millonario francés aparecía estrangulado en un vertedero de basura. Evidentemente había sido asesinado. Probablemente lo habrían matado en su casa y luego trasladado el cadáver hasta el vertedero. La camarera y su hermano fueron juzgados. Todo apuntaba a que ambos habían matado a Louis para hacerse de sus bienes.
-Historia para una novela o una película.
-O para la vida real. Louis era un hombre al que le gustaba convertir la noche en día. Se trataría de un crimen de diseño preparado y calculado, fría y matemáticamente. Existían fotos de Louis y Fátima, en las que esta aparecía como su tercera esposa. El alcohol y la droga solían correr sin tino en su chalet de Restinga. Pero el hermano de Fátima, el cuñado de Luois, cercaba el círculo cada vez más sobre este. Louis empezó a cansarse de este y, por tanto, de Fátima. Pero Fátima no quería perder el privilegio de ser la esposa de un millonario. La única salida para Fátima era terminar con Louis. Le ofreció una sustanciosa cantidad de dinero a su hermano para que terminase con él. Pidió más, mucho más y, a cambio, haría un trabajo limpio.
-¿Cómo se llegó al final?
-Al final todo quedó como una discusión entre borrachos. Una discusión que no llegó a ser pelea y en la que Louis, tropezó y cayó por unas escaleras... La muerte real no fue así. Eso se descubriría después. Parece ser que fue una noche de whisky y drogas en el chalet de Louis. Lo mataron y lo llevaron después al vertedero. Fátima aspiraba a conseguir una vivienda en la Riviera francesa, una finca, y unos diez mil euros mensuales.
En aquel momento de la historia, Ahmed decidió entrar en el complejo turístico de Restinga para que lo conociésemos. Paró junto a un complejo hostelero bellísimo y nos llevó hasta la cafetería. Nos sentamos ante unas cristaleras que daban sobre un Mediterráneo algo revuelto. Fue a recepción y preguntó algo. Tomó unas notas en un papel. Luego fue a una cabina y llamó por teléfono. Después llamó a un botones, habló algo con él y le dio unas monedas. Entonces vino hacia nosotros y se sentó.
-Creo que está aquí un buen amigo mío, un profesor, un estudioso. Me gustaría presentároslo y charlar un rato.
Parecía como si Ahmed no quisiera abandonar su tierra. Quería dilatar su tiempo de estancia allí. Hablamos algo. Pedimos unas bebidas. Al poco rato apareció un hombre serio, impecablemente vestido, con cierta mirada afectuosa. Ahmed nos presentó.
-Este es mi amigo Abdeslam. Y estos mis amigos de Sevilla, Robert y Lola. Abdeslam es historiador. Escribe cosas sobre Marruecos y sobre algo tan actual como las relaciones entre oriente y occidente. Somos amigos desde nuestros tiempos de estudiantes.
Abdeslam me saludó cogiendo mi mano, apretándola fuertemente y dándome dos besos agradables de recibir. Cuando separó su cara, permaneció unos instantes mirándome a los ojos, como queriendo averiguar algo. Aquello, aunque me gustó, no dejó de inquietarme. Nos sentamos.
-¿Qué libro estás escribiendo ahora? -le preguntó Ahmed-.
-Se podrá titular algo así como "el posible entendimiento". Es un ensayo sobre la posibilidad que tenemos unos y otros de entendernos. Es decir, ustedes y nosotros.
Hilvanamos algunas frases, las suficientes como para que Abdeslam se lanzara con sus teorías. Estaba muy seguro de ellas.
-...yo dudo que exista algo que pueda definirse como cultura occidental... Hablamos de culturas y todas tienen sus cosas positivas, sus negativas y se parecen en muchas otras. Los cristianos se han pasado la vida luchando contra los infieles... Y han matado. ¿No os acordáis de las Cruzadas? Mataban a los que no creían como ellos... Por eso pienso: ¿Son tan opuestas las civilizaciones de oriente y occidente? Se habla de la cultura global. Es como si todos nos fuésemos a uniformar. Tu vas viajando por un país árabe y te encuentras con el logotipo de MacDonald´s... Como siempre ocurrió con el de Coca-Cola. La civilización, en efecto, tiende a ser mundial. Normalmente por ahí, se habla de un mundo islámico monolítico. Y no es verdad, porque Marruecos, Argel, Túnez y Pakistán, en el fondo, no tienen nada que ver. En la pantalla de un televisor todos tienen una ropa igual y barbas, muchas barbas... Parece que cuando no hay barbas, estás hablando de otras personas...
Me atreví a intervenir y, muy bajito, le dije:
-También es esa la imagen que se vende. No se. Pero desde Al-Yasira, hasta nuestros telediarios, todos tienen barba y gritan, gritan mucho... A mi, a veces, estos personajes me dan miedo...
-Se dan muchos fenómenos en paralelo y en una conversación tan breve, no va a dar tiempo de...
-No hay prisa -intervino Ahmed-.
-Vamos a ver si soy capaz de explicarme. Hay incertidumbre y miedo. La incertidumbre es positiva, porque te obliga a reflexionar. Pero a mi lo que me preocupa es el miedo, porque el miedo deforma la realidad y te lleva a reacciones no recomendables e irreflexivas... Por eso el islam se os aparece a vosotros como una religión de riesgo que os puede traer el peor de los males. Tengo un amigo en Madrid, que es de aquí, que siempre procura ir por la calle sin llevar periódicos árabes a la vista. Los guarda en su maletín. El también tiene miedo. Tenemos miedo todos. Nosotros y vosotros... Y lo peor, es que se piensa que el islám es retrógrado y no es moderno... Pero, ¿qué es lo moderno? No hay modernidad. Hay una cultura falsa basada en los adelantos y en la riqueza material. ¿Hablamos de modernismo cuando nadie ha sido capaz de crear un mundo medianamente justo? Para unos está creciendo la radicalización. Yo creo que no. Os voy a decir una cosa. El islam no tiene jerarquías. Es decir no tiene un Papa. Es una cosa como de mucha gente. Y ya sabéis que islam significa sumisión. Viene de la palabra "salam", que significa paz.
-Pero los terroristas hablan del Corán.
-Yo creo que en algún momento lo manipulan. Lo de la guerra santa no es aceptable. Yihad significa esfuerzo por la defensa del islam. Me parece muy bien una yihad para ir a mejor en muchas cosas, pero es inaceptable una yihad para tirar bombas sobre inocentes...
-¿Fundamentalismo, integrismo?
-Yo me atrevería a decir que el integrismo, como término, nació con el catolicismo español. Luego, se ha tomado para designar a cierto radicalismo islámico.
-Las religiones son extremistas.
-Y también están empezando a ser la forma de identificación.
-Y deberían ser la fórmula para aprender a respetar a otras ideas, siempre y cuando no atentaran contra la integridad del ser humano.
-Yo creo que nos podríamos llevar bien occidente y los musulmanes.
-No concibo ninguna incompatibilidad. Lo que pasa es que un musulmán que llega a España, por ejemplo, puede vestirse de una forma distinta y se le respetan sus preceptos religiosos...
-Y en cambio, cuando una española va a Irán, por ejemplo, tiene que vestir de una determinada manera...
-Tampoco hay que generalizar. Porque eso, como tú dices, puede ocurrir en Irán o en Afganistán, pero, por ejemplo, en Egipto, no. Todo depende si se entiende eso del estado de derecho. Yo creo que el islam es evolutivo.
-Pero se trata de muchos países y de muchísima gente.
-Cuarenta países.
-Y mucho subdesarrollo político.
-Se vuelve como de un colonialismo y no se han abierto posibilidades de alternancia. Es como si a estas alturas en Europa se estuvieran rigiendo estrictamente por la Biblia.
-Lo religioso va por un lado y lo político por otro.
-En el mundo islámico no se da el ateísmo, no hay innovación, disidencias... Aparte de que eso sería horrible. Quizás, por eso, no hayan habido corrientes innovadoras. Se echa de menos la falta de libertad del individuo.
Ahí intervino Robert, en uno de sus momentos de lucidez, preguntando a Ahmed.
-¿Has hablado hace un poco de riqueza material? Existe una banca islámica, ¿No es así?
-Si.
-Y que se está implantando en España, por ejemplo.
-Te explico. Vamos a no simplificar excesivamente las cosas. Hay que partir de la base de que la ley islámica prohíbe la usura. Es decir, eso de que yo te preste dinero a ti y tu me devuelvas lo prestado más una cantidad.
-Hasta ahí llego.
-Incido. El sistema financiero musulmán no permite el cobro, ni tampoco el pago de intereses...
-Entonces, ¿cómo ganan dinero los bancos?
-Vamos a ver, te explico. Nuestro modelo de banca se dedica a la coparticipación en riesgos y beneficios. ¿Tu quieres montar un negocio? Pues el banco pone el dinero. Tú pones el esfuerzo, la inteligencia y el trabajo. Al final, el banco y tú os repartiréis las ganancias o las pérdidas que se deriven del negocio...
-Eso suena muy bonito...
-Los bancos no pueden financiar proyectos que no sigan los preceptos del Corán. Por tanto olvídate de negocios que tengan que ver con un casino, un hipódromo, una tienda de chacinas, un pub o la venta de armas...
-¿Entonces?
-Comercios en general, viviendas...
Algo flotaba en el ambiente. Robert miró a Ahmed y éste dirigió su mirada, a través de la cristalera, hacia el mar.
-Se está revolviendo. Las olas son cada vez más altas. Espero que no tengamos problemas para cruzar el Estrecho -dijo distrayendo la atención-.
-¿Y no existen más fórmulas? Es difícil de creer.
-Bueno, existe una especie de préstamo personal. Entonces el banco compra el producto solicitado por el cliente y luego se lo revende con unos beneficios previamente acordados por ellos.
-Naturalmente, un banco, nazca donde nazca, lo hace para ganar dinero. No son las hermanitas de la caridad...
-Habrá trucos y negocios, pero yo no los conozco.
-En España se están introduciendo...
-Yo te aseguro que estas entidades son más sociales que los bancos. No tienen tarjetas de crédito, ni planes de pensiones... Y viven de alquiler, porque no aceptan las hipotecas...
-Me lo pintas como un paraíso...
Hubo como un parón. Ahmed aprovechó para pedir unos pastelillos. Volví a intervenir.
-La verdad es que hay miedo. El ritmo de llegada de pateras no es lógico.
-Con los inmigrantes se cuela también el fantasma del miedo ante un futuro que no se advierte claro. El peor enemigo es la arrogancia norteamericana. Es insoportable desde hace mucho tiempo.
Se nos hacía tarde. Teníamos que despedirnos. Abdeslam volvió a besarme, y sin soltar mis manos, apretadas por las suyas, me dijo en voz baja.
-Estoy seguro que volveremos a vernos y para mi será un placer infinito...
-Gracias, espero que así sea -acerté a contestarle-.
Aquel hombre, por su insistente mirada durante la conversación y la manera de dirigirse a mi al despedirse, prolongó la inquietud que había sentido cuando me lo presentó Ahmed. Me daba la sensación de que lo había visto otra vez, en otro sitio... ¿Porqué me miraba así? Había sido un viaje tan extraño. Quizás yo viera fantasmas y peligros por todas partes.
-Os fuisteis de Restinga -dijo Pedro-.
-Si, y a los pocos kilómetros estábamos en Ceuta.
-¿Cómo estaba el mar?
-El tiempo estaba empeorando, pero se podía salir. Había nubes, algo de viento y llovía una agüilla muy fina. Un tiempo totalmente distinto al de la ida. Ahmed se informó y tomó la decisión de salir. Hacía fresco y yo preferí bajar al camarote. Ellos se pusieron los impermeables amarillos y se quedaron arriba. Aquello me recordaba la película "Niágara" y yo podía ser la Marilyn... Los oía hablar en la borda. ¡Que diferencia más enorme entre el viaje de ida y este de regreso! Fuimos como chiquillos ilusionados con algo desconocido y volvíamos serios, cargados de preocupaciones.
Robert se empeñó en el tema de las mezquitas. Había descubierto un nuevo filón y quería seguir, a toda costa, los pasos de la posible construcción de la de Sevilla. Lo quería llevar todo hacia delante. Era un loco insaciable. Y la verdad es que ya sabía mil cosas sobre mezquitas.
-Se ha dicho que Al Qaeda podría estar detrás del asunto de la mezquita de Sevilla. Ahora podemos hablar a solas.
-No se, eso lo ha dicho alguien por su cuenta. Puede ser verdad o no serlo. Robert, no se. Te disparas. Déjame respirar, por lo menos.
Robert hablaba casi sin pensar, como una máquina. Daba la sensación de que quería dejar claras algunas ideas antes de alejarse del suelo africano. Como si fuese a perder un talismán, un zapato de cristal...
-La Comunidad Islámica en España, solicitó en 2003 la construcción en Sevilla de una mezquita como la de Granada, de unos seis mil metros cuadrados. Y creo que el dinero necesario iba a ser aportado por dos empresarios de la ciudad que han preferido permanecer en el anonimato y que transfirieron directamente el dinero, desde sus cuentas corrientes, al Ayuntamiento, sin pasar por ningún intermediario.
-No podría decirte ni que si, ni que no. No se nada de eso.
-Es lógico, por otra parte, que un proyecto como este y en esta tierra
levante un rechazo. En Córdoba se han negado a que se construya una mezquita ni en suelo público, ni en suelo privado.
-Es curioso que eso ocurra, precisamente, en Córdoba...
-Es que hay gente que dice que no a los musulmanes, no al Islam y no a la pluralidad. Son rechazos viscerales.
-Pues en contra de eso, tengo que decirte que la mezquita de Granada funciona muy bien.
-Creo que fue pagada por el emir de Sharjah y contó con la colaboración de los gobiernos de Marruecos y Malasia.
-Empiezan a preocuparme tus conocimientos sobre el tema.
-La de Sevilla podría ser financiada por donantes particulares de muy distintas nacionalidades, incluso españoles.
-Con donaciones de ese tipo creo que se hizo la catedral del Palmar de Troya.
-Si, pero esa es otra historia. Creo que en Italia vigilan las mezquitas y a sus imanes, porque a veces se usan para fines diferentes. ¿Es verdad que de once comunidades islámicas que hay en Sevilla, diez se han opuesto a este proyecto?
-No lo se. Me abrumas con tu información. ¿Me quieres hacer un examen?
-La mezquita de Málaga, la más grande Europa, ya está funcionando. Seis mil metros cuadrados. Los arquitectos han sido españoles. Tiene una biblioteca con más de doscientos kilos de libros.
-Me hace gracia eso de que los libros se pesen... ¿Pesan más los que son más profundos o los que dicen mejores cosas?
-Aquí se ha dicho que desde la mezquita se tratará de impulsar el arte y la historia. Que nace con una vocación cultural y no será un centro para atender a inmigrantes.
-Por dentro será una copia de las antiguas mezquitas.
-Hay miedo porque la gente se entera de cosas. No hace mucho, la policía detuvo a dieciséis musulmanes. Estaban acusados de tener una red dedicada a captar y preparar terroristas para enviarlos al norte de Africa. Eran de Cataluña, Aranjuez y Málaga... Formaban yihadistas, futuros terroristas. Pero, ojo, porque entre los detenidos figuraban un ex imán de la antigua mezquita de Badalona y entonces imán de Santa Coloma de Gramanet. Se montan sedes para la integración de inmigrantes y... ¿Cuántos muyahidines han podido salir de España para entrenarse en Marruecos y engrosar las filas de Al Qaeda? Con anterioridad ya se habían detenido otras veintidos personas.
-No te quedes en España. Yo también se cosas. Algo parecido ocurrió en Italia. En el trastero de la casa del imán de la mezquita de Perugia, se encontraron hasta sesenta tipos de sustancias para fabricar bombas. Fue arrestado junto a otros dos islamistas acusados de actividades terroristas. El imán había trabajado anteriormente como albañil. Las autoridades italianas calificaron aquella mezquita como una verdadera escuela de terrorismo.
-Recientemente el líder de Mártires por Marruecos, ha hecho unas declaraciones y ha dicho que la operación desarrollada contra ellos no era más que un montaje para tapar la masacre del 11-M. Le echaba la culpa a unos posibles confidentes y se metía duramente con el juez Garzón al que le llamó "juez injusto que odia a los musulmanes, porque todo el mundo sabe que cualquier musulmán que reza o se deja la barba va a la cárcel. Yo soy un buen ejemplo -decía-. Nunca he hecho nada y llevo tres años en la cárcel. Garzón es un juez injusto con la democracia en la mano. Le gusta la fama y salir en televisión. Le llaman juez estrella y si lo que le gusta es salir en televisión que vaya a Gran Hermano..."
-Si. Y luego reiteró que no había hecho nada, condenó los actos terroristas y dijo que pertenecía a una asociación que defiende los derechos humanos que siempre denuncia los malos tratos y el racismo.
-Pero la Fiscalía le achaca haber creado en la cárcel de Topas, en Salamanca, el grupo Mártires para Marruecos, grupo que llegó a tener cuatro células perfectamente estructuradas y conectadas entre si.
-España es el país de Europa más ligado al islam. Muchos años viviendo juntos. Estamos condenados a entendernos y a respetarnos.
-Pero una cosa es España y el islam, todos vosotros, y otra somos nosotros y el peligro a lo desconocido...
-En España creo que hay unos seiscientos mil musulmanes. Ellos quieren tener un hueco en esta sociedad. Ya se han creado unas doscientas asociaciones por todo el país que cuentan con sus oratorios...
-¿Mezquitas?
-No. En la mayoría de los casos son sucedáneos, reproducciones, instalaciones en precario, a veces semiclandestinas... Nada que ver con las opulentas mezquitas que existen en Fuengirola o Marbella.
-¿Y con eso no basta?
-La verdad es que la mezquita para un musulmán no es un espacio físico más o menos rico. Es como un pedazo de su vida, lugar de encuentro, de unión unos con otros, de vida en comunidad. Un musulmán si reza junto a más gente, le vale más que si lo hace solo en su casa... El islam es creencia y práctica. Hay que hacer mezquitas porque para nosotros la dimensión colectiva de la religión es básica. Si no, no es islam...
-Que tu lo que quieres es hacer la mezquita...
-No es solo eso. Mira. La mezquita es el primer lugar que busca el inmigrante magrebí que llega a Sevilla sin dinero y sin contactos...
-Eso es lo peligroso... Sin dinero...
-Pero si hay mezquita se juntan en ella para rezar, el empresario rico y el que acaba de llegar.
-Bueno, bueno... ¿Y, aparte de rezar, el empresario, en ese acto comunitario, se preocupa por el futuro del recién llegado?
-Puede ser... Lo que está claro es que eso no podrá ocurrir si no hay mezquitas... La mezquita es como un fuerte, un reducto donde refugiarse...
-Una mezquita puede ser cualquier lugar...
-Si. Un garaje, un almacén... Lo que es imprescindible es que se ore mirando a la meca. Y que haya grupo. En cuanto un grupo de fieles se reúnan con la intención de orar, estén donde estén, ya están en una mezquita.
-La gente reza sola. No hay un curas.
-Nosotros no tenemos ni papas, ni monjas, ni curas, ni obispos. El imán es elegido por la comunidad...
-Pues anda, que si aquí tuviésemos que elegir al párroco, vaya problemón...
-El imán es un hombre que cobra por su trabajo, que está casado, que tiene hijos y suele vivir en la misma mezquita.
-¿Y qué cobran?
-En España andan entre los cuatrocientos y los mil euros.
-¿Y van por libres, o cómo es eso?
-En nuestros países están controlados. Son, como trasmisores de unas ideas. Pero en España puede que cada uno vaya por su lado.
-Ahí está el peligro.
-Tu ves peligro por todas partes.
-Yo escucho a la gente de la calle. Y tú y yo somos amigos. ¿Podemos hablar en confianza?
-Seguro que si.
-¿Cómo son los imanes?
-Puede ser un licenciado universitario o un marroquí sin paleles. En Cataluña, los imanes están aprendiendo las bases de la cultura del país y así facilitar la integración de los inmigrantes.
-Y, supongo que estarán aprendiendo también el catalán.
-Evidentemente. La verdad es que en España todo esto es un jaleo. En el fondo cada mezquita podría ser un califato independiente en guerra con las demás. Los imanes suelen rivalizar entre ellos. El de Barcelona infravalora al de Málaga y el de Ceuta infravalora al de Málaga y al de Barcelona.
-¿Tú serías el imán?
-Déjate de tonterías... Mira, la clave es el Corán. Detrás puede haber distintas posturas... Cada musulmán puede ser un islamista. Y en España hay para dar y para tomar. Yo he conocido la mezquita de la M-30 en Madrid. Mármol de Máchale. Colegio para trescientos niños, biblioteca, salón de actos, restaurante, cafetería, gimnasio...
-Nosotros podríamos llevar la cafetería y el restaurante de la mezquita de Sevilla, ¿no?
-Tienes prisa. Escucha. Hablo da datos, para que sepas más cosas. Veinte millones de dólares de inversión. Un presupuesto mensual que ronda los cuatrocientos mil euros. Creo que el rey Fahd ha financiado otros doscientos centros en países no islámicos y unas mil cuatrocientas mezquitas... Es el islám mundial. Hay que dominar. Y esto se nota ya en España.
-La conquista del mundo.
-Otra mezquita madrileña que tiene mucho valor es la del barrio de Tetuán, donde permanecieron muchos de los moros que vinieron a hacer la guerra con Franco. Es una mezquita más humilde. Allí van muchos inmigrantes buscando horizontes. Y lo mismo en León, Cáceres, Valencia, El Ejido. Gentes de la agricultura y de la construcción. En Cataluña es donde más islamistas hay. Más de cien oratorios y ninguna mezquita. Allí piden permisos para hacer una y no lo dan, ni consiguen dinero. Hay miedo y recelo, como tú dices. Tendrán que buscar el dinero por otro sitio.
-¿Nuestro restaurante se podría convertir los viernes en oratorio?
-¡Que mente más inquieta tienes! No es mala idea. Te gustaría ser el camarero y el imán... El muerto en el entierro y el novio en la boda... En Cataluña han pasado cosas difíciles. En algún pueblo han querido construir una mezquita y la gente se les ha echado encima por las bravas. Las autoridades han mediado, pero no han conseguido nada. Un imán ha llegado a decir que esto no es bueno, porque el rechazo reafirma más en la religión y la gente se puede radicalizar y acercarse al integrismo...
-¿Ves donde hay un peligro? Los que vienen de fuera son los que se tienen que adaptar a las cosas de aquí.
-¿Qué quieres decir?
-Que me parece muy bien que haya mezquitas. Pero que se atiendan también los problemas de las mujeres, que los hijos estudien, que todos se integren en un país democrático, que nos respetemos, que da igual que las niñas lleven o no lleven velo, lo que hace falta es que estudien para que sean algo más que en sus tierras de origen...
-Buen discurso. El mar revuelto te inspira.
Entonces, Pedro, me asomé a la escalerilla del camarote e intervine.
-Ahora me estoy acordando de aquel imán, no se de donde, que escribió un libro que se llamó "La mujer en el islam", donde recomendaba los malos tratos contra la mujer y aconsejaba a los maridos cómo debían pegarle las palizas para no dejar huellas... De esto estuve hablando con Sohera y Alí.
-Si. Se llama Mamad Kamal Mustafá. Ahora está en Fuengirola y dice que es liberal, que defiende a la mujer y que su hija no lleva velo...
-Bueno, menos mal... Pero a la chita callando, muchos otros imanes le siguen... Y han dicho que escribió el libro para luego convertirse en un mártir y así ganar puntos ante los príncipes árabes...
-Si. Es un hombre muy curioso. Se considera descendiente directo del profeta y fue nombrado en 1981 por la familia real saudí como responsable de su mezquita, un lugar con aire acondicionado, veintiséis vidrieras, ciento treinta lámparas de bronce y una biblioteca de doscientos metros cuadrados...
-Que diferencias tan enormes...
-Las mezquitas... -Ahmed andaba reflexivo-. Hay mucha gente, lo se, que prefieren las mezquitas modestas. Los lugares grandes son más difíciles de mantener y puede conllevar una dependencia ideológica con quienes las han financiado.
-Pero la comunidad musulmana en España debe tener pocos recursos para levantar templos. La mayoría son inmigrantes.
-Si la administración española ayudase a hacer mezquitas, no tendría que financiarlas Arabia Saudí...
-¿Y qué mas da?
-Que así los imanes no serían correa de transmisión de ninguna propaganda ideológica...
-Tú has dicho que quien solo quiere rezar no necesita una gran mezquita abierta al público con cafetería y salón de actos...
-En Almería, donde hay cantidad de musulmanes, no hay ni una mezquita.
-Esta gente solo viene a trabajar, como hacían los españoles en los años sesenta y setenta cuando iban a Alemania.
-Aquí es difícil rezar. Lo han intentado en Córdoba, en la mezquita, en la catedral. Y no lo han conseguido. Solo pidieron que durante las horas que estaba abierta al público, los musulmanes pudieran rezar. Y eso que el Vaticano habla del diálogo interreligioso... Pues, no. Tú pagas la entrada, pero no puedes rezar a tu manera. En Sevilla, como en Barcelona y en tantísimos otros sitios, hay locales adaptados a mezquitas. Que yo recuerde, así por encima, en el centro hay una en Ponce de León. En el barrio de San Lázaro, una en la calle Los Romeros. Luego hay en El Cerezo, Su Eminencia, Bellavista, en el Polígono de la carretera Amarilla... Y hay más. Son lugares humildes, todo lo contrario de lo que cualquiera podría imaginar y muy lejos de lo que aquí se pretende construir. Tu pasas por la puerta y nada identifica el lugar. No hay minaretes para llamar a la oración, como en Marruecos. Aquí la gente sabe cuando tiene que ir y va. Son naves o sótanos, como en otros muchos lugares de España, en zonas populares y de obreros. Y también en estos lugares se dan clases de árabe o de español para inmigrantes con problemas y se les ayuda proporcionándoles alimentos, lugar para vivir, incluso trabajo.
-La mezquita de Sevilla a la que asisten más marroquíes está en la Macarena, pero a la que va gente más variopinta, de países distintos, está en la Plaza Ponce de León.
-Si. La que ha comprado Kanoute, el jugador del Sevilla por quinientos mil euros.
-Pared por medio con la Iglesia de los Terceros.
-Esos locales lo quería la Hermandad de la Cena.
-Pero se adelantó el futbolista de Malí, asegurando que era un local en venta, bien situado y que se trataba de una inversión normal.
Llegamos al puerto de Algeciras. Ahmed bajó a tierra con precauciones, mirando hacia todas partes. Se alejó para hablar con el hombre que le había traído el coche. Hicieron unos gestos señalando en una dirección. Se despidieron y vino hacia nosotros.
-Podemos marcharnos. Vamos a regresar por otra carretera. Es más bonita.
-¿Por belleza, turismo o seguridad?
-Las tres cosas. Vamos a pasar por tres pueblos que me gustan mucho. Alcalá de los Gazules, Medina Sidonia y Arcos de la Frontera.
-Parece como si no quisieras que se acabase el viaje.
-Puede ser.
Me acerqué a un quiosco de prensa y compré los periódicos del día.
-Nuevo video de Bin Laden -comenté subiendo al coche-.
-¿Otro?
-Oye, ¿tú crees que Bin Laden existe? -empezó Robert-.
-Existir, creo que ha existido. Ahora...
-Para mi que está vivito y coleando, y escondido en un rincón del mundo que ni las potencias más inteligentes, ni los servicios más súper inteligentes, son capaces de encontrar.
-Yo he llegado a pensar... ¿Y si fuese un invento de occidente? Que el 11-S hubiese sido perpetrado en casa para justificar las invasiones de Afganistán e Iraq y ganar la guerra del petróleo que la otra vez se quedó a la mitad?
-Si. Desde niños nos están contando cuentos e historias para no dormirnos o para dormirnos mejor... Y ya empieza uno a dudar y a no creer en nada...
-Demasiada fantasía la tuya. Demasiada ciencia ficción. Aquello fue muy gordo para haberlo hecho desde casa.
-Recuerda que a la hora exacta, Bush estaba en un "cole" visitando niños... Aquello podía sonar a raro. A mi me sonó. ¿Cuántos "coles" había visitado el presidente?
-Fueron tres mil personas en total. De ellas, solo diecinueve eran terroristas, que, por lo menos, sabían pilotar un avión... Es decir, que no habían sido reclutados en Ceuta o Tetuán, así de buenas a primeras...
-Ben Laden, en el último video, rindió homenaje a uno de los pilotos suicidas. Dijo que era un joven que se expuso al peligro más extremo y era de una calidad rara entre los hombres.
-¿Y por qué no se mete él en un avión? ¿Es que no tiene ganas de conocer el paraíso? ¿O es que donde él vive se está ya lo suficientemente bien como para no hacer más experimentos...?
-Los experimentos, con gaseosa.
-En el vídeo exhortaba a los islamistas a actuar en Iraq, en el territorio palestino y en Afganistán, y a los jóvenes musulmanes a que se sumen a la caravana de los guerreros...
-Muyahidines...Para conseguir el triunfo del islam.
-La última vez que el líder budista, el Dalai Lama, estuvo en Barcelona, en busca de apoyo moral y económico, dijo que lo mejor para solucionar los problemas es el diálogo, no la fuerza, escuchando siempre la opinión del otro. Esa teoría la utilizó para decir que había que encontrarse con Ben Laden...
-Pero para eso haría falta, primero, saber donde está...
-Insistió en que muchos aspectos de su visión están originados por malentendidos y apreciaciones incorrectas. Que hace falta contactos, vamos...
-¿Sabéis que Ben Laden tiene cincuenta y tantos hermanos?
-Familia numerosa, ¿no?
-Pues si. Vamos a ver. Los datos que yo tengo no están contrastados...
-Cualquiera los contrasta...
-...pero tengo entendido que son buenos. Veréis. El padre de Bin Laden murió en 1968 en accidente de aviación. ¿Cuántas viudas creéis que dejó?
-Pues... No se.
-Doce.
-¿Doce?
-Si, doce.
-¿Y cómo se ponía de acuerdo con ellas para ir con el carrito al supermercado?
-Lo difícil que es ponerse de acuerdo con una, imagínate con doce...
-¿Y cuantos hijos dejó?
-Mejor que lo digas tu.
-Cincuenta y cuatro.
-Y entre ellos, Osama.
-Efectivamente. Y era el único que tenía madre saudí.
-Pero si cuesta sacar adelante dos hijos, ¿cómo se pueden sacar a cincuenta y tantos?
Yo había leído un reportaje sobre aquella historia y la fui recordando con Ahmed.
-Es que, dicen, han salido adelante en grandes bloques. Unos diez trabajan en una de las empresas más poderosas de la construcción en Oriente Medio. Otros han andado en los negocios petroleros de George Bush antes de meterse en la política. Otros han tenido que ver con el tráfico de armas. Un hermano ejerció de portavoz de la familia cuando el 11-S y habló para manifestar que aquello contravenía los preceptos básicos del islam.
-Pues mira que bien.
-En algún momento, Osama fue repudiado por su familia y tras el 11-S, unos veinticinco miembros de la familia, la mayoría menores de edad, fueron evacuados de los Estados Unidos. Primero a Texas, luego a Washington y desde allí en avión fuera del país. Temían lo peor...
-No hace mucho tiempo leí que en Ginebra vive uno de los hermanos de Bin Laden. Una historia muy complicada, casi de novelón. Este hombre se llama Yeslam y dicen que es el hermano favorito de Osama.
-Si. Se casó con una mujer que, aunque se llama Carmen, no es española. Tuvo que huir del poderoso clan saudí en el que se encontraba como una esclava. Está en trámites de divorcio. El apellido no la deja vivir tranquila. No puede ir a ninguna parte sin que la miren mal A las hijas, de veintiséis, veinticinco y quince años, tampoco las dejan tranquilas y están siempre perseguidas por fotógrafos.
-Cuentan que el matrimonio se lleva tan mal que hace unos años, mantuvieron un enfrentamiento, una discusión, a través del periódico francés "Le Monde". Le hicieron a ella una entrevista, dijo todo lo que pensaba y luego, en el mismo periódico, le contestó él. Era como mantener una bronca matrimonial de cara al público.
-La prensa también monta culebrones como las teles...
-La relación de amor entre Carmen y Yeslán, empezó en Suiza en 1973. El vivía en una casa, cuya propietaria tenía varias hijas, una de las cuales era Carmen. Intimaron y se fueron a estudiar a Los Angeles. El muchacho tenía dinero de sobra. De las empresas heredadas podían vivir tranquilamente todos los hermanos. Yeslam tuvo que abandonar California para ir a su país a cuidar de algunas de ellas. Y allí que fue Carmen con su primera hija. Fueron a un pueblecito a orillas del Mar Rojo. La pobre Carmen descubrió pronto que no podía salir sin velo y que, para moverse por la casa sin él, tenía que avisar al jardinero, al chófer, a los albañiles o a los fontaneros que estuviesen por allí haciendo algún trabajo, para que miraran para otro lado.
-Y además, en el pueblo no había ni cines, ni restaurantes, nada. Solo mucho calor. La pobre se conformaba con charlar con su suegra y con algunas de sus cuñadas. Pero mientras tanto Yeslam no paraba de ganar dinero con el petróleo. Cuando los miembros del clan se reunían a cenar en casa, Carmen no podía opinar y no le dirigían la palabra. Solo podía hacerlo a solas con su marido. En estas reuniones se notaba el respeto de todos los hermanos por Osama. Lo consideraban un héroe porque había luchado contra los soviéticos al lado de los resistentes afganos. Pero era un ser tan estricto y riguroso que se negaba a hablar y conocer a sus cuñadas. El día que se anunciaba su visita, Carmen tenía que esconderse.
-De todos modos Carmen cuenta que llegó a verlo tres veces, las dos primeras de lejos y la última, una vez que llegó a casa con un sobrino. Carmen abrió sin velo y Osama volvió la cabeza. El sobrino tuvo que decirle a la tía, abrazándose a ella, que se fuera corriendo, que Osama no la quería ver. Carmen tuvo que desaparecer. En la Arabia Saudí de los años ochenta, corrieron mejores tiempos para ella. Se organizaban partidos de tenis, comidas, a las que asistía y a la que acudían hombres de negocios y diplomáticos extranjeros. Suizos, franceses, belgas, incluso norteamericanos. Pero Carmen notaba el distanciamiento y el desprecio que todos respiraban contra occidente. Carmen se enfrentaba a una sociedad, a fin de cuentas, cerrada y temió por el futuro de sus tres hijas.
-Entonces se trasladaron por motivos de trabajo a Suiza. Y de allí fue de donde Carmen decidió no marcharse nunca más y donde inició el proceso de separación, presionada por las hijas, que se quejaban del distanciamiento que notaban con su padre, como si su educación perjudicara a la familia y que si se cruzaban por la calle, él hacía como si no las hubiera visto.
-Es que, para él, ellas se estaban occidentalizando.
-La vida de las tres jóvenes empeoró después del 11-S. Bromas, trabas para trabajar. La tercera de las tres hermanas, licenciada en Derecho por la Universiad de Columbia, ya no pudo regresar a los Estados Unidos, un país que adoraba, y donde le esperaban amigos y un buen trabajo. A partir de ahí, Carmen, que como las cármenes de la historia, siempre han sido muy cabales, cansadita ya, decidió hablar y empezó a meterse con el clan y a decir que a sus ojos era imposible que aquella gente repudiase, de verdad, al jefe de Al Qaeda. ¿Y sabéis lo que dijo sobre los saudíes en general? Que eran unos talibanes que vivían en el lujo.
-La verdad es que llamarse hoy Ben Laden debe ser un problema.
-Lo que le ha pasado a Carmen es que, en el fondo, se ha cansado de vivir en ese abismo de enfrentamientos entre aquel oriente y este occidente.
-Recuerdo una foto de Yeslam y es el vivo retrato de Osama. Para mi, que Osama y Yeslam podrían ser la misma persona...
-El comienzo de una novela. La doble personalidad o el doble papel. Hoy soy hombre de negocios en Ginebra y mañana me voy a las montañas a dirigir la guerra y grabar videos.
En aquel momento avistamos Alcalá de los Gazules. Era un paisaje precioso. Un bosque enorme de alcornoques, a través del cual, se iba abriendo paso la carretera.
-Este es el Parque Natural de los Alcornocales.
Subimos a una montaña muy alta, el Picacho, y desde allí pudimos ver, como si fuésemos en avión, el Estrecho de Gibraltar y toda la costa de Marruecos. Era emocionante. Y un castillo, creo que del siglo XII. Allí abajo se veía el río Barbate. Descansamos un poco y seguimos el viaje.
-Hemos hablado de los vídeos. Pero, ¿Y la televisión?
-Si. Al Yasira.
-¿Y eso dónde está?
-En Duhá, la capital de Qatar, el estado más pequeño de los países árabes. Además, Duhá es la ciudad más aburrida del mundo, pero se ha convertido en el centro mediático del mundo árabe.
-Vale, pero ¿dónde está Qatar?
-Junto al Golfo Pérsico. Es una península desértica, con poco más de medio millón de habitantes pero, eso si, tiene petróleo y gas natural.
-Y una televisión que acapara índices de audiencia.
-O por lo menos de curiosidad.
-Es la tele que menos vemos, pero que más nos llama la atención.
-Yo la veo en casa.
-Antes la gente veía el servicio árabe de la BBC y también se apuntaba tantos la CNN, retransmitiendo guerras en directo, pero hace unos años, el emir de Qatar fundó esta tele y está presente en el Aganistán de los talibanes y es la ventana a la que se asoma Ben Laden. Parece que es una emisora independiente y con libertad, así que hace y dice lo que le parece bien. Y maneja presupuestos. Tiene unas grandes instalaciones, modernas. ¡Ah! Y la mujer tiene un papel protagonista. El cincuenta por ciento de la plantilla son mujeres. Las locutoras, y en especial las de informativos, van vestidas a la europea y son tremendamente guapas, mujeres impresionantes. Y también participan en los debates, en las tertulias, en todo.
-¿Y cómo Ben Laden consiente salir en una tele así, si en familia no consiente dialogar con sus cuñadas y no las mira si no llevan velo?
-Eso habría que preguntárselo a él.
-Naturalmente, Busch está preocupado con este canal, y ya ha hecho intentonas para limitar las comparecencias del líder. A cambio les ofrece lotes con entrevistas de la gente de su gobierno, como Rice, Rumsfeld, Powell...
-¿Y no les manda a Tom y Jerry?
-No des ideas.
-Por lo visto, cuando quiere algo, no llama a la tele, sino al emir de Qatar. Y allí, todos se hacen los sordos. Los informativos de Al Yasira dedican mucho tiempo a noticias de Iraq, Ramallah, Kabul, Islamabad...
-Ben Laden es en Al Yasira, un figura, ¿no? Y alcanza buenas cotas de audiencia.
-Si. Como aquí un Barsa, Real Madrid.
-La verdad es que en el fondo Ben Laden le saca partido a Al Yasira, pero esta se lo saca a él. Cuando lo presentan, nunca lo hacen refiriéndose a un terrorista mundial, sino al jefe del grupo Al Qaeda. Dicen que su minuto de intervención cuesta veinte mil dólares.
-Tres millones y medio de las antiguas pesetas...
-Buenos ingresos por alquiler de espacio... Buen cliente de la casa... Como para hacerle caso a Bush. Anda que le van a recortar tiempo de ocupación de pantalla.
-El director de la cadena, tiene un pedazo de despacho y un pedazo de secretaria que viste pantalones vaquero, blusa negra con las mangas remangadas, peinado recogido con un moño en todo lo alto, una libreta en una mano y un lápiz en la otra, al cual le muerde la puntita constantemente...
-Somos algo porteras...
-Nos gusta chismorrear.
Hicimos algunos kilómetros callados, mirando el paisaje y pensando cada uno, en los días que se nos venían encima. En el fondo estaba temiendo llegar a Sevilla. Droga, terrorismo... Y todo metido en casa...
Pasamos por Medina Sidonia. Entonces Ahmed no quiso parar.
-Pararemos en Arcos, es más bonito.
Yo seguí leyendo. Me llamó la atención el titular de otro periódico que acababa de abrir.
-Escuchar esto -les dije-.
Cae en Torreblanca, Sevilla, una banda de traficantes de armas y drogas.
-Léelo, por favor.
La Policía Nacional desarticuló ayer una banda de traficantes de armas y drogas de origen portugués, establecida en Torreblanca. Este clan podía llevar operando desde hace años. Fueron detenidas nueve personas, incautados ciento sesenta kilos de hachís, varios fusiles, uno de ellos de asalto, una escopeta automática con los cañones recortados, varias pistolas y revólveres, trece carabinas con su correspondiente munición, un fusil ametrallador, una escopeta semiautomática del modelo Franchi, así como armas blancas. En esta zona se distribuye, no solo hachís, sino cocaína y heroína. En cuanto a las armas aquí se puede adquirir una pistola por veinte euros, existiendo una gran variedad de armas a disposición del comprador. Las armas estaban escondidas en un zulo disimulado por un sofá.
Ahmed se quedó pensativo. Robert lo miraba fijamente.
-¿Ves como hay que andar con pies de plomo? Están en todas partes. Espero que todas las armas procedan de Portugal. ¡Vámonos rápido para Sevilla!
-¿No íbamos a parar en Arcos?
-Tengo ganas de llegar.
-¿Ahora te ha entrado la prisa?
Ahmed estaba nervioso. Yo quería parar para que se tranquilizara. Iba conduciendo muy deprisa. Lo convencí y entramos en el pueblo. Subimos hasta lo más alto. Una plaza con una balconada enorme, junto al parador de turismo. Que vista más estupenda. En un gesto de descuido dejé todos los periódicos en una papelera. No quería más problemas.
-Esta es la Plaza Mayor. Allí abajo está el río Guadalete.
Sentí vértigo al asomarme a aquella balconada. Me recordaba el tajo de Ronda.
-Aquella es la Iglesia de Santa María de la Asunción.
-Que pueblo más bonito. Lástima que no podamos quedarnos y visitarlo todo.
-Este pueblo es monumento histórico artístico.
-¿Aquí fue donde ocurrió aquello de la molinera y el corregidor?
-La molinera de Arcos... A mi también me gustaría poder estar aquí tranquilo, sin problemas, sin nervios... No se si queriendo, o sin querer, nos estamos lanzando a una huida hacia delante...
Se hizo un silencio. Me impresionaba cómo pájaros enormes, pasaban volando por debajo de nosotros... Y me impresionaban los silencios de Ahmed.
-¡Que altos estamos! Y que enorme es el mundo...
Pedro se levantó de su silla y empezó a pasear por la habitación.
-Bien. Llegasteis a Sevilla. Para ti un viaje precioso.
-Extraordinario, pero me sigo quedando con el de Córdoba. Fue una cosa más mía. En este pasé malos ratos. Y Ahmed y Robert, muy distantes.
-¿Qué ocurrió entonces?
-Cuando llegamos se mascaban los nervios en el ambiente. Había terminado la mezcla de realidad y fantasía vivida durante el viaje y ahora había que enfrentarse con los hechos. Robert tenía que poner en marcha la maquinaria de ETA, por una parte, y buscar a los hombres de confianza para la droga, por otra. Fue a visitar al amigo de Ahmed. Alquiló el piso sin demasiados papeles. Todo de palabra. Y un garaje en otro barrio. Un día llegaron a Sevilla aquellos chavales y Robert los acompañó y les entregó las llaves. Estuvieron un tiempo sin verse. Hablaban poco y por teléfono. Hasta que, por fin, un día vinieron a comer al Zarhum, como clientes desconocidos. Entonces fue cuando descubrí que eran un chico y una chica. No me los presentó. Robert cruzó algunas palabras con ellos. El que mas habló fue Ramón. Quedaron en algo, comieron y se marcharon. Al cabo de unos días volvieron a aparecer por allí a la hora de la cerveza. Entonces si me los presentó, dijo que yo era su mujer. Fuimos a dar una vuelta con ellos por el barrio. Yo iba delante con la chica. Ellos detrás. Era una hora de mucho turismo. Hacían fotos como cualquier "guiri". Nos mezclamos con esos grupos de extranjeros que llevan un guía delante con una bandera o algo así... Robert les mostraba las calles, las esquinas, los recodos. Yo contaba anécdotas por no estar callada, aunque me daba la sensación de que no me hacían demasiado caso. Cuando terminamos el paseo, volvimos a Zerhum y tomamos unas cervezas en la barra. Robert hizo un gesto de entendimiento con Ramón y éste asintió con la cabeza. Empezaba a estar claro que Ramón sabía algo. Los despedimos como a cualquier cliente, les acompañé hasta la puerta y quedaron en volver otro día antes de marcharse de Sevilla y que seguiríamos en contacto.
Durante esos días Ahmed anduvo un poco perdido. Desde que volvimos de Marruecos todo había sufrido un cambiazo radical. Robert salía mucho, estaba constantemente hablando por teléfono y recibía a gente a las horas que el restaurante estaba cerrado.
Por fin, una noche conseguimos quedar los tres para cenar. Estábamos bien. Ahmed hasta sonreía. Robert se movía con dinamismo, como en sus primeros tiempos. Me parecía estar en los comienzos de nuestra amistad. Estaba contenta. Hablamos de cosillas, como siempre, en un intento de huir de los verdaderos problemas que se nos venían encima. Recuerdo que por aquellos días el tema de actualidad era la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla. Me lancé como loca sobre el asunto y pronto nos estábamos quitando la palabra de la boca. Como en los mejores tiempos.
-Nada más anunciarse la visita ya empezaron a inquietarse en Rabat. Son muy sensibles.
-Y lo primero que dijeron es que la visita era un hecho lamentable y una provocación.
-Y un ataque al pueblo.
-¡Ah! Y que Ceuta y Melilla son provincias del reino magrebí.
-Eso coincidiendo, además, con que el Príncipe va a inaugurar un Instituto Cervantes.
-Y de paso se meten con Garzón porque quiere investigar a altos cargos marroquíes por delitos de genocidio y torturas en el Sáhara Occidental. Los follones nunca vienen solos.
-Se llevan al embajador y advierten que hay líneas rojas relativas a la integridad territorial que no deben ser traspasadas.
-¿Y que son esas líneas rojas?
-Habrá que preguntárselo.
-Y los periódicos advierten que de esa manera se consolida la ocupación de las dos ciudades.
-Pero ¿qué ocupación?
-A mi lo que me hizo más gracia fue cuando, nada más y nada menos, que el presidente de la Comisión de Amistad Hispano-Marroquí dijo que los marroquíes están dispuestos a derramar hasta la última gota de sangre para defender ambas ciudades.
-¿Le habrá preguntado a todos?
-Pues menos mal que preside la comisión de amistad...
-Mohamed VI llegó a condenar la visita de su hermano.
-Como tú has dicho. Menos mal que era su hermano...
-Y boicot a los productos españoles.
-Pues como Ceuta y Melilla dejen de ser españolas, a ver de qué van a vivir esos treinta mil moras y moros que pasan todos los días la frontera cargados hasta los topes.
-Eso sería como prohibir el cultivo de la droga.
-A mi me fastidia cuando dicen eso de que Ceuta y Melilla son ciudades ocupadas o expoliadas. Que no. Melilla pertenece a España desde 1497, es decir, cinco años después de que Colón conquistara América.
-Y Ceuta desde 1580, unos ochenta años después. Primero fue de Portugal y luego española.
-Hablamos de más de cinco siglos. ¿Y ahora andamos con las discusiones?
-Escucha. Hassan II, en los años ochenta, permitió que los dirigentes del partido nacionalista Istiqlal organizaran una marcha civil hacia las plazas españolas intentando escenificar una ocupación.
-¿Y que pasó?
-Pues que en el último momento, el propio rey, ordenó detener la marcha.
-¿Por qué?
-Pues para presentárselo a don Juan Carlos como un favor personal.
-Hay que tener en cuenta que Hassan II era un hombre muy aristoso. Ha sido calificado de dictador, cruel, corrupto, contradictorio, pero al final fue hombre de palabra. Se llevaban bien los dos reyes.
-Yo he visto llorar a nuestro Rey dos veces en mi vida, una en el entierro de su padre y otra en el de Hassan.
-Hassan II dijo que no reivindicaría Ceuta y Melilla, mientras Gibraltar no fuera español.
-En el fondo, estas no son más que historias para distraer a un pueblo donde predominan el hambre y el analfabetismo. Y para distraer a una opinión mundial y que la gente piense que se hace algo y que se preocupan por las cosas.
-Se preocupan por algunas cosas, no igual por todas.
-Al final parece que han dicho que no pasa nada y que abogan por un diálogo civilizado sobre Ceuta y Melilla.
-Los diálogos deben ser todos civilizados. Pero en este caso, ¿sobre qué hay que dialogar?
-Para llegar a acuerdos sobre Ceuta y Melilla, digo yo.
-Pero, ¿es que se venden o alquilan?
Reímos abiertamente. Empezaba a sentirme relajada, pero la tranquilidad duró poco, como la felicidad en la casa del pobre.
-¿Qué ocurrió? -le preguntó Pedro-.
-Que Robert le contó a Ahmed algo que había pasado en el restaurante.
-¿Qué era?
Empezó a venir por Zerhum un musulmán desconocido. No hablaba bien español. La primera vez lo atendió Yamila. La llamaba muchas veces y hablaba con ella en árabe. Le hacía preguntas que podían parecer normales en un cliente de paso. Horarios, día de cierre. Le preguntó que quién era yo. Si el dueño era musulmán... La invitó a salir con él, pero ella se negó. Yamila nos lo contó todo. Yo le recomendé que, si venía otra vez, se limitase a servirle y que no hablara más. En efecto, volvió otro día. Robert no estaba. Entró con las gafas oscuras. Esta vez, yo me acerqué a él. Lo saludé, le di la bienvenida y le acompañé hasta la mesa. Le hice una seña a Ramón para que le atendiese y me retiré a la barra. Desde allí, lo estuve observando con detenimiento. Al rato creí advertir los mismos rasgos de aquel loco que me perseguía en Tetuán. Pero no estaba segura. Ahora venía vestido con chaqueta y corbata. El pelo más moreno, brillante, ondulado. Y unas gafas oscuras que se quitó al sentarse, cosa que hizo quedando de perfil. Ademanes correctos, incluso refinados... Ocurrió lo mismo que la vez anterior. Habló mucho con Ramón. Tanto, que en un momento que vino hasta la barra, le pregunté de qué hablaban.
-De nada en particular. Está de paso y quiere saber cosas sobre Sevilla.
Cuando aquella noche terminó de cenar, se puso las gafas oscuras y vino hasta la barra. Me estrechó la mano e hizo una reverencia.
-Buenas noches, señora. Y muchas gracias.
Cuando me estrechó la mano sentí como un escalofrío... Había dejado una buena propina sobre la mesa. Ramón le acompañó hasta la puerta y pude ver cómo salían hasta la calle. Ramón tardó algún tiempo en volver. Ya no me habló más aquella noche.
Cuando terminamos de contarle esta historia, Ahmed se quedó muy pensativo, en silencio.
-Hay que tener mucho cuidado -dijo-. Ya os lo avisé. Nos observaban en Tetuán y pueden estar haciéndolo aquí.
La noche había empezado bien, pero se estaba torciendo. Notaba a Ahmed cada vez más raro, más tenso. Como si dudase, como si no estuviese seguro de lo que quería... Por otra parte Ramón siempre aparecía en los momentos más inoportunos, en silencio, sin mirar, pero escuchando.
-Y tú, Robert, tienes también que andar con cuidado. La policía ha desalojado a unos "okupas" que se habían encerrado en un zulo que responde a las características de los que construye ETA.
-Ya me he enterado.
-Dicen que allí se han encontrado folletos y textos escritos en euskera.
-¿Y con eso, qué quieres decirme?
-Que aparecen conexiones entre esta gente y otros movimientos de simpatía hacia ETA. ¿Te acuerdas en el estadio Olímpico, cuando se descolgaron con unas pancartas pidiendo el reagrupamiento de los presos etarras y se colaron dos tíos disfrazados de falsas mascotas de la Expo? ¿Te acuerdas?
-Creo que si.
-Te lo repito. Que tengas cuidado. Me acuerdo de una película italiana que vi hace muchísimos años. Se llamaba "Demasiadas cuerdas para un solo violín".
-Bien, ¿y qué?
-Era la historia de un hombre que las circunstancias le llevaron a tener que sacar adelante a varias mujeres a la vez, por culpa de su actitud "donjuanesca" de la vida. Lo quería llevar todo para adelante, pero terminó sucumbiendo. Fue demasiado para él. No te vaya a ocurrir a ti algo parecido. A veces me das miedo.
-No te preocupes. Estoy muy seguro.
-Se me ocurre pensar una cosa. ¿Por qué no dejas la droga y los terroristas y te pones a trabajar en alguna organización como sicario? Eso sería lo más cómodo para ti. Tú, tranquilo en tu casa. Te llaman. Hay que matar a fulano de tal, en tal sitio. Tú vas y lo matas. Luego pasas a cobrar y otra vez a tu casa a esperar que te llamen. Así tendrías aventura, riesgo, no conocerías a tus víctimas, lo cual mejoraría tu calidad de vida, y ganarías dinero. ¿No son esos tus objetivos?
-Te estás pasando un pelín.
-Y te dejabas de restaurante, de barcos, coches, camiones, contactos, correos...
-Escúchame, Ahmed. Estoy comprometido contigo y vamos a tirar. Y estoy comprometido con ellos y voy a tirar... ¿Comprendes?
-Comprendo. Pero no vaya a ser que tires, si. Pero que lo tires todo por la borda...
Pedro Sevilla ha llegado a su apartamento. Está eufórico.
-Hola, Palomita. Esto está llegando a su final. Mañana a estas horas ya lo sabremos todo. Es apasionante. Una historia para escribir una novela. Dame un beso.
-¿Qué piensas?
-No. Nada de hablar. Yo mantengo una teoría, pero no quiero ni pensar en voz alta. Gatita, por favor. Coge aquel cuaderno amarillo que tengo sobre la mesa. Abrelo y ves leyéndome las anotaciones que tengo hechas.
Pedro se tumba sobre el sofá, se quita los zapatos y cierra los ojos. Paloma se sitúa bajo la lámpara y empieza a leer.
-La inmolación de tres integristas vuelve a teñir Casablanca de sangre...
-Sigue.
-Los terroristas, que se suicidaron cuando iban a ser detenidos, acabaron con un inspector...
-Avanza un poco.
-Me molestan estas cosas...
-Sigue.
-Así cómo vamos vivir tranquilos...
-Sigue, por favor.
-Los sospechosos pertenecían a una célula terrorista que planeaba atentados contra objetivos turísticos...
-Sigue.
-...el último kamikaze pasó inadvertido entre la multitud de curiosos para causar el mayor número de víctimas...
-Otro.
-Un doble atentado de Al Qaeda en Argel causa veinticuatro muertos y más de doscientos veinte heridos... El terror del extremismo islámico en el Magreb... Marruecos y Argelia, regímenes heréticos...
-¿Vale ya?
-Un poco más.
-Detenidos en Bélgica catorce islamistas que querían asaltar una carcel... Al Qaeda trata de captar a todos los grupos islamistas del Magreb...Los expertos creen inevitables nuevos atentados de Al Qaeda... Es imposible determinar si hay una Al Qaeda o varias... El director del FBI reconoce que no se necesitan campos de entrenamiento para terroristas. Basta con una conexión a Internet...
-Adelanta. A ver si encuentras datos sobre el juicio del 11-M.
-Aquí dice... Una red de médicos terroristas tras los atentados de Londres y Glasgow... retenidas ocho personas... detonan dos coches... en Yemen matan a ocho turistas españoles... Al Qaeda orgullosa de la destrucción del 11-M...
-Aquí tienes las fotos de los terroristas.
-No, vete al resultado del juicio...
-Espera... Si. Aquí está.
-Léeme lo que esté subrayado en amarillo.
-...dueño de un locutorio en Lavapiés... jefe militar en Europa del Grupo Islámico Marroquí... jefe militar de Al Qaeda en Europa... traficó con drogas para financiar el atentado... llevó a Ceuta el coche para trasladar los explosivos... explosivos a cambio de cocaína... se conocieron en la mezquita de la M-30...
-Te encargo un trabajito. Separa de ese cuaderno todo lo que tenga que ver directamente con Marruecos. Nombres, datos, fechas, todo... Y déjamelo en una carpeta. Ahora necesito descansar. Mañana será el día. Ya sueño con él.
-Buenos días, Lola. ¿Estás descansada?
-Creo que si.
-No he podido dejar de pensar en una cosa. ¿Cómo asistías a todo este proceso de cambio, que yo más bien llamaría de desintegración? Porque esto, para mi, era el comienzo del fin. ¿Cómo soportabas asistir a la caída de tus dos seres más queridos?
-Si. Es que todo se me vino encima. Te lo tenía que contar. Esta va a ser la sorpresa. Fue entonces cuando supe que estaba embarazada.
-¿Embarazada? ¡Vaya sorpresa! Entonces... Tú, ahora, ¿estás embarazada?
-Si. Yo, ahora, mi querido Pedro, estoy embarazada...
-Embarazada... Pero, bueno... ¿De quien?
-De Ahmed.
-De Ahmed... Vaya... Es que no se... Y dime, ¿cómo podías estar tan segura?
-Eso lo sabemos muy bien las mujeres. Yo sabía de cuanto tiempo estaba y desde cuando no me acostaba con Robert. Robert había cambiado totalmente. O lo habían cambiado. No quería nada conmigo. Por eso no me enteraba de nada. No me hablaba, pero yo intuía cosas. Las reuniones, las ausencias, los secretos, los nervios. Para mi que ya estaban introduciendo la droga en España y que la guardaban en Sevilla. Empezaron a pasar cosas muy extrañas.
-¿Cómo cuales?
-Que Robert desapareciese durante varios días de Sevilla. Que llamara a Ramón por teléfono muchas veces y que Ramón no me dijese nada. El negocio estaba como abandonado. Funcionaba, pero por inercia. Yo no tenía ni ganas, ni fuerzas para atender al público. Otras veces, sonaba el teléfono, descolgaba y no hablaba nadie. Eso me pasó muchas veces. Un día, Ahmed vino a verme muy nervioso, para decirme que le había pasado algo a su padre en Tetuán. No tenía las noticias muy claras. El caso es que alguien le había recomendado que fuese para allá inmediatamente. Me agradó que viniese a darme a mi la noticia. Me repitió muchas veces que tuviera cuidado. Que no anduviese sola muy tarde por la calle. Que tuviese cuidado con quien hablaba. Que procurase no ir sola. Supuse que debía tener cuidado con aquel moro que nos perseguía. Se me ocurrió preguntarle de qué tenía que tener cuidado y, primero, se hizo un silencio denso.
-¿Te acuerdas del moro que te seguía por Tetuán?
-Si.
-¿Y del que luego apareció por aquí?
-También.
-Pues, te repito, ten cuidado.
Luego se encerró en el despacho con Robert. Creo que hablaron de dinero. Como si Ahmed le debiera algo... No estaba segura. ¿Ves, Pedro, cómo todo se me venía encima. De la felicidad de Córdoba a esta caída en un abismo...
-Qué papel jugaba Ramón?
-Mientras estuvieron encerrados hablando Ahmed y Robert, Ramón, jugando a saberlo todo, empezó a intrigar haciéndome comentarios.
-Este Ahmed es un hombre peligroso. No se cómo habéis llegado tan lejos con él. Me parece que están metidos hasta las trancas. Tienes que andar con mucho cuidado.
-¿Y tú qué sabes de esto? Además, siempre me decís lo mismo, pero nunca me dice nadie con qué debo tener cuidado.
-Amistades, chivatazos. No conviene exteriorizar nada. Que no se note nada.
-Pero, ¿qué no se note qué? ¿Además tú que tienes que ver con todo esto, vamos a ver?
-¿Lo ves? Tus nervios te delatan... Que no hables más con nadie de tus viajes a Rota o a Marruecos... Y debes seguir al frente del negocio y seguir cuidando a los clientes. Este restaurante no puede fracasar, no puede cerrar. Es muy importante que esto funcione con normalidad... ¿Me has entendido? Con normalidad... Mucha normalidad... Te sugiero que vayas al lavabo, te pintes, te peines, te cambies de blusa y te prepares. Va a llegar la gente del mediodía.
-No estoy dispuesta a recibir órdenes tuyas.
-Hazme caso. Creo que te conviene.
Aquello me molestó. Fui al lavabo, pero ni me pinté, ni me arreglé. Esperé que Ahmed terminara de hablar con Robert y, cuando se marchó, lo seguí hasta su casa.
Allí hablamos un rato. Estaba muy nervioso. Lo seduje. Necesitaba relajarse y nos acostamos. Terminó dos veces conmigo. Lo hice con toda la intención. Que maravilla hacer el amor con él. Era delicado en su dureza y su fiereza. Pudieron haberle gustado los hombres, pero ahora le gustaba yo, estaba segura. Eso lo nota una mujer. Quería borrar todo su pasado penetrándome. Alguna vez me habían dicho que no había mejor polvo que el de un mariquita y que si además era moro, mejor. Pero este era hombre, hombre... Si, un hombre... Mi hombre para siempre.
-¿Cuándo supo que estabas embarazada?
Cuando terminamos, mientras recuperábamos el aliento, se le dije.
Creyó, primero, que era una trampa. Tuve que jurárselo. Le conté que me había visto un médico. Que hacía tiempo que solo estaba con él. Que Robert estaba tan metido en sus cosas que ya no me hacía caso... Que me sentía sola. Que el hijo me había abierto las puertas de la esperanza hacia una vida distinta...
Ahmed se quedó pensativo mucho rato. Luego pasó su mano sobre mi vientre. Me lo besó. Le pregunté por su padre. No sabía nada, pero podría haber ocurrido cualquier cosa. Temía lo peor. Tenía que marcharse. Nos despedimos. Le pedí que volviese lo antes posible, por nuestro hijo. Y que me contara cosas.
-No te preocupes. Quiero volver y contarte muchas cosas que he pensado. Te quiero, Lola. Tenemos que huir de esta vida.
Y me besó con fuerza, pero con cariño.
-¿Cuándo me vas a terminar el cuadro?
-Cuando vuelva. Cuando tenga las ideas definitivamente claras. Quiero terminarlo. Ahora mismo es una de las cosas que más deseo.
Ahmed desapareció de Sevilla un tiempo. Un tiempo que se me hizo eterno.
Robert estaba cada día más nervioso. Desde que se fue Ahmed no quería que me separase de su lado. Como si tuviera miedo. Me necesitaba, como si yo fuese su madre, para sentirse protegido. Yo también necesitaba que él me acompañase, porque yo no podía estar sola en ninguna parte. Pero no hacíamos el amor. El no podía y yo no quería. Eramos como dos seres desvalidos. Soñaba. Gritaba por las noches. Decía cosas incongruentes. ¡No! ¡No! Yo no tengo nada. Ha sido él. Voy desarmado... y cosas así.
Robert por un lado y Ramón por otro, coincidieron en decirme que, probablemente, lo del padre de Ahmed podría ser mentira, una estratagema para quitarse de en medio. No se coge tan fácilmente a un personaje así, como su padre. Son seres blindados y consentidos, amigos de las altas esferas. O que le habían hecho una encerrona para al llegar a Marruecos. Yo me aterroricé. Robert temía que esta huída pudiera dejarle colgado, solo... Por eso lo de sus sueños. Y cuando se despertaba, se aferraba a mi y lloraba... Yo no quería dar por buena aquella suposición, porque sería mi soledad y el abandono de nuestro hijo...
Por fin un día, Ahmed llamó por teléfono. Casualmente lo cogí yo y hablamos un poco, con medias palabras. Estaba muy seco, serio y distante. Totalmente distinto. Llamaba desde Tetuán. Le pregunté por su padre y me dijo que no podía hablar. Me alegré y pude respirar. Por lo menos él estaba vivo. Le mandé un beso y me atreví a decirle:
-Tu hijo sigue bien. Está deseando verte...
Hubo un silencio. Luego susurró en voz baja.
-Tengo ganas de verte. Os quiero a los dos. Necesito vuestro cariño. Ponme con Robert.
Le pasé con él. Creo que hablaron de cuentas... Parece que con lo del padre, habían surgido dificultades con el dinero.
-Perdona un momento, Lola.
Pedro descuelga el teléfono.
-Angel. Investiga algún suceso reciente en Tetuán, relacionado con el mundo de la droga y me cuentas. El padre de Ahmed. Gracias. Vamos a seguir. La situación se iba tensando por momentos. Lo notabas, ¿verdad?
-Naturalmente.
-Es como si todo empezara a cambiar para ti. El ambiente era más difícil. ¿Qué sentías?
-Inquietud, nervios, desasosiego. Robert llamaba y veía a gente que yo no conocía de nada. Nombres extranjeros. Todo era hablar bajo y usar medias palabras. Ramón también hacía llamadas misteriosas en ausencia de Robert. Los dos habían ido demasiado lejos. Empezaban como a no entenderse. Creo que se molestaban el uno al otro. Yo era, todavía más, un cero a la izquierda. El grupo, el triángulo, se había roto. Solo podía aferrarme a la idea de que Ahmed volvería para huir conmigo.
-¿Tardó mucho en regresar?
-Una semana. Me llamó. Pude hablar un poco con él. Le pregunté por su padre. Me dijo, con frialdad, que había muerto. Estaba transformado. Me contó que en todo este tiempo había pensado mucho, que había reflexionado sobre muchas cosas. Que había estado escondido en casa de sus amigos Ali y Sóhera. Que quería hablar tranquilamente conmigo, pero que ahora, por favor, le dejara unos días para él organizar y poner en orden su cabeza. Necesitaba tranquilidad. Que me volvería a llamar para vernos y contarme cosas. Estuvo, dentro de su tristeza, cariñoso.
-Cuídate mucho. Tienes que cuidar al niño. No fumes, no bebas, come bien y sano. Tendrá que parecerse a nosotros. Será una persona maravillosa.
Me sentía muy liada. No sabía que decirle.
-Tengo muchas ganas de verte. Por favor, llámame pronto. Te quiero.
Esperé un par de días. No pude más y fui a su casa. Llamé a la puerta y me abrió él. Serio, algo más delgado, una camisa y unos pantalones blancos y unas babuchas de cuero. Estuvimos quietos unos momentos mirándonos. Luego nos abrazamos y lloramos no se cuanto tiempo. Abrazados llegamos hasta el salón. Yo me senté y él fue hasta la cristalera y se quedó, de espaldas, mirando hacia el jardín. Yo ya no quería más. Estábamos los dos juntos. Recuerdo que era la hora de comer. Quise romper el silencio y se me ocurrió preguntarle:
-¿Dónde vas a comer hoy?
Se volvió despacio y su figura enorme quedó recortada sobre el verde y el azul que se dejaban ver a través del enorme ventanal.
-Hoy no puedo comer hasta la tarde. Estamos en Ramadán...
-No sabía...
Aquello era una excusa para romper el silencio y empezar una conversación.
-¡Ah! Si. El Ramadán. He oído hablar.
-Si. Un mes de ayuno... De reflexión. Desde lo de mi padre he pensado mucho. Y durante este mes necesito recogimiento para encontrarme conmigo mismo...
Quería distraerlo y que no pensase ahora en lo de su padre. Ya habría tiempo.
-Cuéntame cosas del Ramadán, tengo curiosidad. Cuando vivamos juntos tendré que saber muchas cosas de tu mundo y de tus costumbres.
Vino a sentarse frente a mi en su butacón preferido.
-El Ramadán es como un mes sagrado. Se celebra coincidiendo con el noveno cuarto creciente de la luna. El sacrificio y el rito consiste en estar, desde por la mañana hasta el atardecer, sin comer, sin beber y manteniendo abstinencia sexual, incluso la masturbación. Si me aprietas es un tiempo para la meditación, para esconderte en ti mismo y esperar tranquilamente la llegada del ocaso, del "fitr", la hora de volver a comer. Y entonces a recuperar fuerzas. Me acordaba de mis primeros meses de ayuno cuando era joven en Tetuán. Allí es más fácil llevarlo. Estás rodeado del ambiente que te envuelve. Aquí, no. Aquí todos desayunan, toman la cerveza, la tapa, comen, luego el café, la merienda, otra cerveza, la cena... Es muy difícil. Los hay que aquí no guardan el Ramadán, pero no se nota. Allí si se nota. El ambiente religioso lo llena todo.
-¿Y cómo puedes estar tanto tiempo sin tomar nada?
-Es cuestión de mentalizarte. A fin de cuentas terminas comiendo y adquiriendo las mismas calorías que cualquier otro día, lo que ocurre, es que distribuyes los tiempos de otra manera.
Se quedó en silencio, con la mirada fija en algún punto lejano.
-Ahmed, cariño. ¿No quieres que te acompañe?
-No. Ahora prefiero que te marches. Te llamaré, te lo prometo.
Me dio un beso muy dulce y me acompañó hasta el coche.
-Cuando acabes con toda esta situación y estés tranquilo, ¿nos iremos lejos con nuestro hijo?
-Ya hablaremos. Lo más seguro es que si... Estate tranquila. Te juro por lo más sagrado que hablaremos. Y cuida al niño. Ya lo quiero y todavía no lo conocemos.
-O a la niña.
-Es igual.
Volví al restaurante. Robert estaba receloso. Era como un gato en celo... Todo había cambiado. Ya ni me hablaba. Llamaba a Ahmed y no le contestaba. Dejó de venir por el restaurante. Estaba desaparecido. Yo estaba preocupada, nerviosa, pero contenta porque tenía fe en la reacción de Ahmed. Me había prometido que nos volveríamos a ver y que nos iríamos lejos. Y quería que cuidase de nuestro hijo. No podía decirle nada a Robert. Robert era un intuitivo, un hombre de negocios, de números, una máquina de ganar dinero, pero pronto, ¡ya! Ahmed, en cambio, era más calculador, pensaba todos y cada uno de los pasos que iba a dar... Y, además, lo había hecho todo, lo había arriesgado todo y había puesto todos los medios y todo el dinero. Ramón se preocupaba de filtrarme algunas cosas. No se si me estaba inquietando o preparando... Pero ¿para qué?
-Al final, Robert no es más que el chaval que pasa la droga -llegó a decirme en una ocasión-.
-Pero no se si es que no está de acuerdo con el papel que le ha asignado Ahmed o si es que quiere más dinero...
Ramón quería abrirme los ojos, a su manera. Y por eso me daba sus opiniones. El mismo se estaba descubriendo ante mi. Iba con precaución. Por una parte pensaba que yo no sabía nada y que así me hacía un favor. Pero por otra, pensaba que yo podría saberlo todo y por eso quería obtener de mi todo lo posible. Convertirme en su confidente. Yo le escuchaba y siempre se dejaba suelto algún cabo que yo conocía y él no. Lo que si estaba claro es que él estaba, a su manera, metido en el lío. O pretendía estarlo. O, aprovechando la situación, quedarse con todo. El, también, quería utilizarme. Utilizarme para, llegado el momento, deshacerse de ellos apoyándose en mi. Todos me querían o me habían querido, cada uno para una cosa. Eso me hizo reflexionar, tener más miedo, y desear huir con Ahmed. Era bueno, tenía que ser bueno, a pesar de sus negocios... Me dio la sensación de que quería romper con toda su vida anterior. Yo necesitaba a alguien bueno junto a mi. Creo que alguna vez me tenía que llegar mi día. Ser feliz del todo, no a trocitos, ni a ratitos... Sentir la felicidad abrazada a mi cintura...
Dejé pasar algunos días. Ahmed no me decía nada. Yo quería
respetar su mes de Ramadán. Pero, cansada de aguantar la tensión con Robert, decidí llamarlo desde mi casa. Me dijo que había hablado con Robert. Que desde la muerte de su padre, las cosas habían cambiado mucho. Que el negocio iba a dar un giro, que él se iba a quitar de en medio, que no tenía dinero hasta que arreglase un problema con las cuentas bancarias de su padre. Que Robert podría seguir si quisiera con esto...
-Espero que Robert tenga paciencia y pueda esperar a cobrar... -me
dijo bajando la voz-. El último día que hablamos me amenazó con que si en un plazo determinado de tiempo no le pagaba, podría haber problemas. Yo le contesté que tuviera cuidado, que él era ya muy conocido en determinados círculos de Tetuán y también de Sevilla. Que cualquiera podría dar un chivatazo. Que cualquier tetuaní o ceutí podría venir una noche a cenar al restaurante y terminar con él. De Ceuta a Sevilla se va de un salto... Que estuviese seguro que yo no iba a ser jamás ni el chivato, ni el ejecutor, pero que podría ocurrir... Quizás se le pueda pasar algún día por la cabeza terminar conmigo. Sería hasta normal... Por eso quiero irme de aquí en cuanto pueda... Robert está nervioso y puede cometer cualquier locura. Por eso, ten cuidado con él.
Aquel discurso de Ahmed me dejó totalmente deshecha. En efecto.
A Robert le sobraba Ahmed. Además desconfiaba de él. Incluso podría tenerle miedo. Quitándose de en medio a Ahmed se podría quedar solo con el negocio que ya empezaba a manejar... Por eso, había estado preparando a Ramón. Un día se atrevió a hablarme. Quería poner las ideas en orden.
-Ha llegado el momento de preparar el golpe de ETA. No se qué hacer, si acometer el plan o antes...
-¿Antes, qué?
-Verás. Escúchame con tranquilidad. Te voy a hacer partícipe de un plan muy complicado y muy peligroso. Necesito de tu colaboración y, sobre todo, de tu silencio. He pensado deshacerme de Ahmed.
Me quedé quieta, sin pestañear. Ahora no podía fallar yo.
-Si mato a Ahmed e inmediatamente matan al periodista, será una buena manera de distraer la atención y volver loca a la policía... Una maniobra inteligente...
-¿Y cómo piensas hacerlo? -le pregunté-.
-En eso me tienes que ayudar tu.
-Pero, ¿es necesario? ¿Estás seguro?
No me hablaba claro. Que si le debía dinero, que le estaba haciendo una encerrona, que no sabía llevar estos negocios, que así los iban a pillar... Que ya no lo necesitaba para nada, porque él ya tenía todos los contactos, conocía a todo el mundo y podía continuar solo el negocio.
-Además estoy harto de ese maricón -me dijo-. A ti no te quiere, no le gustan las mujeres. Habla mal de ti. Dice que eres una puta, que te has ofrecido a él a cambio de un cuadro con tu cuerpo al desnudo. Que se la has chupado y que, prácticamente, lo has violado. Que eres la belleza en persona, pero que yo le gusto más. Que él me quiere a mi para la cama. Que la belleza absoluta soy yo. Y yo no quiero. Hemos metido un peligro en nuestra casa, en nuestros negocios... ¡Hay que acabar con él!
-Querrás decir en tus negocios... ¿Y ya no lo quieres? Pues tú te has acostado con él.
Así estuvo mucho tiempo, asediándome de una forma machacona, obsesiva. Era una persecución enfermiza, de un loco. Era otro hombre. Un día le pregunté que si de verdad tenía problemas de dinero con Ahmed. Lo pillé en un momento desesperado y me lo largó:
-Ahmed quiere todo el dinero para él, para su empresa y para luego blanquearlo construyendo urbanizaciones o mezquitas.
Aquello tenía que ser una mentira de Robert... Pero, ¿y si era verdad? Eso me hizo pensar que Ahmed nunca se iba a marchar conmigo y que jamás iba a aceptar al niño. Durante varios días estuve obsesionada con que me estaba engañando. Pero, de repente, cambié de opinión y se me ocurrió, acorralada contra las cuerdas, un doble plan.
-¿Un doble plan, Lola?
-Si, Pedro. Un doble plan.
-Cuéntamelo.
-De acuerdo, Robert -le dije-. Estoy dispuesta a ayudarte a acabar con él. Dime: ¿cómo lo hacemos?
De repente, cambió todo. Robert se relajó. Vino la planificación. Hacía como que no me daba cuenta, pero Ramón estaba al tanto de todo. Entraba, salía, dejaba la puerta abierta, cruzaban miradas cómplices...
-Escúchame bien, Lola. Este es mi plan. El próximo martes tú te marchas primero con él a su chalet. Tomáis unas copas. Yo quedo con vosotros un poco después. Tendrás casi dos horas para que te pinte, si quieres. Te desnudas, os ducháis, os fumáis lo que sea, te lo comes entero, lo vuelves loco, en una palabra. El es, como tú bien sabes, lo suficientemente redondito como para disfrutar a costa de los dos. Tu le prometes una cama redonda en cuanto yo llegue. Jugarás a calentarnos a los dos, para que hagamos el amor los tres hasta el final... Que yo me correré en su espalda, como a él le gustaba de jovencito. Que no le penetraré. Que lo acariciaremos, lo lameremos, lo abrazaremos... Como él y yo hemos hecho tantas veces. Para excitarlo más, le dices que, mientras él y yo hacemos el amor, te acariciarás los pechos y las entrepiernas... Quedará, seguro, como un pajarito esperando mi llegada. Pasadas un par de horas, y cuando estéis a punto de alcohol y de lo que sea, llego yo. El estará sobre el sofá y si en la cama, mejor, semidesnudo, erecto, precioso, atractivo... Cuando se de cuenta de que soy yo y me salude, dispararé sobre él...
-¿Cómo lo llevasteis a cabo?
-Tal como estaba pensado. La noche elegida me marché muy
temprano del restaurante con Ahmed a su chalet. Por el camino, puse en marcha el otro plan. Primero le conté el que había preparado Robert para deshacerse de él, con mi colaboración. Y aquí empezó mi juego.
-Tenemos que matar a Robert entre los dos, porque si no, acabará contigo o, vete a saber, si con los dos.
Ahmed estaba confundido, aunque algo de esto se esperaba.
-Te ayudaré, pero con una condición: que después nos marcharemos
los dos juntos y lejos con nuestro hijo.
Le juré mi amor una vez más y mis deseos de encontrar una nueva vida con él. Estábamos como aturdidos y muy tensos. Ahmed aceptó mi plan y me prometió que nos marcharíamos.
Al llegar a casa, nos sentamos. Me ofreció algo de beber.
Pedro, empezaba a ver luz al final del túnel.
-Entonces, Lola. Te voy a preguntar una cosa muy importante. Según esta historia, tú no estuviste aquella noche ni en ninguna fiesta, ni en ninguna finca.
-No. No estuve. Esa fue una mentira que me inventé por miedo. Ahora lo declaro.
-Entonces, ¿me vas a contar ahora la verdad?
-Lo estaba deseando.
Ahmed estaba muy tranquilo, excesivamente tranquilo, pese a saber que venían a matarlo.
-Y si tu no quieres disparar, no te preocupes, lo haré yo -le dije-. Me da igual. Pero estoy segura de que viene a por ti, te lo juro.
-Tranquila. Todavía hay tiempo. Ya es mi hora de comer. Es el momento en el que no se distingue un cabello o un hilo blanco de un hilo negro... Es el ocaso... Te invito a tomar algo.
Yo hablaba como una autómata.
-¿Qué sueles comer cuando llega este momento?
-Lo más tradicional es arrancar con una sopa muy nutritiva de huevos y cordero que llamamos "jarira". También tomamos mucha leche, dátiles y dulces. Allí, estas cenas son muy familiares y todos se reúnen como en una fiesta... Por eso yo esta vez me estoy acordando de cuando era joven y vivía estos momentos con mi familia... Y la oración...
-¿Ahora rezas?
-Si.
-Hazlo, por mi...
-¿No te importa?
-En absoluto, al contrario, me encantará.
-Con tu permiso.
Ahmed se arrodilló de espaldas a mi, mirando hacia el ventanal y apoyando las manos sobre las rodillas. De vez en cuando se inclinaba hasta llegar con la cabeza al suelo. Así estuvo un tiempo... Luego se levantó, me miró sonriente y me dijo:
-Bien. Te voy a invitar a "jarira" y dátiles.
-Gracias.
-Vamos a celebrar esta primera noche de Ramadán juntos... Y no todo es el ayuno. Aparte de eso es un mes donde hay que observar algunas reglas. No puedes hablar mal de nadie. Y la dieta siempre se ha dicho que es buena. Limpia el estómago, le haces descansar, que está cansado de recibir tantas cosas y tan seguidas... En el fondo con la mente y el estómago, lo que persigues es una purificación. Muchos, lo que hacen es descansar de día y trabajar de noche. En Marruecos, los hay que hacen coincidir el Ramadán con sus vacaciones. El Ramadán es una práctica personal e íntima. Yo, si no lo digo, nadie sabría que lo hago. Cuando termina el mes, allí se celebra una fiesta como aquí las Navidades. La gente se viste bien, van a las mezquitas y las familias se visitan unas a otras, deseándose todos empezar una nueva vida de paz y reconciliación...
-Y nosotros esta noche estamos aquí, porque alguien va a venir a matarte y preparándonos nosotros para matarlo a él...
-¿No sería mejor que le recibiéramos vestidos, sentados, le saludáramos y le invitáramos a conversar?
-¡No, Ahmed, no! Dispararía inmediatamente. Viene dispuesto a todo. Vamos a hacer lo que ha dicho.
-Pero me va a costar mucho trabajo.
-Pero te va a matar, ¿comprendes? ¡A matar! Tú tienes que defenderte y defenderme a mi y a tu hijo. Comprendo que estar cumpliendo con tus preceptos y, a la vez, preparando una muerte...
-No debería ser así.
-Pero es en defensa propia.
Después de haber probado la cena y, como si de un rito se tratase, nos desnudamos. Nos tumbamos en la cama y esperamos. El sexo de Ahmed en reposo seguía siendo una tentación. Era bello. Pero ahora no podía ser.
-¿Qué haremos con el cadáver? -le pregunté-.
-La mejor solución es llevarlo al restaurante y una vez allí, fingir algo, no se... Un robo.
-Entonces voy a llamar a Ramón y le voy a decir que nos espere allí hasta que vayamos. Que tenga las luces apagadas y la puerta de atrás abierta.
-¿No es un riesgo? ¿Te preguntará para qué?
-No. Intuyo que Ramón está esperando algo esta noche, lo que pasa es que, quizás, se lleve una sorpresa...
-¿Esperando, que?
-Creo que Ramón está detrás de todo. Es cauto y silencioso, pero debe estar moviendo algunos hilos.
-Yo también lo creo. Es el perrillo fiel de Robert. Ha llegado a saber demasiadas cosas y eso no es bueno. En esto, cuanta menos gente mejor.
-El cadáver que él espera esta noche es el tuyo.
Mientras esperábamos a Robert, saqué fuerzas de flaqueza y le pregunté a Ahmed si era verdad que se había acostado con Robert, que si no era una maniobra para volverme loca entre los dos.
-Dime la verdad, por favor -le dije con pasión-. Jura por tu hijo que me vas a decir la verdad.
Me dijo que si. Y que Robert había sido quien lo arrastró una noche hasta el sofá para desnudarlo y comérselo entero y que le hizo correrse en su boca. Y que además le repetía que yo era una mujer frígida, que no servía en la cama, que no sabía ni hacer una felación... Que por eso buscaba el placer en mi...
-Por eso, Lola, quise un día hacer el amor contigo. Para comprobarlo. Y descubrí que no eras frígida, que servías en la cama y en cualquier lugar, que sabías hacer una felación y que tenías fantasías eróticas...
¡Cabrón! Entonces fue cuando tuve más ganas de acabar con Robert y más ganas de huir con Ahmed.
-¿Quién va a disparar? -le pregunté-.
-Yo, no te preocupes. Tendré la pistola debajo del muslo derecho. Tengo que matarlo. Es la supervivencia. Si no lo mato yo a él, él me matará a mi.
-Cuando llegue nos quiere ver haciendo el amor, y tú, erecto... Entonces querrá abalanzarse sobre la cama para que hagamos el amor los tres... Ese es el momento que tiene elegido para acabar contigo. Si te entretienes, se adelantará. ¿Eres capaz de ponerte o te ayudo?
-Ayúdame. No puedo pensar en matar y tener una erección.
Pasó mucho rato hasta que se oyó la llave en la puerta. Yo me afané en el sexo de Ahmed. Se lo comí porque me gustaba y porque íbamos a terminar con Robert. Tenía que estar cuando Robert entrara en la habitación.
Mientras, acariciaba todo su cuerpo. En uno de aquellos movimientos tropecé con la pistola. La cogí. Ahmed se dio cuenta y la cogió también. La teníamos entre los dos, pero su mano era más fuerte... Aún así yo no solté. Oímos cómo se acercaba por el pasillo. Levantó la cortina suavemente.
-Hola. ¿Puedo participar? -dijo apoyándose despreocupadamente en la puerta-.
-Yo le daba la espalda a Robert, mientras seguía moviendo la cabeza obsesivamente. Hizo fuerzas con la mano y consiguió introducir el dedo en el gatillo. Aún así yo seguía agarrando su mano con la mía. De repente, Ahmed me empujó con rapidez y brusquedad y caí hacia un lado de la cama. Entre los dos disparamos sobre Robert. Bueno, el fue quien apretó el gatillo, pero yo llevaba mi mano pegada a la suya... A Robert no le había dado ni siquiera tiempo de sacar su arma.
Lola se queda quieta, en silencio. Pedro le habla.
-No te pares ahora. Dime. ¿Qué hicisteis luego?
-Metimos el cadáver en el coche. Lo llevamos al restaurante. Nunca se me podrá olvidar la cara de extrañeza y de horror que se le puso a Ramón cuando comprobó que el muerto era Robert. La historia empezaba a fallarle. El mundo se le había venido abajo. Estaba segura de que entonces iba a empezar una nueva maquinación. Allí se quedaron Ahmed y Ramón preparando el escenario. Yo me despedí y me marché a mi casa a preparar la maleta. Ahmed me esperaría luego en la suya, según quedamos, para marcharnos.
Una vez el cadáver en el restaurante, prepararon todo para simular un robo. Desordenaron los muebles, abrieron la caja, retiraron el dinero, forzaron la cerradura de la puerta trasera... Terminado todo, Ahmed se marchó a su casa y Ramón me llamó por teléfono. Le conté que me iba a marchar con Ahmed, que por la mañana iría a su casa y huiríamos. Le deseé suerte. Ramón, no se movió del local en toda la noche y por la mañana, a las siete y media, os llamó diciendo que acababa de abrir el local y que había descubierto el cadáver. Cuando luego me llamó sobre las diez, me dijo que estabais allí. Que me quitase de en medio. Después os dijo que no me había encontrado, que yo no estaba, que no sabía mi dirección. Ramón quería que me salvara porque le interesaba para continuar el negocio. Lo que yo dudaba es si quería, de verdad, que me fuera de Sevilla con Ahmed o que le ayudase a acabar con él.
-Me da la sensación que llegamos al capítulo final de la historia.
-Efectivamente. ¡Por fin! Ahora empiezo a sentirme bien. Después de hablar con Ramón, llamé a Ahmed.
-¿Nos marchamos ya?
-Espera, el tiempo de hacer unas llamadas. Tengo que arreglar algunas cosas. Quédate en casa y yo te llamo en cuanto haya acabado.
-Por favor, date prisa. Ramón ya ha llamado a la policía. Nos buscarán.
-No te preocupes, no te pongas nerviosa. Espera a que yo te llame.
A esas horas vosotros ya estabais en el restaurante. Ramón lo hizo todo tal y como quedamos. Estaba abatido, porque en aquel momento él hubiera preferido tener allí el cuerpo de Ahmed. No pude más, no aguantaba sola en mi casa, y decidí marcharme al chalet de Ahmed. Entonces sonó el teléfono. Era Ramón de nuevo. Me dijo que estaba allí la policía. Que habían preguntado por mi, que él iba a decir que no sabía mi dirección y que yo no había cogido el teléfono. Me recomendó, casi me ordenó, que me fuese con Ahmed, porque allí estaría más segura. Ya empezaba a tramar algo. Hice una breve maleta y me llevé mi pajarito.
-Nunca me habías hablado de ese pajarito -intervino Pedro-.
-Me lo habían regalado. Los llaman inseparables. Son agapornys. Cuando estoy en casa siempre está suelto. Si lo dejara solo, se moriría de pena. No podía esperar sola, así que me fui a casa de Ahmed.
-Ahmed, amor, vámonos lejos con nuestro hijo.
-¿Por qué has venido? ¿No te he dicho que me esperaras? No puedo ahora. Tengo que dejar ultimadas algunas cosas. Esto no es tan fácil. La policía nos buscará, pero ahora mismo no puedo huir. Tengo muchas cosas a mis espaldas.
Le supliqué que me dejara esperar allí a que él terminara. Accedió. Me senté en el sofá. La maletita junto a mis pies y la jaula sobre mis rodillas. Hizo algunas llamadas telefónicas y no dejaba de tomar notas en una libreta. Colgó. Se quedó pensativo mientras golpeaba nerviosamente el bolígrafo contra la mesa.
De repente, se levantó. Vino despacio hacia mi. Se sentó. Me hizo soltar la jaula de mi pajarito que no paraba de mirarlo todo con curiosidad. La dejó en el suelo junto a la maleta. Me cogió las manos suavemente y me habló mirándome muy fijo a los ojos.
-Yo me quiero ir contigo. Con tu cuerpo, con tu manera de ser y con nuestro hijo que está ahí dentro. Te lo digo. Yo me quiero ir contigo...
-Y yo quiero, te lo juro por lo más grande, abandonar este mundo y huir lejos...
-Yo también quiero abandonar todo esto. La droga, el terrorismo... No quiero seguir en esta historia... No puedo soportar haber matado a Robert. Quiero empezar una vida nueva... Acepto al hijo que tu llevas en tus entrañas... Quiero vivir tranquilo y feliz. No pienso morir con las bombas atadas a mi cuerpo. No pienso mandar a jóvenes analfabetos a una muerte ciega prometiéndoles el paraíso. No quiero ser responsable de la explotación de campesinos que crían y elaboran las plantas con las que luego nosotros nos enriquecemos... No quiero tener dinero manchado de sangre... Creo que también se puede ir al Paraíso amando a una mujer, a un hijo y pintando la naturaleza que ese Dios, el del Paraíso, ha creado para nuestro disfrute... Quiero dejar todo esto. No quiero terminar como mi padre. El se dedicaba a todo lo malo. Aunque conmigo fuera bueno... Alguien, o algunos, a quienes molestaba han acabado con él. En el campo, en su coche, pese a su escolta... Los alcanzaron y murieron todos. Tuvo que ser una muerte horrible, cruel, con saña. Después, el silencio y nadie sabe nada. ¿Y el dinero? No quiero que me ocurra lo mismo. El, de alguna manera, se portó bien conmigo, pero a cambio de que le ayudase en la expansión de sus negocios... Hasta que me he dado cuenta... Algo de esto le dije a Robert... Creo que por eso quería matarme... El quería seguir con el negocio... A Robert le pasaba con el dinero como a las hienas con la sangre... Le atraía demasiado... Estos días de Ramadán he tenido tiempo para pensar mucho.
Pasamos todo aquel día ocultos, hablando tranquilamente. Le pregunté más cosas sobre la muerte de su padre, pero no me quiso decir nada.
-Has roto tu mes de Ramadán -le dije-.
-Creo que si, pero no tenía más remedio. Ahora hay que usar la cabeza más que nunca.
Cuando llegó la hora de comer, Ahmed se puso a hacer sus oraciones.
-Yo te acompañaré con las mías -le dije-. Pediré por nosotros y por tu hijo. Tu Dios y el mío nos tienen que ayudar. Hemos matado, pero estamos arrepentidos...
Luego tomamos la Jarira... Y los dátiles, y unos dulces riquísimos, pero muy pesados. Ahmed estaba como ido. Tenía la mirada perdida. Como si no fuese él. Excesivamente relajado...
De repente, se vino hacia mi. Empezó a acariciarme brutalmente, con fuerza salvaje, metió su mano entre mis muslos, haciéndome gemir de placer y de miedo... Me tumbó en la alfombra. Me entregué. El era un hombre enfebrecido. Todo violencia. Su sexo erecto me rozaba por todo el cuerpo. Me desnudó a tirones. Me partió el sujetador. Su lengua me llegaba a la garganta. Me penetró con violencia, me hacía daño... Jadeaba, gritaba. Yo me entregué a él y a su juego brutal. Rodamos por la alfombra. Cuando estábamos en el orgasmo, el sonido de un disparo cortó nuestros gritos y gemidos. Noté todo el peso del cuerpo de Ahmed sobre el mío y cómo su sexo desaparecía, poco a poco, en el interior de mi cuerpo.
Ahmed había muerto. No podía moverme. Su cara estaba quieta, sobre la mía. Sus ojos muy abiertos.
Desde el suelo vi acercarse a Ramón.
-¡¿Tu?! ¡¿Lo has matado tu?! -le grité-.
Me enseñó sus manos vacías. Giró sobre si y con frialdad calculada descorrió la cortina. Detrás, pistola en mano, estaba el moro que había venido días atrás a comer al restaurante. Me estaba apuntando mientras sonreía.
-Puede vestirse, señora -me dijo haciendo una reverencia-.
Ahora sí lo reconocí. Era el mismo de Tetuán. Me abracé a Ahmed y le di un último beso. Ramón empujó con el pie el cuerpo de Ahmed que rodó a la alfombra. Luego tuvo que tirar de mi para levantarme. No tenía ni lágrimas. Como una sonámbula me vestí... Para mi era como el fin del mundo... Ya no había más cosas... ¿Quién era yo?
Ramón ya era el dueño y señor absoluto de los negocios de Robert y Ahmed, que había controlado siempre desde lejos y que, por fin, había conseguido con la colaboración de aquel recién llegado que, vete a saber, podría haber participado también en la muerte del padre de Ahmed. Mientras me vestía les pude oír algo.
-Esperaremos. De madrugada, llevaremos el cadáver a los Bermejales, al solar de la mezquita. Será una forma de distraer la atención.
Sacaron de un armario un pantalón, una camisa, una chaqueta y unos zapatos... Lo vistieron.
-Ahora vamos a escribir una nota y la dejamos en el bolsillo de la chaqueta. Hay que despistar.
Cogieron una cartulina y un rotulador de la mesa de trabajo de Ahmed y escribieron unas palabras...
"No queremos mezquitas, ni moros en nuestra tierra", murmuró Ramón entre dientes.
Era una manera de desviar la atención y convertirlo todo en un crimen de carácter político o de protesta, yo que se... Ramón me advirtió que mantuviese la boca bien cerrada, que así no me pasaría nada. El moro no dejaba de apuntarme. Yo le dije que no me interesaba hablar y que no iba a hablar, pero que él era un asesino y un cabrón y que ojalá se le pudriera todo el dinero y que ojalá muriera como una rata asquerosa... Que me había dejado sola en la vida, con el hijo de Ahmed. Se quedó fijo mirándome a los ojos.
-Mátame también a mi, si te molesto. Mata a mi hijo, al hijo que llevo aquí y que es de ese hombre que está en el suelo.
Se me acercó despacio. Yo ya no tenía ni miedo. Seguía mirándome fijamente a los ojos.
-No tengas miedo. Tu no me molestas. Si quieres, puedes ser mía. Ahora podremos vivir de maravilla con el dinero que vamos a ganar. Ya no están ellos. Y yo lo se todo. Tango todos los contactos. Podréis vivir bien tu y tu hijo. Te haré una princesa. Yo siempre he estado enamorado de ti. Dejarás el restaurante. Tendrás una casa. Nos veremos de vez en cuando. Tu no tendrás que preocuparte de nada. Yo me encargaré de todo. Y, además, ya tengo socio nuevo. Ahmed y su padre ya han desaparecido, ¿verdad? -dijo mirando hacia el moro que seguía sonriendo, con la pistola en la mano y que respondía a todo lo que decía Ramón con un leve gesto afirmativo-.
Me cogió por los brazos.
-Déjame ahora, por favor -le supliqué-.
-Será mejor que te vayas. Mañana te llamaré. No te muevas de tu casa.
Quería huir. Al coger mis cosas, advertí que mi cuadro estaba apoyado en un rincón. Sin pensarlo lo cogí para llevármelo. Como loca salí de allí, de aquel maldito lugar. Dos noches, dos muertes. Iba agarrada a mi cuadro, a la maleta y a mi pajarito asustado. Piaba tan locamente como yo lloraba.
Ramón se llevó el cadáver y luego, se iría al restaurante. Ya no supe más de él.
-¿Qué hiciste entonces?
-Regresé a casa. No se ni como pude conducir. Las farolas de la calle Torneo, me iluminaban a ráfagas y me mantenían despierta. Me quería morir.
-¿Qué sentías?
-Soledad. Me habían dejado sola. Me acordé de mi padre. En aquel momento hubiera querido abrazarme a él... Me hubiera gustado tanto llegar a casa y que me estuviese esperando. Pobrecito, ¿dónde estaría? ¿Seguiría con la cabrona de mi madre? En cuanto llegue lo voy a llamar. Necesito hablar con alguien que me quiera. Me gustaría poder abrazarme a él, sentir su calor, su cariño, como cuando yo era niña... Estoy sola otra vez en esta mierda de mundo. Me gustaría huir. ¿Pero, a dónde voy a ir? Papá, háblame... Solo tengo a mi hijo... Y ese será mío, mío para siempre. No me lo quitará nadie.
-¿Qué ocurrió cuando llegaste a tu casa?
-Cuando llegué, advertí que alguien andaba por allí, como si me estuvieran esperando... Aparqué. Se me acercó un hombre.
-Buenas noches. ¿Lola...?
-Si. ¿Quién es usted?
-Policía.
-Si. Menos mal que han venido -le dije-. Necesitaba hablar con alguien, sentir a alguien cerca. Sino, no se que hubiera sido de mi. Haré lo que ustedes me digan... Gracias.
-Tiene que acompañarnos.
-Si, con mucho gusto. Acompañar... Que palabra más bonita. Pero, por favor, ¿me permiten subir un momento a casa?
-¿Para qué?
-No se. Cambiarme un poco, lavarme la cara. Dejar todas estas cosas... Este cuadro, el maletín y a mi pobre pajarito, mi pio-pio...
-¿Esa del cuadro es usted?
-Si. Es precioso, ¿verdad? Pero no mire, estoy desnuda...
-Es muy bonito.
-Me da vergüenza que lo vean.
-¿Quién se lo ha pintado?
-Un amigo, un viejo amor, que ya se marchó lejos...
Fue en ese momento cuando advertí que alguien estaba sentado en el portal de mi casa junto a una maleta. Me fijé. Era mi padre. ¡Que impresión más grande! Me fui corriendo hacia él, como loca. Nos abrazamos frenéticamente. Reíamos y llorábamos a la vez. Le cubrí la cara de besos. Los policías me siguieron. Pensaron que era un truco para huir.
-Perdonen. ¿Podría hablar un momento con mi padre?
-¿Vive con usted?
-No. Acaba de llegar a Sevilla después de muchos años... Hace tanto tiempo que no lo veo. Solo quiero decirle, hola, papá, te quiero. Y que voy a empezar una nueva vida... ¿Me comprenden?
-De acuerdo, pero tenemos que acompañarla.
-Encantada. Que palabra más bonita. Acompañar. Eso es lo que yo he querido siempre, que alguien me acompañara... De verdad... Pero nunca lo conseguí...
-Bueno, ¿vamos?
-Vamos.
Subimos al piso. Nos dejaron en una habitación pequeña, que tan solo tenía una ventana que daba a un patio. Por allí no podía escapar. Le conté a mi padre muy por encima la vida que había llevado estos últimos tiempos. Que estaba embarazada. Que aquellos señores eran de la policía. Que me habían mezclado en un asunto de drogas, pero que saldría muy pronto. Que también me había visto mezclada en un asesinato... Mi padre terminó llorando apoyado en mi hombro...
-Perdona, papá. Volver de tan lejos y después de tantos años y encontrarte con esto... No te lo mereces. También yo, cuando llegué a Sevilla con el dinero que me diste, ¿te acuerdas?, me encontré sola... No vayas a pensar que yo malgasté aquel dinero que ganaste con tus horas extraordinarias. No, por favor... Pero tú tendrás más suerte, estoy segura. Yo voy a ir con estos señores y cuando termine volveré para hacerte la cena y lavarte la ropa... ¿Estás cansado, papá?
-Un poco.
-Bueno, pues ahora te acuestas y descansas. Yo volveré enseguida y te haré de comer. ¿Te acuerdas cuando nos despedimos en Barcelona? Seguro que un día nos volveremos a ver en Sevilla -te dije-.
-Y yo te contesté: seguro, hija. Y volveremos a pasear entre naranjos y oleremos a azahar.
-Estuvimos mucho rato abrazados y lloramos, igual que ahora. ¿Cómo pudiste salir de casa en Barcelona?
-Igual que tu. Los ahorros, un descuido, la maletita y a la estación.
-Papá. Yo no he matado, ¿sabes? Pero me han metido en todos estos negocios y prácticamente he participado de cerca en dos crímenes. Los máximos culpables de todo han muerto. Soy cómplice, claro. Tendré que buscar un buen abogado y esperar juicio. Me toca esperar. Me he quedado sin los dos únicos hombres que... Pero ahora estás tú. Yo solo quiero tener un hijo, un hijo para enseñarle a ser de otra manera. A ser un hombre normal, que se abra paso en la vida sin tener que estar siempre huyendo. Trabajará. No matará, no robará, no andará fuera de la ley. Y tu papá, tendrás pronto un trabajo. Y viviremos juntos aquí en nuestra casa de la Macarena. ¡Ah! Y cuida de mi pajarito. Le pones comida de este tarro de cristal. ¿Vale? ¡Ah! Y agua... El pobre... Lo voy a sacar para darle un besito...
-Se te va a escapar, hija.
-No, papá. Es un pájaro que está educado así. No se escapa.
El pájaro se vino a mi hombro, luego saltó a la cabeza y bajó hasta mi mano. La levanté suavemente y lo acerqué hasta mi boca. Me picoteó suavemente los labios y luego me miró de perfil. Mi padre estaba admirado.
-Me voy, pero vendré pronto -le dije a mi pájaro-. Se bueno. Mira. Este es papá. El te va a cuidar. Lo tienes que querer como a mi, ¿vale? Venga, y ahora a la jaula... Tú a esta y yo a la otra... Un día volveremos a estar libres los dos y cantaremos y volaremos juntos... Libres... Espérame, pío, pío... Cariñito.
Estoy segura que mi pajarito me entendió perfectamente. No le hablé a mi padre ni de Robert, ni de Ahmed, porque él no los conocía. Y, además, no quería que sufriese más... Cuando iba a salir de la habitación, pude ver cómo mi padre lloraba hundiendo la cabeza entre las manos y cómo mi pájarito, aferrado a los alambres de la jaula, piaba desaforadamente mirándome con sus ojos redondos y negros, aureolados por un círculo amarillito...
En ese momento, Angel abre la puerta con violencia.
-¡Pedro! Sal un momento, por favor. Es urgente.
-Perdona, Lola.
Lola se levanta y se acerca despacio hasta la ventana. Apoya la frente sobre el cristal y pierde la vista sobre las copas de los árboles del jardín. Así está un buen rato, hasta que regresa Pedro. Lola no hace el menor ademán de moverse.
-Bien, Lola. Podría ocultártelo, pero creo que te lo debo contar. Acabamos de cerrar la historia. ¿Te quieres sentar?
Lola, sin separar la frente del cristal, hace un gesto negativo con la cabeza.
-Todo ha sido muy rápido. La Guardia Civil y la Policía le venían siguiendo el rastro a unas lanchas que entraban río Guadalquivir arriba. Venían de Marruecos. Descargaban y llevaban la mercancía en camiones hasta un polígono de Dos Hermanas. Han montado una vigilancia sobre dos de ellos, hasta que han llegado varios hombres. Cuando han estado reunidos cerca de los vehículos, han procedido a identificarlos. Entre ellos, tres conocidos tuyos. No te vas a alegrar, pero esto te podrá tranquilizar un poco... Uno era el musulmán que conoció Angel en los Bermejales, el del "tic" nervioso, el que se alisaba el bigote mientras guiñaba un ojo y que trabajaba en la empresa de Ahmed. Otro, el marroquí que disparó y mató a Ahmed en su casa. Y el tercero ya te lo puedes imaginar...
-¿Ramón?
-Si, Ramón.
Lola sigue quieta, con la cabeza apoyada en el cristal.
-Un perro descubrió que los camiones estaban cargados. En uno iban setenta y cinco fardos de hachís y en el otro ciento cincuenta. Un peso de más de siete mil kilogramos... Una pasada... Y, ahora, no se si debo, pero he recibido un informe de lo que le ocurrió al padre de Ahmed. Ahora le encuentro todo el sentido a su cambio de actitud. Era lógico. Creo que es mejor que lo sepas. Fue una emboscada cobarde en una carretera. Le torturaron antes de morir. Le amenazaron con ir contra toda su familia. Acabar con todos, uno por uno. Y el primero, Ahmed. Por eso ni llegó a entrar en Tetuán. Permaneció oculto en casa de unos conocidos. Y, aún allí, no acabó de estar seguro.
En ese momento, Lola se separa de la ventana y se gira hacia Pedro.
-¿Cómo se llamaban esos amigos?
-No recuerdo. Voy a ver...
-Si, aquí está. Alí y Sohera. Tú me hablaste de ellos, ¿verdad?
-Si. Me enseñaron Tetuán, Río Martín... Amigos de verdad, gente culta, educada, de ley... ¡Que recuerdos más bonitos!
A la comisaría ha llegado un vehículo policial que lleva a Ramón y a los dos musulmanes. Son conducidos a una sala a la que pronto llega Pedro.
-Ramón, vamos a ahorrar tiempo. Lola lo ha contado todo. Sabemos la historia completa y creemos, por una serie de comprobaciones, que ha dicho la verdad. Todo concuerda.
-Estoy seguro que Lola ha dicho la verdad -dijo Ramón-.
-Y bien. ¿Cómo pensabas orientar ahora tu vida?
-Pensaba dedicarme solo al restaurante y a la droga. A nada más. Ni terrorismo, ni tráfico de armas. Nada.
-¿Desde cuando estabas metido en esto?
-Desde el principio. Había colaborado en la sombra con Robert y con Ahmed.
-¿Ellos contaron contigo?
-Si. Y yo actuaba con las debidas precauciones.
-¿Porqué decidiste traicionarlos?
-Ya tenía una idea. Primero iba a caer el padre de Ahmed. Y cayó. Luego sería Ahmed.
-Cosa que tú no esperabas. Cayó Robert.
-Si. Eso cambió todos los planes.
-En beneficio tuyo. Te quedabas solo.
-No me hubiera importado seguir con Robert, pero...
-Cambiaste de patronos.
-Solo se trataba de trabajar para otro clan.
-Pasaste de ser Ramón a ser Ahmed y Robert juntos.
-Yo había sido el ayudante silencioso y perfecto. Aprovechando las diferencias surgidas entre los dos y el desenlace fatal que se avecinaba, no me importó prescindir de ambos y quedarme con todo el negocio y compartirlo con Lola.
-¿Y el musulmán que apareció misteriosamente?
-Si. Venía de Tetuán. Su misión era acabar con Ahmed. Luego se hablaría. Yo era su punto de apoyo en Sevilla. Había participado en la trama que llevó al asesinato del padre de Ahmed. Era miembro de un clan rival.
-¿Te pidió ayuda?
-Si. Y yo se la presté a cambio de que me dejara seguir participando en el negocio.
-¿El crimen?
-La noche del crimen lo llevé a casa de Ahmed. El fue quien disparó.
-¿Y aquella cartulina en el cadáver de Ahmed?
-Si. Era de su estudio. La escribí desfigurando la letra.
-Y de lo de ETA, ¿qué sabías?
-Robert tenía minuciosamente preparado el asesinato del periodista. Estaba previsto para el día siguiente. Era una estratagema. Moría Ahmed e inmediatamente moría el periodista a manos de ETA. Una manera de intoxicar el ambiente y volver loco a todo el mundo. Pero todo falló, porque aquella noche en casa de Ahmed, murió Robert en vez de Ahmed, como estaba previsto. El local se cerró. Durante toda la noche y todo el día estuve recibiendo llamadas de aquella gente, pero yo ya no podía hacer nada. Era el momento previsto para matar al periodista, pero Robert ya no estaba y el local había cerrado.
-¿Porqué no te atreviste tú??
-No conocía el plan del todo bien. Y eran demasiadas cosas.
En el apartamento de Pedro, Paloma ha preparado unas cervezas y unas tapas. Pedro y Angel, ya han avisado que vienen de camino. Está nerviosa y contenta al mismo tiempo. Pedro ha culminado su primer trabajo y parece ser que con nota. Cuando llegan, todo son besos, abrazos y alegría. Hoy no hay ni tele, ni informativos. Solo brindar, reír y relajarse.
Cuando cae la tarde y la reunión languidece, Paloma dice, mirando por el ventanal:
-Y esto no ha hecho más que empezar.
Los tres quedan pensativos, quietos, callados.
-¡Venga Paloma, no seas aguafiestas! ¡Pon otra copa!
Han pasado unos meses y Pedro recibe la noticia. Lola ha dado a luz en la cárcel. Decide ir a verla. Va a ser un encuentro difícil. Cuando han vuelto a verse cara a cara, Lola se ha echado a llorar y Pedro ha tenido que disimular su emoción y hacerse el fuerte.
-¿Cómo estás?
-Ha sido un parto muy sencillo. Míralo.
-Que niño más enorme.
-Si. Ha salido al padre...
-¿Y a la madre, no?
-Si, también. Moreno, como el padre.
Lola está muy contenta. Es otra persona totalmente distinta. El hijo la ha llenado de vida y de ilusiones.
-Ahora tengo la mente puesta en dos cosas importantísimas para mi. Mi hijo y mi padre. No puedo pensar en otra cosa.
-¿Cómo está tu padre?
-Muy bien y muy contento. Por fin ha encontrado un trabajo. Es un poco duro, pero por algún sitio había que empezar. Y él está acostumbrado a todo. Mañana ha conseguido permiso y va a venir a conocer a su nieto.
-Yo os deseo mucha suerte a los tres. Vendré a verte en cuanto pueda. No me olvido de ti, ni de tu proceso...
-Gracias. Yo se que me vas a aconsejar... No me abandones...
-No te preocupes. Haré todo lo que pueda.
-Hice un viaje precioso gracias a tus preguntas. Me hiciste recordar toda mi vida llena de locuras y de la que, te lo prometo, en el fondo, no me arrepiento. He vivido, eso es todo. Habré hecho cosas mal, pero he vivido... Aunque parezca una contradicción, llegaste a hacerme feliz en algunos momentos del interrogatorio. Te quiero, Pedro.
-Y yo a ti, Lola.
-Guardaré siempre un buen recuerdo de ti.
-Y yo...
-Dime. Aquí no leo periódicos, estoy muy despistada y las noticias que recibo son confusas. ¿Qué ha pasado con el resultado del juicio del 11-M?
-Veintiún condenados y ciento veinte mil años de cárcel.
-¿Marroquíes?
-Que yo recuerde, seis. Fue una célula yihadista. La de cosas que aprendiste en tu viaje a Marruecos. Lo que ha quedado claro es que ETA no tuvo nada que ver...
-El pobre Robert... ¡Que loco! ¿Y las penas?
-Oyes cifras escalofriantes. Cuarenta y dos mil novecientos veinticuatro años de cárcel.
-Eso son cadenas perpetuas... Pues pocos son.
-El Egipcio ha sido absuelto...
-¿Y lo de Vallecas?
-También de película. Allí vivían ocho. Uno bajó a tirar la basura y se dio cuenta de que estaba la policía. Salió corriendo. Luego, los del piso lo advirtieron también. La policía los conminó para que salieran. Contestaron "subir vosotros, mamones". Les cortaron el agua, la luz y el gas del bloque y entonces, los musulmanes, hicieron explotar veinte kilos de dinamita.
-¡Al diablo!
-Encontraron documentación sobre los atentados, videos sobre campamentos de Al Qaeda y lo que es peor.
-¿Peor?
-Escritos anunciando nuevos atentados...
-¡Dios mío! Pero, ¿en qué mundo va a vivir mi hijo?
-Es mejor no pensarlo. Hay que vivir el momento, el presente. Disfrutarlo lo más posible dentro de las posibilidades de cada uno. Tu dedícate a tu hijo. Piensa solo en él.
-¿Y los políticos, qué han dicho?
-Uno que se ha impartido justicia y que hay que mirar hacia delante.
-Eso es, precisamente, lo que me aterroriza.
-Y otro que hay que seguir investigando.
-¿Investigando qué? ¿No está claro? ¿No sabemos que esta gente se quiere cargar todo lo nuestro. La cultura, la religión, las personas, los hombres, las mujeres, los niños e imponer el islamismo? Habrá que investigar, pero hay que luchar contra esto, contra la droga, contra las armas, contra cualquier tipo de violencia. ¡Yo quiero la paz para mi hijo! Y lucharé, como sea, por conseguirla.
-Eso es muy difícil, Lola.
-Pero no podemos estarnos de brazos cruzados, esperando que vengas a matarnos.
-Y qué vas a hacer. ¿Poner tú también bombas? Estás hablando de que hay que acabar con cualquier tipo de violencia y quieres luchar. ¿De qué lucha hablas?
-Tendrá que haber alguna forma. Yo no puedo dormir tranquila mientras pienso que cualquier descerebrado puede decidir sobre mi vida.
-Pues ETA también lo está intentando.
-La muerte nos puede llegar por el norte o por el sur...
Se agotó el tiempo de la visita. Pedro y Lola permanecen algún tiempo mirándose a los ojos. Acercan sus manos que hacen coincidir a través del cristal. Se despiden con otra lágrima y con un beso al aire... El crío empieza a lloriquear. Lola lo mece. Luego levanta la mirada y le dice a Pedro:
-Tiene hambre. Es su hora. Adiós.
-Adiós, Lola. Cuidaros mucho. Volveremos a vernos.
Al día siguiente viene el padre de Lola. Ya quedan pocas lágrimas.
-Abuelo, no llores más. Pero ¿qué te pasa? ¿No es para estar contento? Ahora solo vamos a pensar en lo que ha de venir. Este niño estudiará, trabajará, será libre...
-Si, hija. Y un día le contaremos algo de nuestras vidas para que sepa valorar lo que tiene.
-Cuando salga de aquí, yo también buscaré un trabajo... Y estudiaré por las noches. Tendré que empezar por un bachillerato... No se muy bien como está eso organizado ahora...
-Es guapo el muchacho, ¿eh?
-Si que lo es.
-¿Es llorón?
-Si, un poco, pero es bueno. Lo mejor es que no duermo sola y tengo en quien pensar... Verás, cuando salga de aquí, vamos a arreglar la casa un poquito, porque estará algo abandonada.
-Yo la limpio...
-Ya lo se. Pero algún mueble, tu cuarto, el cuarto del niño. Si, le pondremos un cuarto precioso, todo lleno de muñequillos y sonajeros... Y los días que tú descanses, lo llevarás de paseo al parque que hay junto a casa...
-Y presumiré de nieto con los vecinos y los amigos de la peña...
-Y yo os miraré desde el balcón...
-Tú estarás en tu trabajo, hija...
-Uy, pues claro, es verdad. Que tonta estoy...
-Tú conseguirás un buen trabajo. Estás todavía en una buena edad.
-Me gustaría de secretaria en una gran empresa. Las relaciones públicas me gustan, pero me trae malos recuerdos. Y del pasado no quiero nada.
-El pasado no existe, ni para ti, ni para mi. De aquí para adelante.
-Y estaremos siempre juntos.
-¿Cómo le vas a poner al niño?
-No se. ¿Cómo te gustaría a ti?
-Yo soy muy malo para esas cosas. Mejor lo piensas tú...
-Lo que sí me da miedo es que cuando el niño sea mayor pasen cosas peores que las que están pasando ahora. Que le toque vivir un mundo difícil...
-Esperemos que no... A veces pienso si merece la pena traer niños al mundo...
-Si, papá. Merece, merece la pena...
-Bueno, hija. Si tu lo dices.
-¿Cómo sería un mundo sin droga, sin terrorismo, sin odios, sin dinero, sin religiones extremistas, sin locos suicidas, sin políticos ladrones y mentirosos...?
-No me lo imagino.
-Un día a boca llena y a voz en grito diré que el padre de mi hijo fue un moro de Tetuán, homosexual, metido en el tráfico de drogas, de armas, en el blanqueo de dinero, que quiso construir una mezquita en Sevilla, que fue un hombre culto, educado, un artista, un poeta, un pintor que me hizo un cuadro precioso en el que estoy desnuda, que era como más le gustaba estar conmigo, que guardaba respetuosamente el Ramadán día a día, que se enamoró de mí bestialmente y que en el momento de tomar la decisión de dejarlo todo, de cambiar totalmente de vida y de forma de ser, de dejar todo lo heredado, para huir de Sevilla conmigo y con su hijo, que todavía estaba dentro de mi, mataron, primero a su padre y luego a él, por envidia, por odio y por hacerse de sus negocios y de sus dineros... Los culpables, uno está muerto y los otros andarán por alguna cárcel...
-Tranquilízate, hija mía. Ya todo pasó. Piensa en el futuro, en tu hijo...
-Y en ti. ¡Ah! Y en mi pajarito. Oye, ¿cuidas a mi pío, pío?
-Claro que si. Todos los días le pongo comida y agua. Lo que más le gustan son las pipas.
-¿Le abres la jaula?
-Si, por las noches. Le digo ¡pío, pío! Tarda en salir porque no te ve, pero luego se lanza a volar y se pone a buscarte piando por toda la casa. Entra y sale de todas las habitaciones...
-No me digas eso, por Dios...
-Yo le enciendo la luz de tu cuarto para que no tenga miedo y se cuela en él. Se pone encima de la cama, empieza a dar vueltas y a piar muy fuerte. Te busca todas las noches... Yo creo que habla contigo... Luego, cuando se cansa, cuando ya se convence de que tu no estás, de que no vas a venir, deja de piar y se vuelve en silencio a su jaula. Yo, entonces le cierro y le rozo la cabecita con mi dedo. Lo tapo con el trapo negro y le digo, bajito, duérmete, pio, pio. Cierra los ojitos y se duerme. Anda, sécate esas lágrimas, que estás mojando al chiquillo, vaya que se te resfríe...
En el apartamento de Pedro ha sonado el telefonillo del portal. Paloma acude a descolgarlo.
-¿Quién es?
-Hola, Paloma, soy Angel. ¿Está Pedro?
-Si. ¿Quieres subir?
-Quiero hablar con vosotros.
-Te abro.
Angel entra un tanto agitado. Pedro se sobresalta.
-¿Qué ocurre ahora? ¿Es que no vamos a poder descansar?
-Parece que no. Estamos en alerta. Se ha encendido la bombillita roja. Alarma.
-¿Porqué?
-Posibles atentados terroristas.
-¿De quienes?
-De todos. Alarma en Madrid por ETA.
-¿Y de los otros?
-También.
-¿Causas?
-No están claras aún. Podría ser como consecuencia del resultado del juicio del 11-M.
-Y si no es por eso, será por otra cosa. Es igual. La cosa parece que va muy en serio.
-¿Por?
-Se ha insinuado la posibilidad de un ataque nuclear. O con armas biológicas.
-Eso también me lo esperaba yo, pero...
-Pero, qué.
-No, nada. Que es demasiado pronto.
-El bimbazo nos lo pueden dar mañana o pasado. Pero tenemos que estar preparados.
-¿Preparados, para qué? Serán imbéciles. ¿Y eso quién lo dice?
-Nos lo dicen de Madrid. Informes secretos. Esto no va a trascender a la opinión pública, no va a salir en los medios. Es un aviso para nosotros solitos. Y a sonreír, porque todo va bien.
-¿Tu crees? Habrá que limpiarse bien los dientes todos los días.
-"Dientecitos, que eso es lo que más cabrea..." ¿Te acuerdas?
-Si. Eso lo dijo ya un alcalde ricachón delante de las cámaras de la tele...
-El pobre... Pues, prepárate. Que nos va a faltar pasta de dientes. Los rumores que se filtran desde Madrid es que la preocupación es creciente. Se habla de intuición, pero también de información. Que podían hacer su aparición las armas de destrucción masiva. Si quieren hacer daño, esa es la mejor manera. Y aquí piensan que lo mejor es adelantarse a la amenaza.
-Pero, ¿adelantarte, como? ¿Con otra bomba?
-Te pones a hablar con cualquiera y recuerdas cómo hace unos diez años Al Qaeda negoció la compra de Uranio en Sudán, respaldado todo por las palabras del líder diciendo que todo musulmán tiene la obligación de adquirir todo tipo de armas...
-Todo esto no me inspira ya nada más que horror y asco -atajó Paloma-. La gente, cansada de trabajar, de buscarse la vida, merecería mejor suerte que morir en un tren o bajo una bomba...
-Pues morirán. Habrá otro atentado. Y esta vez pueden morir tanto los poderosos, como los que tienen un empleo mal pagado. Porque la bomba atómica ya no se pone dentro de una mochila en el tren de los currantes. Ahora será como la guerra de los mundos...
-De dos mundos.
-¿Mundos? ¿Cuántos mundos hay ya en este mundo?
-Joder, joder... Me lo advirtieron hace mucho tiempo. Era yo un chaval estudiante. Cuidado con los de por allí. Y ya están aquí.
-Cansados, también, de aguantar a Occidente.
-Te leo, muy por encima, algunos datos que vienen en el dossier.
Un informe de los servicios secretos de EEUU señala que Al Qaeda no dudará en usar armas "químicas, biológicas o nucleares" en un hipotético ataque contra el país...
El Centro Nacional de Coordinación Antiterrorista español dice que es cuestión de tiempo que Occidente sufra un atentado no convencional con uso de sustancias nucleares, químicas o biológicas (NQB), con el fin último de causar daños en personas... Un tipo de terrorismo que no hemos sufrido... Los servicios de inteligencia no solo tienen el cometido de seguir los pasos de cualquier célula terrorista, sino que deben combatir las tramas que ya amenazan y han de anticiparse a estos escenarios...
-Luego, viene un estudio de Peter Bergen, un experto analista en terrorismo islámico, quien asegura que Europa sigue amenazada por Al Qaeda...
-Y, como bien dice Paloma, esto no ha hecho más que empezar.
-Mira. Vamos a engarzar cosas. Te leo:
El policía lo miró. Acababa de pisar la estación de Santander. Vestimenta típica de abertzales. Hombre receloso, pendiente de todo, nervioso, inseguro, se delataba a si mismo. Torpe. El policía se le acercó. ¿Documentación? Sacó un DNI. El policía, de forma rutinaria, le preguntó el nombre del padre. Se hizo un silencio que delataba. ¿No sabe el nombre de su padre?
-Quedó detenido.
-Es inconcebible.
-Tu sabes que los etarras suelen manejar varios documentos de identidad falsos.
-Claro. Y aquel pardillo no sabía cual había sacado.
-Efectivamente. Y eso fue su perdición. Parece ser que iba a reunirse con su compañera Saioa Sánchez, pero no fue detenida.
-¿Saioa?
-Si. Saioa. Ya se que te suena.
-¿Porqué me suena?
-Por la muerte de dos jóvenes guardias civiles en Francia.
-Eso es.
-Vuelvo al tema. Pues el tío que quería enganchar con ella, además, esperaba esa noche un coche cargado de explosivos con los que debería cometer un atentado o más de uno. La policía lo impidió.
-Es que durante la tregua, todos estuvieron escondidos. Ahora han sacado la cresta y les han dado.
-Los franceses han colaborado.
-Da la sensación de que si.
-Mira lo que dice en este dossier: ...se pueden distinguir dos grupos de etarras: los preparados y los recién llegados, con dos o tres días de preparación... En la reunión celebrada en el complejo policial de Canillas, a la que asistió la cúpula de mandos de los cuerpos de seguridad, se adoptaron medidas para proteger a las personas susceptibles de ser objetivos... Se está en el convencimiento de que ETA intenta un golpe muy fuerte contra la policía, la guardia civil, algún militar e incluso algún político o contra algún centro neurálgico de la vida comercial y económica de la capital... No se ha bajado la guardia contra el terrorismo islamista y esto preocupa casi más que los etarras... Los islamistas son más rudimentarios, más imprevisibles y más suicidas. El etarra es al contrario. Domina más su técnica y tiende a ponerse a salvo... Para impedir que los islamistas se hagan de explosivos, se han realizado en los últimos tres años 130.000 controles...
-El problema es el robo de explosivos.
-Esto hay que controlarlo en todos los países de Europa.
-Sobre todo en Francia y Portugal.
-Mira los últimos comunicados de los terroristas. Los del norte y del sur.
Los del Sur dicen que juran por Dios no abandonar las armas, no detener la guerra santa, no renunciar a nuestras creencias, ni a Al-Andalus, Ceuta y Melilla, por mil conferencias de Oslo, Anápolis, Londres o Salahadin que se celebren...
Y los del Norte, que actuarán contra las fuerzas y aparatos represivos del Estado español, sea donde sea, mientras estas sigan siendo instrumentos para oprimir a Eskal Herria.
-Esto tiene un difícil final. Les conviene seguir como están. Donde observan el más mínimo conflicto, intervienen. Son totalitarios y desprecian la vida humana. Nunca se podrá hablar con ellos. Sí está claro cómo consiguen los medios para sus fechorías. Asalto a viviendas de lujo, tráfico de drogas, clonación de tarjetas de crédito, cuestaciones en mezquitas ilegales, donaciones, falsificación de documentos... Mafias, como ETA. Muchas ideas, mucha independencia, pero al final hay que imponer el terror para seguir viviendo del dinero del miedo.
-A todo esto únele la visita de Gadafi. Ha estado en Portugal y en Francia.
-Ya. Allí alguien ha dicho que eso es como recibir al beso de la muerte.
-Ha venido a negociar con las armas y la energía.
-Y ahora está bien visto porque, según Sarkozy, ha renunciado a las armas nucleares y al terrorismo.
-Arrepentidos los quiere Dios, decía mi abuelita, la pobre.
-A mi que traiga una jaima, me da igual. Que traiga en avión camellos, coches, séquito para parar un tren, también. Pero lo que me preocupa son las treinta mujeres que forman su guardia femenina...
-¡Qué mala es la envidia! Eso es una guardia, y no lo que tú haces por las noches...
-¿Y qué es lo que guardan esas señoras?
-Dicen que son vírgenes.
-¿Las treinta?
-Supongo que no las sacarán de paseo por Sevilla, porque se puede formar una buena...
-Mañana tenemos una reunión y todo se aclarará.
-¿Lo de la guardia también?
-Dejaros de cachondeo. En Alcalá de Guadaira ha reservado ochenta habitaciones. El resto del séquito estará disperso por varios hoteles de Sevilla.
-Y se reunirá con la Junta Islámica de España.
-Y hablarán de la mezquita, supongo.
-Y tengo entendido que se va a escapar a Málaga...
-Tendrá más de una jaima, ¿no? Si no, vaya una trabajera.
-Tengo que deciros una cosa -atajó Paloma-. Todas estas historias empiezan a aburrirme y me deprimen tremendamente.
-Tú seguirás guardando todos los recortes de prensa...
-Si. Es como si algo pasara a mi alrededor y yo fuese un monigote. No puedes hacer nada. Mucha gente y cada cual a lo suyo... Vas por la calle y piensas: ¿Será aquí? ¿Será ahora? ¿Me tocará a mi? Ves a una mujer con el carrito del bebé... ¿Le tocará a ellos? ¿Será mejor que muera un bebé a que muera un hombre del que dependen varias vidas? Al bebé no le ha dado tiempo a nada... Vino y se lo llevaron... Ni se enteró... Como aquella mujer embarazada, ¿te acuerdas? La reventaron los de ETA en una calle. Se fueron los dos a la vez. El feto quedó visible para los reportajes, en mitad de la acera, prematura cuna y ataúd duro y frío. Pero, ¿y el que estaba luchando por crear algo? ¿Y el que tenía ya su pequeña parcelita para comer lo justo hasta el fin natural de sus días? ¿Morirán, como el feto, desangrados en la acera de cualquier calle? Impotentes... Hay miedo... Lo disimulamos, pero, en el fondo, tenemos miedo... Por muchas luces de Navidad que nos cuelguen por las calles, por mucho que nos envuelvan en música y bullicio, en compras y regalos, seremos sonámbulos con miedo... Las luces de colores, más que hablarnos de nacimiento, se nos antojan velas para los muertos... Seguiremos como muertos vivientes mezclados con ese gentío que se olvida que han nacido para que otros los maten... Aquel que recordamos, también nació para que lo matasen otros... Entonces no se llamaba terrorismo...
Vuelvo a recordar a aquella madre y su feto sobre la acera. Aquel ser no pudo disfrutar ni de un arrullo, ni de un beso, ni de una caricia... No pudo sentir el contacto con la piel de una madre... Ni ella le pudo comprar unos patucos... Ni verle reír en la cuna... Ni que le echara los bracitos... Ni darle el pecho... Ni ponerle el primer lazo... No tuvo tiempo de aprender lo que es amar... Ni que le amaran... Nadie pudo cantarle, ya por la noche, a la luz de una lamparita muy tenue...
a la nana, nanita, nanita, nana...
duérmete lucerito de la mañana...